Homo Argentum, la película de Mariano Cohn y Gastón Duprat que tiene 16 versiones de Guillermo Francellacondensadas en poco más de hora y media, se convirtió en un éxito de taquilla en una época en la que el cine anda escaso de esas buenas noticia. Y encima se convirtió en un fenómeno político que dividió a la opinión pública y no solo argentina.
Su ingreso ayer a la oferta de Disney +, que la ubicó dentro de su sección Hulu, podría avivar la polémica o en todo caso hacer revisar sus valores artísticos que quedaron relegados por el debate provocado y la sobredosis de Francella.
En Uruguay, donde se estrenó el 14 de agosto en 16 salas de todo el país convocó 110.281 espectadores, de acuerdo a cifras de su productora local. Durante semanas, copó la cartelera local y las discusiones de asados.
Al estilo de las películas episódicas italianas (de las cuales Los monstruos de Dino Risi fue la más mencionada por los responsables), Homo Argentum presenta 16 viñetas que, en su conjunto, pretenden dar evidencia de una presunta identidad argentina que, para el caso, es más bien porteña. Los episodios duran de uno a 12 minutos.
Los episodios, escribió Fernán Cisnero en la críticade la película en El País, “son desparejamente ocurrentes, emotivos y hasta irritantes”.
En ellos Francella, quien citó como referencia al cómico italiano, Alberto Sordi, compone, entre otros, a un cura villero, un nuevo rico, un presidente argentino, un abuelo celoso, un padre que despide a su hija que se va a España, un director de cine cínico, una víctima de las mujeres empoderadas.
La propuesta explora una presunta identidad argentina analizando sus virtudes y contradicciones, y generó un intenso debate público, incluyendo derivaciones políticas y diversas opiniones en el ámbito cultural y social.
La película fue acusada de libertaria, antiwoke y antipatriota. El propio presidente argentino, Javier Milei, participó de la discusión, considerándola una gran película y obligando a que la vean los integrantes de su gabinete. Pocas películas consiguen eso.
“Resulta llamativo que el presidente Javier Milei se haya entusiasmado tanto con la película Homo Argentum”, escribió en La Nación, el escritor y abogado, Marcelo Giuffré. “¿Qué le llamó la atención? ¿Con qué se sintió identificado? Una pista la brinda su propia interpretación de que el film sería una crítica al wokismo y un planteo dicotómico entre la ‘gente de bien’ y los ‘kukas’. Otra señal, más profunda, va en dirección de que la obra sería representativa del ‘ser nacional’: la nota distintiva del argentino sería el cinismo”. Con “kukas” se refiere a los seguidores del “progresismo kirchnerista”.
El propio Francella avivó la polémica cuando dijo que “hay cine que es muy premiado, pero que le da la espalda al público. Ese cine no me gusta. Películas que ven cuatro personas y la familia del director, que son obras de arte, pero que no tienen identificación, no representan a nadie”.
Buena parte del ambiente del audiovisual argentino salió a criticar una frase que, ciertamente y así expresada suena desafortunada.
“Les duele mucho la película, porque les presenta un espejo en el cual sale a la luz todo lo que son”, intervino el presidente Milei. “Casi está de más decir lo que les duele el éxito en una película sin financiamiento del Estado, ya que muestra a muchos del rubro (y aledaños) como fracasados totales y absolutos”.
El debate y las acusaciones impulsaron un éxito de los que se dan pocos: en Argentina vendió alrededor de un millón y medio de entradas, lo que la convirtió en una de las películas más exitosas del año.
Algunas de las cuestiones criticadas por los detractores de Homo Argentum siempre ha estado más o menos presentes en los productos de Cohn y Duprat, quienes ya han mostrado una mirada crítica a los snobismos de la modernidad. Eso está claro en su filmografía en cines (El hombre de al lado, Ciudadano ilustre, Competencia oficial) y en televisión (El encargado, también con Francella).
Son dos directores vistosos, cinematográficamente ocurrentes y con guiones con ambición de debate. Con Homo Argentum se han vuelto protagonistas de la llamada batalla cultural, un concepto que en Argentina, y también en Uruguay, ha ido ganando presencia.
“Homo Argentum es una película despareja que al volverse un tema de debate político y división, revela mucho más de Argentina que en sus 16 sketches”, decía la crítica de El País. “Y puede ser su mérito”.
Su eficacia cinematográfica y el alcance de su mensaje pueden merecer una segunda oportunidad, lejos de su sonora aparición en cines con su llegada a un servicio de streaming.