César Bianchi
Julián González Guyer es uno de los pocos civiles que saben mucho de asuntos militares y de Defensa nacional. Docente y especialista en temas vinculados a las Fuerzas Armadas, forma investigadores en el Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. En su despacho universitario, conversó con Qué Pasa acerca del nuevo relacionamiento del gobierno con los militares, y los nuevos dilemas de las Fuerzas Armadas.
-¿Qué impronta exhibe José Mujica, a diferencia del estilo de Vázquez?
-Todavía no hay cambios significativos. Hay sí señales novedosas. En la etapa anterior hubo una ley marco (de Defensa) aprobada, que es un mandato que ahora debe ejecutarlo el nuevo gobierno. Por lo tanto, el presidente tiene en esta área una serie de desafíos. Pudo haber dejado morir la ley y no cumplirla, como tantas, pero no. Esta ley es un mandato que establece que hay que reformar el Ministerio de Defensa, hay que definir políticas de defensa militar; y antes hay que definir una política de Defensa nacional, que es mucho más que la militar. Todo eso supone un cambio de políticas. Y eso requiere que el ministerio desarrolle nuevas capacidades, que no tenía, porque era un ministerio administrativo. En realidad, las políticas se elaboraban en los comandos generales de las tres fuerzas, y después el ministro firmaba.
-Entonces: había mayor autonomía antes en las Fuerzas Armadas y hoy en los comandos se siguen lineamientos políticos.
-Se está en un proceso dirigido hacia eso. Ojo, que el presidente Mujica tiene una cierta impronta en su conducción política en la que los temas estratégicos y de defensa nacional tienen una importancia que no tenían para otros gobiernos. Por su origen, y me voy a lo herrerista incluso… Herrera fue uno de los pensadores uruguayos más importantes en la cuestión de la inserción uruguaya en la región y en el mundo.
-¿Qué gestos de Vázquez usted cree que molestaron más a los militares? ¿La extradición de los militares (recientemente condenados) en Chile; cuando vio con buenos ojos el ingreso de gays a las Fuerzas Armadas, o la propia política revisionista en temas de derechos humanos?
-En general todo lo inédito, lo que nunca ocurrió, molesta al militar, hasta por naturaleza. El militar está acostumbrado a una vida muy reglamentada, vertical, donde las tradiciones son muy importantes. Como que el militar tiene cierta aversión natural al cambio, porque tiene que custodiar lo que existe. Ahora, hay un reflejo muy arraigado en la sociedad uruguaya desde poco antes de la dictadura y en estos años posteriores, de considerar que los militares son un actor político. Y no lo son. La irritación de los militares no tiene por qué causar ninguna preocupación en la sociedad, porque tienen formas orgánicas de trasmitir sus inquietudes.
-¿Percibe distintas corrientes de liderazgo, de poder, dentro de las Fuerzas Armadas?
-Esos son fenómenos que se dan en todos los grupos humanos. Hay mucha leyenda, muchas versiones periodísticas acerca de eso. Sinceramente, no me interesa. No me interesa porque es un tema demasiado resbaloso para un civil, y porque además, (las internas) no solo son malas para las instituciones militares, sino ilegales. Están prohibidas. Cuando esas cosas aparecen es porque a un servicio de inteligencia le interesa hacerlo saber, o a un grupo o a otro le interesa divulgarlo. Meterse en ese berenjenal es correr el riesgo de terminar siendo usado por tal corriente o tal otra.
-Aumentó el presupuesto para los militares, con menos personal. Sin embargo, los generales estaban molestos y se reunieron con Mujica para hacerle saber su malestar, ya que esperaban mucho más. ¿Cómo se interpreta eso?
-Hay varias cosas juntas. Una cosa es aquello de la incertidumbre y el miedo al cambio. Mire: se crea un cargo de confianza de director de Sanidad Militar, hasta ahora ejercido siempre por un general. Uno puede pensar que es un cambio interesante. Pero la reacción al interior de Defensa fue la inquietud de que quizás ellos iban a tener que inscribirse en una mutualista para tener cobertura de salud. Como si se liquidara el sistema de Sanidad Militar. Y no se pensó así; sólo se pensó que era al cohete que hubiera un general, se pensó en nombrar un técnico para que administre el sistema. El (general retirado Ricardo) Galarza dijo en Código País que le parecía mal porque en ese cargo "siempre hubo un general". Ese era su argumento y al interior de las Fuerzas Armadas esa es una razón poderosa. En la Ley de Presupuesto se crean cinco cargos de confianza más, y está el fenómeno de las dietas. Es un aumento del 20% en el salario de teniente coronel para arriba. Pero los más sumergidos, los soldados rasos, ganaban 5.000 o 6.000 pesos y ahora ganarán 2.500 más al final del quinquenio. Igual no saldrán de la pobreza...
-Tras estas reuniones de los militares con Mujica, el malestar de algunos con Rosadilla, y los sonados casos de corrupción en la Armada, ¿cuándo prevé usted que se van a aquietar las aguas?
- Ahora quedan unos días para que se rediscuta el presupuesto. Una vez que pase esta semana, el agua volverá a sus cauces normales. Eso sí, quizás ellos entren en un período de cierta adaptación a los cambios.