Violencia en el fútbol

Hablan los barras: "Las canciones con los muertos se van a cantar más que nunca"

Los cánticos violentos y ofensivos que entonan las hinchadas están en la mira. La AUF, Nacional y Peñarol diseñan estrategias para erradicarlos, pero saben que será difícil. 

barra
Barras bravas de Peñarol y de Nacional dicen que estos temas "forman parte del folclore del fútbol".

El fútbol es fútbol. “Primero pusieron el VAR, ¿y ahora hay que cuidar lo que se canta porque dicen que es apología del delito e incita a la violencia?”. Cuando empiece el campeonato, “las canciones con los muertos se van a cantar más que nunca”, advierten distintos integrantes de las barra bravas de Nacional y de Peñarol. “Las vamos a cantar mucho más que antes porque la barra siempre se tiró contra la dirigencia y ahora molesta que digan que nos van a controlar más todavía, claro que molesta”, dice un barra aurinegro. Desde la tribuna opuesta, una fanática tricolor coincide y retruca: “¿Sabés lo que me despierta a mí todo esto? Que yo las voy a cantar más fuerte todavía. No tiene sentido. Para nosotros es una boludez. ¿Se creen que, si paran el partido y no nos dejan cantar, no nos vamos a ir a agarrar afuera si podemos?”.

El puntapié para discutir qué más se puede hacer para contener la violencia en el fútbol lo dio la Fiscalía. Ahora, los cánticos ofensivos y violentos están en la mira. En el corazón de las barras bravas esto no cayó nada bien.

A lo largo del 2021 la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) no registró “situaciones críticas”, pero según el vicepresidente Gastón Tealdi —exdelegado por Peñarol— “sí hubo alguna situación que generó expedientes disciplinarios”. El asunto ahora son los cánticos y las conductas violentas en las redes sociales, plantea. Todo empezó tras el reciente campeonato uruguayo obtenido por Peñarol. Se difundieron videos con las celebraciones de jugadores, técnicos y dirigentes. En uno de ellos, el presidente carbonero Ignacio Ruglio canta abrazado al jugador Valentín Rodríguez.

Bolso gallina/ plantate algún día/ no seas cagón/ si corrés con Peñarol.

En otro registro, durante un festejo privado en el Campeón del Siglo, el ídolo manya Agustín Álvarez Martínez entona un cántico “clásico” de la hinchada que festeja el asesinato de los fanáticos tricolores Diego Posadas (1994) y Daniel Tosquellas (1996, a manos de un hincha de Cerro). Se viralizó y tal como lo ven desde la Fiscalía, “así tomó estado público”.

Cómo me voy a olvidar/ cuando matamos una gallina/ cómo me voy a olvidar/ fue lo mejor que me paso en la vida/ Los putos de Nacional/ le buchonearon a la policía/ y al poco tiempo después/ mataron otro los de la villa/ Es mi ilusión volver a verte/ y a los balazos correrte/ matar a dos una vez más/ y prender fuego el Parque Central.

Atento a este desenlace y al intercambio entre hinchas que generó en las redes sociales, estaba el fiscal Fernando Romano. Según se pudo reconstruir para este informe, comenzó a notar con preocupación cómo los comentarios hacia Álvarez Martínez iban volviéndose cada vez más violentos. Algunos lo aplaudían, otros lo repudiaban y lo amenazaban.

“Es lamentable, el presidente de Peñarol tiene una actitud belicosa, es desubicado y lo lamento por el fútbol uruguayo. Nacional es distinto, actúa de otra manera, tiene valores. Son hechos que tenemos que deplorar”, había comentado el expresidente de Nacional, José Decurnex, durante la programación partidaria Pasión Tricolor.

Sin embargo, un par de días después, tras la celebración de la victoria del oficialismo en las elecciones del club, circuló un video con él y otros dirigentes cantando una canción de hinchada que trata al manya de “gallina y vigilante”.

Romano, entonces, descartó la posibilidad de que Nacional presentara una denuncia que suscitara una investigación de las conductas violentas que seguían creciendo. Decidió actuar. Le planteó al fiscal de Corte interino Juan Gómez la conveniencia de intervenir. Gómez le dio el visto bueno. Se contactó con la Jefatura de Montevideo, encargada de investigar la violencia en el deporte, que también apoyó la iniciativa. A partir de ese momento se coordinaron las citaciones para parte del plantel, técnicos, periodistas partidarios y autoridades de Peñarol, y para algunos dirigentes de Nacional.

El diálogo fue “amistoso” y “constructivo”, reconocen ambos clubes. Se comprometieron a trabajar para erradicar estas expresiones violentas; se archivó la causa.

Mientras tanto, en redes sociales, Peñarol publicó un comunicado excusándose, Álvarez Martínez hizo lo mismo y esto abrió un nuevo capítulo: un desafío. El hashtag #Comomevoyaolvidar se disparó. Algunos usuarios cambiaron la letra original, otros no.

Ignacio Ruglio
Ignacio Ruglio, presidente de Peñarol.

Con la intención de que los hinchas no tomen este episodio “como una broma más”, el fiscal Romano solicitó a la Policía que investigue al menos 20 perfiles de usuarios. Compartió la información con la AUF para que estas personas sean incorporadas en la “lista negra” que inhabilita el ingreso a espectáculos deportivos por determinado período de tiempo. Además, según supo El País, al menos cuatro personas fueron identificadas y citadas en Fiscalía. De acuerdo a declaraciones del fiscal en Azul FM, “posiblemente” sean formalizados por apología del delito.

Así se lograría “más repercusión”, opinan desde Fiscalía; “tendría un efecto simbólico fuerte”.

Pero los cánticos son solo una parte. “Apenas una hoja de un árbol donde suceden cosas más importantes”, dicen fuentes de la investigación. Tras una reunión con los encargados de seguridad de la AUF, la sensación que quedó es de que si bien hay un control en las canchas, “podrían estar surgiendo nuevas modalidades delictivas”.

Cambiar los hábitos.

La intervención de la Justicia tuvo un efecto expansivo y podría marcar un nuevo punto de inflexión en el abanico de medidas que despliega la AUF —junto al Ministerio del Interior y los clubes— para reducir la violencia en torno al fútbol. Puertas adentro de estas instituciones se ensayan distintas estrategias para aplacar los cánticos y reaccionar frente a las conductas violentas en redes sociales.

El País consultó a una docena de integrantes de las barras bravas de ambos equipos, todos ellos con entre 20 y 30 años de antigüedad. Coinciden en su “fastidio” ante la dimensión que tomó el episodio. En líneas generales, plantean que se le está dando “demasiada trascendencia”, por culpa de la difusión en las redes que hacen los hinchas “que están para la farándula”. La respuesta de los dirigentes, dicen, “es puro humo”: “Una respuesta para la tribuna”, “pura política”, “hipocresía”. “Es imposible erradicar los cánticos violentos”, desafían.

Que se cantan hace más de 20 años.
Que es puro folclore.
Que son clásicos de las barras, pero las cantan todos los hinchas.
Que ofender al otro es parte de las reglas del juego que asume una barra.
¿Se van a llevar presos a los 50.000 que las cantan en cada Clásico?
Que es una falta de respeto hacia las barras esto que está planteándose.
Que nadie va a salir a matar por cantar una canción.
Que hasta se cantan en los casamientos, en las fiestas de 15 y no pasa nada.

Entonces, ¿se canta pero no se siente? “Se siente sí. Que te canten que te mataron a uno es el punto más alto de la provocación. Es una guerra esto, pero no me lo refriegues porque hasta el más santo se pone diablo. Por eso cuando nosotros dimos el mal paso y falleció gente de Peñarol se lo cantamos en la cara también. Esto es fifty fifty”, plantea un barra de Nacional.

Por su parte, la AUF y los clubes reconocen que la “lista negra” vigente desde 2017 —que integran al día de hoy unas 750 personas— y la instalación de las cámaras de reconocimiento facial marcó un punto de inflexión para sanear el ambiente. A esto se le suman los operativos policiales, el control de las banderas que se ingresan y sus contenidos —eliminando así, supuestamente, los ataúdes con los nombres de los muertos que exhibían las barras— y el control de las entradas que los clubes regalan: deben ser identificadas para así realizarles una trazabilidad y limitar el negocio que generó la preventa.

¿La cancha está en orden? “Se viene haciendo un trabajo excelente con el Ministerio del Interior, no ha habido situaciones de violencia significativas, se ha mantenido un registro bastante importante de las personas violentas, hemos ido avanzando en la reglamentación estableciendo por cuánto tiempo se mantienen las sanciones y por cuánto tiempo uno puede estar en el registro”, dice Tealdi, desde la AUF. Una comisión integrada por exjueces y juristas decide quién debe ser incluido en la “lista negra” y quién sale de ella.

Sin embargo, aunque fue contenida en la cancha, la violencia sigue rondando. Las muertes ocurren fuera de los estadios.

José Fuentes
José Fuentes, presidente de Nacional.

“No sé si ordenó el clima todo esto de las cámaras y la lista, lo que sí dejó es un miedo bárbaro a hacer una cagada y que te agarren. Se dejaron de hacer cosas, pero hay mucha bronca atrás, porque a los barras nos pusieron un límite que no corresponde”, dice una fuente vinculada a una barra de Nacional. Y afirma un aurinegro: “Antes era peor. Era todo el día guerra. Hacíamos muchas emboscaditas, pero ahora te ven por el gran hermano y hay más policías. El tema es que antes era todo jefe contra jefe, 10 contra 10, a las piñas o con fierros, y ahora te disparan desde una moto, no importa quien seas, podés cobrar”.

Alejandro Balbi, dirigente tricolor, cree que la violencia se movió de la cancha y ahora ocurre una invasión de la vida privada. Publicaron el número de su celular en una página carbonera y a diario recibe cientos de mensajes y amenazas. Plantea que hay que ser cuidadosos al decidir qué medida se aplicará para callar los cánticos ofensivos y violentos. ¿Parar el partido como se hace en el básquetbol? “Puede pasar que voy ganando 1 a 0, me están matando a pelotazos para empatarme y empiezo a cantar y la hinchada me ayuda a ganar porque paro el partido. O también puede haber infiltrados en la cancha contraria. No es nada fácil”.

Nacional y Peñarol han sido sancionados económicamente por cánticos ofensivos. Desde la AUF reconocen que, aunque esta herramienta ya está prevista, la propia comisión disciplinaria no la aplica sistemáticamente, pero eso ahora va a cambiar. “Estamos manejando distintas alternativas para evitar que estas situaciones se produzcan”, dice Tealdi. Los caminos que más convencen son las sanciones económicas a los clubes o que el árbitro pare el partido.

Gonzalo Moratorio, delegado de Peñarol en la AUF, comenta que se intentará disuadir a los hinchas con mensajes por altoparlantes y que un grupo de músicos colabora con el club “para ver cómo cambiar las partes violentas por otras expresiones no perjudiciales que sean más agradables para todos”. A su vez, la flamante comisión de asuntos sociales trabaja con la Facultad de Psicología para diseñar estrategias para desarmar las conductas violentas que están naturalizadas en las canchas.

investigador

De compartir la tribuna al inicio de una guerra

“Es un proceso que pasó sin que te dieras cuenta hasta que hubo señales más fuertes”, dice el investigador Luis Prats. Hasta 1986 las hinchadas compartían la tribuna Amsterdam. Las peleas, “eran peleas de cantina”. “Hubo sí hechos violentos, fallecidos, pero eran situaciones episódicas”, dice el periodista. “Todo era más espontáneo”, explica en referencia a que los hinchas eran aficionados que incluso no llevaban camiseta del club a los estadios. “Recién hacia fines de 1970 la hinchada empezó a ser algo más organizado”. En la década de 1980 y sobre todo en 1990, los partidos pasaron a ser un espectáculo. El asesinato de Diego Posadas en 1994 fue un punto de inflexión: “Las barras ya estaban preparadas para tener un enfrentamiento”.

El objetivo es difícil, reconoce: “El club puede hacer algo a nivel de prevención, pero no a nivel de prohibición porque está la libertad de las personas, y son miles que están cantando una canción y no se puede, menos en este ámbito, decirles ‘no cantes esto’. Sí se puede ir trabajando para cambiar esa cultura que se arrastra desde hace tantos años”. Hay que cambiar los hábitos de miles, resume. Una señal positiva, agrega, es que se percibe que algunos hinchas dejaron de acompañar los cánticos. Dice: “Se trata de hacer entender que hay que ponerse en el lugar del que perdió a ese familiar por la violencia en el fútbol”.

Qué dicen las canciones.

“La sangre está ahí”, dice un barra carbonero. “No tenemos un límite porque nosotros somos eso: somos violencia. Y contarle los muertos es como un canto de victoria para nosotros”. Desde la barra de los bolsos, lo mismo: “Matar a un rival es lo máximo. Es un trofeo. En el pensamiento de la barra no existe el ‘pobrecito’, no se piensa en la familia del muerto, no se piensa en nada. Son los colores del adversario, es el enemigo y no importa quién sea. No hay remordimiento. Es mentira eso”.

Cantan los manyas:

Vos sabés que no tenés huevos/ que salís corriendo bolso vos sabés/ Vos sabés el día que la madre de Diego vino con los ojos mojados que te ibas a morir/ cuando el doctor dijo señor, Diego Posadas se murió/ cómo poder explicarte, cómo poder explicarte/ porque ver morir a un bolso no se puede comparar/ es mucho más que todo/ bolso vos sabés.

Cantan los bolsos:

Y vamo' los bolsos/ vamo' a poner más huevo/ quiero la vuelta/ quiero matar a un carbonero.

“Lo que está pegando ahora es un tema que hace un resumen de los incidentes que pasaron. Dice, ‘te matamos al Rodrigo (Aguirre, 2011) y al Hernán (Fioritto, 2016), dos putos que por gallinas duermen en un cajón’”, cuenta un barra bolso.

¿Cómo se crea un cántico? Barrabravas de los dos equipos plantean el mismo origen: en el 90% de los casos vienen desde Argentina. Peñarol tiene amistad, sobre todo, con Estudiantes de La Plata y Nacional con Independiente, que suelen armar los canciones sobre melodías de temas de moda, y se las pasan. Los uruguayos cambian los nombres de los equipos, los de los enemigos y, en las más cruentas, los de los muertos. Algunos cánticos sobreviven por años y “se convierten en clásicos”.

“Otros salen cuando nos juntamos a tomar una yerba y un vino. Se va enganchando, algún referente con más cabeza le daba su toque y luego la llevás a cancha y la cantás. Si pega, a los 20 minutos tenés a todo la tribuna cantándola”, describe un barra de Nacional. Entre los que integran una barra, algunos se dedican solo al agite al punto de que ven todo el partido de espaldas. “Nunca veo los goles”, cuenta un barra.

Antes, distribuían papeles entre los hinchas para que las memoricen más rápido. Ahora, desde un club y del otro dicen que se difunden por Tik Tok. Se viralizan en minutos.

“Cantar es como tirar toda la artillería. Todo el mundo canta: la barra, los dirigentes, los que van con la noviecita, la familia. Es un tema de poder: vos le querés hacer saber a la hinchada que está enfrente lo que sos. Pero cuando cantás no sos tan consciente de la literalidad de lo que decís. La gente no canta para salir a matar. Si no tendrías 30 mil muertos por clásico”, dice un barra de Peñarol.

El tema es que hay otro poder en juego: el ascenso dentro de la misma barra. Por eso, algunos de los entrevistados distinguen entre el núcleo duro de la barra, los sectores adyacentes y después están los hinchas. Son lenguajes distintos. Y también hay que considerar que hay tres generaciones de barras conviviendo.

Según los integrantes de “las viejas barras”, formadas en la década de 1980, lo que acercaba a los jóvenes a este núcleo duro cambió. “En mi época, empezaba siendo un acto de amor. ¿Sabés qué ibas a buscar en la barra? Al padre, al abuelo, al hermano, al amigo que no tenías. Vos llegabas con carencias. Ibas a buscar amor. Y te encontrabas con un grupo de hombres que eran rudos sí, pero te cuidaban. Y veías que por ahí hacían cosas que no te gustaban, pero te cuidaban. Entonces vos las hacías o mirabas cómo las hacían los otros. Pero esas barras, las viejas, tenían una humanidad. De eso no hablaban los diarios. Te ayudaban a conseguir trabajo, te ayudaban con un surtido, te compraban los remedios para tu madre, te daban de comer, te defendían de tus enemigos. Y lo que hacías por el club, lo hacías por amor, no por plata como ahora”, cuenta un barra de Nacional.

Algunos de esos barras confiesan que tienen amistad con barras de Peñarol. “Si empezamos juntos, compartiendo la Amsterdam”. Hasta que a mediados de 1980 hubo un incidente durante un partido —“un tironeo de banderas”— y separaron a los fanáticos. Y de a poco todo cambió. “Pasaron muchas cosas para llegar a donde estamos ahora. Vos fijate en quién integra la columna vertebral de una barra. Muchos somos hijos de alcohólicos, de enfermos psiquiátricos, de presos políticos, sufrimos abusos de todo tipo en la infancia y el club se convierte en tu hogar y la barra en tu familia”, dice un barra de Nacional.

En 1990 las barras comenzaron a agrandarse, llegaron los viajes al exterior acompañando a los equipos y empezaron a organizarse, inspirándose en sus pares de Argentina. En esa época irrumpe la droga, en especial la cocaína. “¿Y qué pasa con la droga? Que te olvidás de los traumas. Entonces vos tomás. Pero tenés resentimiento porque hay violencia por todos lados. Porque no tenés nada. Porque sos un marginal y te tratan como un marginal, y ves que al del equipo de enfrente lo cubren, lo ayudan y te da impotencia, te da rabia (...) A mí en los edificios de barrios acomodados en los que trabajaba, me permitían subir solo por ascensores de servicio. ¿Eso no te va a llenar de odio? Mezclás todo eso en una cancha, y fue la guerra”, resume uno.

Entre 2001 y 2003, en el pico de la violencia, el sociólogo Leonardo Mendiondo estudió las barras por dentro. Pasó un año con la de Nacional y otro con la de Peñarol, haciendo todas las actividades que proponían sus integrantes para dilucidar si tenían diferencias y por qué. “Me encontré con barras muy bien organizadas, el problema era que muchos conflictos venían de afuera del estadio, de la vida cotidiana de algunos barras, caminando en el borde de la legalidad, y la cancha era un punto de encuentro”, plantea.

Leonardo Mendiondo
Leonardo Mendiondo.

Como un espejo del incremento de la violencia en la sociedad, a medida que pasaron los años la temperatura en las canchas se elevó. “Los barras no se identifican con los dirigentes, se usan entre sí para ser lo que son y empiezan los curros, empiezan a mover mucho dinero. Desde el 2004 empeora y empieza la guerra”.

Desde afuera, Mendiondo visualiza un escenario similar al que describen los barrabravas consultados. “Ya no hay una sola barra. Y en las barras no hay una sola figura que encause. Hay muchas que obedecen a lógicas diferentes. Todas tienen algo en común: son de Nacional o son de Peñarol, pero los extremos a los que están dispuestos a llegar algunos hinchas son los de una guerra y el ‘yo prevalezco si le piso la cabeza al adversario para tener más poder dentro de la barra’”.

Cuentan los más veteranos que hay otra delincuencia circulando por las barras. Es otro tipo de violencia. Se trata de escalar para acceder a los puestos que manejan el dinero “de todos los curros asociados, más y menos ilegales”. “El perro quiere llegar a ser el rey”, resume un informante.

Y en ese escenario, ¿un cántico puede incentivar el odio? Dice un barra, ya no importa de qué equipo. “Claro, porque el pendejo de ahora mata a una vieja por 30 pesos para tomar pasta base. Y ese pendejo se cree que soy Dios porque soy un barra y me quiere demostrar que está a mi nivel para subir escalones y llegar a donde se mueve el dinero. Entonces va y hace lo que tenga que hacer”.

tesis

Sociólogo pasó dos años dentro de las barras de Nacional y Peñarol: así lo recuerda

El objetivo era desnudar la esencia del hincha acérrimo, para entender “qué lo conecta con el club”, explica Leonardo Mendiondo. “La institución formatea su forma de ser, porque al adherir incorpora un imaginario simbólico que tiene consecuencias en la vida práctica”. ¿Eran en ese momento similares las barras? “No, porque las construcciones identitarias son bien diferentes”. Para empezar, Nacional surge de un ambiente más acomodado y se asocia al Partido Nacional, mientras que Peñarol tiene un origen obrero y se asocia al Partido Colorado. Peñarol creció bajo el ala de “un líder carismático” como José Pedro Damiani y en Nacional la rotación de poder fue mayor. El discurso de Damiani “era duro, lleno de enemigos simbólicos y se generó una forma de jugar ‘a lo Peñarol’”. Al morir Damiani, se produce un quiebre. Empiezan a cambiar las características de los grupos. En medio de un incremento de la violencia en la sociedad, Nacional entra en “una dinámica de emulación”. Mata. Y Peñarol apuesta por un tipo de juego más refinado (en la época de Diego Aguirre). “Las dos barras se radicalizan y se visualizan como enemigos de guerra. Así comienzan un proceso en el que se asemejan, porque una no vive sin la otra”.

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