Maximiliano "Pipo" Rodríguez: ex Fuego sagrado ahora compite en el mundial de paella con un plato homenaje

La cocina es una experiencia de encuentro familiar para Pipo Rodríguez. Junto a su hija Luana suele preparar paella y para la competencia prepara una versión de autor inspirada en su abuela, a quien debe su vocación por la cocina.

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Maximiliano Rodríguez.
Foto: Archivo.

Exparticipante de Fuego Sagrado, de Canal 12, donde llegó hasta semifinales, Maximiliano "Pipo" Rodríguez competirá el 27 y 28 de marzo en Piriápolis en la final del Día de la Paella (World Paella Day 2026). Entre los 12 mejores del país, busca clasificar al mundial en Valencia. Cocinero autodidacta, une su pasión con proyectos sociales y familiares. Inspirado por su abuela y acompañado por sus hijos, apuesta a una paella de autor que refleja su historia, con la convicción de que el trabajo constante también es una forma de ganar.

-¿Cómo estás viviendo la previa de esta competencia de paella?

-Muy bien, con mucha expectativa. La competencia va a ser el 27 y 28 de marzo en Piriápolis, con entrada libre. El viernes es la semifinal, donde competimos 12 uruguayos y uruguayas, y de ahí pasan seis a la final del sábado, cuando se producirá una doble competencia. Por un lado se define el campeón o campeona uruguaya de paella, y por otro se compite a nivel continental con representantes de Argentina, Chile, Venezuela y Uruguay. Puede pasar que no ganes la final general pero sí quedes como campeón uruguayo, y eso te da un lugar en el mundial en Valencia.

-¿Qué significa para vos esta oportunidad?

-Es enorme. Hoy estoy entre los 12 mejores de Uruguay y representando al país, siendo alguien que no es chef recibido. Soy un cocinero que aprende y que ama lo que hace. Compartir con gente que vive de la cocina todos los días y que prueben tus platos es muy fuerte.

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Maximiliano Rodríguez fue semifinalista de "Fuego Sagrado".

-¿Cómo nació tu vínculo con la paella?

-Arranca con mi hija mayor, Luana. Cuando ella tenía cuatro años se acercó a ayudarme mientras cocinaba y ahí empezó todo. Se generó una tradición familiar alrededor de la cocina. Después mis otros hijos también se engancharon: Mateo fue quien me empujó a volver a competir, y Clara, que tiene 12, cocina sushi los domingos. La cocina en casa es un punto de encuentro.

-Venís de Fuego Sagrado, ¿cuánto te marcó esa experiencia?

-Muchísimo. Fui de la primera generación, en plena pandemia, cuando ni se sabía bien el formato. Para mí fue un antes y un después. Generé un vínculo con la gente y pude seguir vinculado a la televisión, pero sobre todo me permitió meterme más en la gastronomía.

-¿Te formaste en cocina o fue un camino autodidacta?

-Siempre me gustó cocinar, pero no lo había estudiado formalmente. Después del programa empecé a leer, a formarme por mi cuenta. Me di cuenta de que sabía hacer muchas cosas, pero no conocía los nombres técnicos. Fue un proceso de aprendizaje constante.

-Hoy, ¿la gastronomía es parte de tu trabajo?

-Sí. Soy educador social, pero también tengo un emprendimiento gastronómico llamado “Nunca Solo”, que hace eventos y catering. Además, tengo un proyecto socioeducativo que se llama “Más allá del barrio”, donde trabajamos la cocina como herramienta de integración social en distintos espacios.

-¿Cómo surgió la decisión de competir ahora?

-Tiene que ver con mi hijo Mateo. Cuando salió la segunda temporada de Fuego Sagrado, me preguntó por qué no me anotaba. “¿Te vas a rendir?”, me preguntó luego. Me hizo pensar mucho. Cuando apareció esta competencia sentí que era una forma de mostrarle que no es rendirse, que el trabajo diario también cuenta.

-¿Qué vas a presentar en la competencia?

-Voy con una paella de autor inspirada en mi abuela, que fue quien me enseñó a cocinar. Es una forma de homenajearla. Todo lo que soy en la cocina tiene que ver con ella.

-La cocina también parece atravesar lo emocional en tu vida…

-Totalmente. La cocina es familia, es encuentro. En mi casa siempre fuimos de juntarnos a comer, de mesas grandes. Hoy trato de llevar eso a otros ámbitos, como clubes o centros juveniles, donde quizás no es tan común.

-¿Qué lugar ocupa tu entorno en este proceso?

-Fundamental. Mi pareja Victoria es clave, es quien baja a tierra mis ideas. Y todo lo que hago, tanto en lo gastronómico como en lo social, también es gracias a la gente que me acompañó en momentos difíciles, sobre todo en la pandemia.

-Para quienes quieran seguirte o acercarse a la competencia, ¿dónde pueden hacerlo?

-La competencia es en Piriápolis, con entrada gratuita los dos días, con shows y stands de comida. Y en Instagram estoy como @pipoparrillero, donde subo recetas y cuento en qué ando.

-¿Con qué objetivo encarás esta final?

-Con el de seguir creciendo. Obviamente quiero ganar, pero también demostrar que con constancia y pasión se puede llegar lejos. Esto ya es un logro enorme.

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