Hernán Casciari: su vínculo con Uruguay, por qué no piensa en el lector al escribir y su espectáculo en Enjoy

El escritor argentino Hernán Casciari se presenta el 16 de febrero en Enjoy Punta del Este con "Puro cuento", donde las historias no se repiten y cada noche es distinta.

Hernan Casciari
Nota a Hernan Casciari, escritor, editor y creador de contenidos argentino, en el Club Uruguay de Montevideo, ND 20240724, foto Estefania Leal - Archivo El Pais
Estefania Leal/Archivo El Pais

Hernán Casciari no escribe para el silencio. Desde hace un tiempo encontró en la lectura en voz alta una nueva forma de narrar: más física e inmediata, más compartida. Sigue siendo uno de los grandes autores en español que sube a escena sin guion fijo y deja que las historias respiren según el lugar, el ánimo y el público. Antes de presentarse el 16 de febrero en Enjoy Punta del Este con Puro cuento, Casciari habla sobre su vínculo con Uruguay, el poder de las historias y por qué, después de todo, contar en vivo es lo que más le gusta hacer.

“Estoy en mi casa, en San Antonio de Areco, preparándome para ir a Punta del Este. Voy a pasar cuatro o cinco días con la familia. Así que estoy preparando, más que el show, estos días de vacaciones. Tenemos muchas ganas de ir por allá”, dice el argentino Hernán Casciari, que se presenta el 16 de febrero en Enjoy Punta del Este con Puro cuento. Las entradas están disponibles en suticket.com.

Se trata de un espectáculo que durante un tiempo realizó en Sala Camacuá. “Frené un poquito el año pasado porque estuve saliendo menos, pero hacía los últimos miércoles de cada mes en la Camacuá con Puro cuento, que me encantó”, comenta.

El espectáculo no tiene repertorio fijo: las historias cambian según su estado de ánimo. “Voy contando cosas, así que va variando todo el tiempo y eso me divierte mucho”, dice. “En Buenos Aires lo hago cada semana y la paso genial”.

A Punta del Este llegará acompañado por Julieta y Pipa, su pareja e hija. “Cuando está mi hija, suelo hacer cuentos que le gustan mucho a ella; y cuando estoy en Uruguay, hago historias vinculadas con mi relación con el país. Depende mucho de dónde esté y de lo que tenga ganas de contar”.

Hernan Casciari
Hernán Casciari. Foto: Archivo.
Estefania Leal/Archivo El Pais

—¿En qué momento te diste cuenta de que contar cuentos en vivo ya no era un experimento, sino una parte central de tu trabajo?
—Me pasó hace unos diez años, cuando tuve que dejar de fumar por un problema cardíaco. Al dejar el cigarrillo me resultó muy difícil escribir; de hecho, dejé de hacerlo. Con el diario del lunes creo que mi cerebro buscó otra forma de creatividad. Empecé leyendo en voz alta textos que había escrito: primero en la radio, después en teatros, más tarde en televisión y en salas más grandes. Y empezó a funcionar. No lo busqué, pero hoy no me imagino mi vida sin hacerlo. No puedo estar una semana sin leer cuentos en algún lado. Al principio fue una especie de sustituto de la escritura, pero terminó siendo algo mucho más importante.

—Hay cuentos que funcionan mejor leídos y otros que, dichos en voz alta, ganan fuerza.
—Son dos mundos distintos. La lectura silenciosa depende mucho de cuánto sabe leer el otro. Hay muchísima gente que no tiene el hábito cotidiano de la lectura, que lee a trompicones, no entiende un punto y coma o se aburre. En cambio, la lectura en voz alta depende de quien la hace. Si uno tiene cierta pericia, el texto puede funcionar incluso mejor.

—¿Qué tiene el vivo que la escritura en soledad no te da?
—A mí la escritura nunca me convocó en soledad. Empecé con un blog: publicaba e inmediatamente había respuesta. Al principio eran 60 personas; después 150, 2000. Siempre hubo alguien del otro lado comentando. No soy un escritor del siglo XX que mandaba el manuscrito a una editorial y esperaba meses. Nunca viví eso. Por eso encuentro mucha relación entre escribir en internet o en vivo y subirme a un escenario. Son primos hermanos.

Hernán Casciari. Foto: Gaspar Kunis.

—¿Sentís que el público hoy llega más impaciente o más necesitado de escuchar historias?
—La gente siempre necesita que le cuenten historias. Lo que pasa es que ahora hay muchísimas maneras de recibirlas. No es solo comprar un libro como en 1930. Hay formatos veloces, ansiosos, llenos de dopamina, y otros más lentos y tradicionales. Cada uno elige según su estado de ánimo y su contexto. Algunos narradores miran con recelo las redes sociales o la fragmentación, pero para mí son nuevas formas de contar.

—En definitiva, siempre se trata de contar una historia.
—Exacto. Cambian los formatos, pero la esencia es la misma. Somos otros respecto a principios del siglo XX y también cambiaron nuestras formas de consumir ocio.

—¿Hoy escribís pensando en el escenario o seguís pensando en el cuento que después se traslada al vivo?
—Ya no pienso en un lector silencioso, sentado en un sillón con un coñac un domingo a la tarde. Ese lector no soy yo. Mi lector está vivo: escucha radio, está en un teatro, me oye a mí. Entonces, cuando pienso una historia, ya imagino la entonación, los silencios, los matices de la voz. Escribo para mi propio cuerpo.

—¿Qué te resulta más difícil: empezar o terminar un cuento?
—Para mí el cuento es el envoltorio de algo que ocurre adentro. A veces lo importante está al principio, otras en el medio o al final. Lo que me interesa es que, en un momento, al otro le pase algo muy particular, algo que me pasa a mí cuando recuerdo esa escena. Para que eso funcione, necesito envolverlo con contexto. Cuando el contexto es el adecuado, el cuento está listo. No me obsesiona el principio o el final, sino ese instante en que el otro se ríe o se emociona. El cuento es como el jamón que envuelve la pastilla que le das al perro para que no se dé cuenta de que está tomando una pastilla.

—En estas experiencias, ¿alguna vez ocurrió un momento incómodo?
—Nunca. Sí hubo dos o tres cuentos con escenas sangrientas en los que alguien se desmayó. Y cuando relato el infarto y explico cómo funciona el corazón, alguna persona impresionable se descompensa. Pero no lo vivo como algo incómodo; son cosas que pueden pasar en una sala llena. Situaciones feas, no. Tampoco tengo el peso de la perfección. No es una obra de teatro donde si falla un engranaje se produce un bache. Soy un escritor contando historias. Nadie espera que sea perfecto, y eso me quita nervios.

—Qué frase: “nadie está esperando de mí la perfección”, cuando sos uno de los escritores más conocidos y respetados.
—Justamente por eso. Mi oficio es escribir. Nadie espera ver a un actor recitando un guion impecable. De hecho, cuando salgo digo: “Che, soy escritor”. Sé que estoy preparado para interpretar, pero me presento así y eso baja la presión. No siento que deba hacer algo perfecto, sino algo nuevo, divertido, con suerte inolvidable.

Hernán Casciari. Foto: Gaspar Kunis.

—¿Seguís creyendo que contar cuentos puede cambiarle el día o la cabeza a alguien?
—Estoy seguro. Es la esperanza de mi oficio. Sería como que un bombero no creyera que el agua apaga el fuego.

—¿Qué te gustaría que el público se lleve después del show?
—Lo más hermoso de ir a escuchar historias es ir con alguien más. Me encanta lo intergeneracional de mi público: hay gente grande, chicos, nenes. Esa mezcla permite que un padre comparta mis cuentos con un hijo de 12 años o que una madre y una hija, que quizá no tienen tanto en común, encuentren un punto de encuentro en las mismas historias. Eso es lo que más me gusta.

—Más allá del infarto en Uruguay, ¿hay algo del país que siempre te dispare historias?
—Uruguay me convoca desde muy chico y no sé bien por qué. Antes del infarto escribí un texto que se llama Justicia poética, donde hablo de esa fascinación desde los seis o siete años. Me sentía cercano a sus escritores y músicos sin haber ido nunca. Fui por primera vez a los 25. Era un lugar casi mitológico para mí. Después del infarto fantaseé con la idea de que tal vez sabía que iba a “nacer de vuelta” ahí. Pero la verdad es que no lo sé. Solo sé que siento un cariño muy especial por Uruguay, su música, su literatura y su fútbol.

—Después de producir películas y dirigir una revista como Orsai, ¿por qué seguís contando cuentos en vivo?
—Me lo pregunté varias veces y la respuesta es simple: es lo que más me gusta hacer. Estoy tratando de viajar menos y pasar más tiempo en casa, en el campo, lejos de Buenos Aires. Ya no tengo tantas ganas de recorrer el mundo como antes. Pero no quiero dejar de leer. Entonces decidí que los sábados la gente venga a verme a un restaurante histórico del pueblo. Quiero seguir contando historias. Cada vez que lo hago, reescribo un poco el texto, agrego un párrafo, lo mejoro. Es mi nueva manera de escribir ahora que no fumo. Es mi respiración. De todo lo que hago, probablemente lo último que deje sea leer en voz alta.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar