NOTA DE TAPA

En la piel del Guasón, Ignacio Álvarez analiza el gobierno: "Con Lacalle Pou hablamos el mismo idioma, comparto su pensamiento"

El periodista estrenó una nueva versión de Santo y Seña y una nueva versión de sí mismo. La postura frente a cámaras, la visión sobre el gobierno y el proceso personal tras su separación.

Ignacio Álvarez. Foto: Leo Mainé
Foto: Leo Mainé. Pelo: Evasión Soluciones Capilares. Make up: Mariana Soto y Martina Castro. Agradecimiento: Aldo Martínez y parodistas Nazarenos.

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Nacho Álvarez
no es el mismo. El periodista dice haber dejado atrás aquel que “solo destapaba ollas con el dedo acusador” para convertirse en un comunicador “más humano”. Así como el Guasón de la película protagonizada por Joaquin Phoenix termina conectando con su fragilidad y denunciando las carencias de la sociedad, el periodista canaliza su proceso interno y se reinventa en el conductor de un late night show que habla de sexo y hasta canta al aire en su programa. “Me gusta la ambigüedad de este personaje”, dice Álvarez mientras posa caracterizado como el mítico Joker.

Tras el estreno del periodístico Santo y Seña (domingos 20.30hs por Canal 4) bajo un formato más distendido, el conductor se corre el maquillaje y cuenta cómo fue cambiar para parecerse más a sí mismo. Es lo que se propone para este año: dejar al descubierto su versión más auténtica.

—¿Qué tan conforme quedaste con el primer programa de Santo y Seña 2020?

—Soy muy perfeccionista y hubo detalles a corregir, desde atravesarse delante de cámara a un micrófono que no funcionó. Pero fueron cosas propias del vértigo de un programa en vivo a un ritmo que no es el que estamos acostumbrados. Lo principal era que el juego fluyera y eso se logró. Siento que fue misión cumplida. De ahora en más, pienso que todo puede ser mejor.

—¿Cuáles fueron las repercusiones que te llegaron tras el estreno?


—De la mano del rating espectacular que tuvo, la cantidad y variedad de las repercusiones fueron muy grandes: la mayoría a favor del nuevo formato. Incluso, me sorprendió gratamente recibir comentarios de personas de otros canales. Por ejemplo, hubo alguien que me escribió: “Ustedes están haciendo televisión del siglo XXI y nosotros de los años ‘80”. Cada estilo es válido y respetable. El punto es lo que quiero hacer yo en este momento. Soy fiel a lo que siento. Todos los del equipo estamos sintonizando la misma frecuencia y es algo que se respira en el programa. Estamos convencidos de lo que estamos haciendo.

—Es la oportunidad en la que te estás mostrando más entusiasmado de cara a una nueva temporada, ¿qué tan genuina es esa emoción?


—Yo no recuerdo haber sentido esto nunca, más allá de que siempre estuve conforme con los programas que hice. El tema es que esto es mucho más que un programa de televisión para mí, tiene que ver con un proceso interior a nivel personal.

—Has mencionado que el año pasado hasta te llegaste a aburrir con lo que hacías en Santo y Seña…


—Es que una cosa es estar conforme y otra es estar copado. Yo estaba satisfecho con el programa y el trabajo periodístico, pero una parte de mí empezó a pedir otras cosas además de eso. Sentía que nos estábamos repitiendo y agotando. Estábamos encorsetados, y el programa no tenía la vida que yo quería que tuviera. Yo quería algo menos rígido, más impredecible, que sorprendiera y nos sorprendiera.

Ignacio Álvarez. Foto: Leo Mainé
“El personaje muestra esa ambigüedad que tantos tenemos: la careta que mostramos al mundo y la fragilidad que escondemos detrás", dice sobre el Guasón. Foto: Leo Mainé

—¿Cómo fue el proceso para encontrar lo que querías hacer?

—Fui escuchando cada vez con más fuerza esa vocecita y a lo largo de los meses me fui convenciendo de que quería hacer un programa radicalmente distinto. Fue una búsqueda. A nivel de contenidos, caí en la cuenta de que más allá de lo periodístico y político las cosas que más nos importan pasan por otro lado que tiene que ver con la felicidad, con nuestros sentimientos y nuestras relaciones, el sexo... ¿Cómo no hablar de lo que le interesa a todo el mundo? Empecé a cranear el programa abriéndome a hablar de esas temáticas.

—¿Qué se puede esperar para los próximos programas?


—Vamos a hablar de estas cuestiones de la vida cotidiana a fondo, no desde el lugar común con panelistas que ya sabés lo que van a decir. Quiero tener la misma esencia que tiene Santo y Seña para el periodismo pero con estos otros temas. Ir a los bifes y cuestionar sin evaluar si es políticamente correcto. También va a seguir el periodismo de investigación que nos caracteriza. Por todo esto es que sumamos a Leo Pereyra y Mariale Jaimes, que además de su profesionalismo son personas interesantes y con personalidad. Además va a haber más entrevistas mano a mano, el análisis de político de Pablo Fernández, el humor de Rusito González y la música en vivo de Nacho Obes. La nueva escenografía más de late night show que diseñó Nico Paz y el vestuario más canchero de Studio Muto acompañan estos cambios.

—¿Va a haber muchas investigaciones sobre el gobierno anterior?

—Imagino que sí. Es lo que suele pasar cuando asume un gobierno de otro partido político. Pasó cuando asumió el Frente Amplio y se destaparon muchas cosas del gobierno de Batlle. Nosotros no podemos darnos el lujo de elegir. Estamos investigando todas las áreas y estamos encantados de recibir denuncias de quien nos quiera acercar sobre quién sea como siempre. Si vienen tres seguidas para un lado, serán tres seguidas para ese lado. No pienso “ahora le toca al otro”. No hay cuota.

Ignacio Álvarez. Foto: Leo Mainé
Álvarez cantó junto a Nacho Obes frente al presidente Lacalle Pou. “No le canté, el programa tiene música en vivo y se toca algo vinculado a lo que sucede”, aclara.

—¿Qué sensación te dejó la entrevista a Lacalle Pou que realizaste en el debut?

—Buenísima, fue como todas las que hago, buscando resaltar lo bueno del otro, pero también bucear en los aspectos cuestionables, como es la obligación de todo periodista. Pero eso no quita reconocer que el presidente viene haciendo las cosas muy bien en estos difíciles tiempos de pandemia.

—En redes hubo algunos comentarios críticos respecto al modo en que te dirigiste a él. ¿Fue premeditado tutearlo?

—Si estoy apostando a ser más auténtico, no voy a tratar de usted a alguien que hace unos meses lo tuteaba. Lo llamé “presidente Luis”. A Tabaré Vázquez también lo tuteé siendo presidente. Nadie habló de falta de respeto en ese momento. Tiene que ver con mi forma de ser y de entrevistar. Una cosa es el respeto y otra la distancia. Yo busco generar una relación de cercanía y hasta de intimidad con el otro.

—Muchos esperaban que se crucen al aire el presidente y su parodia interpretada por Rusito González, que fue furor en carnaval. ¿Por qué resolvieron no hacerlo?

—La dirección del canal entendió que por un tema de respeto a la investidura del presidente y por el momento de crisis por la pandemia no era lo más conveniente plantear una parodia.

—¿Vos entendiste lo mismo?


—Yo compartí el argumento. También hablé con Lacalle y me dijo que en cualquier otro contexto fuera de la pandemia le hubiera encantado participar de una parodia con el Rusito. Incluso acotó que no fue al Teatro de Verano por un imprevisto de último momento.

Nacho Álvarez
Nacho Álvarez

—Cuando le preguntaste por el caso Moreira, él hizo mención al video íntimo que te involucra y que se difundió en 2016, ¿no lo tomaste a mal?

-No, para nada. Yo lo corté para decirle que eran incomparables las situaciones, entre algo de la vida privada de alguien que no tiene nada que ver con lo público y la situación de un intendente que habría condicionado pasantías a cambio de favores sexuales. Él aclaró que no estaba haciendo ese paralelismo. Lo que quería era subrayar lo delicado de que la vida privada de alguien quede expuesta de esa manera. No me molestó para nada.

—En un momento del programa le cantaste a Lacalle Pou en vivo…

—No le canté. El programa tiene música en vivo y en distintos momentos se toca algo vinculado a lo que está sucediendo. Estábamos con la entrevista y nos pareció bueno preguntarle con qué canciones se sentía identificado, así que acompañamos con algunas de esas canciones.

—¿Lacalle Pou es el presidente que te ha generado más simpatía?


-Hay un tema generacional, hablamos el mismo idioma y comparto en líneas generales su pensamiento. Eso no quiere decir que no lo vaya a criticar o que no vaya a denunciar lo que encontremos en su gobierno, como él mismo pidió a los periodistas que hiciéramos.

—El año pasado fue la primera elección en la que apoyaste públicamente una opción...

—Nunca había dicho a quién había votado. Esta fue la primera elección en la que manifesté mi punto de vista sobre lo que consideraba mejor para el país. Cuando ganó el Frente Amplio no lo voté, pero me ilusioné y confié. Hubo cosas positivas y negativas. En la siguiente elección, sin votar al Frente Amplio, me alegré de que ganara Mujica. Me ilusioné con su gobierno y me desilusioné de su gobierno. Hubo falta de liderazgo, acomodos, irresponsabilidad en el manejo de la cosa pública y tantas cosas que criticaban a los otros y terminaron haciendo ellos. Para las siguientes elecciones sentía que era momento de que la otra mitad del país accediera al gobierno, pero no se dio y la gente eligió a Tabaré Vázquez. Ahí terminé de confirmar que el país necesitaba otra cosa. El Frente Amplio tiene un atraso brutal en la manera de entender la realidad, y el país precisaba una alternativa. Fue bueno para la sociedad que gane la coalición con Lacalle como presidente.

—¿Para qué concretamente?

—Legitimó la existencia de otro relato. Hasta este momento se había impuesto de que el Frente Amplio era el abanderado de los valores y la verdad. El hecho de que haya un único relato y se estigmatice al que piense distinto es lo más nocivo que le puede pasar a un país. Eso estaba pasando en Uruguay. Con este triunfo más de la mitad de los uruguayos dijeron “hay otra verdad”. Está bueno que la ciudadanía haya pasado ese mensaje, y este revolcón le va a hacer bien al Frente Amplio para entender que tiene que evolucionar.

—¿Lacalle Pou te agradeció alguno de los comentarios que hiciste hacia él públicamente?

—No, el único que me agradeció fue (Pablo) Mieres cuando dije que lo había votado en la primera vuelta.

—En carnaval le achacaste a las murgas no haber entendido el mensaje del resultado electoral…

—En la mayoría de las murgas existe un discurso anacrónico, intolerante y violento. Ese discurso atenta contra el punto de vista de la mayoría de los uruguayos, entonces de popular no tiene tanto. Artísticamente me emociona ver cantar a una murga como músico amateur que soy, pero una cosa no quita la otra.

—¿Cuánto creés que incidió el rol del periodismo en el resultado electoral?


—El periodismo crítico es fundamental en una democracia. No sé cuánto puede incidir, pero es obvio que incide. En mi caso también he criticado todas las prácticas de nepotismo y amiguismo de los partidos tradicionales en las intendencias del interior. Hago periodismo crítico contra el que sea. La casualidad es que en los últimos tres períodos de gobierno estuvo el Frente Amplio, entonces se lleva la mayor parte de las críticas. Antes se las llevaban los otros.

—¿Y cuánto pudo influir tu apoyo explícito hacia el proyecto liderado por Lacalle Pou?

-No sé, habría que preguntarle a un sociólogo. Dudo que el hecho de que yo haya manifestado mi posición pueda hacer que alguien vote a uno u otro. Y de última, la libertad es libre. Cada uno dice lo que quiere y hace lo que quiere con lo que escucha. Es obvio que todo lo que decimos frente a una cámara de televisión tiene un efecto y puede llegar a influir en una forma de pensar. Cuando yo comparto un punto de vista y doy mi opinión, transmito con la mayor honestidad posible un punto de vista sobre la realidad. Pero yo parto de la base de que la gente no es ganado, sino que es inteligente y que después con eso y con opiniones que escuche de otros periodistas termina decidiendo qué hacer y a quién votar. De eso se trata.

Nacho Álvarez
Fotos: Leo Mainé. 

—¿Tu hermano Bernardo es militante de Lacalle Pou?

—Sí.

—¿Te incomoda que se muestre en esa faceta?


—No, ¿cómo me va a incomodar? Él tiene su vida. El que asocie a alguien con el hermano es problema del que asocia. ¿Se supone que mi hermano es igual a mí? Él es de Peñarol y yo de Nacional. Nos agarramos a piñazos desde que tengo memoria.

—Antes de la campaña electoral decías que de cara al balotaje Martínez tenía la virtud de ser alguien “más votable” por parecerse más a la mayoría de los uruguayos, y que Lacalle tenía la virtud de poder exhibir la unión de una mayoría opositora. ¿Cómo viste la evolución de sus campañas?


—Lacalle creció muchísimo. Es mucho más evolucionado que el de 2014. Hizo un cambio brutal y la gente lo reconoce. Por algo ahora sí lo eligió. A Martínez le pasó lo contrario, terminó desbarrancando mal con acusaciones sin fundamento, discursos apocalípticos y una agresividad que no era propia del pelado que todos conocíamos. Le terminó jugando en contra.

—Cuando lo entrevistaste y se molestó le dijiste “el que se calienta pierde”…

—¡Y perdió! (Risas). Martínez terminó cortando aquella entrevista después de hablar sobre el tema de los allanamientos y defender una postura indefendible de una forma inentendible. Además mantuvo una actitud belicosa e irónica desde el principio de la entrevista. Lacalle eligió un tono más tranquilo.

—En la entrevista a Lacalle Pou durante la campaña le preguntaste por los casos de corrupción en el gobierno de su padre. Él respondió que confiaba en él y que “la fruta no cae lejos del árbol”. ¿Qué consideración tenés sobre el gobierno de Lacalle Herrera?


—Él respondió como un hijo confiando en su padre, lo cual es muy humano. Yo no pienso, sino que fue la Justicia la que dictaminó procesamientos de figuras encumbradas del gobierno de Lacalle Herrera. En una dura entrevista que tuve con él cuando era candidato quedó clara su incapacidad para defender esas condenas.

—¿Vos considerás que Lacalle Herrera es corrupto?

—Sí. Hubo notorios hechos de corrupción en su gobierno de los que no hay forma que él no fuera partícipe.

—¿Qué expectativa tenés sobre la gestión de Gerardo Sotelo al frente de los medios públicos?


—Lo conozco mucho. Es un liberal con todas las letras y un tipo honesto y derecho. No se me pasa por la cabeza pensar que vaya a direccionar los medios para un lado o para el otro.

—¿Qué pensás sobre la polémica en torno a la medida de Sotelo de solicitar que todo el contenido periodístico tenga que ser aprobado por el coordinador Jorge Gatti antes de salir al aire?

—Podemos discutir si la redacción fue feliz o no, pero después él aclaró cuál es el espíritu. Los medios públicos tienen que dar todas las garantías a la población de que van a ser ecuánimes. Eso es lo que él pretende y confío en que va a luchar por eso.

—¿La garantía de la ecuanimidad implica que todo el contenido tenga que ser aprobado por una misma persona?

—Hay un coordinador periodístico que coordina los contenidos que salen. La alternativa es que cada periodista haga lo que se le cante. Ahí podés tener lo que hay, que es un montón de periodistas totalmente flechados para la izquierda. Sotelo plantea que hay que dar garantías de imparcialidad y que estén todos los enfoques. De ese punto de vista cree que la dirección tiene que estar al tanto de todo lo que va a salir al aire para que coincida con el objetivo que tiene un medio público. Alguien tiene que encargarse de monitorear.

—Contabas al comienzo de la entrevista que estás atravesando un cambio a nivel personal, ¿tiene que ver con tu separación de fines del año pasado?


—Claro. Me separé después de 20 años de casado. Desde el punto de vista emocional fue un terremoto. Eso tuvo que ver con este cambio en Santo y Seña. Es como que yo morí y renació un Nacho distinto, y lo mismo pasa con lo que yo hago en televisión. Coincidieron los dos procesos.

—¿Cómo estás anímicamente?


—Muy bien, pero estuve muy mal. No hubo día en el que no llorara en algún momento o no me emocionara escuchando alguna canción. Tuve que hacer el duelo por la relación que se estaba muriendo. Se moría una parte de mí. Me mudé solo y me descubrí desde otro lado. Eso me sensibilizó mucho. El sufrimiento te hace más empático y menos rígido. Ya no soy solo el que destapa tarros con el dedo acusador, ahora hay un ser humano más sensible y más real.

—¿Esta nueva versión es superior?

—Sí, me siento mejor porque me siento más auténtico. En el fondo todos tenemos el desafío en la vida de evolucionar, y la evolución pasa por animarnos a ser quienes somos. La vida a los golpes te hace construir barreras, poner frenos, ponerte caretas y cuidarte para no sufrir. Después debería haber una segunda parte de bajar esas barreras y volver a ser quien sos en el sentido más amplio de la palabra, aunque eso suponga el riesgo de sufrir. Eso debería ser mejor que estar muerto en vida, o vivir evitando sufrir y tapando parte de nuestro ser.

—-¿Tenés buena relación con tu exesposa?

—Sí, buenísma. Eso es de las mejores cosas. Después de separarnos nos fuimos de vacaciones juntos con mis hijos y ella. Yo voy a mi casa y estoy con ella y mis hijos muy seguido. Eso ayuda, para mí y para los chiquilines.

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