Se trata, y eso está clarísimo, de la reunión de dos de los actores más importantes del cine y el espectáculo argentino: Ricardo Darín y Diego Peretti.
Ya habían estado juntos en La señal, una película codirigida por Darín y Martín Hodara, pero desde entonces —y eso fue en 2007— sus caminos artísticos no se habían vuelto a cruzar. Lo hacen ahora como protagonistas y principales atractivos de una producción de Netflix.
Lo dejamos acá, la película que los reúne y se estrenó ayer en la plataforma, los encuentra con sus carreras consolidadas y con una continuidad de trabajo de alto perfil que no suele ser habitual en el rubro. Han sido parte de proyectos exitosos en cine, televisión y teatro, siempre vinculados a productos prestigiosos o prestigiados por ellos.
Peretti, por ejemplo, tiene en la cartelera local La casa, un intenso policial con César Troncoso, en el que el argentino aporta una de sus mejores actuaciones. Además, tiene anunciada una visita a Uruguay con El jefe de mi jefe, la obra de teatro de Lars von Trier, en la que comparte escenario con otro “simulador”, Federico D’Elía. Estarán desde el jueves 26 hasta el domingo 29 de noviembre en el Teatro Movie y las entradas están a la venta en movie.com.uy.
Darín, por su parte, acaba de terminar una larga temporada madrileña de Escenas de la vida conyugal, la adaptación del texto de Ingmar Bergman en la que comparte escenario con Andrea Pietra y que ahora comienza una gira por Argentina. Mientras tanto, espera retomar el éxito de El Eternauta, cuya segunda temporada comenzaría a rodarse en marzo y en la que volverá a ser Juan Salvo, el gran héroe argentino. Acaba de ser, además, la cara del póster del Festival de San Sebastián, confirmando su estatura como figura.
“Una experiencia muy linda”, así definió Peretti a La Nación su trabajo con Darín. “Ricardo es un actor extraordinario. Se habla más de él por los éxitos que hace que por su calidad actoral propia, y es un actor de excelencia. Tiene una verdad audiovisual impecable: le creés cada línea (...). No es tan risueño como en las entrevistas. Tiene una simpatía única, pero en el set lo que prima es la concentración y el profesionalismo”. Dijo que Darín le dio algunos consejos profesionales para el papel. Peretti es psicoanalista diplomado.
Lo dejamos acá es un policial que comienza a armarse como una comedia, pero que gira hacia territorios más intensos, aunque el tono y la duración de 90 minutos resultan amables.
Darín —que también produce junto a su hijo, el Chino Darín, y Federico Posternak, a través de su productora Kenya Films— es Ulises Verón, el psicólogo del momento, con presencia televisiva: algo así como un Gabriel Rolón. Pero, después de un par de complicaciones, decide probar métodos poco ortodoxos para atender a sus pacientes. Así, es capaz de enfrentar a una hija con su madre o decirle a un hombre que no necesita terapia solo porque no tiene tiempo para él. Es un poco chanta.
A su consulta llega Martín Bouchard, el pintoresco escritor de best sellers que interpreta Peretti. Tiene un problema: su inspiración depende del alcohol, escribe en estado etílico y, según dice, sus mejores obras han surgido de la borrachera. Sin embargo, el estimulante no parece estar funcionando y está bloqueado.
Verón va a encontrar la forma de ayudarlo o de aprovecharse de él, una duplicidad que el guion sabe explotar durante un buen rato.
Lo que sigue desde allí tiene aires de Alfred Hitchcock, lo que supone un estándar un poco alto, es cierto, pero al que se intenta evocar mediante las cuerdas de la banda sonora -que recuerdan también al trabajo de Alberto Iglesias con Almodóvar- y alguna referencia, más o menos explícita, a La ventana indiscreta o a la irrupción de un acontecimiento inesperado en la vida de un hombre común.
Dirige Hernán Goldfrid, quien hizo Tesis sobre un homicidio, en la que también participó Darín, y está terminando de filmar una película con Peretti, Consumidor final. Es un director correcto que aprovecha una puesta en escena impersonal, como corresponde, y se maneja en la esperable zona de confort de esta clase de asuntos.
El guion es de Emanuel Diez, quien ha trabajado con la dupla de Mariano Cohn y Gastón Duprat en series como Nada y El encargado. Acá consigue algo de esa gracia y esa maldad, aunque solo a medias. El elenco lo completan Antonia Bengoechea, Inés Efron, Andrea Politti, Pata Echegoyen, Carlos Santamaría y Miriam Odorico.
Quizás el principal problema -además de la expectativa que genera un proyecto con Peretti y Darín- sea cierto atropello al final y el escaso aporte de un par de historias que parecen más un relleno que una contribución dramática.
Lo mejor, claro, queda del lado de la química -un nombre demasiado científico que perezosamente se suele usar para esta clase de vínculo profesional- entre sus protagonistas. Son diferentes y, aunque a menudo se los acusa de tener un rango de actuación limitado, consiguen construir sus personajes entre la desconfianza y la cercanía.