Con austeridad y esperanza

| No se esperan sorpresas y "¿Quién quiere ser millonario?" debería ganar

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GUILLERMO ZAPIOLA

Esta noche es la noche. La ceremonia del Oscar podrá verse en directo por Teledoce desde las 23.30, y por el canal para abonados TNT desde las 22 (con todo el trámite previo). Allí se confirmarán o desmentirán algunos vaticinios de esta nota.

Oscar en tiempo de crisis, se ha dicho, que juega al mismo tiempo a la austeridad (con una ceremonia más corta y menos ostentosa) y al glamour del abundante estrellato reunido entre las candidaturas, los presentadores, el conductor Hugh Jackman y, por supuesto, el montón de gente invitada.

Esa peculiar dialéctica de éxito y crisis se refleja incluso en las películas candidatas, y especialmente en las que tienen más posibilidades de llevarse los Oscar principales. A menos que algo inesperado suceda (cosa que nunca hay que descartar, porque efectivamente ocurren cosas inesperadas, a pesar de todos los pronósticos, con el Oscar), la gran favorita para el premio mayor es ¿Quién quiere ser millonario? De alguna manera, esa película de Danny Boyle constituye una metáfora del conjunto de la situación: una historia de triunfo a partir de la pobreza, un éxito que pudo no llegar a existir.

IRONÍAS. Es que hay una profunda paradoja en toda la historia. Cuando el británico Boyle decidió llevar a la pantalla su asunto sobre un joven proveniente de los barrios más pobres de Mumbai que compite en un programa televisivo, contó al principio con la empresa Warner Independent, subsidiaria de Warner Brothers, para la distribución de su film en los Estados Unidos. Pero en mayo de 2008, y como consecuencia de los ajustes que la industria norteamericana se vio obligada a realizar tras la crisis generada por la huelga de guionistas del año anterior, Warner decidió cerrar su subsidiaria independiente y Boyle se encontró con que no tenía distribuidor.

Se trataba, literalmente, de la catástrofe. Un cineasta puede permitirse el lujo de producir una película de manera independiente, pero necesita de una cadena de distribución respetable a la hora de difundirla. La deserción de Warner podía ser un problema mayor. Fue necesario que ¿Quién quiere ser millonario? se exhibiera entre aclamaciones del público y elogios críticos en los festivales de Toronto y Telluride (Colorado) para que Fox Searchlight, la subsidiaria "culta" de la Fox, se jugara por la película.

Los hechos le darían la razón. Gane o no el Oscar, la película es ya un éxito. No solamente ha obtenido cincuenta y ocho premios en festivales y entregas de asociaciones de críticos, sino que le ha ido muy bien en taquilla, especialmente teniendo en cuenta su presupuesto: el film costó quince millones de dólares y llevaba recaudados el pasado fin de semana 88 millones solamente en el mercado norteamericano. No sería una cifra descomunal para una superproducción (digamos, Batman, el caballero de la noche), pero es ciertamente estupenda para una producción de bajo costo.

La cita al film de Batman prolonga el juego de ironías. Es la segunda película más taquillera de la historia en los Estados Unidos y cuarta en el mundo, es también, probablemente, la mejor película de superhéroes que se haya filmado nunca, y es casi seguramente lo mejor que ha salido de la empresa Warner en el 2008. Sin embargo, la Academia la ignoró excepto en rubros técnicos y en la adhesión emocional a Heath Ledger, quizás porque cree que los superhéroes son un tema "poco serio". Ya se ha señalado que ese es uno de los rasgos del Oscar en los últimos años (y que ha corrido tele espectadores de la ceremonia): el hecho de que las candidaturas se hayan vuelto menos populares y más elitistas.

De hecho, la producción de mayor presupuesto que figura entre las cinco nominadas y la que tiene un mayor número de candidaturas (El curioso caso de Benjamin Button), se insinúa también como la gran perdedora de la noche: es muy probable que a lo sumo obtenga algunos de los rubros técnicos. De ocurrir otra cosa hasta David Fincher se va a llevar una sorpresa.

El resto de candidatos importantes aparece marcado también por ciertos rasgos de independencia, producción mediana o baja, y cierta intención social o dramática. De ¿Quién quiere ser millonario? ya se ha dicho mucho, pero las otras películas mantienen un perfil similar: ni Milk de Gus van Sant, ni El lector de Stephen Daldry, ni siquiera el Ron Howard de turno (y esto es más raro, conociendo a Howard: Frost/Nixon) tienen el aire típico del cine `mainstream`. El presupuesto de quince millones de dólares de ¿Quién quiere ser millonario? se repite en Milk, crece a 32 millones en El lector y a 35 en Frost/Nixon. Eso significa que esas cuatro películas sumadas costaron 97 millones de dólares, mientras el presupuesto estimado de Benjamin Button fue de ciento cincuenta. La ecuación inversión/beneficio juega también sorpresas.

Por otra parte, el contenido mismo de las película revela otras atipicidades. Al fin y al cabo, y con todos los reparos que puedan hacérsele, Benjamin Button exhibe una pretensión "culta" (cuento de Scott Fitzgerald, cierta amplitud épica para su relato), Frost/Nixon y Milk contienen alegatos sexuales y políticos, El lector se aproxima al tema del Holocausto desde un ángulo inusual (y ha generado algunas molestias por ello). Curiosamente, el voto académico se ha ido "deshollywoodizando", y ello ha terminado por perjudicar no solo a Batman y a Chris Nolan sino también a Clint Eastwood, cuyo clasicismo (habrá que hablar más de Gran Torino cuando se la estrene, y Angelina Jolie es la candidatura equivocada por El sustituto) parece no haber impresionado este año a unos votantes que privilegiaron al efectista Fincher, al endeble Gus van Sant de Milk o al muy académico (perdón por el obvio juego de palabras) Stephen Daldry. Y qué decir de que Solo un sueño, una de las grandes películas del año, no figure tampoco entre las principales candidaturas. Alguien ha dicho ya que no hay nada más opinable que lo opinable, claro.

OPCIONES. Mientras escribe estas líneas, el cronista tiene ante sus ojos las apuestas del New York Times y descubre que coinciden en todos los rubros excepto uno con la infografía que se publica en esta misma página: el periódico norteamericano se juega a Viola Davis por su papel en La duda como ganadora del Oscar a mejor actriz secundaria. Con los debidos respetos, si se lo dan será porque Obama ha puesto de moda a los "afroamericanos": está mejor en ese mismo film Amy Adams en su papel de monjita, y está aún mejor Marisa Tomei en El luchador. Casi todos siguen insistiendo empero en que la ganadora será Penélope Cruz (la apuesta hispana del año), aunque el corazón del cronista esté con Marisa.

El premio se ha vuelto difícil de acompañar

Menos festines, menos dólares para la publicidad y menos Botox: son algunos de los aspectos afectados que envuelven la ceremonia más ostentosa de la industria del cine. El alerta lo dieron los Globo de Oro: tras esa gala suelen hacerse unas diez fiestas, pero esta vez fueron apenas tres.

La revista Vanity Fair suele realizar la fiesta pos Oscar más llamativa, pero este año será considerablemente más íntima. Ni Paramount ni Warner harán sus galas y Sony la redujo a un encuentro en un restaurante. Tampoco habrá bolsitas con regalos de cortesía.

Los recortes empezaron con las campañas publicitarias. Un especialista estimó que cada una rondaba en los 15 millones de dólares, pero esta vez apenas se llegó a los 10 millones con El curioso caso de Benjamin Button, la producción más ambiciosa en competencia.

Incluso los tratamientos de cirugías estéticas se vieron afectados: los especialistas de California en reducción de arrugas no notaron ningún incremento de su actividad como pasaba en años anteriores. "El asunto es saber cuándo aumentarán" se preguntaba un cirujano estético.

Sin embargo, la Academia apuesta a una recuperación del glamour, entre otras cosas para que los 50 millones de dólares pagados por la cadena ABC para transmitirlos sea un buen negocio. Por ello también se hicieron sugerencias sobre el vestuario de los asistentes, "sugiriendo" un regreso a la formalidad y al blanco y negro, como en los tiempos de Ava Gardner y Grace Kelly.

El analista Michael O`Connor recuerda que "tras la crisis de 1929 la gente quería encontrar en los famosos una imagen a imitar".

Las cifras

32 son los millones de televidentes que tuvo la ceremonia el año pasado. Superar esa cifra, la más baja desde 1974, es el gran reto.

5.830 es la cantidad de miembros que tiene la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood, cuyo voto determina los ganadores.

El interior de una gala más íntima

Los productores de la gala del Oscar, Laurence Mark y Bill Condon, anticipan que la misma no sobrepasará las tres horas de duración. No se hará el discurso inicial cargado de bromas para la distensión. Habrá un video realizado por Bennet Miller ("Capote") y el escenario diseñado por el arquitecto David Rockwell apostará a lo `kitsch`.

El secreto sobre cómo transcurrirá todo ha sido impuesto para que las sorpresas se transformen en el primer atractivo para los televidentes. Empezando por las identidades de los presentadores, aparte de la conducción que hará Hugh Jackman. El presidente de la Academia, Sid Ganis, afirmó que "será un show que tomará unos cuantos riesgos de envergadura".

Para no desentonar con los artistas, la organización pide a los periodistas que vistan smoking (ellos) y faldas que al menos lleguen por debajo de las rodillas (ellas).

Después de la ceremonia, el Gobernador hará una primera recepción al lado del Teatro Kodak. En la tienda de campaña que antecede a la alfombra roja, donde las estrellas se retocan, habrá mesas servidas por bodegueros y por el chef Wolfgang Puck. Mini hamburguesas, atún picante, pastel de cangrejo, pizza de salmón son algunas de las opciones gastronómicas, que pueden ser regadas con champán Moët & Chandon o vino Sterling, sea blanco o tinto.

Una docena de miembros de la familia de Heath Ledger llegaron a Hollywood y aunque no se sabe si alguno de ellos aceptará un Oscar en su representación, ya están celebrando el legado del actor fallecido. El jueves participaron de una fiesta en honor a su ilustre familiar y presentar al primer ganador de la Beca Heath Ledger, el joven Oliver Ackland.

Kate Winslet, una de las favoritas para ganar en el rubro mejor actriz por la película "El lector", dijo no tener escrito su discurso y lo que sí espera es encontrar el momento para respirar después de atravesar la alfombra roja. "Es el momento de alivio, cuando pasamos por la puerta y no hay cámaras y preguntamos `¿dónde está el baño`?".

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