Hablar de Dallas es sumergirse en uno de los fenómenos televisivos más influyentes de la década del 80, una serie que convirtió el drama familiar en espectáculo global y redefinió el concepto de “culebrón” en clave de lujo, poder y traición. Estrenada en 1978 pero consolidada durante los años 80, Dallas giraba en torno a la familia Ewing, magnates del petróleo en Texas, cuya vida estaba atravesada por disputas económicas, conflictos personales y una ambición desmedida.
En Uruguay se emitió por Canal 12 en las noches de domingo. Se programó luego de la exitosa temporada de Dinastía, una serie con la que Dallas compartía parte del elenco.
En el centro de la historia se encontraba el inolvidable J.R. Ewing, interpretado por Larry Hagman, uno de los villanos más carismáticos y complejos de la historia de la televisión. Manipulador, despiadado y encantador a la vez, J.R. se convirtió en el alma de la serie, generando tanto rechazo como fascinación. A su alrededor orbitaban personajes igualmente potentes como Bobby Ewing (Patrick Duffy), el hermano noble que funcionaba como contrapunto moral, y Sue Ellen (Linda Gray), la esposa atrapada en una relación tóxica que reflejaba las tensiones emocionales más profundas del relato.
Uno de los mayores aciertos de Dallas fue su capacidad para construir tramas adictivas basadas en secretos, traiciones y giros inesperados. El punto más alto de su popularidad llegó con el célebre misterio “¿Quién disparó a J.R.?”, un cliffhanger que paralizó audiencias en todo el mundo y marcó un antes y un después en la forma de narrar televisión. Ese episodio no solo consolidó el éxito de la serie, sino que también evidenció su impacto cultural, convirtiéndose en tema de conversación global mucho antes de la era de las redes sociales.
La estética de Dallas también fue clave en su identidad: mansiones imponentes, autos de lujo y el icónico rancho Southfork funcionaban como símbolos de una riqueza aspiracional que contrastaba con los conflictos internos de los personajes. En ese sentido, la serie no solo mostraba el sueño americano, sino también sus grietas, revelando cómo el poder y el dinero podían corromper incluso los vínculos más íntimos.
Emitida durante 14 temporadas hasta 1991, Dallas fue un éxito en decenas de países, incluyendo América Latina, donde encontró una audiencia fiel que seguía cada episodio con fervor casi ritual. Su legado es innegable: abrió el camino para otras grandes producciones centradas en familias poderosas, como Dynasty, y dejó una huella imborrable en la historia de la televisión.
Dallas no fue solo una serie: fue un fenómeno cultural que capturó el espíritu de una época, combinando melodrama, intriga y espectáculo con una eficacia pocas veces igualada. A más de cuatro décadas de su auge, su influencia sigue presente en cada historia donde el poder y la ambición se enfrentan sin piedad.
Larry Hagman fue principalmente un actor de televisión que se consagró en Dallas, pero había comenzado su carrera décadas antes, trabajando como ayudante de producción y actuando en pequeños papeles en el Theater ‘50 de Margo Jones. Luego apareció en The Taming of the Shrew en Nueva York, y continuó con numerosos musicales en San Petersburgo (Florida) y Lambertville (Nueva Jersey).Sus últimos trabajos fueron el papel de Burt en la serie de televisión Nip/Tuck transmitida por FOX y su regreso a Dallas en una continuación modernizada de la serie. Aquí trabajó junto con Josh Henderson, Jesse Metcalfe y la mayoría de los actores de la serie original, rodando la primera temporada y seis episodios de la segunda. Murió en 2012 en Dallas, Texas