El País con Cesc Gay, director de "Historias para no contar": "En este rubro o vendes tickets o ganas premios"

El realizador de Barcelona y responsable de éxitos como "Truman" o "Sentimental", habla de su carrera y la película que protagonizan Chino Darín, Maribel Verdú y Javier Cámara que ya está en cartel.

El director Cesc Gay.
El director Cesc Gay.
Foto: Difusión.

Es uno de los grandes directores de cine español. Es el responsable de éxitos como Truman (con Ricardo Darín y Javier Cámara), y Sentimental, que pasaron por festivales de todo el mundo. El pasado jueves estrenó en cines locales su último largometraje, Historias para no contar, una película contada a través de cinco relatos independientes donde lo cómico y lo patético se entrelazan.

—Pareciera que en Historias para no contar, para usted es un volver a sus inicios con películas de historias cortas.
—Sí, me gusta mucho el formato corto, como episodios. Es la tercera película que hago de ese estilo. Mi primera película que se llamaba Hotel Room (1998), que era una cosa rara, la hice en Nueva York, sin presupuesto ni nada. Fue la que me ayudó un poco a seguir. Y luego hice otra que se llamaba Una pistola en cada mano (2012), donde también exploraba el relato corto porque gusta el formato episódico. De hecho escribo y tengo material que en cualquier momento me da como para armar algo así. Cuando pude hacer otra pensé en concentrarme en un grupo de historias que tuvieran un tono cuasi patético, como para no contar. El título resume un poco la vergüenza de no querer decir qué ocurre.

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Imagen de la película "Historias para no contar". Foto: Difusión.

—Podría llamarse “Relatos patéticos” como respuesta a los Relatos salvajes de Damián Szifron.
—La verdad que sí. Esa era la idea, todo eso que ocultamos, no contamos por vergüenza, pudor o vete a saber porque, fueron configurándolo todo. Escribí más historias y terminé seleccionando estas.

—Es un artesano que escribe y dirige sus películas, ¿cree que hay un estilo Cesc Gay?
—No lo sé. Nunca lo he pensado, ni he tenido mucha capacidad para pensarme, o reflexionar sobre lo que hago. Tampoco creo que sea lo mejor, porque no eres objetivo. Entonces uno escribe y ya está, no hay mucho más.

—En una de las historias que protagoniza Maribel Verdú donde habla con dos amigas, todo fluye natural. ¿Cómo es el trabajo con los actores?
—En este caso se ha dado una selección así de gente, algunos nos conocíamos de trabajar, con otros actores tenía ganas de hacer algo, y a otros personalmente no los conocía. Se armó un poco este grupo, y lo interesante es que fue historia por historia. Nunca dejé leer el guion a todos porque pensé que habría lío, que uno querría hacer otro papel, y esas cosas que pasan. Entonces lo que hacía era atacar por grupo, y fueron como cinco minirrodajes. Es más agradable y menos complicado que las películas más grandes.

—En su carrera ha trabajado varias veces con ciertos actores, como Javier Cámara o Alex Brendemoul. ¿Hay un motivo para volver a convocarlos?
—No quería que Javi estuviera en la película, porque es un pesado (se ríe), siempre quiere estar en mis películas y yo no quiero. Pero pasó. Su personaje lo iba a hacer otro actor, pero antes de filmar contrajo Covid. Me llamó la productora para decirme que no iba a venir el actor, y justo estaba con Javier en una gala de premios y le dije: “Javi te puedes quedar el lunes y haces ese personaje”. Lo único que hizo fue comenzar a reírse. Así que en este caso fue como el favor de un amigo que se quedó a rodar esa escena. Los directores siempre buscamos esos intérpretes con los que se genere una complicidad.

—Sus últimas películas, Truman y Sentimental han ganado premios. ¿El conseguir una victoria da crédito para hacer más?¿Hace más fácil el camino para un siguiente proyecto, o no afecta?
—El ganar premios implica que la gente se cree que eres bueno eso, y está muy bien. Puedes mentir a todo el mundo, porque la gente se cree que si ganaste un premio eres bueno; y eso hay que aprovecharlo, pero lo mismo, esto pasa también con los actores, si ganas un premio significa que la película está buena. Eso genera, aparte de la vanidad de uno, hace que el público se acerque a la película o a otro proyecto. Yo estoy agradecido, obviamente, a los premios que me han dado, es la gasolina que nos da los directores para seguir armando proyectos.

—Y siempre es mejor ganar un premio que pasar desapercibido. Imagino que también ayuda para conseguir financiamiento.
—Totalmente. En España hay un sistema de ayudas públicas desde el Ministerio de Cultura que por el hecho de haber ganado ciertos premios automáticamente tienes un puntaje más alto para cuando pides ayuda; se te tiene en cuenta por ganar un Goya, por ejemplo. Luego, de forma indirecta si ganas premios importantes, como pasó con Truman, todas las distribuidoras vienen a ver qué estás haciendo, de qué va tu película, generas interés. En este rubro o vendes tickets o ganas premios. Así que, o funcionas en taquilla o funcionas en el circuito de festivales y en los premios. De otra forma, lo más probable es que vas a dejar de trabajar.

—En Truman trabajó con Ricardo Darín y en Historias para no contar con su hijo, Chino. ¿Hay un vínculo especial con los Darín, o con Argentina?
—Sí, hay un vínculo especial con Argentina. Viene desde siempre y no sé por qué. Siempre me atrajo. Entre mis mejores amigos hay varios argentinos, muchos que viven en España, otros en Buenos Aires, y hay algo en lo que es el cine argentino y uruguayo también, que para mí están muy hermanados. Entonces, a la hora de buscar actores, en mi cabeza es lo mismo un actor de Galicia, Madrid o Buenos Aires. Para mí no hay diferencias, no lo siento como escoger un actor extranjero. Será porque Barcelona, y España, está llena de argentinos que forman parte de nuestra vida. Además, me gusta mucho el ADN del actor argentino. Por ejemplo, estoy por comenzar a filmar mi próxima película con Rodrigo de la Serma.

—¿Qué puede decir de ese proyecto que está empezando a filmar en las próximas semanas?
—Se llama Mi amiga Eva y es mi primera protagonista femenina. La interpreta Nora Navas, que fue parte de Historias para no contar, y es una película bilingüe. Hay muchos personajes, muchas localizaciones en Barcelona, y es la historia de una mujer de 50 años en clave de comedia con sus vicisitudes sentimentales.

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