Pocas películas representan tanto una forma del cine como Casablanca, siempre aportando frases y escena a la cultura popular y cinéfila desde 1942. Ahora se la puede ver en su majestuosidad de pantalla grande: va a las 17.40 y 19.35 en Cinemateca Uruguaya. Es dentro del ciclo “Los socios programan”.
Dirigida por Michael Curtiz la acción transcurre durante la Segunda Guerra Munidial en Casablanca la acción transcurre alrededor del bar de Rick (Humphrey Bogart), el cínico expatriado estadounidense; Ilsa (Ingrid Bergman), la figura romántica; y el héroe de la resistencia europea, Victor Laszlo (Paul Heinred).
Se basaba en una obra teatral nunca producida, Everybody Comes to Rick’s y el guion fue reescrito por varios autores, entre ellos Julius J. Epstein, Philip G. Epstein y Howard Koch.
El café de Rick, un espacio que funciona como microcosmos del mundo en guerra. Allí convergen refugiados, oportunistas, espías y funcionarios del régimen de Vichy, entre ellos el ambiguo capitán Renault interpretado por Claude Rains. Este universo cosmopolita —lleno de acentos extranjeros y tensiones políticas— fue reforzado por la puesta en escena elegante de Curtiz y la fotografía de Arthur Edeson.
Casablanca ganó el Oscar a mejor película y mejor dirección. pero con el paso de las décadas, dejó de ser simplemente una película popular para transformarse en un símbolo cultural. Sus frases, personajes y situaciones -desde “Este es el comienzo de una gran amistad” a la canción emblema, “As Time Goes By” pasaron al imaginario colectivo.
Así, más que por su perfección formal, que la tiene, Casablanca perdura por la combinación irrepetible de contexto histórico, melodrama romántico y mitología cinematográfica. Una película nacida dentro del sistema industrial de Hollywood que, gracias al momento preciso en que apareció, terminó convirtiéndose en uno de los grandes íconos de la cultura popular del siglo XX.