El ilusionista que hace magia con objetos comunes y sorprendió a David Copperfield llega a Uruguay con "Nomad"

El argentino Adrián Lacroix se presenta el 20 de noviembre en el teatro El Galpón, también se presentará en Tarariras, y en el Hotel Argentino con su espectáculo de ilusionismo y mentalismo.

Adrian Lacroix en "Nomad".
Adrian Lacroix en "Nomad".
Foto: Difusión.

En sus redes sociales tiene videos con varios famosos, todos sorprendidos con los trucos del ilusionista Adrián Lacroix (dice que su verdadero apellido no puede ser pronunciado) que se presenta el 20 de noviembre en el teatro El Galpón (entradas por Redtickets) y continuará el 21 por Tarariras, en el Teatro Cine Rex, y el 22 el Hotel Argentino.

El ilusionista argentino llega por primera vez a Uruguay con Nomad, espectáculo que mezcla mentalismo, humor y reflexión. Dueño de un estilo minimalista, Lacroix convierte objetos comunes en experiencias imposibles y propone algo más que entretenimiento: una mirada cuasi filosófica sobre la ilusión, la percepción y la necesidad de creer.

De David Copperfield, sus inicios y Nomad, es esta charla.

—Empezaste hace tiempo, pero que en la pandemia pegaste un salto enorme, incluso actuando para David Copperfield. ¿Cómo fue eso?
—Sí, fue un momento de cambio total. Estábamos encerrados y empecé a notar que teníamos que crear nuevas formas de comunicarnos con el público. Diseñé ilusiones que funcionaban a través de la pantalla, que la gente podía vivir desde sus casas, con sus propias manos. Fue algo revolucionario. No inventé la rueda, pero adapté lo existente a una nueva realidad, y eso fue muy innovador.

—¿Cómo se crea un truco de magia pensado para la pantalla?
—Partís de lo que ya existe. Antes de las videollamadas había magia por radio, por televisión… Lo que yo hice fue combinar algunas ideas. La videollamada te permite una interacción nueva: la persona te ve, vos la ves, seguís instrucciones en vivo. Eso abre un abanico enorme de posibilidades. Antes era unilateral, ahora es recíproco, y eso cambia todo.

Adrian Lacroix.
Adrian Lacroix.
Foto: Difusión.

—Usás objetos cotidianos. Nada de cajas mágicas ni aparatos raros.
—Exactamente. Me gusta usar lo común, pero mi foco está más en el mentalismo, en adivinar pensamientos, predecir cosas. Cuanto menos se perciba el elemento “mágico”, mejor. Lo ideal es performer y público, conectados. Sin artificios.

—Contame de este espectáculo que venís a hacer, Nomad.
—El nombre está en inglés, pero viene de nómade. Lo creé mientras viajaba por Estados Unidos y Europa. Fui conociendo lugares y personas que me resultaron mágicos y de ahí surgieron los actos. En Nomad el público participa todo el tiempo, incluso bajo del escenario y me mezclo entre la gente. Cada número tiene una dinámica distinta.

—Siempre aclarás que sos ilusionista, no mago. ¿Cuál es la diferencia?
—Un mago sería alguien como Harry Potter: alguien que canaliza una fuerza divina o sobrenatural. Yo no creo en eso. Soy escéptico, pero creo en la experiencia mágica. Nuestra mente nos engaña, nos hace percibir cosas que no son reales. Ese es el terreno en el que trabajo.

—¿Y el mentalismo?
—También son ilusiones, solo que en vez de adivinar una carta, adivinás un nombre, un recuerdo, algo personal. Eso toca emociones distintas. No es lo mismo acertar un tres de bastos que el nombre de una tía querida. La gente lo vive de otra manera y muchos creen que hay algo psíquico o sobrenatural detrás, cuando en realidad son técnicas.

—Claro, es fácil confundirlo con lo paranormal.
—Exacto. Y hay personas que lo aprovechan. Porque cuando te mencionan algo emocional, bajás la guardia porque querés creer. Todos buscamos sentido, control, respuestas en medio del caos. Por eso es fácil caer en eso. Pero mi trabajo no es ese: yo uso el engaño para comunicar una verdad, como decía Picasso: el arte es una mentira que revela una verdad.

—¿Y cuál sería “tu verdad”?
—No hay una sola. Son mis verdades, mi forma de ver el mundo. No hago creer que tengo poderes psíquicos; propongo una representación, un juego teatral. Como ver El conjuro: te asustás, pero sabés que los monstruos no están.

Adrian Lacroix.
Adrian Lacroix.
Foto: Difusión.

—¿Cómo empezó tu relación con la magia?
—Por David Copperfield. Lo vi de chico y me fascinó. No tanto las grandes ilusiones como hacer desaparecer la Estatua de la Libertad, sino lo que hacía con objetos comunes: un billete, un lápiz, dos banditas elásticas. Me atraía convertir lo ordinario en algo extraordinario.

—¿Y empezaste solo, en casa?
—Sí. Encontré un libro de Martin Gardner, un matemático aficionado a la magia, que explicaba trucos basados en fórmulas. Empecé con eso, después con revistas, VHS, libros… Fui llenando la “caja de herramientas”.

—¿Cuánto te lleva crear un truco?
—Depende. A veces se te ocurre y sale de inmediato, otras veces tardás años. Hay ideas que duermen décadas hasta que un día se cruzan los cables y todo encaja. El proceso creativo no tiene reloj.

—¿Siempre supiste que ibas a dedicarte a esto?
—Sí. Nunca pensé en otra cosa. Toda mi familia creía que estaba loco, pero yo lo tenía clarísimo. Y cuando no hay plan B, las cosas se dan.

Adrián Lacroix dice que actuar ante David Copperfield se sintió como el cierre de un ciclo: “Una validación, aunque uno no debería buscarla. Pero a veces necesitás una señal. Si el tipo que me inspiró me dice ‘qué bueno lo que hacés’, entonces algo bien estoy haciendo. Este trabajo tiene más frustraciones de las que se ven, y que te digan algó así así te da un empujón”.

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