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Natalia Oreiro con El País: "Todo el tiempo busco desafíos y superarme"

La actriz, cantante y conductora uruguaya habla de "La noche mágica", la comedia argentina que la vuelve a reunir con Diego Peretti, de Got Talent y de su reencuentro con Montevideo

A esta altura ya todos lo deben saber: Natalia Oreiro es tan simpática en persona como se la ve en pantalla. Está, por ejemplo, cumpliendo con la presumiblemente tediosa tarea de atender a la prensa y sin embargo a todos nos recibe con esmero y dedicación. No parece cansada a pesar de que la noche anterior, reconoce, la emisión en vivo de Got Talent Uruguay, que conduce, se fue un poquito más larga de lo habitual.

La ronda de prensa es por el estreno este jueves 16 de La noche mágica, una película que estaba pronta hace un tiempo y cuya llegada a los cines se demoró por una razón que es fácil de imaginar. Aunque, de antemano, uno podría pensar en una comedia (están ella, su amigo, Diego Peretti, Pablo Rago), la película, dirigida por el debutante Gastón Portal, se va convirtiendo en otra cosa. Comienza con un robo en la noche de Navidad pero se vuelve un drama policial. Ese riesgo de no encasillarse en un género, dice Oreiro, fue una de las razones por las que le interesó el proyecto. Otro incentivo pudo haber sido que su personaje, Kira, es complejo y exigente y Oreiro está a la altura de la circunstancia. Hay que coincidir en que La noche mágica no es la típica comedia argentina.

Ni la pandemia le frena la capacidad de trabajo de Oreiro que, además de conducir Got Talent estuvo grabando dos series (Iosi para Amazon; Santa Evita para Star +) que le exigieron una logística artística y personal de las importantes. Todo eso desde Montevideo, la ciudad de la que se fue a los 16 años y que redescubrió en esta larga temporada radicada acá.

Sobre cómo encontró la ciudad en la que nació, qué le interesó de un proyecto como La noche mágica y sobre la niña cubana de Got Talent (“¡es más talentosa que yo!”, confiesa), Oreiro, simpática como siempre, charló con El País. Este es un resumen de algunos momentos de esa charla.

Natalia Oreiro
Natalia Oreiro. Foto: Leo Maine

—El lunes pasado en Got Talent se la vio muy entusiasmada con Saydis Calzada, la niña cubana. ¿Se ve en ella?

—Una de las cosas por las que acepté este desafío de ser conductora es porque me identifico con los participantes. Y, sí, me veo reflejada en esa niña y en los que sueñan con dedicarse a esto y buscan una oportunidad. Pero esa chica tiene un talento que yo no tuve nunca. Lo mío es a fuerza de trabajo y mucho esfuerzo y ella tiene ese don naturalmente.

—¿Nació con estrella?

—No, son cosas distintas. Una es el don del talento natural y otra es lo que uno hace con ese talento. Nacer con estrella para mí tiene más que ver con el carisma, con lo que se transmite independientemente del talento natural. Ella tiene las dos cosas.

—¿Y usted qué tiene?

—No sé. Algo debo tener pero aún no lo descubrí (se ríe). Pero lo que sí sé es que para mi todos los días es como hacerlo por primera vez.

—¿En serio?

—Sí, sí. Sobre todo porque todo el tiempo busco desafíos y superarme. Conducir un programa era algo nuevo y que me pone en un lugar de riesgo. Y hay que hacerlo con respeto, con empatía y por eso también me pongo nerviosa. Quiero crecer, quiero hacerlo bien, que a la gente le guste y estar a la altura del programa. Eso me genera mucho nervio y antes de salir al aire siempre pienso que no lo voy a poder hacer.

—¿Esos nervios es una de las razones para elegir proyectos?

—Sí. Y La noche mágica, por ejemplo, tiene un riesgo enorme. No siempre elijo los proyectos por lo mismo, pero siempre tengo que encontrar algo que me movilice aunque a veces vuelva a los mismos géneros. La comedia me encanta y ahora estoy necesitando hacer una. En un momento lo único que me llegaban eran comedias y ahora vengo de hacer tantos dramas que necesito otra energía que también tiene que ver mucho conmigo y que uno va dejando por hacer cosas distintas o, justamente, tomar riesgos. Ahora estaría con ganas de hacer reír y de reírme yo también. Y eso es algo que me da Got Talent. Esa cosa más simple, más cercana que tiene el formato me permite ser más yo.

—Y le ha dado una continuidad con el público uruguayo que nunca había tenido.

—Si hay algo que tengo que rescatar en todo esto que pasó de la pandemia -que todavía continúa y que es muy dura para mucha gente- es que me permitió estar en mi país y en un proyecto 100% uruguayo. Tenía programados muchos trabajos en cine, giras por lo que reservar un año para estar en Uruguay en circunstancias normales, hubiera sido imposible. Si bien he hecho muchas cosas en el medio (una serie con Burman y Borenztein y por cuatro meses rodé con Rodrigo García, Santa Evita) pero siempre avisando que tenía que viajar Uruguay. Y fue un lío porque entre la cuarentena, los programas en vivo, me decían “¡Ya sabemos que tenés Got Talent!” (se ríe). En otro momento me hubiera costado asumir un compromiso así.

—¿Cómo hacía para pasar de la intensidad de Evita a ser la conductora más simpática en Got Talent?

Santa Evita fue el desafío más grande que he tenido en mi carrera como intérprete porque claro estoy interpretando nada más ni nada menos que a una parte de la Argentina porque es la figura política y pública más grande que tiene. Y, además, ¡soy uruguaya! (se sonríe). Esos meses fueron muy duros pero pedí permiso para venir a Got Talent. Acá me dieron la posibilidad de no venir en esos momentos pero vine con mi rubio Evita y fue un respiro poder reconectar con Natalia.

—¿Hacía tiempo que no estaba tanto en Uruguay?

—Tuve 10 años casa en Carmelo por lo que siempre pasé largas temporadas en Uruguay pero en Montevideo desde los 16 años no había estado tanto.

—¿Y con qué se encontró?

—Lo que me pasó, de repente, es que tuve la posibilidad de estar con la cultura uruguaya, algo que como me fui muy chica no llegué a transitar tanto. Fui a la Biblioteca Nacional, obviamente estuve mucho en el Sodre, hace poquito estuve también en el Correo Nacional, en el Espacio de Arte Contemporáneo y tuve contacto con muchos artistas jóvenes emergentes que fui conociendo. No había tenido esa posibilidad de estar tanto tiempo acá. Y fui al Parque Rodó con mi ahijado y con mi hijo. ¡Y subí al Gusano Loco del Prado con mi amigo, Martín Sastre!

—El vínculo de los uruguayos con los famosos es distinto al de los argentinos...

—Conmigo en Argentina la gente es tranquila, respetuosa. Pero si vos te le metes en la cocina de las personas después cuando te saludan no podés pretender que no lo hagan como si fueras de su familia.

—¿Qué le gustó de La noche mágica?

—Me pareció diferente y muy arriesgada. En apariencia es otra comedia que transcurre en la noche previa a la Navidad. Hay una familia, entra un ladrón y pensás qué gracioso y de repente se oscurece todo y se transforma en una comedia dramática y negra. Me gusta el trabajo de los vínculos. Y me gusta trabajar también una mujer incómoda porque Kira, mi personaje es difícil de catalogar. Me costó mucho entenderla para interpretarla. Me interesó que si bien es víctima de su relación tóxica, también es una mujer culpable de lo que sucede en relación a su familia en el sentido de que no es responsable por lo que pasa con el hombre, sino que es responsable por ser ciega ante una situación evidente. Muchas veces uno dice, “pero cómo no lo viste”. No estoy segura de que ella no haya visto algo y se haya hecho la distraída. Con todo el dolor que me puede causar no defender a mi personaje debo de reconocer que creo que ocultó bajo la alfombra por comodidad por miedo una situación que cuando se le cae la máscara no puede creerlo.

—¿Cómo maneja todo eso?

—Confío mucho en la mirada del director porque para mí las películas son de los directores. Siempre trabajo con coach que me acompaña en el proceso de búsqueda y también si el director lo permite en el set para que me contenga, me mantenga en una tensión necesaria y para entender lo que la puesta del director quiere. Gastón (Portal, el director) me permitió estar con mi coach y estuvo buenísimo porque él es un director muy bueno que sabe muy bien lo que quiere, pero es muy caótico filmando: tenía todo el tono en la cabeza, pero yo nunca le entendía lo que quería. Eso se ve y es parte también de su búsqueda. Esa incomodidad de mi personaje es la que tenía yo porque todo el tiempo buscaba referencias, se las mostraba y él solo decía “está bien”. Trabajé con muchos directores y directoras y todos tienen su forma de trabajar.

—¿Y usted cómo trabaja?

—Soy como muy obsesiva, meticulosa y al mismo tiempo bastante tradicional. Pero estoy abierta a nuevas formas y nuevas técnicas porque también eso hace que yo crezca y que de repente, pueda aparecer ahí algo genuino e inesperado y que no controlo. Y eso es lo que busco.

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