Esteban Queimada revela los motivos económicos y de "decepción con la gente" para el final de "Bajo la lupa"

El periodista cerró la cortina de su proyecto radial y ahora se enfoca en su página web, aunque no descarta volver a una emisora. "Genero opinión y eso sacude la modorra", asegura. Cuestiona duramente a Gustavo Salle ("Está payaseando") y a Nacho Álvarez ("personaje nefasto para el periodismo").

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Esteban Queimada.
Foto: Bajo la lupa.

Luego del final de Bajo la lupa en radio, en diciembre pasado, el periodista Esteban Queimada atraviesa una etapa de replanteo. Habla de razones económicas tras la pérdida de sponsors y de una “decepción” con parte de su audiencia, del impacto de la denuncia judicial que recibió por parte de Yessy López y de su mirada crítica sobre el sistema político y mediático uruguayo. Su voz se sigue escuchando a través de sus sitios web, y mientras consolida su plataforma digital no descarta regresar al mainstream. “Hay radios interesadas”, dijo.

-¿Por qué dejaste la radio con Bajo la lupa después de seis años?

-Hubo una combinación de factores. Por un lado, razones económicas concretas. Yo no recibía pauta estatal ni respaldo político. Cuando el programa salió del aire en radio, después de la etapa de la 30, pasó a un formato digital únicamente, con lo que perdí sponsors y llegada. Ese fue el primer golpe. El modelo comenzó a depender cada vez más directamente de la gente. Y ahí me encontré con una realidad: muchos te apoyan discursivamente, te dicen “pegá fuerte”, “decí lo que nadie dice”, pero cuando necesitás que se suscriban para mantener el micrófono prendido, se repliegan. El uruguayo es conservador en su consumo: prende la radio y quiere que esté todo servido. Si tiene que entrar a una web, registrarse y pagar una suscripción, ya no es lo mismo.

-¿Sentiste que hubo una decisión deliberada de reducir tu alcance?

-Sí. Quienes me sacaron de la radio sabían que me estaban recortando la llegada. No es lo mismo estar en el dial, con llegada masiva que en una plataforma digital donde la audiencia tiene que hacer un esfuerzo extra. Pero esto también es parte del juego. Si tu voz incomoda, el primer paso es correrte del espacio de mayor exposición. Yo lo asumí así y decidí reinventarme. Hoy estoy enfocado en bajolalupa.uy, con contenido exclusivo para suscriptores. Hacemos informes y cada tanto publicamos en formato podcast para que la gente esté en contacto con mi voz. Y no descarto volver a la radio.

-Hablaste de “decepción” con parte de la audiencia. ¿A qué te referís?

-A que hay una incoherencia. La gente paga impuestos que financian medios públicos y pauta oficial en medios privados, muchas veces para periodistas que ni siquiera les gustan. Pero cuando les pedís que sostengan de manera directa una voz que, dicen, representa sus ideas, se enojan. Me decían: “Esteban, no recibís plata del Estado, bárbaro”. Bueno, entonces si querés que siga, suscribite. Ahí apareció el enojo, la incomodidad. Igual hay un grupo de personas, los “luperos”, que sí entendieron y acompañan. No son fanáticos, son gente que valora el espacio y la honestidad del programa.

-¿Influyó en tu salida la denuncia por discriminación presentada por Yessy López?

-Influyó en el clima general. Porque no fue solo esa persona, sino que una fuerza política me señaló como racista y discriminador, todo lo que no soy. Perdí auspiciantes, pero no importa lo que yo o Bajo la lupa perdió. Creo que todos perdemos con casos así. Estoy formalizado por expresiones que utilicé en un contexto que tenía elementos de stand up, pero vivimos un momento de corrección política extrema. Hoy cualquier opinión fuerte puede ser judicializada. Eso genera miedo, autocensura y un clima apaciguador, de “no hagamos olas” o “no molestemos a nadie”. Todo lo que no debería ser el periodismo.

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Esteban Queimada.

-¿Sentís que se están achicando los espacios para voces disidentes?

-Sí. Hay una especie de pacto de no agresión en el periodismo. Programas que se presentan como periodísticos, pero no interpelan, no repreguntan, no incomodan. Antes había entrevistas duras en televisión, debates reales. Hoy veo formatos más “lavados”. Veo a periodistas que dan una información de una macana de este gobierno y enseguida aclaran que hace dos, tres o cinco años, con el anterior gobierno, pasó lo mismo o algo parecido. ¿Qué importa, macho? Lo importante es lo que pasa ahora. ¿Qué necesidad de aclarar que los otros hicieron lo mismo? Hay una necesidad de estar en el centro siempre, que nadie se moleste. Si los medios no dependieran tanto de la pauta oficial, quizás se verían obligados a ser más disruptivos para captar audiencia. Cuando el financiamiento depende del Estado, el incentivo para incomodar al poder se reduce.

-Tuviste un acercamiento a un sector libertario. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Me pidieron colaboración para difundir una plataforma. Después me invitaron a involucrarme más. Lo hablé con mi familia y decidí dar una mano, pero nunca fui libertario. De hecho, tengo diferencias profundas. Creo que el libertarianismo y el progresismo, en algunos puntos culturales, terminan coincidiendo. Coinciden en el wokismo. Si estos chicos therians se creen zorros, dejémoslos ser. Si aquel se falopea en la calle, dejalo así, es su vida. “No le hacen daño a nadie”, dicen los libertarios y los progresistas. No: le hace daño a su familia, a sus amigos, a sus vecinos. Hagamos algo. Yo me defino como conservador en ciertos valores, pero libre en el sentido de no estar atado a un dogma. No milito ningún “ismo”.

-¿Votás actualmente?

-No. Rompí la credencial. Sé que es polémico, pero no creo que el sistema funcione como una democracia plena. Las grandes decisiones están condicionadas por organismos internacionales, por líneas de crédito, por agendas que no necesariamente surgen de nuestra realidad. Eso no significa que quiera autoritarismo; significa que cuestiono el funcionamiento real del sistema. Se tienen que buscar soluciones nacionales a los problemas que realmente tenemos. Que nos importe el problema y no nos vendan la solución de afuera.

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Esteban Queimada.

-Contaste que organizaste asados con militantes de partidos tradicionales. ¿Qué surgió de esos encuentros?

-Ya van tres. Jóvenes y no tan jóvenes del Partido Nacional y del Partido Colorado que sienten que sus partidos no los representan. Hay una crisis de representatividad fuerte. Me preguntan qué hacer, cómo canalizar ese descontento. Yo no quiero fundar un partido ni liderar nada, pero sí abrir espacios de discusión cara a cara, sin virtualidad. Un fuego, carne, conversación. Eso genera otra dinámica, más honesta.

-¿Te representa alguien en la política actual?

-No.

-¿Gustavo Salle?

-No. Salle acomodó a la hija y no está haciendo absolutamente nada. Le mintió la gente; dijo que iba a enfrentar a la masonería toda, al sionismo y la cleptocorporatocracia, pero salió diputado y no hizo más nada. Está payaseando en el Palacio Legislativo. En lo único en que está trabajando es en mantener firme a su militancia a cambio de nada, de ningún avance real, para repetir los márgenes de votación. Si se llevó 800.000 dólares. Salle es el pez que limpia el fondo: el voto desencantado va para ahí, capitaliza un descontento general, pero no pasa nada con él. No me representa Salle de ninguna manera.

-¿Cómo ves el momento del país?

-Con problemas estructurales que no se discuten a fondo: salud mental en jóvenes, consumo problemático, baja natalidad, fuga de profesionales formados en la educación pública. Pagamos entre todos la formación de esos jóvenes y después se van porque no encuentran oportunidades en Uruguay. También hay problemas de seguridad y de identidad cultural que merecen debate sin miedo a ser estigmatizado y cancelado.

-¿Y en el periodismo alguien te representa?

-Respeto trabajos, aunque no coincida ideológicamente. Por ejemplo, Alfonso Lessa ha hecho investigaciones importantes. Con Federico Leicht tuve diferencias personales y políticas, pero reivindico su trabajo de campo y su producción. El periodismo necesita debate real, fricción. Si todos pensamos igual en pantalla, algo está mal.

-Has sido muy crítico con figuras del mainstream.

-Sí, porque veo incoherencias. Se burlaban del streaming cuando yo estaba ahí y ahora muchos migran a ese formato. No está mal reinventarse, al contrario, pero estaría bueno reconocer que el ecosistema cambió. El desafío del periodismo hoy es ordenar la sobreinformación, recuperar credibilidad y ofrecer profundidad en medio del consumo rápido.

-Nacho Álvarez tendrá su programa en streaming luego de su salida de Canal 4. ¿Qué te genera?

-Nada. Nacho Álvarez es un personaje nefasto para el periodismo, un payaso que vende noticias. Porque las cosas importantes que ha hecho no las hizo él, solo las puso al aire, las presentó en televisión. Es solo un presentador de informes que él no hace, él no investiga. Tiene un equipo de laburo que se rompe el culo y que no son famosos. Ahora para pelear en el stream lo veo generando reels indignado y puteando, cosa que él me criticaba a mí cuando estaba en la 30. Ahora lo escucho putear. Es nefasto para mí ese muchacho. Él va a pasar a al stream y yo, muy probablemente, voy a volver a la radio.

-¿Volverías al mainstream?

-Sí. Sé que hay radios evaluando opciones. Genero opinión y eso produce ruido. Pero el ruido también es necesario para sacudir la modorra. El periodismo se debe a la gente, no al poder político ni a la pauta oficial. Si regreso, será con el mismo espíritu: opinar, interpelar y asumir el costo de hacerlo.

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