La palabra reinvención no está en el diccionario de María Gomensoro (51). La comunicadora y una de las exconductoras del exitoso Consentidas (Canal 10) prefiere hablar de su etapa lejos de los medios y cerca de la jardinería como un nuevo despertar. Sucedió a partir de su salida de Radio Carve en marzo de 2020. La emisora decidió levantar el periodístico Recalculando la semana en que se decretó la pandemia y fue un mazazo inesperado. Gomensoro, que es amante de la historia, lo compara con haber sido bajada del barco antes del Desembarco de Normandía. Lloró durante 24 horas e incluso ofreció hacer el programa sin cobrar, pero el resto del equipo no podía darse ese lujo.
Así, lejos de la vorágine y mientras escuchaba podcasts de Marian Rojas Estapé y Tim Ferriss, empezó a encontrarse con ella misma y a vibrar con las plantas, una pasión que su madre le había inculcado, aunque ella jamás había conectado, hasta que Maca, una amiga paisajista, le dijo: “Tu madre se muere de vuelta si ve cómo tenés el jardín”. La mandó al vivero con una lista y floreció otra vida para ella.
Es inquieta por definición. Estudió diseño de interiores y terminó en los medios de la forma más insólita. Fue a buscar las fotos de su casamiento a Sacco Producciones, le preguntaron si quería hacer una prueba de cámara para Estilo (Canal 10), les contestó que no hacía eso, pero, de atrevida, probó. Y desde hace 25 años la comunicación se convirtió en su oficio.
A principios de 2020, después de conducir Consentidas durante 13 años, decidió dar un paso al costado porque sintió que había cumplido un ciclo. Siguió con Recalculando hasta que Radio Carve lo levantó el 20 de marzo y la invadió un vacío y una impotencia inmensa.
“Sentí la vulnerabilidad real de que no cortás ni pinchás en el medio. Sos una unipersonal y hay que rever eso. Se deciden muchas trayectorias por un focus group y queda afuera gente con mucho para dar”, asegura.
En junio de 2020 apareció la posibilidad de conducir Poderosas, un ciclo de entrevistas por Canal 5 que duró un semestre, y mientras las preparaba y armaba unos vivos de Instagram los domingos a la noche para ayudar a emprendedores de distintos perfiles en un momento cuesta arriba, la jardinería se convirtió en su compañía.
La pandemia por COVID-19 potenció el modo introspectivo y el trabajo personal. En María Gomensoro, la naturaleza jugó ese rol y la llevó, sin querer, a esa niñez rodeada de verdes y plantas, gracias a que su madre había fomentado esa pasión en su casa.
“Ella, al igual que mis sobrinas y mis hermanas —una es paisajista— son grandes jardineras y las plantas estaban en mi vida, aunque nunca les di pelota. Teníamos una bañera con plantas acuáticas en el jardín y en verano mi madre las sacaba y la usábamos como piscina”, recrea entre risas.
Recuerda con especial cariño el vivero donde su madre hacía experimentos, y cuenta que lo rescató de la casa de uno de sus hermanos, y hoy es lo más preciado de su jardín: “Ahí tengo toda la propagación, saco 2500 plantas por temporada”.
Algo se marchitó antes de este florecer. Cuando Gomensoro se enteró de que estaba afuera de la radio la invadió un dolor inmenso, pero el bajón le duró 24 horas y recuperó rápido la mirada optimista que la caracteriza. “Es mi forma de ser. No me gusta perder el tiempo y en pandemia mi gran fortaleza era que tenía la libertad de poder pagar las cuentas”, reconoce.
Consciente de su privilegio, intentó ayudar como podía: puso sus redes sociales al servicio de diversos emprendedores y fomentó el networking. En ese camino y lejos del ruido de los medios, empezó a conectar con las plantas.
En ese descubrimiento tuvo mucho que ver su amiga Maca, que le recordó lo mal que le hubiera hecho a su madre ver su jardín en ese estado deplorable y la mandó al vivero con una lista llena de nombres desconocidos para ella.
“Así empezó a tomar forma mi jardín, que era un horror. Cada vez que lo miro hoy digo: ‘No sé cómo fue que pasó todo’”, comenta.
Otra amiga le sugirió que empezara la tecnicatura de paisajista y a los 48 años decidió anotarse en la ORT. Se recibió y ahora se inscribió en la Licenciatura en Gestión Ambiental del CURE.
Hoy está al frente del estudio Livaut Paisajismo —junto a sus socios Maite Vázquez, Valentina Valin y Joaquín González—, con proyectos en Argentina y Uruguay y un abordaje donde la sustentabilidad ocupa un lugar central.
A pesar de que cada tanto la visita el síndrome del impostor, también da talleres online y en su casa para transmitir su pasión y contagiar a otros. “Encuentro mucha paz y la plenitud absoluta en mi jardín”, dice.
A continuación, parte de la charla que María Gomensoro mantuvo con Sábado Show para contar cómo el paisajismo se convirtió en su profesión y por qué no quiere regresar a los medios.
—La tecnicatura te la sugirió una amiga, ¿no lo habías pensado antes?
—No, yo estaba en mis plantitas y buscándole la vuelta para ver si volvía a los medios y cómo lo hacía. Me acercaban propuestas, pero no iba a conducir ningún programa de entretenimiento porque ya había hecho el mejor, para mí, que fue Consentidas.
—¿Entonces extrañabas?
—No extrañaba, pero sabía que si iba a volver, tenía que ser con algo que me alimentara. Empecé a trabajar con empresas que me llamaban para hacer entrevistas puntuales en eventos y me fascinaba.
—¿Cerraste la puerta de los medios?
—Cerré los medios. Sigo siendo comunicadora y comunico la jardinería como plataforma para mis colegas paisajistas y mi propia empresa.
—¿El jardín se convirtió en tu terapia también?
—Es una terapia de silencio donde estás meditando permanentemente. Es el mindfulness a millón. Y nos pone en perspectiva. En primavera ves el fruto de ese proceso diario y no te podés dar el crédito. Es la naturaleza. No podés ser tan soberbio. Tengo un jardinero que amo, pero paso ocho horas ahí afuera y lo hago con una sonrisa, a pesar del frío.
—¿Cómo surgió la idea de dar talleres?
—Lo que pasó fue genial. Me llamó el marido de una gurisa de 27 años que era su cumpleaños y quería que yo le diera clases porque le encanta cómo explico. Científicamente seguro me falta, pero bajo la máxima de que lo que sé lo comparto y lo que no sé, lo pregunto, le armé las clases. Me empezaron a llamar particulares y así arrancó. Una vez por mes hago tres talleres online y se junta mucha comunidad argentina. Hace poco me paró un matrimonio de veteranos en San Telmo para mostrarme cómo le había quedado su jardín.
—Compartís esta pasión y profesión con Loli Ponce de León, que además es compañera tuya de hockey en Viejas las Pelotas, ¿no?
—Ahora ella está en una categoría mejor porque es más chica. Loli es un referente en paisajismo. Tiene 25 años de trayectoria, yo soy una recién llegada, pero feliz porque hace seis años abrimos la empresa y nos está yendo muy bien.
—¿Has asesorado a famosos?
—Tengo una lista de famosos que me preguntan. Le debo visitas a Rafa Cotelo, que le encantan las plantas, y a Lourdes Ferro.
—Estuviste visitando jardines en Inglaterra y mezclaste tu pasión por el paisajismo y la historia. ¿Cómo fue la experiencia?
—Tenía una platita guardada y era un viaje que moría por hacer. Me fui en una excursión de Clarita Billoch, una famosa paisajista argentina. Recorrimos jardines de paisajistas destacados, como Tom Stuart-Smith, que tiene un proyecto alucinante con su mujer. Vimos muchos jardines que son patrimonio y me voló la cabeza.
—¿Fue la mejor decisión que tomaste este cambio de rumbo y ponerte a estudiar a los 48?
—Sí. Hoy tengo el tiempo, la paz, la madurez y la capacidad. Capaz que me cuesta más incorporar conceptos nuevos, pero lo disfruto de una manera mucho más linda. Lo mejor es que siempre tenés un propósito.
—¿Extrañás los medios? ¿Te dan ganas de volver en algún momento?
—Cuando trabajaba en los medios siempre entrevistaba a personas que hacían cosas y pensaba: “Quiero estar siendo parte de algo”, porque soy curiosa. En 2017 me anoté en Facultad de Relaciones Internacionales y no la pude seguir porque arranqué la radio. Extraño la radio, la conversa y Recalculando. Cada tanto me viene nostalgia. Si me llamaran, me gustaría que fuera para hacer un formato como Gardeners’ World, de la BBC. Te puedo asegurar que si metemos un programa de jardinería nos iría brutal. Me paran desde rockeros hasta políticos para preguntarme sobre las plantitas.
—Siempre hablás de agradecer y soñar a diario. Hoy, ¿qué te desvela?
—Mi sueño es poner mi oficio, que es la comunicación, al servicio y educar a la opinión pública sobre temas que nos atraviesan a todos: la ecología, la sustentabilidad, el desarrollo urbano, la gestión ambiental y el cambio climático. Hay un desconocimiento y una desvalorización muy grande de nuestros biomas y ecosistemas y de por qué hay que cuidarlos. Salimos a criticar cuando viene la pelusa del plátano. Ahí nos acordamos todos del arbolado público.
—¿Hoy, en tu jardín, te sentís más a gusto que en los medios?
—Sí, porque soy dueña de mi tiempo y con casi 52 años valoro tener tiempo para mí, poder decidir sobre mi imagen, con quién me quiero asociar y con quién no. Eso no lo negocio más. En su momento me sirvió y lo valoro muchísimo porque aprendí: Estilo fue mi escuela, Consentidas mi máster y Recalculando el PHD. Pero no extraño como para volver. Es un capítulo que se cerró feliz.