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Trajo el pop a la literatura uruguaya, trabajó en televisión y ya tiene escritos sus próximos libros

Ignacio Alcuri acaba de publicar, a través de la editorial Sudamericana, "Bestuario", su nuevo libro con 60 relatos cargados de su característico humor

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En una carpeta muy prolija ya tiene un par de libros prontos. El método de Ignacio Alcuri es bien sencillo y matemático cuando llega a 60 relatos escritos, ya está el libro terminado.

Bestuario, que editó Sudamericana, cumple con la consigna, y es una colección de un humor disparatado que está siempre rondando la obra de Alcuri. Ya lo mostró en otros libros (el primero fue Sobredosis pop en 2003), en su trabajo en la televisión (fue parte de Los informantes y Reporte descomunal) y novelas gráficas como Parto de nalgas que hizo con su compinche argentino Gustavo Sala que acá dibuja tapa, contratapa y solapas.

Con Sala, además, tiene un podcast de frecuencia aleatoria, Sonido bragueta. Además, Alcuri es columnista de series y películas en el programa radial, Justicia infinita y es periodista cultural en La Diaria, entre otras actividades. Además da talleres de escritura y, dice y muestra la evidencia ya tiene esos otros tres libros prontos, tapa incluida. Ahora hay que entusiasmar a los editores. No le ha costado mucho.

Sobre Bestuario, los orígenes del humor y su método del trabajo, Alcuri charló con El País. Este es un resumen de esa conversación.

-En una solapa están, como calcomanías en la puerta de un locker, todos sus libros. ¿Cómo ve en perspectiva su carrera?

-A veces siento que debería haber escrito más pero enseguida me digo que escribí un montón...

-Y lo que ha querido...

-En Uruguay no se puede especular. Nadie va a dejar de trabajar o comprar un auto con los libros. Si tenés suerte te puede entrar una platita y eso si pegaste el libro de tal personaje y siempre en la no ficción. En ficción, sacando a un par de autores que son los que realmente editan y viven de eso, no se puede. Escribo lo que quiero porque no va a hacer la diferencia, no va a mover la aguja: haré 500 pesos más si escribo lo que no me gusta.

-¿Y qué le gusta a los editores de sus libros?

-Lo que pasó cuando salió Sobredosis pop hace 20 años es que no había muchas voces generacionales. Y Sobredosis pop fue absorbido por mi generación que tenía ganas de leer algo que la representara, que sintiera como una voz parecida. A partir de ahí, sin explotar ningún ranking, siempre hubo un público que le gustó lo que escribí.

-¿Qué es lo primero que lo hizo reir?

-Mortadelo y Filemón, la historieta de Ibañez. Con Tito Lagos (guitarrista de The Supersónicos) tenemos el Club Mortadelo y Filemón Uruguay. Enfrente a mi casa (que es la misma en la que vive ahora) había un kiosco y mi madre me compraba las historietas de Disney y las Mortadelo y Filemón. Aprendí a leer a los tres años con esas historietas y ahí estaba ese humor absurdo, ridículo. Hice un click. Y uno de los primeros libros que leí fue Cuentos de la selva de Quiroga que agregó el claroscuro. Y en la adolescencia, el bibliotecario de Bachillerato me prestó un libro de Leo Masliah y La conjura de los necios: fueron dos golpes en la quijada.

-Hace muchas cosas. ¿Dónde se siente cómodo?

-Lo que me gusta es escribir. Mi vocación es leer, escribir y mirar televisión. Y casualmente he encontrado ubicarlos en lo laboral. Soy una persona reactiva más que proactiva: los proyectos nunca se me ocurruieron a mí salvo haber editado sobre Sobredosis pop. Hice y hago cosas que me encantaron en radio o televisión pero siempre vuelvo a escribir. Lo mío es ese trabajo solitario, tranqui, sin apuro o presión. Si el libro sale o no sale no importa, no firmo ningún contrato que me ponga plazos. Eso coarta la libertad de escribir.

-¿Cómo ha cambiado su vínculo con la escritura?

-Leo mis primeros libros y veo mucho resentimiento. Claramente era un tipo solitario que no quería ser tan solitario. Eso se fue mejorando y estoy conforme con todo el trauma y el estrés postraumático. Y bajó un poco de mi necesidad de aparecer en los cuentos, porque también era como una forma de decir cosas que yo no podía decir de lo extremadamente tímido que era.

-Pero ese personaje se ve, por ejemplo, en su cara en las fotos...

-Es un tema que me gusta y se llama controlar la narrativa. Si yo sé que tengo grandes chances de salir mal en una foto, salgo mal a propósito, porque yo quiero.

-¿Cómo es su método de trabajo? ¿Cómo surgió Bestuario?

-No pienso “ahora me voy a poner a escribir un libro de cuentos”. Escribo cuentos. Lo hizo en la revista Lento y en la revista Túnel (por eso hay tantos cuentos de fútbol en Bestuario) pero siempre voy escribiendo y juntando (se para y va a buscar una carpeta) y los voy guardando acá. Los cuentos de Bestuario los escribí entre 2016 y 2017 y los fui archivando. Cuando llego a 60 cuentos, cierro ese libro y paso al siguiente. Ya tengo tres libros así preparados. Acabo de empezar el 13

-¿Por qué 60 cuentos por libro?

-Porque es la cantidad que tenían los primeros libros y además me sirve para pensar que solo, por ejemplo, me faltan tres cuentos para terminar un libro.

-¡Qué método raro!

-Rarísimo.

-¿Entonces este libro refleja el que usted era en 2016?

-A veces me reencuentro con parte de mi biografía, pero siempre en los lugares menos pensados. En cuentos de ciencia ficción, ahí aparezco. Y ese en el que dejo comida en el horno y voy a comprar una bebida y temo que se me incendie la casa sí me pasó, claro. Lo que me gusta es cuando aparecen pequeñas pinceladas de recuerdos.

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