Por Julio Fablet
Son los años 30 del siglo pasado. Colonia ya era un departamento que contaba con importantes ciudades: Rosario, Nueva Helvecia, Juan Lacaze, Tarariras por nombrar algunas. Éstas necesitaban conectarse entre sí, por lo que surgieron varias y pequeñas empresas de ómnibus de propietarios independientes que unían en caminos de tierra o a campo traviesa todos los centros poblados colonienses.
Muy pronto esos transportistas independientes decidieron unirse formando una cooperativa para optimizar servicios y abaratar los pasajes. El 20 de octubre de 1935, las “Cooperativa Durazno” y la “Cooperativa Colonia y Rosario” deciden fusionarse para conformar una que contaría con la deslumbrante flota de 32 autobuses. Pronto se unirían más empresas de ómnibus del país.
Decir autobuses no es pensar en los que vemos hoy en las rutas. Aquellos eran chasis de camión con una carrocería made in Uruguay, que apenas permitía subir de 15 a 20 personas más el chofer y un guarda. Calurosisimos en verano y una congeladora en invierno eran los coches que tenían mini ventanas y asientos más que duros. El equipaje iba en el techo, se cubría con una lona para evitar el polvo del camino; la tripulación rezaba para que no lloviera porque podrían quedar empantanados y el equipaje hecho sopa.
El primer viaje de ONDA conectó a Montevideo con Colonia del Sacramento en aproximadamente 6 horas. Las crónicas cuentan que tuvieron un solo inconveniente: el ómnibus quedó atascado en un barrial profundo y fue necesario ir a una estancia vecina a pedir una yunta de bueyes para atarlos al paragolpes y sacarlos del barro.
A pesar de eso, Onda en sus primeras épocas tenía una ventaja: iba a buscar al pasajero hasta su domicilio y lo trasladaba hasta la puerta de su destino final en Montevideo. Algo así como un delivery del siglo XX, un servicio puerta a puerta.
En 1940 la cooperativa se transformó en una Sociedad Anónima con el nombre de “Organización Nacional de Autobuses” -ONDA- y al año siguiente comenzó a traer ómnibus General Motors desde Estados Unidos. El lnegocio crecía a buen ritmo. Los integrantes de la empresa acordaron que todos los autobuses de ONDA debían lucir un símbolo que los identificara como empresa. Es así que eligen al perro raza Galgo similar al que utilizaba la empresa estadounidense Greyhound para que fuera su logotipo; quien viera al perro en el costado del bus, sabía que se trataba de un coche de ONDA.
Tratándose de ómnibus, todo iba sobre ruedas. Hasta que un día llega a Onda una mala noticia: la empresa Greyhound -la que había vendido ómnibus a Onda- supo del uso que se hacía de sus perros en los coches de la empresa uruguaya. No habían autorizado ese distintivo para que ONDA lo pasera por todo el país. Para colmo demales, llega la información de que abogados de peso, representantes de la Greyhound, vendrían a Uruguay a hacer un gran juicio!
El directorio entró en pánico. Era evidente que perderían la instancia judicial. Hasta que uno de los funcionarios de ONDA, mirando fijamente a los galgos, dijo: “Lo que hay pintado en los ómnibus son perras blancas. ¿Y si las convertimos en perros macho?”
Y era verdad, no se veía nada distintivo en el can que hiciera pensar en su sexo. La solución llegó del cielo. A cada perro de cada logo en cada ómnibus, camioneta de reparto, papelería y cartelería en todo Uruguay, se le pintarían 3 manchas negras y se le agregaría el atributo sexual correspondiente para que luciera como macho.
Así se hizo. En pocos días todos los coches de ONDA tenían perros pintados a sus costados, y el juicio quedó en la nada. Astucia criolla, la llaman…