Por: Mariel Varela
Todos tenemos un poquito de maldad, aunque no la saquemos a relucir", dice el actor Arnaldo André que en la tira Valientes se pone en la piel del villano Laureano Gómez Acuña. Justamente, sobre ese lado maldito se apoyan las fechorías de su personaje en la telenovela de Canal 13 y que por aquí se ve en las noches del 12.
Después de haber hecho todo en televisión, reconoce que la interpretación de Laureano Gómez Acuña le llegó "en el momento preciso", ya que lo impulsa y enfrenta a un desafío constante. No solamente se siente cómodo al actuar de villano, sino que también se divierte en ese rol y le permite crear un juego de complicidad "muy bueno" con el público. El cariño por el artista triunfa ante el rechazo que pueda causar el personaje, según opina el actor.
Gómez Acuña es un empresario de métodos mafiosos que ha "destruido" a los padres de Leo, Segundo y Enzo, los tres galanes que buscan vengarse.
En contraste a su labor en la tira, en cine Arnaldo André viene de interpretar a Juan en La extranjera (el último largometraje de Fernando Díaz), un hombre "con mucha paz, que se va a vivir al campo, en un clima de mucha tranquilidad". En ese marco, aparece el personaje de María, una mujer que regresa a su pueblo natal después de muchos años, aunque no para quedarse. Juan será el encargado de hacerle ver y entender el valor que tienen los orígenes, así como la "calidad humana y la generosidad de la tierra", comenta André que el fin de semana pasado estuvo en Uruguay, mitad por placer, mitad invitado por el ciclo del 12 Parque jurásico.
A pesar de que podría ser catalogado como un "bicho" de televisión por su trayectoria en ese medio, el malo de Valientes argumenta que el cine lo disfruta mucho más por ser un ámbito que otorga "mayores satisfacciones a nivel artístico y es más generoso en cuanto a los tiempos" que la pantalla chica.
DESCUBRIMIENTO. La forma en que el exitoso galán, y actual villano advirtió que le gustaba el mundo de la actuación fue poco convencional. Arnaldo disfrutaba cuando tenía que participar de los actos que se hacían en la escuela para celebrar las fechas patrias, y también de ver a sus compañeros en esas presentaciones. "Me gustaba saber que había una cantidad de gente que estaba pendiente de lo que uno decía, los aplausos. Y ahí dije: yo quiero trabajar de esto".
Convencido de que su futuro estaba vinculado a la actuación, abandonó su Paraguay natal a los 17 años, y se fue a estudiar teatro a Argentina. Con el título debajo del brazo creyó que todo sería simple y puso manos a la obra para conseguir un trabajo. No fue tan fácil como suponía. Tras haber superado algunos obstáculos, tuvo su primera gran oportunidad cinco años después, nada menos que de la mano de Mirtha Legrand en la obra de teatro 40 kilates. A partir de ahí, "no paré más". Los años y la experiencia le enseñaron que "uno nunca se recibe de actor porque todos los días está rindiendo examen".
PERSONAJES. A Arnaldo le cuesta concentrarse cuando hay silencio. Por eso utiliza una técnica bastante atípica para aprenderse los guiones. Prende el noticiero, baja el volumen, y empieza a estudiar. "Si hay algo que me interesa miro, y luego retomo el parlamento". La memoria no es el único instrumento. También incorpora el análisis, el raciocinio, y complementa el trabajo mediante la observación de sus compañeros de elenco. "Escuchar las voces de aquellos con los que tengo que tener un diálogo, entender sus tiempos y su timbre de voz me ayuda mucho" y facilita la preparación.
A lo largo del tiempo, le tocó interpretar personajes sumamente variados, pero no hay ninguno con el que se sienta plenamente identificado por la sencilla razón de que todos "tienen algo de uno", explica el actor.
Su clásica pose de galán "tierno y romántico" en los textos que le escribía Alberto Migré eran cosa fácil para Arnaldo, y no le costaba actuarlos porque "me interpretaba a mí mismo en aquel entonces", comenta.
Su actual papel, en cambio, está bastante alejado de aquél Alonso Miranda en Amo y señor, por ejemplo. Laureano Gómez Acuña es un padre de familia, serio y con una importante carga de malicia que le supone un reto mayor a nivel artístico, pero que disfruta mucho al hacerlo.
Para poder crear este prototipo imaginó a un hombre "gélido, frío, una barra de hielo que nada le perturbara". A partir de esa base, elaboró gran parte de los modos y gestos que hoy la audiencia reconoce fácilmente en la tira. Por ejemplo, las miradas, la distancia y las pausas que se toma para responder son elementos característicos del malo.
DESAFÍO. Arnaldo se alejó del papel de galán romántico que el común de los televidentes estaba acostumbrado a ver para acercarse más a un rol acorde a su edad y trayectoria. "Pasé muchas horas de mi vida en un estudio de televisión y me aburriría fácilmente haciendo un personaje parecido a los que he hecho hasta ahora".
Lo cierto es que su dedicación y empeño a la hora de construir a Laureano Gómez Acuña son parte integral y fundamental del increíble suceso en el que se transformó la última novela de Pol-ka. Arnaldo conoce a la perfección la fórmula del triunfo en la pantalla chica. Sin embargo, no se cansa de festejar las victorias ya que está convencido de que "los éxitos hay que disfrutarlo porque no se repiten siempre".