Consolidada como la anfitriona de MasterChef (Canal 10), Noelia Etcheverry atraviesa el mejor momento de su carrera. Asumió con éxito este nuevo desafío tras consolidarse al frente de La Voz Uruguay y luego de un recorrido por programas como Sonríe, La Mañana en Casa y el noticiero Subrayado. A su creciente carrera en pantalla le sumó su incursión en teatro, donde este año integró la exitosa comedia Un Dios Salvaje.
El día de esta entrevista su agenda está completa: minutos después de conversar con Sábado Show cruzará a un estudio de televisión para participar como invitada en un programa de otro canal. Lejos de alimentar la rivalidad entre canales, celebra el intercambio con una frase que resume su forma de entender el trabajo: "Si a ellos les va bien con la nota, nos va bien a todos". En esta charla habla de su presente profesional, de la maternidad y la culpa, de su historia de amor con el camarógrafo Fabricio Fernández, de las envidias en la televisión, de la brecha salarial y del vínculo de admiración que mantiene con Blanca Rodríguez. ¿La imagina como presidenta?
-Venís de hacer la comedia Un Dios Salvaje, que muestra cómo las formas y las buenas costumbres saltan por los aires a partir de un conflicto entre los hijos de dos matrimonios, ¿hay situaciones vinculadas a la maternidad que te saquen de las casillas?
-La maternidad es un camino de mucho aprendizaje, saca lo mejor y lo peor de mí por momentos. La paciencia me desafía mucho. En un día en que estoy agotada, que no sé cómo manejar un límite o que me frustro, pongo todo en palabras. Le digo a mi hija si estoy triste, enojada o cansada. No le voy a contar un problema de trabajo, pero sí dejar de sostener esa idea de que las madres podemos con todo y somos superhéroes. En la realidad no podemos con todo y está bien pedir perdón si una se equivoca o habla mal. Con mi pareja decidimos ser padres presentes, lo que implica poner en la balanza salir a hacer mi trabajo que amo para que ella tenga una mamá feliz, buscando siempre un equilibrio.
-¿Vivís con culpa el hecho de trabajar tanto?
-La culpa no deja de acompañar. Siento culpa en un montón de momentos, pero en el trabajo propiamente dicho, ya sea en Canal 10 o en el teatro, elijo estar presente. A mi hija se lo muestro desde ese lugar: "Mamá está feliz y se va a trabajar, como vos querés ir al jardín". Siempre está esa carga mental de trabajar mientras pienso en lo que hay que hacer al llegar a casa o en las reuniones que tengo, pero es un viaje maravilloso.
-Venías de La Voz y este año te consolidaste al frente de MasterChef. ¿Cómo viviste este gran paso?
-Cuando me reuní con la producción me dijeron que querían a la Noelia de MasterChef, que no era la de Sonríe, ni la de La Voz, ni la del noticiero. Y la fuimos buscando juntos. Fue un desafío enorme porque una tiene que hablar con alguien en un momento de mucho estrés, en el medio de la cocina y cuando sabés que uno de ellos se va a ir ese día. La Voz tiene ese show pomposo que me fascina, pero la conducción es un poco más distante. MasterChef tiene algo de cercanía y calidez que hace que la experiencia sea espectacular. Es un lugar que me encanta. Me pasa de decir: “Si este programa sigue, yo me quiero quedar”. Se lo dije a la productora general, al Colo (Gianarelli, exconductor) y a la gerencia del canal.
-Te convertiste en una de las conductoras más importantes de la televisión. Cuando se llega a ese lugar, ¿aparecen envidias en el ambiente o gente de los medios que te empieza a mirar de otro modo?
-Yo no lo siento, pero si existe, sigo de largo. Sé que no soy una monedita de oro para caerle bien a todo el mundo, pero a mí me gusta que a todos les vaya bien. Si a un colega de otro canal le va bien con su programa me alegro porque sé que va a haber trabajo para todos. ¡Basta de la chacrita! La gente piensa que uno trabaja solo, pero si no hay un equipo que te sostenga cuando te caés, no hacés nada. Nadie se salva solo, como dicen ahora. Y si alguien piensa distinto, habla de esa otra persona.
-¿Te ha tocado trabajar con gente que prioriza los intereses personales por encima de los colectivos?
-Sí, me ha pasado de trabajar con gente que buscaba más un destaque personal que el colectivo. En general pasa más con las mujeres que con los hombres, no sé por qué es así. ¿Cómo se maneja? Tratando de dar lo mejor y dejando que fluya. Si no fluye, en pantalla queda en evidencia. La televisión es muy transparente y si una persona tiene envidia, ego o se lleva mal con el compañero, en un punto eso traspasa la pantalla y se termina viendo.
-¿Sentís que te costó más llegar a ese lugar de privilegio por ser mujer?, ¿se les hace más difícil a las mujeres alcanzar esos espacios en los medios?
-En mi caso particular no sentí una traba de género. Fui haciendo un camino, estando en el lugar indicado y buscando las oportunidades. Cuando estaba en la mañana me propuse hacer la gira de Got Talent por el interior; nadie tenía pensado mandarme, pero yo me ofrecí a recorrer los departamentos para el informativo y la mañana. Eso me dio la oportunidad de conducir Amamos el talento, mi primer programa en horario central. Yo he sido un soldado del canal, pero también siempre me he sentado con la gerencia a volcar mis aspiraciones y preguntar qué esperan de mí a futuro.
-¿Y hay brecha salarial entre hombres y mujeres en la televisión?
-La brecha salarial existe en todos los ámbitos, no la voy a negar. Yo cuando voy a negociar me comparo conmigo misma: qué hacía el año pasado, cuánto ganaba y qué voy a hacer ahora. Al principio de mi carrera, trabajando ya en televisión y recibida, mi madre me tenía que mandar dinero para llegar a fin de mes y pagar el alquiler, mientras seguramente otros compañeros hombres ganaban más haciendo lo mismo. Hoy tengo más herramientas para negociar y también trato de compartir información con mis colegas para que nos vaya bien a todas.
-En la vorágine de las mañanas en las que hacías los móviles en vivo de Canal 10 conociste a tu actual pareja, el camarógrafo Fabricio Fernández, ¿cómo nació esa relación?
-Yo me había prometido no tener ningún vínculo amoroso en el canal. Pero bueno, me enamoré. Al principio mantuvimos la relación en secreto; nadie sabía nada. Yo tenía ese miedo de “¿qué van a decir?, volvió al canal y sale con un camarógrafo”. Eran miedos tontos que una se pone. En un momento dijimos “ya fue”, sabíamos que queríamos estar juntos de verdad. Él era mi camarógrafo en las mañanas y me llevaba un táper con comida porque yo trabajaba mil horas. Es un gran compañero de vida y el primero al que le consulto todo. Obviamente, en el trabajo somos extremadamente profesionales; jamás nos vas a ver dando un beso en el canal y nos saludamos como uno más.
-¿Había mucho runrún en el canal con respecto a ustedes?, ¿quién fue la primera persona en enterarse que estaban saliendo?
-Sí, ¡había tremendo runrún! (Risas). Fue (la productora) Maru Romano la que me dijo que nosotros íbamos a terminar juntos antes de que pasara nada. Yo le decía que estaba loca, pero tenía razón.
-En Subrayado tuviste como referente a Blanca Rodríguez. ¿Mantenés algún diálogo con ella?
-Para mí, Blanca fue una gran maestra y trabajar con ella fue un privilegio enorme. Me temblaba el alma cada vez que me pedía presentar un informe al aire. Hoy seguimos en contacto: nos escribimos por distintas actividades o jornadas de lectura. Le tengo mucho cariño y una profunda admiración.
-¿Cómo la ves en su rol como legisladora?
-Es un rol muy distinto. Blanca es una gran persona y una excelente profesional. No tengo dudas de que le va a dedicar el mismo compromiso con el que encaró toda su carrera. Siempre le preocuparon los temas sociales y las desigualdades, incluso desde su lugar en el noticiero. Le deseo lo mejor.
-¿La imaginás presidenta?
-¡Qué pregunta! Capaz que sí. No sé si esa posibilidad existe, pero si alguna vez se la propusieran y ella aceptara, sería porque considera que tiene las herramientas para asumir esa responsabilidad. Es una mujer trabajadora, preparada, tenaz, informada, cálida y muy humana. Se entregaría por completo. Después, cómo resulten las cosas es otra historia, pero Blanca es de esas personas que siempre lo dan todo en el lugar que ocupan.