DESENCUENTROS EN LA POLICÍA

Mario Layera: “Siendo policías las 24 horas nos están esclavizando”

El director nacional de la Policía plantea que el 223 clandestino “es el principio de la corrupción”, que los precandidatos deberían proponer cambios a largo plazo, que la distribución de la riqueza no logró bajar índices de criminalidad y que no sabe cómo reducir las tasas de delincuencia del país.

Mario Layera, director nacional de Policía. Foto: Fernando Ponzetto
"El 223 es el inicio de la corrupción. ¿O es corrupción solo cuando pido plata para no hacer algo?”, dijo. Foto: Fernando Ponzetto

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Mario Layera está convencido de que hay que eliminar uno de los pilares de la Policía: la permanencia e indivisibilidad de la tarea. Que el agente ejerza en su horario y luego actúe “como un ciudadano común”, plantea. El director nacional de esa fuerza reconoce que va a ser “difícil” bajar los índices de criminalidad, por lo que tiene un mensaje para los precandidatos que proponen reducirlos en un período: los resultados del hoy se van a ver en 30 años.

-¿Aumentó la cantidad de delincuentes abatidos por policías?

-En estos meses, en comparación con el mismo período de los años anteriores, hay un crecimiento en la cantidad. Ahora, cuando vamos al estudio de los móviles y de lo específico de cada uno de los casos, observamos que hay situaciones diversas. En algunos casos aplica porque al despliegue intenso que tenemos se le suma el factor de una mayor actividad criminal que se comenzó a notar a partir de noviembre de 2017. Esa actividad criminal intensa tiene un gran componente de violencia, y estimamos que iba a haber mayor enfrentamiento.

-¿Dice que hay un mayor abatimiento porque aumentó el enfrentamiento?

-Sí, eso en el marco general. En el marco específico, después hay que estudiar caso por caso. En el mínimo de los casos, son abatidos en enfrentamientos, en circunstancias de flagrancia y con policías que están en servicio. El mayor caso se da de forma circunstancial, por policías que transitan, ya sea de particular o uniformados, fuera del servicio.

-¿Hubo una comunicación con los policías para que fueran más violentos?

-Nunca se dice: “vamos a prepararnos, y salir a enfrentar y a matar”. No existe. Es una leyenda urbana de la gente. Lo que sí nosotros hicimos fue aumentar la preparación. Hay una tendencia a la violencia extrema por parte de la actividad criminal, hay mayor cantidad de delincuentes en la vía pública y la tendencia es al uso extremo de armas.

-¿Cuál es la respuesta de los policías?

-Estamos conformes con la actuación de los policías.

-¿Por qué para los sindicatos es tan importante que se apruebe el proyecto de ley sobre legítima defensa presunta?

-Los sindicatos han planteado ese problema y es un tema de discusión a nivel político. Aquí hay opiniones diferentes. La opinión nuestra y la del equipo de trabajo es que no resultaría conveniente.

-¿Por qué?

-Porque podría provocar un abuso en el uso del arma. El arma es una herramienta que se utiliza en última instancia. Esa es la enseñanza y la formación que tienen los policías. Si el uso de esa herramienta pasara a ser la principal acción en cualquier tipo de enfrentamiento, entraríamos en una cultura de una organización que puede interpretarse, en algún nivel, como tener licencia para matar.

-¿Por qué hizo el anuncio de prohibir las armas en la actividad privada?

-No hay ninguna resolución. Estamos estudiando porque hemos observado que cuando el policía realiza una función clandestina de seguridad queda absolutamente vulnerable y es cuando aumenta su riesgo de vida. La muerte de policías se ha dado mayormente en esa circunstancia, no cuando están en acto de servicio.

-Si se prohíbe el uso de armas en la actividad privada, y un delincuente rapiña a un policía mientras descarga mercadería en su trabajo particular, ¿qué tiene que hacer el agente?

-Lo que hace una persona común.

-¿Y qué pasa ahí con la indivisibilidad de la tarea y la permanencia?

-La permanencia y la indivisibilidad de la función es un tema que estamos debatiendo muchísimo y que, por lo menos yo, quiero sacar porque lleva a confusión.

-¿Modificar la ley orgánica policial?

-Sí. No existe en el mundo una persona que pueda ser sometida a este tipo de reglamentación. No nos pueden obligar a que un policía actúe las 24 horas. Si yo estoy con mi familia, voy a un restaurante y entran a robar, ¿entonces tengo que estar armado, exponer a mi familia, a todo el público presente y tengo que reaccionar? Nunca un policía fue procesado por omisión en esa circunstancia.

Mario Layera, director nacional de Policía. Foto: Fernando Ponzetto
Mario Layera, director nacional de Policía. Foto: Fernando Ponzetto

-¿Usted plantea que el policía sea policía solo en las horas de servicio?

-Es que es así, por favor. ¿Ustedes piensan que la Policía está las 24 horas con el arma? No, por favor.

-¿Modificando la ley se solucionaría el 223 clandestino?

-Yo creo que sí. Estamos buscando la forma de que no maten policías. Estamos buscando la defensa de un trabajador, la dignificación de un trabajador, ¿y a nosotros nos están esclavizando? Y además de esclavizarnos, están aumentando nuestro nivel de riesgo de muerte. ¿Eso está bien? No, para mí no.

-¿Desde cuándo está pautada la permanencia y la indivisibilidad de la función policial?

-Esto fue siempre así, está desde la primera ley orgánica de 1971. Nunca habíamos tenido este debate. Nunca.

-Quizás este debate se dé por el aumento en la criminalidad; se espera más de los policías en todo momento.

-Yo creo que hay visiones diferentes que se están definiendo en etapa electoral. Tal vez el policía deba pedir que le paguen por dedicación exclusiva.

-Ese es otro de los planteos.

-Y sí, si yo tengo permanencia e indivisibilidad, no tendría que trabajar de ninguna forma en nada. Pero en la práctica no lo pueden hacer.

-Hay policías que defienden la permanencia y la indivisibilidad.

-No son todos los policías. Yo creo que acá también en el fondo, y esa es un poco mi preocupación, se quieren encubrir situaciones de algunos policías que lucran con la corrupción.

Mario Layera, director nacional de Policía. Foto: Fernando Ponzetto
Mario Layera, director nacional de Policía. Foto: Fernando Ponzetto

-¿Por qué?

-Porque se trata de proteger o legalizar una situación que fue considerada irregular transformándola, en base a interpretaciones, en un hecho.

-¿Irregular como el 223?

-Claro.

-¿Eso califica como corrupción?

-Es el comienzo de la corrupción. Si yo no estoy cumpliendo la ley y soy policía, ¿qué es? ¿O es corrupción solamente cuando yo pido plata para no hacer algo? ¿No me están pagando por usar el arma que me dio el Estado, el conocimiento que me dio el Estado, la formación?

-Un policía de bajo grado podría decir que lo hace por necesidad.

-Páguele más, pero que no lo maten. Después a usted, indudablemente, para pagarnos más a nosotros le van a cobrar más impuestos. Yo creo que acá se discuten las cosas, pero no se va al fondo.

-¿Y cuál es el fondo?

-El fondo es determinar si vamos a hacer permanentes e indivisibles, es decir, casi superhéroes. Bueno, dennos las condiciones para serlo. Páguennos como deben y no vamos a tener problemas.

-¿Lo discutió en el ministerio?

-Sí, claro que lo he planteado.

-¿Cuál es la respuesta?

-Que la situación económica no permite contemplar todo. Y volvemos al principio: sigo insistiendo en que la permanencia y la indivisibilidad de la función deben ser revisadas.

-Quienes contratan estos servicios ilegales, ¿tienen alguna responsabilidad?

-También estamos discutiendo hasta dónde no se tiene que aplicar la responsabilidad penal empresarial en estos casos. Pero nos quieren quemar en la hoguera porque decimos que queremos prohibirles usar el arma para ponerles un obstáculo a los que realicen esa función, y para que el otro no los contrate por eso.

-Frente a este contexto de aumento de criminalidad, ¿qué hay que hacer?

-Se puede seguir trabajando, se pueden seguir mejorando los elementos tecnológicos. ¿Pero sabe dónde está el conflicto? En que hay una distribución de la riqueza diferente.

-El gobierno promocionó que mejoró la distribución de la riqueza, pero igual aumentó la criminalidad.

-Se avanzó en mejorar la distribución de la riqueza para que todo el mundo mejorara y también para que se redujeran los índices de criminalidad. Y eso no pasó. Entonces tiene que haber un cambio; tenemos que estudiarlo.

-¿Saben cómo revertir los índices?

-No. Se sabe qué hacer para contenerlos. Ahora, cada intervención que se haga, cada política -para que se sustente, para que no sea algo místico- tiene que estar sustentada por un presupuesto.

-¿Y se pueden revertir?

-Es difícil imaginarnos que podamos revertir esta situación, es difícil que podamos contener y bajar la tendencia; lo más difícil de todo es hacerlo en cinco años. Los precandidatos tienen que proponer políticas a largo plazo. Tenemos que trabajar hoy para que dentro de 30 años no ocurra lo que está ocurriendo hoy.

-¿Y en el medio qué pasa?

-En el medio tenemos que contener y minimizar el daño.

-¿Cómo se llega a estas cifras?

-¿Qué fue lo que no estaba previsto dentro de los programas? Fue la aplicación del nuevo Código del Proceso Penal.

-¿Cree que los delincuentes esperaron a que se pusiera en práctica?

-Yo le diría a usted que trabaje con ellos todos los días. Porque soy policía para algunas cosas y a veces me piden lo imposible. Pero cuando yo digo que hay que hacer determinadas cosas porque tengo determinada información, no me creen. “Usted se está excusando”, me dicen. Entonces siempre estoy mal, no tengo salida, no puedo hablar.

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