A los 69 años, Washington “Willy” Viola es una pieza imprescindible de las transmisiones futboleras de El Espectador Deportes. Desde el estudio, casi siempre lejos de las cámaras y del protagonismo, es el responsable de aportar estadísticas, antecedentes y datos históricos o curiosos que enriquecen cada relato.
Con 47 años de trayectoria, comenzó en 1979 en Radio Básquet 38 del SODRE y construyó una carrera junto a algunas de las grandes voces del periodismo deportivo uruguayo, como Rubén Casco, Julio Ríos, Alberto Sonsol y Jorge Da Silveira. Dueño de un archivo único con los registros de todos los partidos del Campeonato Uruguayo profesional desde 1932, Viola reivindica un oficio que considera “en extinción”: el del informativista de estudios, forjado entre diarios viejos, máquinas de escribir y miles de horas de investigación.
En diálogo con Sábado Show, recordó a quienes marcaron su camino y explicó por qué sigue disfrutando cada transmisión como si fuera la primera.
-¿Recordás tu primer día en una transmisión?
-Perfectamente. Fue el 28 de noviembre de 1979, en una transmisión de básquetbol de Radio Básquet 38, en CX 38 SODRE. Tenía el micrófono adelante y sentía que me estaban escuchando tres millones de personas. Los nervios eran tremendos, pero fue la oportunidad que me abrió las puertas de este mundo. Si bien a mí me gustó siempre el fútbol y me padres me consentían en todo, me comprobaban los diarios y revistas deportivas, mi primera experiencia fue en un partido de básquetbol.
-¿Cómo llegaste al fútbol?
-Un compañero que hacía estudios en Radio Fútbol 26 se iba para Melo un fin de semana y me preguntó si me animaba a sustituirlo. Para mí fue tocar el cielo con las manos. Ahí conocí a Rubén Casco, a Osvaldo Heber Lorenzo, a Ángel Tito Bernardo y a tantos monstruos de la radio.
-En aquella época el trabajo era muy diferente al actual.
-Completamente. No había operador para ayudarte. Yo era operador, informativista y tenía que controlar los volúmenes, escuchar otras radios para levantar resultados, poner los jingles en discos de vinilo y salir al aire al mismo tiempo. Tenía dos bandejas de toca discos al lado para poner las canciones y manejaba los volúmenes. Tenía que estar 100% concentrado todo el tiempo. Era un trabajo totalmente artesanal.
-¿Cuándo empezaste a desarrollar esa pasión por las estadísticas?
-Desde niño. Me gustaba el fútbol y en concreto las estadísticas y datos. Escuchaba transmisiones argentinas, como las que hacía Radio Rivadavia, con el gordo José María Muñoz. Eran espectaculares: de repente se comunicaba con un capitán en la base de la Antártida o generaba un debate en estudios. Ahí empecé a soñar con hacer ese trabajo.
-Con el tiempo fuiste generando un archivo, ¿qué te falta?
-De la era profesional del fútbol, nada. Tengo las fichas de todos los partidos que se han jugado en Uruguay o de equipos uruguayos a nivel internacional desde 1931 a la fecha. Todos los enfrentamientos entre clubes, datos de árbitros, expulsiones, penales, goles rápidos, partidos suspendidos... es un archivo muy completo que me llevó años. Yo pasé meses en la Biblioteca Nacional revisando diarios viejos para armar mis propios archivos, lo que me costó un divorcio por ejemplo.
-No estabas nunca en tu casa...
-Y no. Yo trabajaba de lunes a viernes en la Secretaría Nacional del Deporte y los fines de semana en la radio. En los ratos libres estaba en la Biblioteca, metido entre diarios viejos.
-¿Hoy está todo digitalizado tu archivo?
-Ojalá. Me muero, nazco de nuevo y todavía no termino de pasarlo a la computadora. Tengo muchísimo material en carpetas y cajas. Lleva un trabajo enorme, que de a poco voy haciendo.
-¿Sentís que ese trabajo de investigación se perdió?
-Sí. Hoy somos una especie en extinción. Los gurises googlean todo. Nosotros teníamos que ir a buscar el dato a los diarios viejos, comparar información y escribir las planillas a máquina. Era otra forma de trabajar. Además, muchas veces Google o Wikipedia se equivocan o repiten errores. Yo creo en mi información y soy desconfiado de los datos que se consiguen fácil.
-¿Nunca te tentó ser comentarista o relator?
-No. Lo mío siempre fue el trabajo de estudios. Me gusta investigar, preparar los datos y aportar información durante la transmisión. Ahí encontré mi lugar.
-Trabajaste en varias emisoras y hubo una etapa muy larga y prolífica en Sport 890 entre 1997 y 2009. ¿Cómo la recordás?
-Tengo muy buenos recuerdos: allí trabajé con Alberto Sonsol y Julio Ríos como relatores en distintas etapas y con el Toto Da Silveira como comentarista, entre compañeras. Fue un momento gran explosión de la radio pero me fui porque no me gustó el manejo y las devoluciones que tuve ante un pedido reiterado mío de mejora salarial. Yo veía que entraban muchos compañeros nuevos, algunos que ganaban más que yo y a mí no me mejoraban. Más allá de que me gusta y es mi pasión, mi trabajo vale y me gusta hacerlo valer.
-Después vino la etapa de El Espectador...
-Sí, estuve un tiempo sin trabajo. Luego me incorporé un tiempo a Radio Carve y en cierto momento me convocó Alberto Sonsol, hacia quien tengo un enorme agradecimiento. A él y a su familia: sus hijos Diego y Lali y la esposa Patricia Datz, quienes continuaron con la gestión del espacio radial y de las transmisiones después del fallecimiento, triste, de Alberto. Ellos valoraron siempre mi trabajo.
-Hoy sos una referencia en El Espectador Deportes. ¿Cómo vivís esta etapa?
-Con muchísima felicidad. La radio tuvo un impulso enorme después de convertirse en deportiva. Me respetan, disfruto el trabajo y además podemos hacer cosas como “El túnel del tiempo”, donde jugamos con los compañeros recordando partidos históricos. Eso también entretiene a la audiencia. También hago una dinámica en la que “le hablo” a los clubes cuando repaso las tablas y estadísticas. Hay que ir buscando cosas nuevas para sorprender e innovar.
-Julio César Gard fue también un referente en materia de información deportiva. ¿Tuviste vínculo con él?
-No fuimos amigos pero nos respetamos siempre. En cierto momento éramos competencia: él desde Radio Universal y yo en Sport 890. Me acuerdo que cuando falleció mi mamá, uno de los mensajes que recibí fue de Julio. Esas cosas a nivel personal se valoran. Lamenté mucho su fallecimiento; se fue muy joven.
-Trabajaste con grandes figuras de la radio deportiva uruguaya. ¿Qué te dejaron?
-Muchísimo. Rubén Casco, Julio Ríos, Alberto Sonsol, Jorge Da Silveira, Osvaldo Heber Lorenzo... aprendí de todos. Tuve la suerte de compartir micrófono con verdaderos referentes. Y ni hablar con Alberto Sonsol.
-¿Cuál es el dato que más orgullo te genera tener?
-No es uno solo. Me gusta encontrar esas historias que nadie recuerda: la última vez que jugaron padre e hijo, un arquero que hizo un gol de arco a arco, un futbolista que convirtió dos goles en contra en el mismo partido o cuándo se rompió un arco en pleno encuentro y hubo que terminar el partido días después. Esas pequeñas historias son las que hacen diferente una transmisión.
-Hubo etapas sin trabajo, ¿nunca pensaste en dejar la profesión?
-Alguna vez, cuando pasé malos momentos o cuando tuve desencuentros con algún compañero, sí. Pero después me di cuenta de que esto es mi vida. Siempre me gustó hacer este trabajo.
-Recientemente hubo un cambio en las transmisiones radiales que también van con imagen en streaming, ¿cuánto cambió para vos?
-Es un cambio. Ahora la gente conoce más mi rostro. El comentario que más recibo es “te imaginaba diferente”. La radio tiene esa magia de que el oyente, a partir de la voz, se hace una composición del comunicador que por lo general es totalmente distinta a la real.
-Después de casi medio siglo de carrera, ¿qué sentís cuando te sentás frente al micrófono?
-Sigo sintiendo la misma responsabilidad que el primer día. Porque detrás de cada dato hay horas de trabajo y porque el respeto se gana todos los fines de semana. Hoy tengo un nombre dentro del periodismo deportivo, pero eso no se consigue de un día para otro. Se consigue con trabajo, con seriedad y con una pasión enorme por lo que uno hace.