Daniela Bouret: del episodio con Maeso a su mirada crítica sobre la política: "Nos faltan relatos utópicos"

Daniela Bouret repasó su trayectoria y habló del episodio con Antonio Maeso en Buscadores. Aceptó sus disculpas y llamó a no naturalizar la violencia y a construir debates desde el respeto.

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Daniela Bouret.
Foto: DARWIN BORRELLI

Daniela Bouret repasa su trayectoria como historiadora y gestora cultural, sus casi 14 años en el Teatro Solís y su llegada a Buscadores. También reflexiona sobre el episodio con Antonio Maeso, quien renunció al programa tras preguntarle al aire si “no le pegaban para que se calle”. Bouret revela que aceptó sus disculpas y que estaba dispuesta a seguir trabajando con él, aunque advierte que lo ocurrido excedió lo personal y tocó una fibra social vinculada a la violencia de género.

Además, analiza la calidad del debate público, reivindica el respeto entre adversarios políticos, cuestiona los recortes en cultura y plantea la necesidad de discutir la desigualdad, la reforma del Estado y el futuro de Uruguay.

-Tu formación original es en Historia, pero luego tu carrera se volcó fuertemente hacia la gestión cultural. ¿Cómo se produjo ese pasaje?

-Mi disciplina de origen es la Historia. Hice la licenciatura y la maestría en Humanidades y esa fue mi primera caja de herramientas. Me gusta muchísimo investigar. Mientras estudiaba también trabajaba; fui secretaria, trabajé ocho horas durante mucho tiempo y estudiaba en los horarios que podía. Hubo un momento en que quedé sin trabajo y eso me permitió terminar algunas materias. El mismo año en que me recibí, publiqué mi primer libro, que fue prologado por Juan Oddone (padre del ministro Gabriel Oddone) y participé en una exposición sobre la mujer uruguaya del 900 en el Museo Blanes.

-¿Ahí apareció el vínculo con las artes escénicas?

-Sí. En aquella exposición trabajamos sobre Clara García de Zúñiga, que había sido propietaria de lo que hoy es el Museo Blanes, e incorporamos un monólogo interpretado por una actriz. Estamos hablando de 1997, cuando no era tan habitual pensar una exposición haciendo dialogar distintas experiencias estéticas en un espacio no tradicional para el teatro. El resultado fue muy bueno y surgió la posibilidad de hacer la obra completa. Yo dije: “Nunca produje una obra, pero si quieren lo intento”. La produjimos, ganó un Florencio y después nos llamaron para llevarla al Carrasco Lawn Tennis. Cuando llegamos, el gerente general me propuso dirigir la sala. Le dije: “Nunca dirigí una sala, pero, si quieren, podemos probar”. Probamos tres meses y me quedé cinco años. Así comenzó un camino que después me llevó al Teatro Solís.

-Y el Solís terminó siendo una parte fundamental de tu vida profesional.

-Sí, fueron casi 14 años y tengo como varias vidas dentro del Solís. Primero fui directora de Desarrollo Institucional y después gané el concurso para la Dirección General. Aprendí muchísimo, me equivoqué mucho también y conocí gente a la que quiero. Fue una responsabilidad enorme. Trabajamos en gestión, comunicación, patrimonio, investigación, documentación y desarrollo de públicos. Creamos el Centro de Investigación, Documentación y Difusión de las Artes Escénicas y pusimos en valor el archivo del teatro, que tenía materiales en condiciones muy complejas después de la reforma. Hicimos convenios con la Universidad, conseguimos cooperación internacional y desarrollamos investigaciones. Fue un proceso precioso.

-¿Cuál debería ser, a tu juicio, la función de un teatro público?

-Que las personas sepan, primero, que tienen derecho a estar ahí. Es una institución pública que sostenemos entre todos. Y después que puedan establecer una relación con lo que ocurre en escena. A mí no me preocupa inicialmente si alguien sabe si la obra es de Beckett o si identifica determinada estética. Eso podrá venir después o no. Lo importante es que algo de lo que ocurre en escena lo interpele, dialogue con su vida, con su manera de comprender la realidad. Ahí aparece una función muy importante de democratización de la cultura.

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Daniela Bouret.
Fotos: DARWIN BORRELLI

-Has sido crítica con algunas políticas culturales de la Intendencia de Montevideo, a pesar de identificarte políticamente con el Frente Amplio.

-Sí. Creo que uno puede ser frenteamplista desde la diferencia también. Hay cosas que se hacen bien y otras que hay que revisar. En cultura existe un problema: muchas veces las evaluaciones ciudadanas son buenas y, paradójicamente, eso puede hacer que sea un área más fácil de recortar porque nadie se va a encadenar si un año hay menos funciones o no hay determinada programación. Los espacios culturales necesitan infraestructura, necesitan reponer personas cuando hay funcionarios que se jubilan, fallecen o se van. Y muchas veces esos lugares quedan vacíos.

-¿Y la cultura está siendo afectada por los recortes?

-Sí, está pasando. Cuando una administración tiene que ordenar sus números, cultura puede transformarse en uno de los lugares donde resulta más sencillo ajustar. Y ahí tenemos que preguntarnos qué importancia le damos realmente. La ciudadanía no es solamente la que vota cada cinco años; también es la que exige condiciones para desarrollarse plenamente. Y si determinadas políticas de democratización cultural no las impulsa un gobierno de izquierda, yo me pregunto quién las va a impulsar.

-También planteás que faltan datos para diseñar políticas culturales.

-Totalmente. Si no tenemos datos, es muy difícil construir una política pública. Durante mucho tiempo la última encuesta nacional de consumos culturales disponible fue la de 2014. Ahora existe la intención de volver a trabajar sobre eso junto con la Universidad de la República, y me parece muy importante. Pero una encuesta de consumos culturales no puede aparecer cada diez años. Necesitamos estructuras que monitoreen permanentemente qué nos pasa como sociedad, qué hacemos realmente con nuestro tiempo, qué consumimos, cómo participamos.

-En 2020 apareció otro rol en tu carrera: el de panelista de Buscadores. ¿Cómo llegaste a los medios?

-Fue una invitación. Al principio iba fundamentalmente para hablar de temas culturales y después me pregunté cuál podía ser mi aporte. Yo no soy periodista y siempre lo digo: soy panelista. En el programa hay periodistas con muchísimo oficio y personas que conocen muy bien determinados temas. Pensé que mi contribución podía venir desde mi formación como historiadora y gestora cultural, tratando de problematizar algunos asuntos y ponerlos en perspectiva.

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Daniela Bouret.
DARWIN BORRELLI

-¿Te costó adaptarte a la dinámica televisiva?

-Fui aprendiendo. Me equivoqué, me di la cabeza contra la pared alguna vez y fui entendiendo por dónde podía aportar mejor. Hay temas en los que directamente no entro y otros en los que encuentro una forma de abordarlos desde mi formación. Muchas veces mi aporte es preguntarme qué relación tiene un acontecimiento actual con procesos históricos anteriores. El pasado tiene vigencia si nos ayuda a leer el presente.

-Pero Buscadores es también un programa donde suele haber confrontación. ¿Cómo te llevás con esa dinámica?

-Uno hace lo que puede en el momento. Después terminás el programa y pensás: “Podría haber dicho esto” o “podría haber contestado aquello”. Todos sabemos un poquito de algún segmento de la realidad y después existe la opinión. Pero un medio público tiene otro desafío. Llega a muchísimos hogares y tiene que pensar protocolos, formas de compartir y maneras de debatir. Para mí no vale todo. En el fragor de una discusión uno puede pisar al otro, equivocarse o decir algo que no era exactamente lo que quería decir, pero siempre debería existir una voluntad de construir.

-¿Qué te deja el episodio reciente con Antonio Maeso?

-Fue un episodio muy triste. Hablé con Antonio, sé que lo está pasando mal y, a nivel personal, él me pidió disculpas. Hablamos y para mí eso reparó nuestro vínculo personal. Pero después existe otra dimensión. Hay legislación, estamos hablando de violencia de género y además ocurrió en un canal público. Eso excede lo que pueda pasar entre Antonio y yo.

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Daniela Bouret y Antonio Maeso.

Captura: Buscadores.

-¿Por qué sentís que el episodio tuvo una repercusión tan grande?

-Porque tocó una fibra muy sensible de la sociedad. Yo no voy a hablar en nombre de las mujeres uruguayas, que además están atravesadas por muchísimas desigualdades: de género, de territorio, de edad, de etnia. Pero sabemos que la violencia de género es una realidad enorme. Entonces, cuando ocurre un episodio de estas características, toca algo que está presente en la experiencia de muchísimas personas. Me escribieron muchas mujeres que no me conocían y me contaron situaciones de violencia que habían vivido. Eso te demuestra que había algo mucho más grande que una discusión televisiva. Por eso digo que para mí tiene que ver con algo más que lo personal. Hay una matriz social que está siendo cuestionada. Ojalá podamos aprender a no naturalizar determinadas violencias y a decir “hasta acá”. Las mujeres no queremos un trato especial. Queremos que se nos trate con respeto.

-Planteaste además una pregunta incómoda: qué hacemos como sociedad con alguien que se equivoca.

-Claro. Todos nos hemos equivocado en la vida. Entonces aparece otra pregunta: cuando alguien se equivoca, ¿qué hacemos? ¿Lo exiliamos? ¿Lo cancelamos? ¿O asumimos el desafío de trabajar juntos para aprender? Para mí ese es un gran desafío. Tenemos que poder reconocer lo que estuvo mal y, al mismo tiempo, pensar qué hacemos después con eso. Cómo aprendemos como sociedad.

-Maeso finalmente decidió renunciar a Buscadores. ¿Te sorprendió?

-Sí, me sorprendió. Incluso el director del programa, Sergio Gorzy, que se preocupó por la situación, me había llamado y me preguntó si yo podía seguir trabajando con Antonio. Le dije que por supuesto que sí. No me correspondía decir qué tenía que hacer el programa, pero si la pregunta era si yo podía volver a compartir un espacio con él, mi respuesta era sí. Después Antonio tomó su decisión y yo no voy a hablar por él respecto a por qué lo hizo. Fue todo muy triste.

-¿Pensás que el episodio puede dejar algún aprendizaje dentro de los medios?

-Ojalá. Y no solamente para los panelistas de Buscadores. Para todos. Porque cuando pasan estas cosas empezamos a mirarnos a nosotros mismos y a preguntarnos cómo actuamos. Hay comportamientos que durante muchísimo tiempo estuvieron naturalizados. Yo misma recuerdo canciones que cantábamos cuando éramos adolescentes y cuyas letras hoy nos parecen tremendas. Había mensajes violentos que estaban instalados culturalmente y ni siquiera los problematizábamos. Desde mi formación como historiadora pienso mucho en José Pedro Barrán y en sus trabajos sobre la historia de la sensibilidad. Hay momentos en los que una sociedad dice “basta”. Algo que hasta ayer parecía normal deja de serlo. Creo que acá ocurrió algo de eso. También había pasado con el episodio de Sofía Romano. Hubo una reacción muy amplia, que atravesó los partidos políticos, instituciones, organizaciones, trabajadores y movimientos sociales. Eso es importante porque muestra que estamos ante un asunto político en el sentido profundo del término, pero no necesariamente partidario.

Daniela Bouret, directora general del Teatro Solís

-En ese sentido, ¿qué pensás de la idea de que Uruguay también está entrando en una lógica de “grieta”?

-Creo que hay que tener cuidado. Muchas veces construimos nuestra identidad diciendo lo que no somos: “Nosotros no somos como los argentinos, ellos tienen una grieta”. Pero tenemos que cuidar mucho cómo nos referimos a quien piensa distinto. Un adversario político no es un enemigo. La centralidad de los partidos políticos uruguayos y su capacidad de construir convivencia es algo que debemos preservar.

-Eso no significa negar las diferencias.

-No, para nada. Existen diferencias de clase, diferencias ideológicas, diferentes visiones del mundo. Estamos en una sociedad capitalista y yo sigo pensando en esa idea de que a veces parece más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. En otras épocas también parecía imposible imaginar un sistema diferente. Quien vivía bajo la esclavitud probablemente no podía imaginar cómo sería un mundo sin esclavitud; quien vivía bajo el feudalismo tampoco sabía necesariamente qué vendría después. Quizás nosotros también estamos en un tiempo bisagra y nos faltan relatos utópicos, imaginación para pensar hacia dónde caminar.

-¿Y qué debería tener ese otro horizonte?

-Seguramente un mundo donde no tengamos una parte enorme de la población pasando hambre mientras existen personas extraordinariamente ricas que concentran una cantidad gigantesca de recursos. Alguna otra forma tenemos que encontrar. Podemos hablar de pobreza, medirla y discutir si corresponde una medición multidimensional, y está muy bien porque necesitamos información para aplicar políticas públicas. Pero si no hablamos también de desigualdad y de distribución de la riqueza, no modificamos el paradigma.

-En los últimos tiempos en Uruguay hubo cambios de signo político en el gobierno pero al mismo tiempo da la sensación de que la izquierda no hace cosas de izquierda y la derecha tampoco es derecha. Los dos van por el centro y se parecen bastante...

-Hay visiones del mundo diferentes detrás de los modelos de país, de las leyes y de las decisiones económicas. A veces esas diferencias son más visibles y otras menos. Por otro lado, Uruguay también tiene continuidades, particularmente en algunas políticas económicas, que han dado estabilidad y confianza internacional. La línea económica es básicamente la misma. Eso tiene aspectos positivos. Pero también tenemos temas sobre los que casi nadie quiere discutir profundamente.

-¿Por ejemplo?

-La reforma del Estado. Ahí prácticamente nadie se mete. Tenemos reparticiones que se superponen, estructuras que se repiten, mandos medios y gerencias que se duplican. Incluso en cultura existen distintas ventanillas a las que se va a pedir pequeños apoyos. ¿No sería mejor pensar sistemas más sólidos, transparentes y coordinados? También tenemos que preguntarnos qué estructura de defensa nacional necesitamos o qué hacemos con determinadas cajas. Eso no significa aplicar una motosierra. La motosierra tampoco funciona. Pero entre no tocar nada y destruir todo debería existir un camino de transformación inteligente.

-Hablás mucho de construir relatos colectivos. ¿Sentís que Uruguay perdió capacidad de imaginarse hacia adelante?

-Es una pregunta que me hago. Estamos acercándonos al centenario del Mundial de 1930 y, si miramos aquel Uruguay, había una idea de país. En aquella época se construyeron el Estadio Centenario y grandes obras urbanas; la Rambla Sur, el Palacio Legislativo, el Palacio Salvo, la Avenida Agraciada. Había una sociedad que, con todas sus contradicciones, tenía sueños y una determinada idea de futuro. Entonces me pregunto: cien años después, ¿qué país vamos a dejar nosotros? ¿qué vamos a construir?

-¿Creés que hoy el debate público está demasiado concentrado en la coyuntura?

-Sí, muchas veces terminamos discutiendo la chicana pequeña del día, quién tuvo razón, quién ganó una discusión o quién acumula un voto más. Y así no gana nadie. Me parece que necesitamos discusiones más largas y profundas. Nadie tiene toda la verdad. Justamente para eso sirve debatir: para construir y después tratar de encontrar la mejor síntesis posible.

-¿Ese es también el sentido que le encontrás a tu participación en Buscadores?

-Sí. Poder aportar una mirada, sabiendo que es solamente una mirada entre otras. Tratar de poner los acontecimientos en perspectiva, discutir sin convertir al adversario en enemigo y entender que el debate debería servir para construir algo. No siempre sale bien, porque somos humanos y nos equivocamos, pero ese debería ser el horizonte.

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