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Hugo Soca habla por primera vez de su transformación física y confiesa: "Llegué a pesar 140 kilos"

El chef, conductor de Canal 4 en "De la tierra al plato" y jurado de "Bake Off", habla de su cambio, de lo complicado que le resulta encontrar pareja y por qué no hace publicidad a ciertas marcas.

Hugo Soca.
Hugo Soca.
Foto: Leonado Mainé.

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No pasó desapercibido el cambio físico del chef Hugo Soca, quien ha mostrado sus trabajados biceps y su transformación a través de sus redes sociales. Sus seguidores han convertido en tendencia al cocinero, conductor de los ciclos de Canal 4 De la tierra al Plato, Recomiendo y jurado de Bake Off Uruguay. Soca le dice a Sábado Show que su metamofosis comenzó con un cambio de alimentación cuando se vio frente al espejo pesando 140 kilos.

Igualmente el chef también aconseja: “Cuando se empieza con este cambio de alimentación, no hay que verlo como un sacrificio o como el fin del mundo”, y agrega que tiene sus días y momentos permitidos para darse un gusto, puede ser un alfajor, tomar vino o comer una milanesa. “Tratemos y busquemos la forma de estar bien, física pero también emocionalmente, porque las emociones te pueden jugar en contra en la vida”, dice el chef de 48 años que está en su mejor momento físico. De su cambio, el estar soltero y las redes sociales, habló Soca con Sábado Show.

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“Es la primera vez que hablo libremente de este cambio”, dice el chef Hugo Soca, quien entiende que es un año en el que se siente realizado. “Me siento muy bien pese a que me pasaron cosas este año como el fallecimiento de mi hermana. Fui estafado, tuve un desgarro en la cintura, pero ya pasó todo. En la vida pasan cosas, lo bueno es saber rescatar algo, que te deje un aprendizaje”.

Hugo Soca.
Hugo Soca.
Foto: Leonardo Mainé.

—¿Cuándo entendiste que todo deja una enseñanza?
—Aprendí mucho cuando falleció mi padre. Tenía 15 años y al otro día nos teníamos que despertar temprano con mi madre para cosechar las verduras para vender el domingo en la feria. Ahí aprendí que mi padre se había muerto y nunca le había dicho: te quiero. Aprendí que hay que decir “te quiero”, y a mis seres queridos, familia y amigos siempre se los digo. Es muy importante, para el que lo escucha y para el que lo dice, porque me quedó eso de nunca habérselo dicho a mi padre. Y después que la persona murió ya no lo podés solucionar. Por eso con mi madre no quedaron pendientes, y eso es algo muy lindo. Tenemos que decir las cosas, porque eso nos ayuda a estar bien. Hay que decir las cosas, las lindas y las otras. De todo hay que sacar lo negativo y quedarnos con lo positivo, con esa enseñanza que te da el impulso para generar nuevas cosas.

—Has tenido una transformación física en los últimos meses. ¿Cuál era tu relación con la comida?
—Siempre tuve una alimentación saludable. En mi crianza, en el medio rural, comía verduras, carne, pollo, pasta, que es lo que hoy hago y comunico en gastronomía: comer sano, saludable y casero. Desde adolescente tuve una tendencia a engordar, pero en el campo la actividad rural te hacía estar todo el día trabajando y no engordaba. Nunca me gustó el ejercicio y como muchos me anotaba en el gimnasio y después no iba nunca. A los 30 años, cuando empiezo con mi emprendimiento Sucré Salé, también empecé con la vida en pareja, y uno a veces se deja estar. Trabajaba 16 horas por día y no me cuidaba con la alimentación, comía cualquier cosa. Era comida casera, pero me podía mandar dos platos de cazuela de mondongo de noche con pan y vino. Mucho desorden alimenticio. El que seas cocinero no quiere decir que sepas comer, son dos cosas diferentes porque uno no es nutricionista. Y cuando tenía 36 años pesaba casi 140 kilos.

—¿Te pasó algo para que quieras cambiar?
—Un día, no me olvido más, era setiembre, hacía calor y tenía que ir a la Expo Prado, me quería poner una remera y ninguna me quedaba. Una camisa XL y me apretaba, la única que me quedaba era XXL, y me dije: esto no puede ser. Me estaba haciendo mal, no solo físico, también emocionalmente. Además, los valores estaban desastrosos. Tenía sedentarismo porque solo me dedicaba a trabajar y a no pensar en mí. Eso es muy importante: tenemos que pensar en nosotros ante todo, porque si no estás bien, el resto de las cosas no van a estar bien, nunca.

Hugo Soca.
Hugo Soca.
Foto: Leonardo Mainé.

—¿Y qué hiciste?
—Soy de la idea de buscar opciones adecuadas para cada uno. A veces preguntamos a conocidos o amigos cómo adelgazaron, pero esa receta no siempre se adapta a uno, porque todos somos distintos. Sino empezamos una dieta sin consultar a nadie, o nos matamos varias horas en el gimnasio, y al tercer día nos duele la cabeza, nos sentimos mal, y duele todo el cuerpo, porque nos destrozamos. Algo que no lo corregimos en cinco años, lo queremos hacer en tres días. Lo mejor es que cada uno busque un especialista, o al menos empiece a interiorizarse. Lo primero es conocerse a uno mismo, qué quiero cambiar de mí, qué no me gusta de mí. Algo importante es mirarse al espejo y decir qué no te gusta para poderlo cambiar.

—¿Hiciste ese ejercicio frente al espejo, qué te decías?
—Me miraba sin camisa y la enorme panza con rollos no la quería tener más. Entonces empecé a buscar alternativas para empezar porque encima en ese local hacía cocina francesa que es una bomba, pesadísima. Sabía que el ejercicio no era la opción para poner en primer lugar, y me dije de poner lo que me gusta por delante, la cocina. Empecé a estudiar cocina vegana con una profesora taiwanesa que me ayudó muchísimo, y en cuestión de cuatro o cinco meses, de los 140 bajé a 85 kilos. De a poco me empecé a amigar conmigo mismo, empecé a sustituir la manteca por el aceite, los lácteos por otro tipo de elaboraciones, y eso me ayudó muchísimo. De a poco empecé con el ejercicio y ahí me encaminé. Parece increíble, pero después de los 40 años empecé a amigarme conmigo mismo y a quererme. Muchas personas ponen a sus hijos, el trabajo o su pareja antes que ellos. ¿Y en qué lugar te estás poniendo? Porque en tus prioridades, vos tenés que estar en el primer lugar. No es ser egoísta, pero para que todo lo demás funcione bien, tenés que estar por encima.

—Has tenido un cambio notorio de físico. ¿Qué te dice la gente?
—Hay gente que me dice que no entrene más porque ya estoy bien así, pero soy yo el que tiene que decidirlo. Eso ocurre porque soy una persona pública y la gente opina mucho de uno, y te dicen no te pongas tal color, no hagas tal cosa o tal otra. Cada uno tiene que decidir sobre uno, y si te hace feliz, bienvenido sea. Así me di cuenta que amando el ejercicio podía tener grandes resultados. Busqué un gimnasio cómodo, que me quede cerca de casa, que no tenga que ir con el bolso o tomarme una locomoción, porque no manejo. Sino iba a terminar abandonando, porque muchas veces, como todos, me anoté a un gimnasio y fui una vez al mes. ¿Quién no lo hizo? Ahora voy de lunes a sábado y no puedo no ir, lo necesito. Es comenzar el día para arriba, y no me molesta cuando suena el despertador a las seis y media de la mañana para ir al gimnasio. Cero drama.

Hugo Soca.
Hugo Soca.
Foto: Leonardo Mainé.

—¿Cómo hacés con las comidas?
—Para eso he tenido profesionales que me han ido asesorando, pero antes de ir a profesionales veía muchas páginas en Internet y cuentas en redes sociales. Hoy tengo 48 años, y cuando te acercás a los 50 hay una palabra que tiene que ponerse en práctica: la consciencia. Ser conscientes de que tenemos que empezar a cuidar esta infraestructura, nuestro cuerpo, porque con la edad se empieza a debilitar. Los cimientos ya no están como a los 20. No es ser dramático, es entender que si ya promedias los 50, hay que empezar a elegir qué comemos y qué hacemos para una linda vejez.

—También hay que elegir qué comer, porque no todo es sano.
—Sí, yo no como enlatados, alimentos procesados, panes embolsados, ni tomo gaseosas, y soy fiel a eso. Es el estilo de vida que elegí y que comunico. Me han llamado marcas de gaseosas, embutidos, panes, enlatados, ultraprocesados, para hacer campañas nacionales, y a todos les dije que no. Hoy estoy hablando de mi cuerpo y contando que se puede lograr, que podemos vernos y sentirnos bien y muchas veces los comunicadores somos referentes y tenemos que dar el ejemplo. Y si muestro en mis programas, libros y restaurante el come sano, casero y saludable, ¿cómo puedo salir en redes o en la vía pública tomando gaseosas o comiendo un embutido? No se puede, porque pasaría a ser una persona que le miente a la gente. En mi restaurante no trabajo con gaseosas, tengo aguas saborizadas cien por ciento naturales y sin azúcar. No tengo necesidad de tener ese otro tipo de productos. Con el estilo de vida que tengo puedo ayudar a muchas personas a empezar un cambio en su vida para que se miren al espejo y digan: me acepto como estoy, pero esto y esto no me gusta y voy por ese cambio.

—Hablabas de las campañas que rechazaste, ¿cuánto te ofrecían?
—Me ofrecían mucho dinero, pero las rechacé. Me sentiría falso si aceptara esas propuestas. Imaginate que mañana salís a la calle y me ves tomando una gaseosa, o usando calditos, no. Prefiero seguir por este camino que, no haré la misma plata, pero no todo pasa por ahí sino por lo que le dejás a la gente.

—Esa filosofía de cocina casera y de estación está en tus libros, programas de televisión o en tu restaurante.
—Sí, y cuando estaba en la radio hablaba de lo mismo. Lo bueno es que veo la respuesta de la gente, y es positiva. Me escriben todos los días, y dejan mensajes hermosos. Entiendo que todos tenemos que vivir y tener un ingreso, pero a veces quien comunica no se da cuenta de la publicidad engañosa que le da a la gente, porque muchos piensan que uno está tomando o comiendo tal cosa. Peor es la gente que hace esas campañas y no consume esos productos. Eso me parece fatal. Pero si todos ponemos un poquito, se pueden lograr cambios en las personas. Por eso digo que uno no tiene que tener vergüenza de uno estar obeso, rellenito, pero si no te sentís bien, buscá ayuda.

Hugo Soca.
Hugo Soca.
Foto: Leonardo Mainé.

—¿Alguna vez sentiste vergüenza de vos mismo?
—Sí, supe tener vergüenza de mí mismo cuando pesaba mucho. Me daba vergüenza que me inviten a una fiesta y no tener un traje para ponerme. Lo mismo el ir a la playa y sacarme la remera, y eso creo que lo vive muchísima gente. Me daba vergüenza porque me veía tan gigante, enorme, que no me aceptaba, y eso me hacía mal. Si hoy otra vez estuviese pesando 140 kilos, no sería feliz. No es que me importe el qué dirán, me importo yo. Creo que cada uno se tiene que mirar hacia adentro y conocerse. Muchas veces, la gente no se anima a mirarse ni a enfrentar lo que le hace mal, que puede ser sobrepeso, trabajar en algo que no les gusta, o estar en una relación que no es saludable. Yo selecciono las personas que están en mi vida, las elijo muy bien porque me he sentido defraudado por muchas personas, amistades que consideraba de verdad que hablaban por atrás o no eran sinceros. Aprendí a hacer limpieza, por eso hoy elijo con quién comparto cada momento de mi vida. Eso me hace mucho bien, de verdad.

—Siendo una persona pública desde hace tanto tiempo, ¿es difícil conocer a alguien y tener una relación?
—Desde octubre estoy soltero, abierto a conocer gente pero no es fácil. Podés escribirle a alguien, pero no sabés del otro lado qué puede pasar, y sobre todo porque no todo el mundo se anima a salir con alguien público. Eso es real. Esa es mi vida. En la calle soy de saludar porque agradezco ser una persona querida y aceptada por la gente. Entonces, para estar con alguien, tiene que ser un hombre con mucha actitud y personalidad, y ahí te das cuenta que no hay tantos como uno imagina. Arrugan, achican, y no todos tienen el valor de decirte: vamos a tomar algo, porque a cada lado que entrás todo el mundo mira para ver con quién entro. También pasa que otras personas te ven como alguien inalcanzable y piensan: qué me va a dar bola a mí, o yo soy un simple profesional. Eso pasa mucho también, el sentirse inferior. Hay personas que se crean un Instagram falso para escribirme porque no se animan. Me dicen que se mueren por conocerme, pero no se animan a escribirme desde sus perfiles reales, y así seguimos soltero. Igual te puedo decir que soy un tipo feliz. Me siento pleno, y por eso le quiero transmitir toda esta buena vibra. No voy a decir que mi fórmula es la mejor, pero a mí me funcionó, y me gusta compartir todo lo que me sucede porque a mucha gente la puedo ayudar.

—¿Cómo te manejás con las redes sociales?
—En mi Instagram contesto todo yo, pueden consultar porque respondo. A veces me pongo lo hago de madrugada y mando mensajes, y saludos cuando me piden por un cumpleaños. Es que yo era un chico del campo que iba a la escuela a caballo, criado en un rancho de barro, y hoy logré mucho. Siento que todo lo que tengo hoy es por gente que me apoya en cada cosa que hago. Por eso tengo que devolver. Sería egoísta si no devuelvo ese cariño. Si todos hiciéramos un poquito de eso, no sería tan difícil todo.

Hugo Soca.
Hugo Soca.
Foto: Leonado Mainé.

—Ahora con esta nueva vida de entrenamiento, ¿se viene un programa como “Entrenando con Hugo”?
—Algo puede venir. Algo vinculado con el bienestar, salud, cocina, unir todo esto, va a venir algo. Todos llegamos a la vida con una misión, y en mi caso, mi misión es ayudar a que la gente esté bien y le vaya bien. Me da placer y me hace bien ayudar con todo lo que pueda, ya sea en los libros, programas de televisión, me hace bien.

—Publicas algo en Instagram y tenés miles de reacciones y visualizaciones. ¿Cuándo empezó este furor?
—No sé, pero a cada historia o feed le pongo un texto porque entiendo que cuando publicamos algo tiene que tener contenido. Y cuando publico algo es porque lo siento, no subo cosas al santo botón, ni hago 300 historias porque me parece innecesario. Lo mismo cuando voy a un café y publico algo. Lo recomiendo para que la gente sepa que ahí se toma un buen café, y pago la cuenta. Yo pago en todos lados, a veces me invitan pero no me gusta porque para mí pagar un café y un sandwich no me cambia, pero a ese local que acaba de abrir sí le hace a la diferencia.

Agradecimientos
Dra: Sylvana Caporale.
Dra: Andrea Gianni Dentalrestyling.
Nutricionista Deportiva: Florencia Pino.
Vestimenta: Admit One.

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