Mónica Guglielmetti y el fin de una etapa: por qué la soul coach de "Mereces lo que sueñas" deja su profesión

La conductora del ciclo de Nuevo Siglo TV habla del año que la dejó "rota" y por qué eligió alejarse del coaching: "Dejo el soul coaching porque se devaluó", confiesa.

Mónica Guglielmetti.
Mónica Guglielmetti.
Foto: Gentileza.

Mónica Guglielmetti, la soul coach que con su espontaneidad y desparpajo se convirtió en una figura de la televisión y conduce desde hace 10 temporadas el programa Mereces lo que sueñas en la pantalla de Nuevo Siglo TV, por streaming y Youtube, tuvo un año de quiebre que le hizo poner las cosas en perspectiva. Por eso, cuenta a Sábado Show que deja el soul coaching para siempre.

Guglielmetti, quien en plena pandemia ayudó con su terapia a muchas personas que la pasaban mal, recibe a Sábado Show en su casa. Su casa huele a Navidad y parece salida de una postal, porque es una festividad que ama desde niña pero que este año le costó encarar.

Sobre su año marcado por duelos y replanteamientos, sus ganas de cambiar, el animarse a nuevas experiencias y algunos tips como acustumbra dar, es esta charla con Mónica Guglielmetti.

Guglielmetti ha tenido una vida que se siente como una montaña rusa. “La vida es como un parque de Disney”, dice. “¿Quién va a Disney y se sube a un solo juego? Yo en la vida no me quedé con ganas de nada. Trabajé mucho, fui gerente de marketing, tuve mi gimnasio y me largué al coaching. Y la tele me encontró, porque yo no la busqué”.

Por eso, luego de un año intenso, siente que es el momento de dar un paso al costado como soul coach.

Monica Guglielmetti.
Mónica Guglielmetti.
Foto: Gentileza.

“Voy a seguir con mis reels, lejos de la demagogia y cerca del amor, porque no soy perfecta y entendí que voy a vivir con mis imperfecciones”, dice Guglielmetti que hoy se define más como conductora y comunicadora que como soul coach.

“Dejo el Soul Coaching porque se devaluó, así de simple”, dice. “Y hay algo que quiero aclarar: Yo no hice una carrera universitaria de Coaching, porque no existe. Siempre tuve un llamado hacia lo humano, el ayudar al otro, pero en la época en que hice mi pasaje por la Escuela de Psicología, aquello era un desastre. No salías ni con una Licenciatura. Por eso me dejé sorprender por la vida que me llevó por muchos caminos; porque si hay algo que tiene claro es que “venimos a la vida con un propósito más fuerte que laburar, pagar cuentas y morirnos. Vinimos a ser felices”, dice.

—Dijiste que este año había sido difícil. ¿Por qué?
—Porque fue un año de duelos y pérdidas. Un año en que estuve literalmente “rota” y tuve que salir a grabar igual. Lo primero fue el duelo por la pérdida de Noemí, quien fue parte de mi vida entera. Cuando me casé, la contraté para ayudarme. Yo trabajaba mucho en esa época y ella desde que me casé, hace 32 años, fue limpiadora, mamá, abuela. Porque para mí, la persona que trabaja en casa en “familia”. No me gusta que nadie sea “siervo de nadie”. No es mi filosofía. Ella ya estaba muy viejita, pero igual venía, me ayudaba en pequeñas cosas. Yo pagaba aparte alguien que me ayudara. Pero ella era “el corazón de mi casa”. El 7 de junio la fui a buscar, me ayudó a arreglar el vestidor, y luego la llevé a su casa. Esa noche murió, durmiendo. Pero aún la extraño. Luego vino un bajón raro de mi hija, Maite, que es una resiliente. Y para rematar, la enfermedad de mi esposo. Todo eso hizo que yo me “rompiera”, literalmente. No veía la luz al final del camino, me sentía muy triste.

—¿Cómo hiciste para cambiar la pisada?
—Viajé con mi hija a México. Había ido al mismo hotel, muchas veces. Sin embargo ésta vez, lo “vi” con los ojos del alma. Caminos que había recorrido mil veces, pero nunca “visto” con la retina de alma.

—¿Qué pasó en México?
—Pasó que llegué muy triste y a mí me cuesta mucho llorar. Así que las primeras veces recorrí esos “camino mágicos” llorando. Luego, cada día, fue un regalo único. Hice cosas que jamás había hecho: dejar a mi hija en su reposera y decirle: Mamá se va a caminar. Ese día caminé tanto que cuando miré para atrás no sabía dónde estaba. Entonces me senté “por primera vez” en la arena. Dejé que el sol me acariciara, que el mar me tocara. Abrí los ojos y respiré hondo. Y ese día exacto, empecé a sanar.

—¿Cómo te sentis hoy?
—Me siento genial. Creo que uno puede crecer a cualquier edad, si en el fondo es lo que anhela. Voy a seguir conduciendo, porque hoy me identifico más como entrevistadora y comunicadora, que como coach.

Un ciclo en el streaming

A lo largo de 10 temporadas, Mónica Guglielmetti ha conducido el ciclo Mereces lo que sueñas, a través de la pantalla de Nuevo Siglo TV, como sus redes sociales y actualmente disponible en Youtube. Sobre sus planes para el año próximo, Guglielmetti dice: “Voy a seguir en la tele. Todavía no sé cómo pero buscaremos la manera para mantenernos en contacto con la gente”.

—¿Y qué va a pasar con la soul coach?
—Me alejo del coaching porque me da pánico lo que veo en las redes. Hoy cualquiera, literalmente, da cátedra desde las redes sobre cómo vivir. Ahora los coaches parecen que se reproducen desde el pasto, y honestamente lo único que veo es una camada de chantas dentro de los cuales no quiero estar. Como le dije en mi programa, amo ayudar a los demás, está en mi adn, pero no va a ser desde la demagogia, hablándole al otro como si mi vida fuera perfecta, cuando no lo es. Porque nadie tiene la vida perfecta. Me quiero retirar con dignidad, no mezclada con todo eso. No voy a dar nombres, porque hoy veo personas que hace dos años eran cosmetólogas y ahora de golpe son soul coaches.

—Ya has hablado de tu trayectoria, como empresaria y coach.
—Sí, me llevó tiempo formarme. Y si bien no hay una Universidad de Coaching, creo honestamente que lo hecho, lo hice bien. El genial Víctor Kuppers, especialista en Psicología Positiva tiene una frase que amo: ‘Tú podés hacer una carrera, estudiar por 10 años, pero sino tenés el talento, de nada sirve. Hay personas que estudian 1 año y trasmiten y conocen más que otros’. Yo me sumo a ese grupo. Sé que fui buena pero me voy a tiempo.

—Te cambio de tema, ¿cómo ves la redes hoy?
—En decadencia absoluta. No sólo te enseñan cómo vivir, sino que además te atomizan con cómo tenés que entrenar, cómo tenés que vivir…basta ¡Nadie quiere eso!

—¿Hay planes para 2026?
—Sí, muchos. Voy a seguir como entrevistadora y comunicadora, porque ese es el lugar que más disfruto hoy. También tengo pensado incursionar en el Stand Up, junto a mi amigo querido Michell de León. También hay otros proyectos que - por cábala - no quiero adelantar.

Mónica Guglielmetti.
Mónica Guglielmetti.
Foto: Gentileza.

—Ahora que se acercan las fiestas y es época de balances, ¿qué tips le darías a la gente?
—Les diría que dejen un poco el celular de lado. Que si, por ejemplo, pagaron una fortuna para ver en vivo a su artista favorito, no desperdicien el momento con una cámara. Vívanlo, vibren, sientan. Si total luego todo va a estar colgado en las redes. También que no crean todo lo que ven en las redes, ni se sientan “obligados” a tener que publicar. Porque eso lo generan las redes, hay personas que llegan a sentir “culpa” por no haber publicado algo. Pero no todo lo que ven es verdad. Muchas personas parecen sentir la “necesidad” de publicar todo el tiempo sus “vidas perfectas”, y esto genera en el otro un sentido de competencia. Quieren viajar a ese lugar, quieren tener ese auto.

—Sos un claro ejemplo que un viaje puede dejarte otra mirada del mundo.
—Sí, pero también búsquense un “tiempo sagrado” sólo para ustedes. No necesitan mucho. Puede ser el momento del desayuno (como hago yo) o la merienda. Pero tomen ese café con leche o el mate sin celular, sin estridencias, oyendo las señales del Universo: el sonido de la lluvia, los pájaros. Creo que es una de las formas más lindas que tenemos de meditar. Creen momentos que se lleven en el alma, los recuerdos que hicieron una vida. Porque al momento de partir, ese será nuestro legado para los que amamos. Y qué lindo sería que el día que yo parta la gente que me quiera diga: “qué buena mina, qué linda huella me dejó”. Sus hijos no los van a recordar por el vestido, la pelota o el auto que les dieron. Los van a recordar por esos momentos que jamás olvidarán. Los “Te quiero” son hoy, los abrazos son hoy, porque no tenemos la vida comprada. Nos podemos ir mañana: no escatimen las muestras de amor. Tampoco vivan su vida de acuerdo a los deseos ajenos, no les importe “el qué dirán”. Es su vida, sus reglas, y es un viaje demasiado corto como para regalarle el peaje a otro. Así que no se queden con ganas de nada. Vivan todo lo que sueñan, porque al momento de morir, y me consta en mi experiencia personal y profesional, las personas se arrepienten más de lo no hecho que de lo que hicieron. Así que hagan hoy. Y suelten. Cuando hablo de soltar me refiero a las mochilas que pesan tanto que lastiman. Soltar no es otra cosa que comprender que no podemos controlarlo todo. Y cuando lo aceptamos, y le damos ese control al Universo, la magia ocurre.

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