Raúl Castro: por qué no deja el Carnaval, la dura crítica al gobierno y los secretos de su nuevo show

El histórico murguista presenta el sábado 8 "Murgotán", un espectáculo que mezcla tango y murga. Es la excusa ideal para hablar de su presente, el amor al Carnaval, la política y los desafíos que aún lo movilizan.

Raúl Castro en el Desfile de Carnaval 2026 junto a Falta y Resto.
Raúl Castro en el Desfile de Carnaval 2026 junto a Falta y Resto.
Foto: Natalia Rovira

No tiene deudas con Falta y Resto. Raúl Castro le entregó 45 años de su vida y ella le devolvió un amor difícil de poner en palabras, incluso para él, un mago de la pluma. Lejos de pensar en la despedida, siente que aún le quedan cosas por decir. Mientras tenga salud y energía, seguirá subiéndose al tablado, ese lugar que le inyecta vida y donde el tiempo, por un rato, deja de existir.

El Carnaval 2026 pudo haber sido su último baile. Pero se quedó con ganas de más: más abrazos, más noches de tablado, más creaciones junto a viejos amigos y más letras que vayan al hueso. Por eso decidió volver a sacar Falta y Resto en 2027. Y cuando Antonio, su hijo de 14 años, le pregunta qué pasará en 2028, la respuesta es simple: mientras el cuerpo resista, seguirá subiéndose a cuanto escenario pueda.

“Quiero aprovechar mis últimos años”, dice a Sábado Show. Aunque a veces le pesa dejar a Antonio solo en casa para salir a ensayar o actuar, está convencido de que la recompensa será mayor si se dedica a ser el padre que quiere ser. El verdadero Raúl.

Desde que enviudó de su tercera pareja y le tocó hacerse cargo de Antonio, su rol de murguista y su visión del machismo se reconfiguraron por completo. Comprendió que no había sido un crack solo, sino que había tenido exparejas al costado que lo sostuvieron para que él pudiera brillar en el tablado y formar una familia.

“Me di cuenta de que era mucho más importante que la ropa se secara y el gurí llegara temprano y limpio a la escuela que el verso que tenía que cantar con la murga esa noche. La vida me lo enseñó a los golpes”, asegura.

Por eso, cada vez que Antonio lo recibe del tablado con un “te amo”, siente que tomó el camino correcto. “Eso me impulsa y me da ganas de seguir”, resume.

La madrugada del 4 de marzo regresó a su casa, en El Águila (Atlántida), antes de que se conocieran los fallos del Carnaval. Estaba muy cansado, convencido de que la murga no iba a ganar y con haber entrado en la Liguilla -quedaron cuartos- ya se daba por satisfecho. Pero antes de bajarse del auto se enteró por radio que había sido elegido Figura de Oro. “Me reía solo”, recuerda.

Antonio ya dormía. Entonces salió al balcón, con el sonido de las olas de fondo, y pensó: “Qué loco. El Carnaval es todo bullicio y yo estoy solito, frente al mar, agradeciéndole a Dios el cariño de la gente”.

Ahora se prepara para un nuevo desafío. El sábado 8 de agosto presentará en La Trastienda Murgotán, un espectáculo que fusiona la murga y el tango, dos géneros que, a su entender, “son del mismo barrio”. Con dirección artística de Edu “Pitufo” Lombardo, el show es la excusa perfecta para una emotiva charla con Raúl Castro. Las entradas se compran en Passline.

Murga Falta y Resto
Falta y Resto ensaya previo a su vuelta al Concurso de Carnaval 2026.
Foto: Natalia Rovira / El País

—En 2026 decías que podía ser tu último baile. ¿Qué te decidió a volver a sacar Falta y Resto?
—Todo lo que pasó fue tan hermoso que me dio un impulso muy grande. Sentí la necesidad de seguir diciendo cosas. El deslumbre por la vuelta, el cariño de la gente y hasta el propio título del espectáculo (Amor de murga) hicieron que la Falta fuera muy querida en los barrios pero también quedaron cosas en el debe.

—Y material no falta. A nivel político pasó de todo en estos meses. ¿Te dan ganas de criticar?
—Sí. Me dan ganas de criticar la actitud que estamos teniendo todos, incluida la dirigencia política de todos los partidos. Los más responsables somos quienes estamos en el gobierno. Yo nunca tuve un cargo, pero voté a este gobierno, lo respaldé y lo defendí. Entonces también me siento parte del error que se está cometiendo. Hay goles en contra que no te podés hacer.

—¿Como cuáles?
—Los detalles administrativos de algunos dirigentes. No son pavadas. Te pongo un ejemplo: la camioneta de Yamandú Orsi. Yo me puedo pasar dos paradas, pero Orsi no, porque es el presidente. Y también me preocupa la señal que se está dando hacia la militancia: se está encapsulando. Estamos más interesados en salir del paso que en impulsar las reformas que el Frente Amplio sostuvo toda la vida. No se está pensando por dónde camina ni hacia dónde va. Hay que preparar a los dirigentes de todos los partidos. Eso sigue estando en deuda. No es una cuestión de cantidad de likes, sino de profundidad y de conocimiento para poder dirigir un país.

—¿Los comentarios ofensivos hacia la mujer de Juan Ramón Carrasco y Antonio Maeso también te motivan a escribir?
—Son coletazos de una época que, por suerte, se está terminando, pero son bravísimos. Hay sectores que todavía se aferran al pasado. Los veteranos nos lamentamos porque se cerraron los boliches y capaz que eso implica que hoy se toma menos alcohol. La luz ilumina un lugar de los sucesos y vos elegís si mirás eso o seguís mirando la sombra. Mucha gente todavía mira la sombra y reacciona porque esa estructura, a los machos, nos favorecía. A mí también me costó entenderlo. La vida me lo enseñó a los golpes, cuando enviudé. Hay un montón de gente cuya estructura mental todavía está adaptada a beneficios injustos.

¿Voy a culpar a Carrasco? Pobre Carrasco. Es una figura ignorante de lo que está pasando. Capaz que todo esto le sirve para crecer y darse cuenta. Es un tipo inteligente, pero recontraestructurado desde el machismo de los vestuarios. Estoy seguro de que, después de reflexionarlo, van a aprender.

—Decías que volvías porque la murga era una inyección de vida. ¿Te rejuveneció?
—Sí. La murga elimina el tiempo físico. Sos el tiempo de tus compañeros, de tu gente. Sos el espejo de ellos y también su alegría, su payaso, su cantor, su motivo, su amigo. Y ellos son lo mismo para vos. Por eso digo que la murga es realidad. Sos parte. Se termina lo aislado. Tuve la suerte de hacer 120 tablados y no falté a uno. La murga es un caminito al paraíso: los ensayos, la gente que se te acerca. El aplauso va y viene, pero el cariño queda ahí.

—Fue un Carnaval especial también porque debutó tu hijo Pedro, de 22 años. ¿Cómo fue cantar y compartir con él?
—Me llena el corazón, porque Pedro fue uno de los que más me impulsó a volver a sacar la Falta y se está convirtiendo en un murguista impresionante. Lo adoran sus compañeros y compañeras. Tiene mucho criterio, sus opiniones son muy pensadas y nunca hace gala de ser el hijo de Raúl Castro; al contrario. La vida me dio un premio increíble. Felipe, mi hijo mayor, fue el primero y único que hizo una murga inédita musicalmente; Leandro está enseñando murga en Argentina; Soledad es una escritora impresionante.

—¿Todo esto te hace pensar que continuarán el legado?
—Sí. La murga es de ellos. Pero no quiero que sea una carga, porque la Falta es una ventaja y también una mochila. Capaz que tienen que hacer su propio camino por el costado. Sé que son enamorados de la murga y la sienten como propia. Ojalá la continúen, pero quiero que esa decisión sea de ellos. Por eso también quiero aprovechar ahora, que son mis últimos años.

Raúl Castro con Falta y Resto en el Concurso Oficial, años atrás.
Raúl Castro con Falta y Resto en el Concurso Oficial, años atrás.
Foto: Archivo El País

—Te nombraron Figura de Oro del Carnaval. Más allá de la distinción, ¿te sentías así desde antes? ¿Te lo transmiten las nuevas generaciones en los tablados?
—Una noche llegamos al tablado Lavalleja, un escenario muy humilde, organizado por los vecinos del barrio. Estaba lleno. Antes de actuar aparece la comisión, me entrega una plaqueta, yo emocionadísimo, y me piden que espere. La enorme pared de un costado estaba cubierta con un paño. Lo destapan y aparece un mural inmenso con mi cara pintada. El pibe que lo había hecho me abraza y me dice: “Flaco, vos sos un héroe del barrio”. Vos me preguntás si me sentía Figura de Oro... qué sé yo. Pero soy el Flaco Castro y Tinta Brava pasa a ser parte de la familia del pueblo. Y eso no se paga con nada. Es para eso que lo hice. No sabía que era para eso, pero cuando te pasa decís: “Era este el premio”.

Murgotán une la murga y el tango. ¿Con qué te encontraste al hacer convivir estos géneros?
—Amo el tango. Lo escuché toda la vida porque mis padres eran muy tangueros y tengo una cultura arrabalera muy grande. La cultura de la murga la adquirí haciéndola durante tantos años. Llegué a la conclusión, también a partir de mis viajes por Argentina, de que esos dos géneros son del mismo barrio: caminan sobre adoquines, pasan por un farol esquinero y tienen olor a garrapiñada.

—¿Por qué Pinocho Routin comparó este espectáculo con un paseo por la feria de Tristán Narvaja?
—Porque de un lado hay tipos vendiendo naranjas, del otro uno tocando el acordeón, un payaso que baila, unos títeres, más allá unos libros viejos... Todas esas cosas pasan en el espectáculo.

—La memoria, ¿no?
—Y la memoria viva, que es lo más lindo. Lo que cantamos -lo más exitoso del Carnaval 2026, además de otras canciones y cuplés históricos de Falta y Resto- toma una dimensión hermosa con la orquesta. Es un sonido diferente, pero muy enraizado en lo popular. Es como si lo estuvieras escuchando en una radio Spica.

—También es una oportunidad para seguir actuando fuera del Carnaval, como siempre hizo la Falta. ¿Qué tan importante es trascender el Concurso Oficial para vos?
—Para mantener algo vivo siempre hay que transformarlo. Nada de lo que queda quieto permanece. La competencia nos exige ciertas reglas. Si quisiera hacer esto en Carnaval no podría. No me gusta solamente seguir los lineamientos del Concurso. Lo hago, pero también quiero pensar que el género al que le dediqué mi vida tiene alas para volar hacia otros cielos.

—¿Has dejado todo en la murga? ¿Las mejores letras, las mejores ideas, todo fue para ahí?
—He dejado todo y he recibido todo. Nunca voy a dejar de agradecer. También perdí tiempo con mi familia y algún amor. Pero llegado este momento de mi historia no me arrepiento de nada. Fui y soy feliz. No le debo nada al Carnaval, ni el Carnaval me debe nada a mí.

—Si alguien escucha una letra de la Falta dentro de 50 años, ¿qué te gustaría que encontrara?
—Un motivo para la duda. Cantábamos en El Deschave, en 1987: “Está La Falta de brazos abiertos, que la aplaudan o que la ejecuten; pues su mensaje es sembrar la duda y habrá cumplido si ustedes discuten”.

—¿Le queda alguna asignatura pendiente a Falta y Resto?
—Que lo diga la gente.

—¿Y a Raúl Castro?
—¡Qué linda pregunta! Espero que no. Ya gané. Fui consagrado como Figura de Oro, mis canciones andan por mostradores, hogares y fiestas. Tuve la suerte de trabajar con artistas mejores que yo. Me enseñaron pila y creo que aprendí. Humildemente hice y hago lo que sentía. Pero la verdad la tienen los jóvenes, en un género tan fértil, popular y colectivo.

—¿Qué te hace amar tanto este género?
—Me fascina la murga porque voy con una idea a un ensayo, después de laburarla todo el invierno, y en dos horas los muchachos me la cambiaron. Llego a casa y digo: “¿Te das cuenta de cómo el grupo te enriquece?”. Y a veces llego caliente porque no estoy de acuerdo con lo que se resolvió. Pero después entiendo que eso hace que los que cantan ahí, cuando salen a poner el cuerpo, sean tractores. Lo dicen desde el corazón, de la garganta para afuera. Aunque estén muertos, se suben al escenario y la gente se desvive en aplausos. Porque la murga es eso: un pedazo de barrio que, con emoción, compromiso, ternura y alegría, se sube al tablado para decir lo que siente.

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