BUENOS AIRES IGNACIO QUARTINO
Aerosmith hizo explotar el estadio Monumental de Núñez con un show de excelente calidad sonora y un repertorio de clásicos, que mantuvieron a 55 mil personas de pie durante más de una hora y media.
Quizás la critica no ubique a Aerosmith entre las mejores bandas del rock mundial pero, sin duda, Steven Tyler puede integrar el podio de los artistas mas carismáticos de este genero y estar a la altura de grandes como Bono o Jagger.
Es más, la relación del público con Tyler es hasta más enfermiza de la que despiertan los líderes de U2 y Rolling Stones. El bocón de Aerosmith sabe provocar a hombres y mujeres por igual. Su look entre asexuado y neohippie, con pantalones ajustados y pañuelos colgados a la base de un micrófono con el que se pasea de punta a punta en el escenario, pese a sus 60 años, lo convierte en blanco para que una chica 30 años más joven casi logre filtrar la seguridad del show para abalanzarse sobre el cantante mientras este cantaba Janie`s got a gun.
Desde luego, este episodio no cambio la actitud de Tyler durante las casi dos horas que estuvo en el escenario del Monumental de Núñez, porque sólo se concentró en hacer vibrar a esa joven y otras 55 mil almas que corearon de principio los clásicos de la banda de regreso en Buenos Aires tras su anterior show, en 1993.
Pese a llevar seis años sin presentar nuevos trabajos (producto de los problemas de salud de dos de sus integrantes), Aerosmith se mostró vigente sobre el escenario, mas allá del despliegue escénico de Tyler.
El mérito del grupo estuvo en el sonido (perfecto) y en el inicio, cuando encadenó ocho clásicos que hicieron explotar el Monumental, sobre todo cada vez que el cantante ejecutaba sus gritos característicos, como en los exitosos Crying o Crazy, del disco Get a grip.
El arranque con Love in an elevator tampoco se quedó atrás. Un poco de euforia y otro tanto de placer se mezclaron en el ambiente, con un público que disfrutaba y acompañaba a Tyler con las voces y los puños en alto.
La euforia bajó promediando el show, cuando llegó el momento del descanso del vocalista después de interpretar una acalorada versión de Please Don`t go. Ahí, el dos de la banda (el guitarrista Joe Perry), jugó el mismo rol de Keith Richards en un show Stone y se hizo cargo del mismo con un blues (Stop Messin`) que sirvió para bajarle los decibeles a un espectáculo que había tenido un comienzo adrenalínico.
Sin embargo, la calma duró lo mismo que tardó Tyler en cambiarse los pantalones rojos ajustados por otros blancos y tajeados, a los que sumó un gorro blanco.
Otra vez, locura de la buena y aplausos. Otra vez repertorio de clásicos. En ese lapso se destacó la conexión entre el público y el artista que se generó durante la interpretación de I don`t want to miss a thing, de la película Armegedon (que protagonizara la hija del cantante, Liv Tyler) y el potente Living on the edge, que había ocupado varias semana el primer puesto de los charts norteamericanos en la década del 90.
El final quedó reservado para los últimos sonidos de la guitarra de Joe Perry con Walk this way, para alegrar a aquellos viejos fans de la banda, decepcionados por su boom comercial a comienzos de este siglo y antes también.
Lógicamente, al show le faltaron varios hits como Pink o Amazing. Pero Aerosmith no tiene la culpa de tener un repertorio tan rico y completo. Hicieron muy bien lo que pudieron, y debieron resumirse por la estructura del festival. Los viejitos se la bancaron ante fanáticos de todas las edades, y eso fue lo más importante.
Repertorio: El show fue un repaso de una hora y media por los grandes éxitos.
Evanescence y Velvet Revolver en vivo
Volvio Slash al Monumental de Núñez. Y lo hizo más rockero que nunca. Ya sin los acordes con los que saltó a la fama de la mano de Gun`s and Roses, el guitarrista y sus ex compañeros de grupo (a excepción de Axl Rose), se presentaron formalmente como Velvet Revolver e hicieron vibrar a los amantes de la música alternativa de los 90.
De hecho, llamó la atención la cantidad de jóvenes (y no tanto) con remeras de Pearl Jam, Nirvana y los propios Guns, que pagaron su entrada del Quilmes Rock para ver a esta banda que ofició como telonero de Aerosmith. Es más, varios de estos fanáticos volvieron a sus casas antes que Tyler y compañía saltaron al escenario, por considerar que su dosis de rock estaba completa.
Quienes no los conocían, se habrán sorprendido por el carisma y talento del vocalista, Scott Weyland, ex líder de Stone Pilots. Vestido como el policía de los Village people, se destacó con su voz ronca y el uso de un megáfono para darle vida a los estribillos. El pico alto de este show estuvo cuando Slash tomó la guitarra de dos mangos e interpretó con Weyland una potente versión de Wish you were here. A falta de hits propios, bueno fue este clásico para confirmar el prestigio de la banda.
Previo a Velvet, Amy Lee y los Evanescence agradaron al público adolescente con canciones de Fallen (2003), su primer disco. Quizás uno de los puntos más altos del festival estuvo a cargo de Amy Lee que deslumbró con su voz y piano en My inmortal.