El secreto de Adaline [**].Estados Unidos 2015. Título original: The Age of Adaline. Dirección: Lee Toland Krieger. Guión: Salvador Paskowitz, J. Mills Goodloe. Fotografía: David Lanzenberg. Música: Rob Simonsen. Producción: Lionsgate/Sidney Kimmel Entertainment/Lakeshore Entertainment. Intérpretes: Blake Lively, Michiel Huisman, Harrison Ford, Ellen Burstyn, Kathy Baker, Amanda Crew, Richard Harmon, Anjali Jay, Lynda Boyd, Peter J. Gray, Lane Edwards.
Tras sufrir un accidente, entrar en estado de hipotermia y, literalmente, caerle un rayo, la titular Adaline (Blake Lively) deja de envejecer, quedando fijada al parecer para siempre en los 29 años que tenía cuando le pasó todo eso.
Las explicaciones de lo ocurrido, aportadas por un servicial locutor, poseen aproximadamente la precisión científica de un capítulo promedio de Star Trek, pero no son el objetivo central del argumento. Funcionan de hecho, como hitchcockiano "McGuffin" del complicado melodrama romántico que viene a continuación.
Cuando comienza la película, a fines de 2014, Lively tiene el mismo aspecto que en 1929 y una hija que exhibe la espléndida ancianidad de Ellen Burstyn. Se las ha arreglado para sobrevivir a lo largo de las décadas sin llamar la atención, casándose, enviudando, cambiando de identidad y mudándose periódicamente para que la gente no la fastidie con la frase "estás igual que siempre". Comprensiblemente no ha querido convertirse en un fenómeno de feria o en conejillo de Indias de algún laboratorio científico, pero no queda claro cómo lo ha logrado y cómo ella misma y su entorno inmediato han aceptado la situación con tanta naturalidad.
La premisa es un disparate, claro, pero no deja de resultar intrigante. Los guionistas la aprovechan solo a medias, empleándola como pretexto para algunos "flash- backs" en los que hay algún esmero de reconstrucción de época, alguna muy inútil referencia a los tiempos del maccarthysmo (único episodio histórico que al parecer afectó al personaje en los últimos ochenta o noventa años), y especialmente para el desarrollo de una novela rosa a varias puntas que arriesga que la suspensión de la incredulidad se vaya por la ventana y no vuelva.
Sentimental y coqueta, la película se deja ver, de todos modos, por cierto esmero visual y la solvencia de algunos de sus secundarios (la previsible Burstyn, el menos previsible Ford). Si uno se pone un poco machista podría deslizar la sospecha de que una parte de su público femenino, además, va a disfrutar con el desfile de modelos a cargo de la protagonista Lively, una mujer agradable pero con menos contenido (bueno, a toda la película le pasa lo mismo) del que cabría esperar de alguien que vive una experiencia tan singular.

crítica - CineGUILLERMO ZAPIOLA