Por Martín Imer
Mencionada como una de las seguras candidatas al Oscar a mejor película, Marty Supremo, que se estrena hoy en Uruguay, acaba de darle el Globo de Oro como actor principal de comedia a su protagonista, Timothée Chalamet.
Es la primera película en solitario de Josh Safdie, quien hasta ahora tenía una sociedad creativa en exclusividad con su hermano Benny. De hecho, Marty Supremo mantiene el ritmo y el tipo de estudio de personaje de Viviendo al límite y Diamantes en bruto, las dos películas que volvieron relevantes a los neoyorquinos Safdie.
Y conserva además, el mismo mecanismo narrativo: una premisa sencilla que comienza a volverse más y más compleja a medida que avanza la trama. Se incluyen desviaciones inesperadas que aportan tensión, angustia e incomodidad ante las soluciones desesperadas (y en general erradas) que toma el protagonista.
Esta vez es la historia de Marty Mauser, un jugador de ping pong a fines de la década de 1950 que tiene una ambición tan grande como su falta de escrúpulos. Se verá involucrado en una serie de eventos desafortunados que Chalamet encara con un notorio compromiso que quizás lo lleve hasta el Oscar.
Marty Supremo es mencionada con posibilidades de conseguir nominación, además, a dirección y guion, ambos rubros ocupados por el propio Safdie.
Con una elocuencia imparable y comparable con la de sus héroes, el director charló con El País, vía Zoom sobre la génesis de la historia de Marty Supremo y algún detalle de su particular estilo.
-¿Cuál fue el origen de Marty Supremo?
-Fue una idea muy intensa que tuve cuando rodaba Diamantes en bruto, y que me llevó 10 años concretarlo. Nadie creía en este proyecto, así que tuve que demostrar su valía con una urgencia diaria. Le decía a Ronnie (Bronstein, su coguionista): “Tenemos que tener un nuevo borrador para el viernes”. “¿Por qué el viernes?”, me decía, y le contestaba: “Porque podría encontrarme con alguien el sábado y tengo que tener un nuevo borrador”. Cada día tenía que estar mejor y cuanta más gente decía que no, yo más intensamente creía en el. La idea era que cada día tenía un propósito al despertar aunque la gente que no lo tuviera no lo fuera a entender.
-¿Y cómo se coló Marty Mauser, ahí?
-Hacia el final del rodaje de Diamantes en bruto, mi esposa me compró en una tienda de usados, el libro Confesiones del mayor campeón de tenis de mesa y estafador. Lo vio y pensó que era para mi. Lo leí y me identifiqué con estos muchachos que jugaban, que tenían estos sueños y que iban por todo el mundo sin saber si volverían a Nueva York. Eran pendencieros y no le importaban a nadie. Además tenían un endurecimientocon el que me identifiqué. Durante la gira de prens de Diamantes en bruto alguien me preguntó con qué iba a seguir. Empecé a llorar porque nunca pensé en lo que venía. Era como en el sueño: me sentía vacío y no sabía qué sería del día siguiente. No sabía por qué despertarme por la mañana, y ese sentimiento era muy intenso. Empecé a pensar en los personajes de aquel libro y llamé a mi tío que había jugado con muchos de ellos alló por en 1952 en Nueva York. Me habló mucho sobre Lawrence, el lugar donde todos juegaban en el Midtown de Manhattan, y qué asombroso y fuera de lo común que era ese lugar.Así que comencé a adentrarme en este mundo, investigué lo más que pude y empecé a hablar con Ronnie sobre eso. A él no le importa el ping pong, pero le importaban las personas que se endurecen por un sueño, comienzan a patologizarlo y se convierte en algo en lo que no pueden dejar de creer. Eso fue muy interesante para él porque podía identificarse con eso.
-¿Y cómo llega Chalamet?
-Lo llamé y le dije: “Mira a estos tipos, te pareces a esta persona en la tapa de este libro, construyamos este mundo”. A partir de ahí, con Ronnie comenzamos con la historia de fondo y dijimos: “Vamos a traer ambas partes de nuestras vidas a esto”. Y lo bueno de hacer una película es que te da un propósito cada día para despertar, y empiezas a tener este personaje a través del cual comienzas a ver tu propia vida.
-Sus películas tienen una atmósfera muy tensa. ¿Esto se genera en el set o la magia empieza en la sala de edición?
-Depende. A veces genero el caos en el set si se supone que la escena es caótica. A veces no lo es pero la hago caótica para un actpr, estimulando al otro para tenerlo alerta y mantener una intensidad general. O en ciertas escenas donde hay muchos extras de fondo: “Si quieren hablar, adelante”, porque en muchas películas intentan decirle a la gente que finja hablar, pero no haga ruido. Mantengo a todos vivos y creo que la sensación de algo energético le añade mucho a las escenas. Estábamos rodando con Gwyneth Paltrow, y ella nunca había hecho una película en donde cientos de personas hablaran en el set hablara.
-¿Y cómo lo tomó?
-Le pareció increíble, muy liberador, porque podía acercarse al actor y tener una conversación privada, y la ansiedad de que alguien se acercara a ella y le hablara en medio de la escena añadía una capa de tensión. Así que a veces lo controlo, otras veces no, y luego, por supuesto, en la edición, se encuentran formas de incluso aumentar la tensión si se necesita.