El padre de "Betty, la fea"

| Libretista, Productor y Director de Television

EQUILIBRIO. Según Fernando Gaitán, realizar telenovelas localistas es la forma de ofrecer un producto internacional 200x140
EQUILIBRIO. Según Fernando Gaitán, realizar telenovelas localistas es la forma de ofrecer un producto internacional

Carlos Reyes

Fernando Gaitán (Bogotá, 1960) es un artista colombiano que no tiene equivalente en la cultura uruguaya. Porque como autor y productor de exitosas telenovelas como Betty, la fea y Café con aroma de mujer, se mueve en un ambiente artístico que no tiene correlato en Uruguay, manejando con familiaridad un producto de comunicación masiva que deja enormes divisas al país y que incide fuertemente sobre la manera de pensar de sus compatriotas: "Los verdaderos editorialistas somos los guionistas de telenovelas", afirma categóricamente.

Considerado uno de los más osados libretistas de la televisión de su país, arrancó como escritor en 1980, trabajando como periodista del diario El Tiempo. Luego de escribir comedias llegó a la televisión en 1983, comenzando una carrera que lo llevó a ganar numerosos premios internacionales. Hoy, cuando la versión alemana de Betty... supera en audiencia a los partidos de fútbol del Mundial, el director y guionista aprovechó su visita a Uruguay para hablar del tema que lo apasiona.

—La telenovela es un género latinoamericano como el bolero o el tango. Es una creación nuestra, que nace en Cuba y pasa a México y Venezuela, donde echa grandes raíces y pasa a Brasil, aunque la telenovela brasileña es más hija del cine. La telenovela colombiana digamos que esperó el desarrollo del género en Venezuela y México, pero nació con un perfil de producción muy particular, como un medio de expresión auténtico y popular.

—¿En qué consiste esa particularidad?

—Es que a diferencia de otras partes, donde la televisión no tiene interés cultural, en Colombia hemos logrado convocar en las telenovelas grandes literatos, gente de las artes plásticas, otros de la radio y de la televisión pura. De esa combinación salió un tipo de historia particular, que no busca imitar las telenovelas de otros países, sino más bien imita la vida de la calle, denuncia —si se puede llamar así— la cotidianidad, los problemas contemporáneos (el desempleo, la recesión) y por supuesto, tomándole permanentemente la temperatura al amor. Desde hace unos años buscamos trabajar en contextos culturales verdaderos: en el área del café, del azúcar, y eso nos permite que sea no sólo más rica cultural y visualmente, sino más creíble.

—También el lugar de la mujer es otro muy diferente, como en el caso de "Betty, la fea".

—Sí, hemos tratado de que no sea una mujer del siglo XIX, sino moderna, preocupada por su profesión y por sí misma más que por el amor y la búsqueda de un galán. Son mujeres que manejan sus vidas, y lo que es también importante, hemos tratado siempre de darle humor. Porque la comedia como género prácticamente desapareció en Colombia, y ese lugar lo ocupa la telenovela. Hoy en día prácticamente se exige que tenga humor.

—¿Cuál era el gancho principal de "Betty, la fea"?

—El primero, que va en contra de todo lo anterior. Es que es un ser anónimo, más bien fea, y eso es una gran fractura frente a la estructura tradicional donde la protagonista era bella, interesante, distinguida. La segunda singularidad es que a pesar de conservar la estructura narrativa tipo de la telenovela —niña pobre, galán de sangre azul—, está concebida como ‘sit com’. Además, a diferencia de la hacienda, la oficina es un espacio muy rico, donde conviven hombres y mujeres, ricos y pobres: todo un país se puede representar allí.

—¿Esperaba ese éxito con esa apuesta?

—No, yo le tengo mucho miedo a las novelas pretenciosas, porque están destinadas al fracaso. Aquello fue como un laboratorio, asumido con mucha modestia, con una producción muy económica, y con actores buenos pero no tan conocidos. Incluso cuando pasaron empresarios mexicanos o venezolanos por el canal dijeron que ese era el típico ensayo colombiano, porque en otros países no se asume ese riesgo. Quise jugar con el ego femenino, a partir de un tema que nadie hablaba abiertamente: la mujer fea, las cirugías, la vanidad. Yo tenía el pálpito de que esos temas iban a tener un fuerte impacto. Por suerte fue positivo, porque se podría haber tomado como una burla.

—¿Cuánto incide el negocio de las telenovelas en las grandes empresas televisivas?

—Ha ido aumentando cada vez más, y hoy en día buena parte del capital de las grandes compañías de televisión está en los derechos de los argumentos de las telenovelas. Televisa es propietaria del 75% de los grandes argumentos del mundo. Por eso, crear una gran novela no es fácil, pero tiene muchas ventajas. Es un género altamente eficaz, porque es diario, intimista y crea gran expectativa. Y de bajo presupuesto. Además se puede repetir varias veces, se puede hacer una nueva versión sobre el libreto, se puede vender el formato o volver a repetirla en ocho o 10 años. Es un producto multiuso.

—¿Cree que la telenovela debe salir más del formato tradicional?

—Si debe modernizarse o no, es un gran debate. Colombia ha estado junto a Brasil un poco más a la vanguardia de los cambios. Pero en general la telenovela es un producto retro, basado en última instancia en los dramas del siglo XIX o antes. O sea que la niña pobre que llora en el lavadero mientras lava la ropa y sufre y espera al galán sigue teniendo un gran impacto, mientras que lo experimental, como Betty..., no se da mucho y tiene muchos riesgos. También eso varía según los países: Chile, Argentina y Uruguay son públicos más selectos, más dados al cine y a otro tipo de producción más europea. O sea que hay factores culturales que hacen que los casos sean distintos.

—¿Colombia es receptiva a los teleteatros argentinos?

—Sí, ahora nomás estamos haciendo una adaptación de Los Roldán llamada Los Reyes, pero tal vez si hubiéramos pasado el original no hubiéramos tenido el mismo éxito. Hicimos un trabajo de disección de los personajes para adaptarlos al lenguaje colombiano, trabajando mucho sobre la parte amorosa. Dar con el travesti fue la parte más difícil porque no lográbamos uno como el de la producción argentina, que está muy bien manejado. Estuvimos buscando tres meses hasta que conseguimos un travesti colombiano radicado en Italia, y ahora es la superestrella del momento. Pero eso para la producción es como andar por una cuerda muy floja.

—¿Por qué?

—Digamos que nosotros en televisión hemos sido abiertos con el género gay, y había un gay en todas las novelas, que era el diseñador de modas. Y en general hemos tratado de que haya alguien, que no moleste, siempre y cuando no nos excedamos. Es un tema a tomar con precaución, porque hay aún muchos prejuicios y puede conducir a un gran fracaso.

—¿A qué atribuye la gran aceptación de las telenovelas latinoamericanas en Europa del Este y en los Balcanes?

—Hay muchas teorías. Somos culturas muy distintas, pero tenemos en común la pobreza, que es el aspecto fundamental de la identificación, y un factor del que hay que salir. Porque más allá de la historia de amor, siempre detrás está la pregunta: ¿Cómo salimos de pobres? Creo que el principal elemento es la carencia de cosas. Por otro lado, la telenovela es algo íntimo, la cámara metida en una familia, es un género que exalta la emoción, el show del sentimiento, y eso en las culturas más frías se acepta menos. Porque la telenovela no cuenta grandes sucesos, cuenta grandes intimidades.

Miradas constructivas al Uruguay

"Sin querer ser entrometido, porque cada sistema cultural es muy delicado, me preocupa la situación de Uruguay. Nosotros hemos desarrollado en Colombia una telenovela que nos colocó en una posición internacional muy interesante: hemos demostrado que la televisión es un punto de encuentro cultural, aunque no sean programas culturales. Es un punto de encuentro de un país, un punto para hablar de nosotros mismos. Y Uruguay, como otros países, mira con desprecio la televisión. Y eso es como mirar con desprecio un lugar donde encontrarse".

"Claro que Uruguay tiene una gran imagen hacia afuera, por la literatura, el teatro y el ensayo, y eso llega a la elite de los otros países. Pero la verdad es que Uruguay tiene que hacerse conocer también en forma masiva. Nosotros, por ejemplo, que somos un país violento, con muchas desgracias, logramos aun así, a través de la telenovela, tener una imagen popular, masiva. O sea que la serie, teleserie, culebrón, o como se la quiera llamar, tiene una misión de ser transmisor de cultura, de costumbres, para que una señora de Europa o de México conozca algo de Uruguay y sepa cómo se vive aquí".

"En la telenovela colombiana tenemos una industria modelo, surgida hace 10 años, que todavía se está perfeccionando. Es como una Ferrari que tenemos que aprender a manejar. Pero estoy convencido de que la única forma de ser internacionales es siendo localistas. Tenemos que pensar que nuestro paisaje, nuestro color local, nuestra música, nuestra gastronomía, todo eso vale, y quiero dejar este mensaje a Uruguay porque aquí tienen todos los elementos: canales de televisión, gente preparada y grandes narradores".

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