Soñando en otro idioma

| Llegan con toda la familia sin saber nada de español y trabajan de lunes a lunes en sus comercios. Más de cien inmigrantes chinos se instalaron en los últimos cuatro años. La Policía sigue de cerca el fenómeno.

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Sebastián Cabrera

Houchen Zhaug mueve las manos, hace señas y habla fuerte, a los gritos. Hace todo lo que puede para que se le entienda pero apenas lo logra. Es feriado y su supermercadito, en la tranquila esquina pocitense de Barreiro y Achiras, es de los pocos locales de la zona que está abierto. El comerciante no se despega de la caja, donde -ahí al lado de los chicles y los caramelos- hay varias bandejas con arrolladitos primavera, chop suey y chow mein que cocinó él mismo un rato antes.

De 56 años, Houchen solo sabe algunas palabras básicas en español, como pan, leche, cigarros o los números. Así es complicado tener un negocio en Uruguay. "Difícil, difícil", repite él.

Nació en Beijing, la capital de la República Popular China, y vive en Uruguay junto a su esposa y su hija hace menos de un año. Tiene la residencia legal (de hecho, muestra la cédula que lo verifica) y es el dueño de este supermercado desde el verano. El local lo alquiló por "la gallina Luis" (sic), dice Shu, su empleado, traductor y nexo con este mundo que le es tan ajeno.

Shu (36) trabaja de tarde y de noche en el local y sabe algo, aunque tampoco demasiado, de español. Vive en el país hace 17 años, ha trabajado en todo tipo de emprendimientos chinos, desde barcos a restaurantes, y está soltero: "Quiero mujer linda", dice con una sonrisa.

En la mano tiene un libro rojo titulado "español sin esfuerzo", que siempre está a mano por si acaso. El empleado cuenta que Houchen llegó a Uruguay con una carta invitación de un amigo, que luego murió, pero no se hace entender sobre las causas del fallecimiento.

Y la hija de Houchen, de 10 años, va a una escuela pública, a una cuadra de allí. De a poco aprende algo de español. Quizás en un tiempo Houchen ya no precise que Shu sea su traductor cuando venga un cliente o un proveedor. Confía en que su hija se adapte rápido al lugar y al idioma.

Aunque aún está lejos de la masividad de otras ciudades latinoamericanas, en Montevideo se han multiplicado los negocios de chinos y taiwaneses en los últimos años, sobre todo supermercados como el de Houchen y restaurantes pero también bazares e importadoras.

Es un fenómeno internacional: en las grandes ciudades los "chinos" son garantía de buen precio y horario amplio. Sin irse lejos, en Buenos Aires hay un barrio chino (con puerta y todo) que rara vez entra en los recorridos turísticos, pero ocupa varias manzanas y donde se venden todo tipo de productos orientales.

En Montevideo no hay barrio chino, pero sí una zona que puede llegar a serlo. Con epicentro en la calle San José, hay tres cuadras donde se cuentan al menos siete comercios de origen chino: tres restaurantes, tres locales de venta de artículos típicos y un supermercado. En esa misma zona, en la esquina de San José y Zelmar Michelini, había una tienda china que cerró hace unos años luego de que un encargado fuera degollado.

La Dirección de Inteligencia "tiene bajo observación" a los chinos en Uruguay y ha constatado un aumento en la cantidad de negocios, lo que implica "un riesgo potencial", teniendo en cuenta experiencias de otros países, dice una fuente policial (ver recuadro en página 7).

En la asociación de residentes chinos calculan que hay cerca de 300 inmigrantes en el país, pero desde la Cámara Uruguay-China se estima que la cifra es algo mayor debido a que en los últimos años se han instalado inversiones de relieve.

ESCAPAR. ¿Y por qué llegan a Uruguay? "Los chinos salen al mundo. Eso se debe a una normativa de mayor flexibilidad y de fomento de las inversiones en el exterior", dice una funcionaria de la cámara que no quiere ser identificada. "Muchos vienen a hacer negocios; ya no es aquel inmigrante que llegaba con una mano adelante y otra atrás".

En la Dirección de Inteligencia tienen una teoría más simple: muchos chinos quieren escapar del régimen comunista y buscan países con condiciones de vida más agradables. "En Uruguay, Argentina o Brasil hay gran riqueza de comida, espacio, vivienda, libertad", dice una fuente de esa dirección. "En Hong Kong, Beijing o Shangai, usted es un afortunado si tiene un departamento de 20 metros cuadrados. Y la propiedad nunca es de uno, es del Estado".

Quan Jin, un comerciante chino que vive en Uruguay hace 21 años, confirma que "la situación de China es difícil por el régimen comunista y la gente quiere salir a otros lados". Los jóvenes "quieren estudiar e irse para afuera".

Hay dos vías para entrar a Uruguay: la invitación de un pariente o un contrato laboral. A diferencia de otros colectivos, en China emigra toda la familia, aunque a veces viene el hombre solo y después manda llamar al resto. Y generalmente el contacto es un familiar o un amigo que ya vive aquí. Por eso la mayoría llega sin conocer mucho de Uruguay y sin saber una pizca de español ni inglés.

Ana Tipa, una cineasta que filmó el documental Desde el lejano sur sobre las historias de chinos que viven en Uruguay, dice que en Asia el concepto de familia "tiene un peso y un significado diferente al nuestro". El matrimonio, por ejemplo, no se percibe "como una cuestión meramente romántica e individual entre un hombre y una mujer, sino como una alianza entre familias o clanes, que se extiende hacia el pasado a través de la relación con los ancestros y hacia el futuro, en la descendencia".

La magíster argentina en Relaciones Internacionales, Laura Bogado, dice en su ensayo sobre la influencia china en el Río de la Plata que las "redes de clanes" y "redes familiares" funcionan como un sistema de contención hacia los nuevos migrantes, "prestando ayuda en el hospedaje, idioma, asistencia en la búsqueda de trabajo, contactos y soporte psicológico".

La experta cuenta el caso de una familia china en Uruguay que, entre parientes de primer y segundo grado, suman alrededor de cincuenta personas, lo que "facilita las relaciones y el apoyo mutuo".

Tipa, en cambio, dice que muchos de "nuestros chinos" se han adaptado a las costumbres locales y que hay casos de hombres que se han casado con mujeres uruguayas. Uno de ellos le pidió especialmente que en el documental obviara el dato de que se había casado varias veces, pues "podía resultar chocante para los espectadores" cuando se emitiera en China.

EN BUSCA DE PAZ. La familia de Dai Zhiyao llegó a Uruguay en 1982, hace casi 30 años, y siempre se movió en bloque. Su padre, un militar de Taiwan, primero emigró a Estados Unidos junto a sus tres hijos y le fue mal. Después se instaló en Argentina. Quería calma, pero en el país vecino empezó la Guerra de las Malvinas y al final recaló en Montevideo.

"No le gustaba la guerra. Acá, tranquilo", dice Dai, que es uno de los tres hijos y hace doce años puso el Buffet Atlántico en la calle San José, donde también trabaja su hija. Allí se ocupa de cada detalle, desde arreglar las lámparas que están arriba de las mesas o supervisar la comida. El segundo hermano de Tai también vive en Uruguay y se dedica al campo. El tercer hermano volvió a Argentina y tiene un supermercado

"La familia -mitad china, mitad de Taiwan- está desparramada. Tengo tíos en Argentina, en Estados Unidos, en China, en Taiwan", dice su hija Ian, que habla un español casi perfecto a pesar de que llegó a Montevideo con 14 años. Dai, de 69 años, lo habla bastante mal. "Cuando vine, no tenía mucho idioma y no conocía costumbres de acá. Precisaba vender y, entonces, restaurante es fácil", intenta explicar el comerciante.

Tao Guo y Wang Hong Mei, de 32 y 29 años, se adaptaron rápido al idioma. Eso se repite: los jóvenes hablan mucho mejor que los mayores. Vienen de la provincia de Hebei, vecina de Beijing, y su vida consiste en trabajar los siete días de la semana de nueve de la mañana a nueve de la noche en un pequeño autoservicio en Rondeau y Caraballo, en Arroyo Seco.

Tao y Wang no tienen muchos amigos chinos ni uruguayos y viven en un apartamentito justo enfrente al supermercado.

De hecho, en Montevideo rara vez hay reuniones colectivas de residentes chinos y la única excepción podría ser el Año Nuevo Chino, también conocido como Fiesta de la Primavera, que se celebra entre fines de enero y fines de febrero.

Tao llegó hace ocho años tras un viaje que duró dos días. No conocía nada de Uruguay, salvo que aquí vivía su tío y precisaba un encargado para un segundo negocio que abriría en Montevideo. Quería salir de China, tener nuevas experiencias y todo le servía, incluso ir a la lejana América del Sur. En su ciudad, dejaba a su novia, Wang, a quién prometió llevarse si todo andaba bien. Eso pasó hace cinco años, cuando -tras una visita previa de Tao- ella se animó a emigrar.

"Extraño la familia y los amigos, pero tengo Internet", dice Tao, a quien muchas veces se lo ve escribiendo en chino en el negocio. El local es alquilado y pagan unos 12.000 pesos al mes. Pero el que maneja el capital es el tío, que tiene otro almacén en la Ciudad Vieja.

La pareja no logra explicar dónde es. "No conozco mucho. Sé ir caminando pero no sé las calles", dice Tao, que aprendió a hablar español "con la gente" y con el tiempo. "Mi tío es medio loco", dice el muchacho. Le incomoda hablar sobre él y dice que no sabe cómo llegó a Montevideo. "Nunca le pregunté… Si le digo algo, capaz me pega. Él es una persona seria".

Algunos chinos no quieren contar nada y Lu -el encargado de un almacén en la calle Las Heras, atrás del Hospital de Clínicas- es uno de ellos. "Laburé de todo en ese tiempo. Pero ahora no puedo hablar, señor", dice, mientras pesa un morrón y algunas cebollas. Es un local pequeño y oscuro, con verdulería afuera. Lu apenas dice que vive acá hace dos décadas y que es de Shangai. "En serio señor. No pregunte más", concluye Lu y se pone a barrer la vereda.

Quan (Carlos, en español) Jin es más simpático que su compatriota Lu. También vino de Shangai hace 21 años y en aquel momento sintió un gran choque cultural: pasar de una ciudad de 20 millones de habitantes a un país de tres millones tiene que ser una experiencia fuerte.

Buena parte del día está a cargo de la tienda Mei Mei en la Galería De London, donde vende productos importados de China, desde kimonos a espadas y lámparas de papel. Quan invita con un café en el bar que funciona en la galería. Tiene la sonrisa grabada y cuenta que su padre vino a Uruguay como representante de la agencia estatal de prensa china Xinhua. Atrás llegó él a estudiar en un intercambio de arquitectura. Nunca más se quiso ir.

Quan habla con un español muy rudimentario. Empieza a charlar y la sonrisa se le borra, se pone tenso. Suda, la frente le gotea. Dice que por ahora no piensa volver a su país, aunque extraña las verduras y los hongos secos, de los que acá no hay variedades.

Pero su esposa, que también es china y la conoció por intermedio de una amiga en Porto Alegre, no piensa lo mismo. Ella sí quiere irse y poner un negocio en Shangai, porque dice que en Uruguay "no hay nada" ni dinero "para gastar".

Quan relata que muchos chinos "vienen, miran y se van". Están de paso. "Casi nadie se queda, es difícil la inversión. Si pone un comercio chico, no saca mucha plata. Si pone fábrica grande, hay problemas sindicales", dice. Y Bogado, la experta argentina que estudió la migración china al Río de la Plata, admite que "el mercado limitado" de Uruguay explica la constante movilidad.

Pero a Quan lo que más le preocupa es la burocracia estatal y la falta de seguridad. Sufrió varios robos, pero lo peor fue lo de 2006, cuando mataron a un empleado suyo en una tienda de ropa en San José y Zelmar Michelini.

Hace la seña de que lo degollaron y dice que fue un robo "por plata". En aquel momento las versiones fueron contradictorias: al principio se habló de un enfrentamiento entre "mafias chinas" pero luego un menor de 17 años se hizo cargo del delito ante la Policía.

"Acá la ley es muy blanda. Debe poner más fuerte. Extranjero tiene miedo. Si un país no tiene seguridad: ¿por qué venir acá?", pregunta Quan. En China "es otra cosa" y "el que roba, muere".

A Houchen, el chino que llegó hace unos meses y puso un supermercado en Pocitos, no lo han robado. Pero sus días son rutinarios: trabaja toda la semana de ocho de la mañana a diez de la noche y por ahora el negocio dista mucho de ser un éxito. "Viene poca gente, no se vende mucho", dice su empleado Shu, y "todos los meses pone plata arriba".

Ya es de noche y la hija de Houchen, callada, espera sentada detrás del mostrador a que se haga la hora de cierre para irse a casa. Todavía quedan varias bandejas de chop suey al lado de los chicles y de los caramelos. Y los arrolladitos primavera ya están helados.

122

residencias a ciudadanos chinos fueron otorgadas por la Dirección de Migraciones desde 2007.

253

residencias a asiáticos fueron otorgadas en el mismo período. Los coreanos están segundos.

86

de los 122 chinos a los que se les otorgó la residencia en Uruguay desde 2007 son hombres.

El barrio chino

Un tour por la zona comercial china de Montevideo puede arrancar frente a la Jefatura, donde hay un supermercado con rotisería en el que trabaja una familia de siete integrantes que está en Montevideo desde hace ocho años y viene de la ciudad de Wuhú. Viven todos en un apartamento arriba del negocio y en la vereda muchas veces se ve a una señora mayor que vigila a una nieta que da sus primeros pasos. A unos metros de allí, Ang Hu atiende un local de porcelanas y otras antigüedades chinas. Con la mirada fija en un laptop donde juega al solitario, dice que aprendió a hablar español por curso y que sus productos "son caros". Hay una fuente "para la suerte, que da dinero y felicidad" que cuesta 30.000 pesos. En San José y Río Negro está Bamboo, un buffet de comida vegetariana, de una pareja de taiwaneses. Y enfrente está el pequeño restaurante Gran China. Sus dueños son una pareja de Shangai que vive en Montevideo hace 18 años pero no quieren fotos ni dar su nombre. Su hija, de 23, estudia en China.

Seis décadas

Los primeros inmigrantes de origen chino llegaron a Uruguay luego del triunfo de la revolución comunista en 1949 pero los principales flujos

se dieron a fines de la década de 1980, cuando Uruguay estableció relaciones diplomáticas con la

República Popular China y se activó la tramitación de visas. La magíster argentina en Relaciones Internacionales, Laura Bogado, quien escribió un ensayo sobre migración china al Río de la Plata, dice que a inicios de la década de 1990 había unos 700 chinos pero la cifra después bajó. La mayoría practica la religión budista, afirma la especialista.

Tendencia en la región

La Dirección de Inteligencia sigue de cerca los movimientos de los inmigrantes chinos en Montevideo. "Están bajo observación", dijo una fuente de esa dependencia.

"Vienen cada vez más, aunque aún no somos un gran mercado para China. Sí es de esperar un crecimiento mayor de la colectividad china en pocos años, como en casi toda América", dijo el informante. Para Inteligencia, la colectividad china hoy no implica un riesgo especial, pero sí "potencial" en el futuro.

El principal rubro de los chinos en la región son los supermercados. De hecho, en otros países se han producido "grandes sociedades de supermercadistas chinos" y, cuando tienen cierto poder económico, se pelean entre ellos.

Los chinos "tienen otros códigos, otro nivel cultural", perciben desde Inteligencia. Y dicen que en la expansión mundial influyen las "mafias chinas" y los "nuevos multimillonarios" de ese país.

Una modalidad que preocupa a la Policía y que se ha visto en América Central es la que realizan empresas chinas que ganan licitaciones de obra pública, traen personal de su país y al final del contrato abandonan a los empleados, quienes piden asilo.

En tanto, en 2005 se descubrió en Uruguay una red que ingresaba ciudadanos chinos en forma ilegal por Carrasco y los llevaba a Argentina, Bolivia o Paraguay para trabajar en condiciones de semiesclavitud. En menos de un año habían entrado unos 150.

El tema volvió al tapete en agosto del año pasado, cuando la Prefectura argentina divisó una canoa a remo que cruzaba desde Salto: se trataba de seis chinos, a quienes los esperaba un remisero que los llevaría a Buenos Aires. Habían entrado por Carrasco sin pasar los controles de Migraciones.

Y unos años antes, en diciembre de 2006 fue degollado un comerciante chino en un local de San José y Zelmar Michelini. Al principio se habló de posibles "mafias asiáticas", pero al final esa hipótesis fue descartada por la Policía.

Las inversiones

1 COMUNICACIONES

La firma china ZTE Corporation firmó un contrato con el Ministerio del Interior: instaló un sistema de cámaras de seguridad en Montevideo y reformó la línea 911. Los modem de Anteldata también son de ZTE. Otra firma china, Huawei, diseña y vende sistemas de comunicación inalámbrica.

2 AUTOS

La planta más grande es la de Chery en Paso Carrasco, que arma unos 40 autos por día y tiene 400 empleados, casi todos uruguayos. Hace unos meses hubo problemas sindicales y la empresa amenazó con cerrar por falta de productividad. También están instalados Effa, Geely y Lifan.

3 CONTENEDORES

Cosco, uno de los mayores agentes marítimos del mundo, tiene sede en Beijing y opera en Montevideo desde hace unos quince años. Importa y exporta hacia Asia, Australia y Nueva Zelanda. En la filial montevideana trabajan dos chinos, una taiwanesa y trece uruguayos.

4 DRAGADO

La firma china Shanghai Dredging Corporation, asociada a la brasileña SDC Servicios Marítimos, realiza obras de dragado en el antepuerto de Montevideo. Hace unos años la empresa estaba interesada en invertir en un proyecto de vía férrea para unir el puerto de La Paloma con la capital.

5 TEXTIL

La Big Plastic Industry Corporation (BIPC) instalará en Pando una fábrica que, a partir de envases descartables de plástico, hará fibra de tejido polar para vestimenta. La firma está en trámites para ampliar la antigua planta de Hisud. Allí trabajarán 300 personas.

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