El uruguayo que fue Mr. Mundo se lanza como cantante y confiesa: "Soy cabeza dura y adicto a sentirme vivo"

El nuevo camino de Ignacio "Nacho" Kliche, lanzó disco bajo el nombre artístico Alma libre y dice: “Usé la fama como un medio para ayudar”.

Ignacio Kliche.
Ignacio Kliche.
Foto: Gentileza.

Luego de una vida que lo llevó de la televisión uruguaya a los estadios de la NBA, de los certámenes de belleza a la espiritualidad militante, Ignacio Kliche vuelve a escena con un nombre nuevo y un mensaje viejo -el suyo- pero renovado: Alma Libre.

Tras un 2019 que le cambió el eje y lo empujó a la introspección, el artista presenta un disco que entiende como corolario de ese viaje interior iniciado hace varios años. Entre Chile y Uruguay, animales, libros y podcasts, Kliche entiende que llegó la hora de cantar su verdad.

En 2019 Nacho Kliche estaba viviendo en Madrid. Tenía conciertos cerrados en España cando llegó el coronavirus, por lo que decidió irse a medio del campo. “Me dediqué a construir mi ranchito con mis manos, a rescatar animales y profundizar en mi viaje interior. También escribí dos libros”, dice el uruguayo que hoy reparte su vida entre Chile y Montevideo.

Cuando terminó esa etapa de ermitaño, comenta entre risas, salió renovado al mundo. Este verano lo pasó en Punta del Este, y a mediados del año lo convocaron de Chile con varias propuestas de trabajo. “Fui para allá, estuve seis meses trabajando, de gira y cocinando este disco que estoy lanzando”, dice de Almas libres ya disponible en plataformas digitales.

Ignacio Kliche.
Ignacio Kliche.
Foto: Difusión.

“El disco es como el corolario de todo ese proceso profundo que empecé en 2019”, dice. “No solo se refleja en los libros que he sacado, sino en este disco” que lanzó bajo el nombre artístico Alma libre.

Se trata de un renacer de Kliche, quien trabaja desde adolescente en la televisión. Fue el primer gamer uruguayo, entrevistó a leyendas del basquet, fue nombrado Mr. Mundo y en los últimos años comenzó a predicar un mensaje que desde hace tiempo lo moviliza.

“He hecho muchas cosas como Ignacio Kliche, pero la esencia de este disco no es el ego sino el mensaje”, dice. “Por eso decidí lanzarlo con un nombre artístico que voy a usar para mi carrera musical: Alma Libre. Resume lo que soy y lo que es el disco: sintonizar con la gente que vibra parecido, que vivió o vive procesos similares”, dice.

—Durante la gira de promoción estuviste en La Mañana en Casa, y en un momento te paraste y te adueñaste del estudio.
—Bueno, llevo como 32 años de carrera. Si no me siento cómodo, estamos mal (risas). Y este es un nuevo ciclo. Este disco tiene esencia, mi alma, y un mensaje que cada vez hace más eco. Porque hoy todo se está polarizando, todo se acelera, y creo en nuestra esencia: el alma, el espíritu, lo intangible, la capacidad de amar. Lo vengo diciendo hace años en mi libro Despierta por el planeta, como en los más de 400 capítulos del podcast. Es el mismo mensaje.

—¿Y cuándo empezaste a hacerle caso a esa frase de Aterciopelados de “mira la esencia, no las apariencias”? Porque fuiste Mister Mundo.
—Sí, fui Mr. Mundo, el hombre más lindo del mundo. Pero lo maravilloso es que siempre fui igual. La gente toma de vos lo que quiere. Todavía tengo guardada la primera nota que me hicieron como Mr. Uruguay: el titular decía “Un míster que defiende los valores”. Y leo la entrevista y digo lo mismo que hoy, 25 años después. Pero cuando alguien escucha “Mr. Mundo”, todo lo demás queda opacado: si hablás de poesía o filosofía, te dicen “ah, sí, sí… pero a ver, parate y sacate la camiseta a ver si estás marcado”. Yo nunca busqué ser Mr. Mundo ni estar en televisión. Eso se dio porque me hace feliz hacer feliz a los demás. Caí de rebote en un casting para un programa que venía después de Requete Divertidos, quedé, y ahí empezó mi carrera. A diferencia de ahora, donde la gente quiere ser famosa por ser famosa, yo usé la fama como un medio para ayudar, entretener.

El modelo, cantante y actor Nacho Kliche.
El modelo, cantante y actor Nacho Kliche.

—El que te cosifiquen, te digan: “sacate la remera, ponete así, sonreí allá…” debe de cansar rápido.
—Lo que pasa es que no hay nada peor que todo el mundo quiera algo con lo cual vos no estás dispuesto a negociar. Yo siempre fui Nacho. Pero cuando pasás a ser famoso, ¿con quién compartís el ser Mister Mundo en Uruguay? No hay pares. No lo digo en plan “pobrecito”, pero la discriminación existe para todos lados. La gente no imagina lo que es que te invalide por “ser demasiado lindo”, o suponga que no tenés problemas. Una vez uno me dijo: “Vos te mirás 30 segundos al espejo y se te pasan todos los problemas”. Y yo estaba destrozado porque había tenido que sacrificar a mi perro de 12 años. Ahí lo lindo no me sirvió para un carajo. De eso nace mi libro Despierta por el planeta, en 2019.

—Está bueno mostrar esa perspectiva: “vengo de ahí y ese no es el camino”.
—En marzo de 2019 yo iba vestido de traje a los programas en Chile, a presentar el libro, y decía “hay que abandonar el ego”. La gente me miraba pensando que era un chiste. Yo trabajaba en televisión, pero sabía que era mucho más que eso. Ser pionero es eso: arriesgarte, ir contra lo que se espera de vos. Y ahí es donde te formás.

—¿Siempre fuiste así de espiritual? En el sentido más amplio.
—Sí. La espiritualidad es conexión, es sinónimo de luz, felicidad, empatía, servicio, de disfrutar la vida. Vengo con eso de fábrica. Pero hubo cosas que me marcaron, por ejemplo leer el Nuevo Testamento a los 11 años. Me voló la cabeza. Y siempre estuve en esa búsqueda. Uno suele buscar primero donde no es, hasta que encontrás donde es. Es animarse: caerse, tomar nota y seguir. Hasta que sabés quién sos. Y si no sabés, empezá por descartar lo que no sos. Ahí aparece el espacio para crecer.

—Si hay algo que te define es animarte a hacer cosas.
—Totalmente. Me animé a ir al casting de Jugo de Colores, sin saber lo que era Nintendo, y fui el primer gamer de Uruguay. Después me animé a lo cómico y llegué a Plop en Canal 12. Me animé a decirle a Mario Uberti que quería trabajar con él con los partidos de la NBA y terminé viajando a Estados Unidos, jugando mano a mano con Kobe Bryant, entrevistando a los mejores del mundo. Me animé a ir a Mr. Uruguay, quedé, fui a Mr. Mundo y gané. No es que sea un campeón: soy cabeza dura y adicto a sentirme vivo. Y en el medio tuve mil “no”, golpes, rechazos. Fue durísimo.

—¿Qué artista o canción te hizo pensar “yo puedo cantar”?
—La música me viene de familia. Tenía un tío abuelo tenor, y mi abuela era soprano. Los domingos en lo de mi abuela: era comer pasta, y después guitarra con mi madre, mis tíos. Lo que siempre me gustó fue la comunicación, el vínculo con la gente. Eso es lo maravilloso del escenario.

—¿Y qué sentiste al escuchar por primera vez una canción tuya grabada?
—Gratitud. Y también aflora esa parte mía que es más perfeccionista. Mi primer disco lo lancé en 2011, todo a pulmón en Chile. Me gustó, pero siempre fui muy exigente. Este disco, Almas Libres, es otra cosa. Es esencia pura. Como una frase que escribí hace años: “el éxito en la música es la música en sí misma”. Si hacés lo que amás, ese es el éxito. Lo demás es compartirlo con quienes vibren igual. Y este disco es mi alma, una confesión, un resumen de mi vida y mis aprendizajes. También es una invitación: una revolución del alma, de la conciencia, del amor y la libertad. Porque el mundo se está partiendo, y una parte de la gente quiere convertirse en robot, y otros reivindicamos la esencia divina del ser humano. Por eso siento que es un disco disruptivo. Invita a decir tu verdad, a no obedecer el sistema, a estar fuera del algoritmo.

—No es fácil ir contra la corriente, ¿no?
—No. Pero ese es el truco: creer que el poder lo tiene el sistema. Y no: el sistema existe por nosotros. Somos los creadores de realidad en todos los planos. El truco es distraernos, hacernos sentir insuficientes, dividirnos. Sacarnos de nuestra esencia. Por eso el disco tiene canciones como “Almas Libres”, “Agua somos”, “Señales”, “El milagro sos vos” y “Que me quiten lo bailado”, que es una confesión rítmica sobre mis decisiones, mis golpes y el no pertenecer.

—¿Tenés planes de hacer un show en Uruguay?
—Me guío por mi manager, y mi manager es Dios. Voy a llevar el disco donde Él disponga: si es para una persona en la calle, será ahí; si es en el Antel Arena, será ahí. El disco no es para que la gente diga “qué bonito canta”, sino que es causa y consecuencia de mi mensaje. Y ojalá pueda llevar un poco de luz a quienes están en la oscuridad. Porque la gran pandemia es la salud mental, la depresión y la falta de fe.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar