Los swingers vienen a cenar: llega en versión de Hollywood, una comedia sexual catalana que se vio en Uruguay

Se estrena en cines "La invitación" dirigida por Olivia Wilde y que adapta la obra "Los vecinos de arriba" de Cesc Gay que se estrenó en El Galpón en 2019 con Diego Peretti

Seth Rogen y Olvia Wilde en La invitación
Seth Rogen y Olvia Wilde en La invitación

Alguien podría definir —y sí que se hizo— La invitación como ¿Quién le teme a Virginia Woolf? en plan swinger. Y le asistiría razón: está basada en una obra teatral, una cena de dos parejas y una velada que, a la altura del postre, termina revelando más de lo aconsejable. Otro ejemplo notorio —sí, hay un montón— podría ser Un dios salvaje, la obra de Yasmina Reza que Polanski llevó al cine.

Cinéfilos más veteranos recordarán Bob & Carol & Ted & Alice, aquella de 1969 con, entre otros, Natalie Wood y Elliott Gould. Es, como era aquella, un estudio sobre el deseo sexual en la pareja. También comparte su tono de “dramedia”, neologismo que deja su ambición entre lo profundo y lo liviano.

Detrás de La invitación hay una obra de teatro del catalán Cesc Gay, quien también dirigió una versión en cine, estrenada como Sentimental, con Javier Cámara y Griselda Siciliani. En Uruguay se vio en El Galpón, en 2019, una puesta en escena —con el nombre original, Los vecinos de arriba— con Diego Peretti, Muriel Santa Ana, Rafael Ferro y Julieta Vallina.

Además de la que hizo el propio Gay, existen versiones en cine italianas, suizas, surcoreanas, checas y rusas. Una difusión tan amplia solo puede deberse a una premisa universal, y eso la ha convertido en una de las propiedades intelectuales europeas más rentables.

Ahora llega desde Hollywood rebautizada como La invitación. Es la tercera película como directora de Olivia Wilde, quien había parecido encantadora y graciosa en su ópera prima, Booksmart, y algo pretenciosa en la siguiente, No te preocupes, cariño, que también giraba en torno a una pareja al borde de un ataque de nervios. Ahora le quedó mejor.

A24 apuesta a que la película consiga nominaciones al próximo Oscar. Comienza con una cita de Oscar Wilde: “Uno siempre debe estar enamorado. Esa es la razón por la que uno nunca debe casarse”.

Wilde y Seth Rogen son Angela y Joe, un matrimonio no le hizo caso a esa cita vive en un espacioso apartamento en San Francisco y recibe a cenar a Piña y Hawk, los vecinos de arriba, una pareja sexy interpretada por Penélope Cruz y Edward Norton, cuyos sonoros encuentros sexuales nocturnos son seguidos con curiosidad por Angela y con desagrado por Joe.

Esa diferencia resume buena parte de los conflictos entre los anfitriones y todo se precipita cuando los invitados revelan ser una pareja abierta y poliamorosa, dispuesta a un intercambio, si se puede, esa misma noche. El convite los agarra a Joe y Angela en un momento delicado: tienen un hijo chico (que esa noche está de pijamada) y su vida sexual está en estado inexistente.

La película fue rodada en 21 días y en el orden cronológico de los acontecimientos. El único escenario en que transcurre la acción tampoco traiciona su origen teatral, pero Wilde y su director de fotografía, Adam Newport-Berra, junto con la diseñadora de producción, Jade Healy, hacen un uso original del limitado ámbito. Lo exploran mediante encuadres, ángulos y composiciones que transmiten la inquietud del momento, las diferencias y las separaciones entre los protagonistas.

“Quería que la película se sintiera grandiosa, dinámica y ambiciosa”, le contó Newport-Berra a la revista IndieWire sobre el proceso visual de La invitación, uno de sus méritos. “Lo primero que le propuse a Olivia fue la idea de tratar la película como un paisaje. (...) Se trata de contexto y escala. ¿Cómo nos liberamos dentro de ese espacio y cómo hacemos que ese espacio parezca grande? Así que nuestros primeros planos eran muy cercanos y nuestros planos generales muy amplios. Quería que el apartamento se sintiera lo más dinámico y espacioso posible, sin dejar de respetar lo que sucedía en la historia”.

Quizás esa sensibilidad para observar las tensiones de una pareja explique por qué las redes sociales y algunos críticos de cine con aspiraciones de chimenteros han señalado que la inspiración de Wilde pudo haber pasado por su separación de Jason Sudeikis, ocurrida durante el rodaje de No te preocupes, cariño, cuando además se la vinculó con el coprotagonista Harry Styles.

“Si la gente percibe que parece que ella pasó por la ruptura de una relación y el desamor, sí, lo he vivido, y creo que eso es lo que me da la memoria muscular para representar a este personaje con fidelidad”, le dijo Wilde a Time. “No creo que hubiera podido interpretar a Angela si no me hubiera sentido realmente zarandeada por la vida y las relaciones. Estoy muy abierta al riesgo de la confesión. Suena muy pretencioso, pero dicen que el gran arte es confesión y debe ser arriesgado”.

Capaz que no es para tanto, pero La invitación es una comedia inteligente y vistosa sobre asuntos pertinentes.

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