URUGUAY, UN SEMILLERO DE LUCHADORES

MMA: pasión por pelear en una jaula

La popularidad de las artes marciales mixtas llegó a Uruguay. Se triplicó la cantidad de gimnasios especializados y de deportistas que entrenan. Cientos sueñan con hacer carrera, pero falta un respaldo económico que les permita dedicarse exclusivamente a esta disciplina.

Leonardo Estévez y Agustín Zas, dos luchadores entrenando. Foto: Fernando Ponzetto
Leonardo Estévez y Agustín Zas, dos luchadores entrenando. VEA EL VIDEO

Allá arriba, como la estampa de un dios celta que vela por sus discípulos, está el irlandés Conor McGregor gruñendo, con las venas a punto de explotarle en el cuello. Si esto pasara, es decir, si la sangre del mejor luchador de MMA salpicara hacia la jaula del gimnasio Escorpión, alcanzaría al entrenador Leonardo Estévez y al peleador Agustín Zas, apodado "el Piraña".

Agustín es por lo menos 30 centímetros más bajo que Leonardo, pero en un impulso se agacha, lo toma por las piernas, lo eleva en el aire y lo coloca encima de su espalda. Lo hace girar. Lo tira al piso. Le hace una llave, como si pudiera cortarle la respiración con la fuerza del brazo. Puede. A esto le llaman sumisión por estrangulamiento y es una de las técnicas de jiu-jitsu más utilizada en las artes marciales mixtas (MMA).

En este deporte, según las reglas uruguayas para los profesionales, salvo el cabezazo, el ataque en la nuca, en la columna, los ojos o los genitales, cualquier tipo de golpe está permitido. Se puede, por ejemplo, patear la cabeza del contrincante cuando está en el piso.

Para quienes lo practican, el MMA combina la adrenalina de una pelea callejera, el dominio de varias técnicas marciales y los códigos de una disciplina respetuosa. Pablo Solís, el primero en enseñar este deporte en nuestro país desde fines de la década de 1990, dice que es "noble" y "solidario". Sin embargo, entre sus espectadores, algunos lo encuentran fascinante, mientras que para otros es la versión humana de una riña de gallos.

En Las Vegas, las apuestas de MMA superaron a las de boxeo. Entre sus aficionados abundan los millonarios, y varias de sus figuras son los deportistas mejor pagos del mundo. McGregor cobró US$ 13,5 millones por una pelea que duró apenas 424 segundos. Y es uno de los mayores accionistas de la marca Reebook.

A unos metros de la jaula, tres boxeadores amateurs observan a Leonardo y a Agustín.

—Están enfermos. ¿Ustedes vieron pelear a Conor McGregor? Es hermoso —dice uno de ellos.

—Un amigo que es médico me contó que las salas de espera de las emergencias están llenas de tipos que van con las orejas rotas por el MMA —comenta otro.

Christian Pérez (campeón uruguayo amateur), Alexis Correa (campeón uruguayo profesional) y el entrenador es Fernando Degregorio.Foto: Gabriel Rodríguez
Christian Pérez (campeón uruguayo profesional), Alexis Correa (campeón uruguayo amateur) y el entrenador es Fernando Degregorio.Foto: Gabriel Rodríguez

Las estadísticas uruguayas revelan lo mismo que las internacionales: el MMA es el deporte con mayor crecimiento en los últimos años. Es como una obsesión que se mete por los ojos y envicia a los hombres que sueñan con ser fuertes. Desde que el UFC y Bellator —las principales competencias de este deporte— se transmiten por cable, cientos de espectadores empezaron a entrenarse.

En la repentina popularidad local de esta disciplina influyó también la inclusión de Gastón Reyno, unos tres años atrás, en el podio de los atletas de elite celestes que triunfan en el exterior. Desde que "el Tonga" se convirtiera en figura pública por haber llegado a la puerta de entrada del Bellator en Estados Unidos —donde compiten los artistas de taquilla—, se triplicó la cantidad de gimnasios especializados y de alumnos. En Fight Club, la academia de Solís que tiene 11 locales, se entrenan 500 alumnos. Y varios de ellos tienen la ambición de competir.

El impulso comercial también multiplicó la cantidad de eventos en los que se enfrentan peleadores locales, muchas veces sin asistencia médica, con jaulas en mal estado y sin un consentimiento en las reglas. Para definir un reglamento, profesionalizar el escenario y generar una vitrina en la que los luchadores puedan lucirse, en 2017 se creó la Liga Uruguaya MMA, que reúne a 33 gimnasios especializados, lleva un registro de los 150 peleadores que tendrían nivel de competencia amateur y profesional, y estipuló un circuito competitivo con sede en el hotel Radisson Victoria Plaza. El siguiente paso es formar una federación.

Luchadores. Leonardo Estévez y Agustín Zas entrenando. Foto: Fernando Ponzetto
8 mil dólares es el costo de organizar un evento de buen nivel de MMA. Foto: F. Ponzetto

Aunque aquí reina el fútbol, después el básquetbol, luego el boxeo, y recién tras otro puñado de deportes, allá abajo, están las artes marciales, los entrenadores aseguran que Uruguay es un semillero de peleadores de exportación. Dicen que hay diamantes en bruto escondidos en el anonimato. Pero, ¿qué se necesita para que este sea un sueño que no muera en el barrio?

La cruz de la violencia.

De las artes marciales mixtas se comenta que es un hobby que se convierte en pasión y de pasión en carrera. Sus peleadores creen que es un estilo de vida. O un trabajo. O un negocio. Una forma de vida porque la exigencia de los entrenamientos —seis horas seis días a la semana— prohíben cualquier tipo de exceso. Un trabajo porque no sirven las excusas: "Perder una pelea es como un despido", dice Christian Pérez, el primer campeón uruguayo profesional surgido desde que está la liga. Y es un negocio en el que no hay términos medios. A los que les vaya muy bien competirán en el exterior, y si consiguen un mánager que les haga un buen marketing vivirán del dinero que les paguen los patrocinadores y cobrarán una abultada bolsa por pelear.

Los que no lleguen a la cima tendrán que conformarse con $ 3.000 por una pelea. Algunos prácticamente pagarán para subirse a la jaula, porque el costo de los suplementos alimenticios básicos que deben consumir cada mes ronda los $ 8.000. Para Uriel Noria, el primer entrenador de Gastón Reyno, esta es la realidad más común entre los peleadores. Plantea: "Si tenés la suerte de que alguien de afuera te mire, entonces tenés que viajar y para eso hacen falta recursos. Acá, el 90% de los muchachos tienen que ir a trabajar. En el rato que les queda libre entrenan y los fines de semana que pueden, pelean".

Es que no importa cuál es el nivel del evento, ni quiénes son sus luchadores. Por ahora, encontrar marcas que auspicien un deporte de combate es una batalla perdida.

Alexis Correa durante un entrenamiento. Foto: Gabriel Rodríguez
Alexis Correa y Christian Pérez  durante un entrenamiento. Foto: Gabriel Rodríguez

Hace dos semanas, por primera vez desde que es una estrella, Gastón Reyno protagonizó una lucha en el Centro de Convenciones de Punta del Este. Asistieron 1.800 personas. Dos medios extranjeros cubrieron la pelea. Las entradas, cuyo valor iba de $ 1.500 a $ 4.000, se agotaron. El enfrentamiento fue televisado por DirecTV para toda la región. Pero las marcas brillaron por su ausencia. Roberto Berrondo, el productor del encuentro, dice: "Me dijeron que no querían ligar su imagen a un deporte de riesgo". Y agrega: "El Banco de Seguros del Estado apoya el automovilismo y Antel al fútbol, pero ni siquiera una sola firma estatal apoya un deporte que miran millones y que saca de las calles a tantos chicos humildes".

Janeo Damota, encargado de las gestiones comerciales de la liga, cuenta que la mayoría de los empresarios no responden sus llamadas cuando busca apoyos para los eventos. Por eso, el MMA charrúa sobrevive a canjes. "Uno de nuestros sponsors es un hostel en La Pedrera; el premio para un campeón fue un fin de semana de hospedaje", recuerda.

Noria dice que al día siguiente de la velada en la que triunfó el "Tonga", recibió decenas de propuestas de periodistas y empresarios deportivos para que organizara peleas de MMA en Montevideo y en el interior. El problema, explica, "es que nadie quiere cubrir el costo del encuentro", que habitualmente ronda los $ 230.000. Dice que tiene un pie fuera de las artes marciales porque "lo tiene cansado tanto amateurismo".

Alexis Correa durante un entrenamiento. Foto: Gabriel Rodríguez
Alexis Correa durante un entrenamiento. Foto: Gabriel Rodríguez

El potencial está, pero sin eventos de buen nivel, una sala llena de público y la difusión de la prensa, no hay peleador capaz de mostrarse. Y sin mostrarse ninguno puede soñar en viajar a entrenarse con equipos de Brasil, Estados Unidos, Japón o Rusia, las mecas del MMA en el mundo. E incluso cuando llegan —porque algunos lo consiguen— el camino es incierto.

Agustín, el que practica bajo el gruñido de McGregor, lleva cinco años entrenándose en Río de Janeiro con el Baixinho Team, un equipo profesional que lleva tatuado en el brazo, a unos centímetros de una oreja maltrecha, deformada por tanta fricción contra otros cuerpos.

Como el horario de entrenamiento le impide conseguir un trabajo de ocho horas, trabajó en un hostel donde también dormía, vendió lentes en la playa y compartió habitación en decenas de favelas. Allí participó en uno de los eventos más importantes de Latinoamérica, pero la bolsa era de $ 8.000. Es un valor simbólico. El premio no le alcanzó ni para pagarse la dieta que le exige la categoría.

—Lo que tiene de ingrato este deporte es que en la mayoría de los casos es mucho sacrificio para poco retorno económico —dice.

Entonces, ¿cómo llegan los que llegan? "La suerte es buena compañera en todo esto", dice Noria. Gastón Reyno conoció al hombre que le cambió la vida durante una competencia de taekwondo en Tailandia. Fue él quien, luego de verlo pelear, lo llevó a formarse a Estados Unidos.

Pero, más allá de los favores del destino, también faltan mánagers. En el ambiente repiten que el único artista marcial que tuvo uno fue Sebastián Latorre, pero el representante era argentino. Como anunciando una luz de esperanza al final del túnel, el productor Berrondo dice: "Hay dos personas que me avisaron que están preparándose para representar a nuestros luchadores de MMA".

El vértigo de la pelea.

Fernando Degregorio y el resto de los entrenadores que se agruparon parar crear la liga no sabían "qué ruido podría causar esta noticia en el ambiente". La decisión fue como tirar una piña a ciegas, explica.

—El momento de demostrar lo que somos es ahora —dice Degregorio en su gimnasio, Uruguay Figthing Club, rodeado de deportistas, como si les hablara a sus soldados.

El pasado 22 de diciembre, la liga eligió a los primeros campeones nacionales en las distintas categorías, en su versión amateur y profesional. El evento fue declarado de interés por el Ministerio de Turismo y Deporte, y por el Municipio B. El próximo paso es armar una federación. El principal motivador para que esto suceda es Alberto Espasandín, coordinador del Área de Deporte Federado. "Al ser una federación podrían recibir apoyo económico por parte de la Secretaría de Deporte y, además, tendrían la posibilidad de importar materiales libres de impuestos", explica. La liga también pretende ser la que regule todas las peleas del ambiente, "controlando que se respeten el reglamento y las garantías para los peleadores", dice Alejandro González, uno de sus fundadores.

En el MMA uruguayo hay un antes y un después de Gastón Reyno. Foto: Fernando Ponzetto
En el MMA uruguayo hay un antes y un después de Gastón Reyno. Foto: Fernando Ponzetto

El papeleo está hecho, y mientras esperan la resolución del Ministerio de Educación y Cultura —quien otorga la personería jurídica— estos entrenadores festejan que ya haya dos uruguayos en el ranking Tapology Latinoamérica, que reúne a los 10 mejores de cada categoría.

Además, la liga está planificando eventos con peleadores uruguayos que entrenan afuera, como Christopher Píriz, luchador que se destaca en Estados Unidos. Y prepara para enero de 2019 la primera pelea rioplatense que va a cruzar a los campeones de una y otra parte del río. "La propuesta vino desde Argentina y también hubo otras llamadas desde Brasil", dice con orgullo Degregorio.

En los gimnasios asociados a la liga, y en los que no lo están —como el de Solís—, se aprovecha la moda de este deporte como entretenimiento para aficionados, pero también se tiene el ojo puesto en generar un buen número de luchadores netos de MMA. Es decir, esos que se especializan en aprender cada detalle del sambo, muay thai y jiu-jitsu para vencer a sus rivales. Para los expertos, esta preparación puede llevar años.

Solís, que apronta las valijas de sus discípulos para viajar en los próximos meses a competir a Argentina, Brasil, Chile y Tailandia, redobló la apuesta y armó una residencia en uno de sus locales. Hasta el momento tiene a dos alumnos que antes y después de ir a trabajar no se despegan del gimnasio. Es que se dice que el entrenamiento del MMA es un 80% más exigente que el de un jugador de fútbol. "Si sos un atleta y estás mal entrenado te quedás atrás, pero si sos luchador y no tenés el nivel corre peligro tu integridad física", explica Estévez, el entrenador de Agustín.

En el MMA los ciclos son cada dos meses. Dos meses lleva preparar una pelea y recuperarse de las lesiones. Este es un deporte en el que el vencedor puede terminar más herido que el vencido. Una condición que a algunos les horroriza y a otros los encandila. "Cuando se vuelve rutina, esto es algo imposible de abandonar", dice Alexis Correa, campeón amateur. Es que esta pasión puede resultar tan inexplicable como la noticia de que en nuestro país, que no tiene una tradición de artes marciales, los buenos luchadores broten como yuyos.

—Tiene mucho que ver con la forma en que estamos acostumbrados a llevar la vida. Acá te subís a la jaula, te bajan de un manotazo que no te veías venir, y tenés que levantarte a luchar de nuevo porque no te queda otra. Porque estás desesperado queriendo darlo todo —dice Agustín, secándose el sudor de la frente con la mano que se quebró en su última pelea.

La raíz de un deporte que bate récords

Este deporte es hijo del Vale Todo, una pelea brasileña surgida en 1980, en la que una disciplina marcial se enfrenta a la otra. La base del MMA es el jiu-jitsu, arte marcial que crearon los monjes budistas en el siglo XV, y que se trasladó de India y China a Japón, donde fue popularizada por los samuráis. A fines del siglo XIX solo los nobles tenían permitido practicar jiu-jitsu. Décadas después, un noble japonés que vendía castañas en Brasil, se lo enseñó a un cliente, quien a su vez lo divulgó. Y así fue que renació. Más tarde, Helio Gracie renovó la técnica. Cansado de que se lo considerara un "arte suave", desafió a los luchadores de otras disciplinas marciales a pelear dentro de una jaula.

La lucha libre aprovecha y también quiere ser popular

Los entrenadores más experientes repiten que hay que ser pacientes porque el nivel para ser un buen luchador lleva años. Uno de ellos es Mauro Méndez, quien también es el único representante que organiza espectáculos de lucha olímpica y lucha libre, ese espectáculo tan popular entre los niños mexicanos. Desde hace dos años Méndez está entrenando con expertos extranjeros a unos 10 luchadores para que aprendan estas coreografías sin golpes reales. El plantel incluye a algún que otro peleador de MMA. La meta es generar un circuito de lucha libre para el público infantil. En 2017, Guerreros Charrúas del Ring realizó dos shows en el Club Colón, al que asistieron unas 800 personas cada noche.

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