Doble programa operístico en el Solís: buena música e imágenes

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Cavalleria rusticana e i pagliacci

ficha

Dirección escénica: Willy Landin. Dirección musical: Carlos Vieu. Dirección de coro: Esteban Louise Ainceder. Escenografía e iluminación: Juan Carlos Greco. Vestuario: Nidia Ponce. Elenco de "Cavalleria": Gastón Rivero, Federico Sanguinetti, Chiara Angella, Raquel Pierotti, Kaycobé Gómez. Elenco de "I Pagliacci": Martín Muehle, Darío Solari, María José Siri, Leonardo Ferrando, Patricio Sabaté. Sala: Teatro Solís. Funciones: Hoy, lunes 22 y miércoles 24, a las 20 horas. Entradas: $ 200, $ 420, $ 1200, $ 1750 y $ 1990, en Red UTS y en la sala.

El doble programa operístico que el jueves último se estrenó en el Teatro Solís tiene todos los elementos para atrapar no solamente al melómano, sino a todo amante del arte escénico. Si bien entre lo que más impresionó estuvo (y está) el montaje de I Pagliacci, Cavalleria rusticana aportó una fuerte cuota de emoción.

La función comenzó unos pocos minutos después de las 20 horas, con un juego interesante: ante los ojos de los espectadores aparece la escena final de Cavalleria, de modo que cuando comienza la representación de la ópera en sí, el trágico final ya está bien presente en el público.

Una voz que canta fuera de la vista del público y algunas escenas mudas van creando el clima lentamente, mientras la orquesta alterna, gracias a la maestría de Carlos Vieu, los tonos más dulces y festivos de una velada de Pascua, con los más trágicos de los hechos que están por suceder.

Ante las primeras dinámicas de grupo, el espectador ya queda impresionado tanto por la escenografía como por el vestuario. Este último, si bien tiene las piezas que corresponderían con las de los habitantes de un pueblo del sur de Italia de fines del siglo XIX, también juega muy bien con los colores y las formas, componiendo un cuadro cromático de interés. Cada detalle cuenta: boinas, polleras largas, botas, chalecos, moños, sombreros.

La escenografía reproduce bien la monumentalidad de la iglesia, con sus columnas, capiteles, rejas. El gris, con tonos amarillentos, domina un decorado que, como el vestuario, es aparentemente apagado, pero en el detalle surge lleno de vida.

Y pese a que la acción comienza lentamente, pronto se precipita al centro del drama. En ese pasaje, la personalidad artística de la cantante italiana Chiara Angella destaca dentro de un elenco muy completo. La artista se luce tanto vocal como escénicamente, ayudada por un carisma impresionante. En su sentido dramático, además, está muy apoyado el conjunto de las acciones y el trágico final de esta breve y hermosa ópera.

Gastón Rivero hizo valer también sus condiciones vocales (y su gran capacidad para modular), así como Federico Sanguinetti, que además aporta mucho en el terreno teatral. Raquel Pierotti y Kaycobé Gómez, también estuvieron irreprochables. Los pasajes a dúo entre Rivero y Angella, por ejemplo, dieron cuenta de la sincronía en la dirección escénica y musical, y del carácter de ambos artistas. Hacia las 21.30 comenzaba el intervalo.

I Pagliacci buscaba y encontró el contraste entre los dos montajes, haciendo su aporte más actual. En un estudio de la naciente televisión ubicó Landin las acciones, y esa referencia cronológica es curiosa e interesante, puesto que si bien la obra no queda ubicada a fines del siglo XIX, tampoco está plantada en el presente. Esa época intermedia está muy bien explotada por el director escénico y los encargados de los rubros técnicos, arrojando un resultado óptimo.

El juego de épocas se complementa con un circuito cerrado que proyecta en una pantalla gigante acciones que ocurren en el hall del teatro, en camerinos y en escena. Ver a la vez la misma escena (aunque desde ángulos distintos), en vivo y en proyección digital, es una experiencia estética notable y estimulante.

A diferencia de Cavalleria, I Pagliacci sume al espectador en un vértigo, dada la multiplicación de estímulos visuales y sonoros. El juego de niveles de teatralidad es realmente atrapante. El desborde de color -acróbatas incluidos-, también. El público, sin embargo, aplaudió con moderación ambas producciones, que afortunadamente ya no son tan infrecuentes en Montevideo. María José Siri, estuvo fascinante.

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