Situación límite

| El inglés Paul Greengrass habla de su película, que recrea lo ocurrido a bordo de uno de los aviones secuestrados el 11 de setiembre de 2001.

"Vuelo 93" es la primera producción de Hollywood sobre los ataques del 11 de setiembre de 2001. Ningún analista del negocio cinematográfico se sorprendió demasiado cuando el estudio Universal anunció la concreción de este proyecto, ni tampoco cuando Paramount decidió financiar "Las Torres Gemelas" ("World Trade Center"), el film de Oliver Stone. Lo que sí motivó algún resquemor en la muy sensibilizada sociedad estadounidense fue la noticia de que no sería un guionista y director norteamericano sino el inglés Paul Greengrass el encargado de llevar adelante esta reconstrucción de los hechos ocurridos a bordo del último de los cuatro aviones secuestrados por terroristas musulmanes y el único que no pudo llegar a su objetivo (Washington DC) por la reacción de sus 40 pasajeros. Pero Greengrass está lejos de ser un artista oportunista e improvisado. Surgido de la escuela documentalista de la televisión británica, este hombre de 56 años ya había incursionado con acierto en varios films sobre hechos históricos (como "Domingo sangriento", sobre la matanza de civiles durante una manifestación por los derechos humanos en medio de la guerra civil irlandesa) y había mostrado también sus dotes de gran narrador en un thriller de acción como "La supremacía Bourne" (actualmente está rodando la tercera entrega de la saga, "The Bourne Ultimatum"). El resultado es un film muy documentado y preciso, de gran solidez dramática y enorme tensión, narrado en largos pasajes con una cámara en mano que remite al cinema-verité, que jamás resulta maniqueo, que logra que el espectador se identifique con el costado humano y que al mismo tiempo experimente en toda su dimensión los alcances de semejante tragedia.

—¿Cuándo y por qué decidió contar esta historia?

—Ya durante el montaje de "Domingo sangriento" sabía que iba a hacerla, pero antes quería probarme en una superproducción como "La supremacía Bourne". Además, decidimos esperar un tiempo prudencial, especialmente hasta que se explayara la comisión investigadora de los atentados. Durante todo el rodaje y desde que estoy dando entrevistas siempre me preguntan: "¿Pasó suficiente tiempo como para hacer una película?".

—En ese sentido, parece haber conseguido el apoyo de los familiares de las víctimas.

—Sí, fue un gran alivio. Durante todo el proceso del film estuvimos muy cerca de ellos, de los controladores aéreos, de los ex funcionarios, de los militares que intervinieron. Nos documentamos todo lo que pudimos, escuchamos las grabaciones, entrevistamos a todo el mundo. Y apuntamos a desarrollar una película profunda y sincera desde lo humano, que fuese creíble al estar narrada desde el punto de vista de los propios pasajeros, que no resultara explotativa ni sensacionalista. Como artista y como persona, jamás me lo hubiese perdonado.

—¿Por qué decidió filmarla fuera de los Estados Unidos y prescindir de grandes estrellas?

—Opté por llevar a todo el equipo a un entorno más tranquilo como los estudios Pinewood. En cuanto a los actores, hicieron un maravilloso trabajo, especialmente aquellos que tenían que interpretar a los cinco terroristas musulmanes. Mostraron perfectamente tanto su costado humano, íntimo, como su fanatismo y su manera implacable y sanguinaria de llevar adelante el atentado. Siempre tuve claro que no quería actores conocidos porque podían distraer al espectador. En definitiva, se trataba de personas comunes en una situación límite. Además, es una película muy pequeña para los estándares actuales de Hollywood.

—¿Recibió alguna presión externa?

—Ninguna. Es un tipo de película que se hace por amor, por convicción y no por conveniencia. Siempre creímos que tenía una razón de ser, un sentido emotivo y hasta diría que educacional. No era tan importante si se ganaba plata o no, simplemente queríamos que la gente la viera y reflexionara sobre lo que pasó. Yo tengo muy claro lo que pienso del terrorismo y de sus prácticas detestables, pero la película no baja línea, simplemente expone las causas y los hechos de un momento insoslayable en la historia reciente de la humanidad.

—¿Se sintió más observado en Estados Unidos por ser extranjero?

—Creo que hay cientos de directores norteamericanos capaces de filmar películas sobre el tema con hondura y sensibilidad, pero yo he viajado constantemente por el mundo y tengo experiencia acumulada desde mi época de documentalista televisivo. No es una cuestión de nacionalidad sino de cómo encarar y afrontar un tema así.

—¿Por qué decidió ser tan gráfico y brutal en los momentos de violencia?

—Creíamos que no debíamos ser tímidos respecto de la violencia. Un secuestro es un acto de gran violencia. Y el levantamiento de todos los pasajeros también es un acto desesperado y brutal. En definitiva, se trata de una historia sobre personas comunes que deben tomar una decisión extrema en una situación límite.

Diego Batlle (La Nación - GDA)

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