Es uno de los éxitos del momento en Netflix, y se entiende por qué: reúne a dos de los actores más taquilleros de las últimas décadas en Hollywood: Matt Damon y Ben Affleck. Tanto uno como el otro han aportado mucho a la industria del cine y no solo desde el punto de vista comercial, aunque cuando haya que pasar raya y hacer un balance de sus trayectorias, eso estará entre lo más destacado.
Solo como ayudamemoria: Matt Damon logró gracias al pesonaje Jason Bourne colocarse al lado de dos franquicias gigantescas como las de James Bond y Misión Imposible. Y por fuera de ese tanque, ha tenido protagónicos interesantes como El talentoso señor Ripley, la un poco inflada Busco mi destino y un destacado secundario en otra franquicia, la comandada por Steven Soderbergh sobre los estafadores de casinos, que arrancó con La gran estafa en 2001.
Affleck, en tanto, tal vez no haya tenido un éxito tan rutilante como su amigo en la saga de Jason Bourne, pero tiene otros logros nada desdeñables. Tal vez el más importante de ellos es que fue uno de los productores de la mejor película según los Oscar 2013: Argo, que además protagonizó. Fue Bruce Wayne/Batman en varias películas (aunque tuvo la mala suerte de asegurarse ese papel justo durante la peor época de la marca DC), puso su privilegiado rostro en algunos blockbusters (Armagedón, Pearl Harbor), y dirigió unas cuantas películas que, sin llegar a ser obras maestras, casi siempre dejaron una buena impresión, en particular Atracción peligrosa (2010), un sólido policial sobre asaltantes de bancos.
Todo esto para dejar en claro que se trata de dos pesos pesados en Hollywood, y que tenerlos juntos en una película es un acontecimiento fuera de lo común.
La relevancia de ambos es tal que hasta un gigante como Netflix tiene que tolerar que ellos cuestionen el “método” de la plataforma (básicamente, Affleck y Damon revelaron que Netflix presiona a los realizadores para que simplifiquen lo máximo posible la trama).
Encima, consiguieron negociar un acuerdo con Netflix que suena hasta medio “socialista”: si a la película le va bien, todos los que participaron en ella reciben una parte de las ganancias.
El vehículo que eligieron para intentar torcer un poco la balanza hacia el lado de la clase trabajadora de Hollywood no es un proyecto prestige, sino uno de los subgéneros más probados y populares en la historia del cine:el policial. historia del cine: el policial.
Para ello se asociaron con el director Joe Carnahan, un tipo que no será William Friedkin, John Frankenheimer o Brian De Palma, pero que sí parece haber aprendido algo de ellos.
Carnham ya tiene más de una decena de títulos en su haber, y no se cuece en el primer hervor. Aunque El botín claramente sea una película de Affleck y Damon, Carnahan no es un pelele sin personalidad. Ya ha comandado a estrellas en rodajes, y ha salido bien parado. En 2011, por ejemplo, estuvo al frente de El líder, con Liam Neeson como un especialista en supervivencia en el frío más intenso y con una manada de lobos en los talones.
Donde Carnahan ha conseguido sus mejores desempeños hasta el momento es, justamente, en el policial, y siempre con Gerard Butler como protagonista. En 2021 presentó Copshop, una suerte de obra de teatro a la John Carpenter en Asalto a la prisión 13.
Unos años antes, en 2018, había estrenado Den Of Thieves, otro policial en la que una banda de curtidos asaltantes planifica un ingenioso robo a un banco. Den Of Thieves es una de esas películas en la que uno termina identificándose con los forajidos, un poco como ocurría en Fuego contra fuego, la segunda mejor película de Michael Mann (la película más lograda de Mann es El informante, pero no lo digan en voz alta o en una red social que a los enamorados de Fuego contra fuego tal vez se brotan).
En El botín, todo arranca con un asesinato y sigue con el hallazgo de una suma muy importante de dólares (de ahí el título de la película). Affleck y Damon interpretan a los detectives que se encargrán del caso y hasta ahí es todo lo que escribiré sobre la trama, porque esta es una de esas películas en las que el guion se la juega a los engaños, las traiciones, las vueltas de tuerca y las sorpresas.
Aquel tipo de espectador predispuesto a encontrar las respuestas antes de que la película las revele estará de parabienes, porque acá hay abundante para entretenerse. El resto —ingenuos mortales— iremos siguiendo todas las pistas falsas y manipulaciones que la historia va dejando por el camino hacia la resolución.
No hay mucho para objetar. La dupla protagónica (en particular Damon) entregan sólidas actuaciones, con las dosis justas de ambigüedad para hacernos dudar unos instantes de los códigos morales de los personajes.
El resto del elenco no se queda muy atrás. En particular, Steve Yeun, Sasha Calle y el ya más que probado Kyle Chandler complementan con solvencia a las dos estrellas.
El director, en tanto, consigue resultados bastantes vistosos y entretenidos en el manejo de la tensión en este ambiente donde la traición y la violencia calculada que siempre matar nunca parece estar muy lejos.
La película pierde algo de la buena impresión que venía causando hacia el final, cuando lo que parecía una crítica hacia la laxitud ética de las fuerzas policiales involucradas en el evidente fracaso de la política de las “guerra contra las drogas” se convierte en algo bastante cercano a la copaganda (un juego de palabras entre “cop”, o sea policía, y “propaganda”).
Aunque El botín no es del mismo nivel que Atracción peligrosan del propio Affleck, es de lo más logrado que ha producido Netflix en los últimos tiempos en este subgénero, más allá de que queda flotando en el aire lo que podría haber hecho un director como S. Craig Zahler (Prisionero 99, Dragged across concrete, 2018) con una historia como esta, donde los límites entre la ley y la delicuencia siempre están en disputa.