Bernardo Wolloch: la verdad sobre la salida del periodista de "Todo se sabe" y el gran cambio que se viene

El periodista de 35 años cerró su etapa en Cacería de chantas. Se prepara para ser padre, consolida su lugar en "Puesta a punto" de Teledoce y reflexiona sobre el futuro de los medios.

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Bernardo Wolloch
Fotos: LEO MAINE

Bernardo Wolloch atraviesa un momento de cambios. En lo profesional, acaba de cerrar una etapa de cinco años al frente de la Cacería de chantas, el segmento que nació en Santo y seña y continuó este año en Todo se sabe, el programa de Nacho Álvarez. También hizo una pausa en Se arregla el mundo, proyecto del que es fundador y al que asegura que volverá, mientras consolida su lugar en Puesta a punto, la revista periodística de las tardes de Canal 12 que el 8 de setiembre cumplirá su primer año.

En lo personal, en octubre será padre por primera vez. Junto a su esposa espera la llegada de Allegra, una noticia que coincidió con su decisión de bajar el ritmo y cerrar algunos ciclos. En entrevista, Wolloch repasa su presente, reivindica su experiencia persiguiendo estafadores, habla de los episodios de violencia que marcaron sus últimos informes y analiza los cambios que atraviesan los medios.

-Puesta a punto está por cumplir su primer año. ¿Qué balance hacés?

-Creo que hicieron un buen casting porque Patricia Madrid, Tuque García y yo somos diferentes. Cada uno tiene su perfil. Nos entendemos y cada uno sabe cuál es su rol en este noticiero más descontracturado. Está cumpliendo con el objetivo que se trazó el canal, que era hacer un buen piso de rating para entrar a Telemundo, y lo está logrando.

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Bernardo Wolloch, Patricia Madrid y Tuque García.
Foto: Canal 12.

-¿Cuál debería ser el próximo desafío?

-Creo que a partir de los perfiles de cada uno, Puesta a punto tiene mucho para crecer. Está Patricia con sus editoriales, es cuestión de darle pista; yo también tengo para hacer investigaciones y Tuque es muy frontal, con llegada a la gente. Todo proyecto lleva un tiempo para que el público entienda que a las 17.45 prende el 12 y aparece nuestra manera de abordar las noticias del día.

-También integraste este año Todo se sabe, luego del final de Santo y seña. ¿Cómo fue pasar de la televisión abierta al streaming?

-Santo y seña no cerró de la mejor manera en Canal 4 y después tuvimos un año de impasse. Yo lo hablé mucho con Nacho (Álvarez): estuvo bueno salir de la picadora de carne, porque Santo y seña era un programa muy demandante. Vino bien descansar un poco a nivel mediático. Después apareció Todo se sabe y demostró que más allá del medio, si es streaming, radio o televisión, lo importante es contenido. La sección que hacía me llevaba el mismo trabajo en Canal 4 que en You Tube.

-Después del estreno y los primeros informes, ¿qué te generó la repercusión por el programa?

-Sinceramente, yo creo que se amplificó la llegada. Hemos publicado cortes de informes que tienen 1,2 millones de visualizaciones. En la era de Canal 4 eso no pasaba. Hoy tenés que agarrar a la gente como con un anzuelo y llevarla a ver el contenido. Tenés pocos segundos para engancharla. Después pasan de las redes a YouTube y terminan viendo el informe completo, si les interesa, informes muchas veces de 20 minutos o más.

-La “Cacería de chantas” terminó convirtiéndose en una marca del programa. ¿Cuál era para vos el sentido de la sección?

-La empezamos hace seis años. Arrancó en 2020 y apareció como una especie de spin-off dentro del programa. Siempre que me invitan a una Facultad o a una charla me preguntan por el escrache a los estafadores denunciados y yo digo que la principal denuncia del segmento no es contra el estafador, sino que hay gente perjudicada y la Justicia no puede darle respuestas a sus casos. Esa omisión es lo más grave. Hay muchísimas personas estafadas todos los días a las que el sistema de Justicia no les da respuesta. Los trata como algo menor, sin importancia. A nosotros los casos nos llovían, aunque muchas veces las víctimas no quieren dar la cara para hacer una denuncia pública.

-¿Quedaron casos sin investigar?

-Decenas, cientos. Tengo denuncias que quedaron en el tintero, incluso vinculadas al mundo fútbol. Hay escribanas o escribanos que estafan a jugadores muy conocidos, pero esas personas muchas veces dicen: “Ya está, perdí”. Por eso digo que el que da la cara no solamente está evitando que a otros les pase, también están asumiendo algo importante. Es muy valorable porque una estafa le puede pasar a cualquiera y gracias a ellos, cobra notoriedad.

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Bernardo Wolloch
LEO MAINE

-Este año hubo dos “encares” que terminaron con episodios violentos. ¿Cómo los viviste?

-Por primera vez en cinco años tuvimos dos casos en los que la situación se puso más complicada. En ningún momento temí por mi vida pero fueron momentos complejos. Como periodista hay que mantener la calma y no podés agarrarte a piñazos con cualquiera que tenga un exabrupto. En el primer caso, con una familia en Maldonado que había estafado a personas con piscinas, la situación se precipitó y terminó en un acto de violencia muy feo. Estuve unos 20 minutos con una familia que estaba muy violenta esperando que llegara la Policía y me habían sacado la llave del auto. Fue un mal momento, que pasó a Fiscalía: se va tomar una resolución en breve sobre este caso. El otro fue a plena luz del día en el encare a una responsable de una mueblería que llegó con varios patovicas. También hay denuncia policial.

-¿Cómo se maneja situación así?

-No es que yo sea el macho de América, ni mucho menos. Pero cuando trabajás en Todo se sabe asumís algunos sacrificios. Patricia Martín entrevistó a Marset y se tomó un helicóptero con los ojos vendados. Nacho hizo cámaras ocultas en Italia con la mafia. No somos periodistas de guerra, pero te enfrentás a situaciones difíciles.

-¿Esos episodios influyeron en tu decisión de dejar la “Cacería de chantas”?

-La decisión ya estaba meditada. Yo había cerrado muy bien el ciclo de Santo y seña y estuve en duda sobre arrancar este año porque tenía otros trabajos y cuestiones personales. Creo que en la vida hay etapas. Nacho me dijo que necesitaba que estuviera porque arrancaban con todo y la “Cacería de chantas” es muy taquillera. Y es verdad: a nivel narrativo es imbatible. Es como Marvel, el encuentro de la tesis con la antítesis, el bien y el mal. El momento en que se encuentran el periodista y el estafador es el clímax de la historia. Los medios necesitan público y este segmento lo asegura.

-Sin embargo, puede despertar críticas desde una mirada “más seria” del periodismo...

-Yo estoy muy orgulloso de la Cacería de chantas. A veces, algunos desde “la corpo” del periodismo la miran un poco despectivamente por los escraches o esa narrativa de película de acción. Incluso mi vieja me toma el pelo porque gané un Bartolomé Hidalgo con la biografía de Jorge Batlle y después me puse a persiguir estafadores. Pero para mí es un trabajo digno que le hace bien a la gente.

-Entonces, ¿por qué irte?

-Porque tampoco quería quedar, salvando las distancias, como Tobey Maguire con Spider-Man. Lo ves en otra película y decís: “Ahí está el hombre araña”. Yo no quería quedar para siempre como “el de la Cacería de chantas”. Sentí que había cumplido. Siempre va a haber alguien que pueda hacerlo mejor que yo y está bueno saber cuándo dar un paso al costado. Además, hay una situación familia: voy a hacer padre en breve y eso tomará tiempo.

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Bernardo Wolloch.
Foto: Todo se sabe.

-¿Alguna vez recibiste una amenaza seria por alguna investigación?

-No. Miedo sentís siempre antes de un encare. Si no lo sentís, no tenés sangre. Pero es el miedo de que todo salga bien, porque tenés un tiro solo: que funcione el micrófono, que el cámara esté bien ubicado, que no te olvides de preguntar algo fundamental. Con el tiempo tenés menos nervios y sos más osado, pero amenazas serias nunca recibí. No cuento a un anónimo de Instagram o Twitter que te putea o dice cualquier cosa. Nunca tuve miedo de que alguien me estuviera esperando afuera de mi casa, por ejemplo.

-En octubre vas a ser padre por primera vez. ¿Cómo te encuentra ese cambio?

-Estamos muy contentos y con muchas expectativas. Tengo un vínculo increíble con mi esposa. Nos entendemos y nos llevamos bárbaro. Me encanta que ella no esté en el mundo del periodismo, que tengamos vidas completamente diferentes. Para mí es muy positivo llegar a casa, contarle lo mío y que lo vea como algo ajeno. Salir del trabajo y no seguir hablando de política o de medios. Ella tampoco me vio nunca como “la persona que sale en la tele”.

-La niña se llamará Allegra. ¿Cómo eligieron el nombre?

-Queríamos que tuviera un nombre de origen judío. Buscamos un nombre de la corriente más turca y española del judaísmo y apareció Allegra, que es un nombre típico español. Nos gustó y quedó.

-¿Te genera más miedo la paternidad que los chantas?

-No, no tengo miedo. Estoy recontento con el desafío. De mis amigos creo que voy a ser el último en ser padre, así que ya los vi a todos. No estoy con eso de que te digan: “Aprovechá para dormir porque después no vas a poder”. Creo que nos vamos a adaptar y acomodar. Tenemos además el apoyo de los abuelos y una familia incondicional.

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Bernardo Wolloch.
LEO MAINE

-También te has dedicado al triatlón. ¿Qué lugar ocupa en tu vida?

-Arranqué en la pandemia. Vi gente nadando en la playa, después empecé a correr y apareció la bicicleta. Hice cinco medios Ironman. Es un deporte que te lleva mucho tiempo, pero también te ordena. Si hay desórdenes en tu vida, levantarte a las cinco de la mañana para entrenar te puede acomodar mucho. También tiene un lado de ansiedad y de consumo. Siempre querés mejorar los tiempos. Yo tuve las dos etapas: la de disfrutar llegar a la meta y la de terminar una carrera con bronca porque no mejoré el tiempo. Hoy, por razones del tiempo, lo estoy dejando.

-Pero decías que te ayuda a desconectarte del periodismo…

-Sí. En realidad yo encontré tranquilidad en poder compartimentar mi vida. Estar en el periodismo y también en el mundo del triatlón, estar con mi esposa o con mis amigos. Mis mejores amigos vienen de la tecnología y hablan de bitcoins, acciones e inversiones. Capaz que no saben qué está pasando con el conflicto en el puerto de Montevideo. Está bueno no vivir metido en un único tema.

-¿Cómo ves el momento actual de los medios?

-A veces a los periodistas nos cuesta entender que los medios venden público. Cuando un medio llega a menos audiencia, tiene una crisis. El modelo de negocio empieza a caerse. Hoy, parte del público se lo llevan YouTube, Instagram y las plataformas globales. Cambió la manera de consumir, pero eso no quiere decir que los periodistas no puedan seguir hablando con la gente. Los medios tienen que adaptarse e intentar llegar a la mayor cantidad de público posible. Hay que diversificar y tirar tiros para todos lados. Tener streaming, redes, radio y asociaciones con otros medios. El camino va por ahí: entender dónde está el público y buscar todas las formas posibles de llegar a él.

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