El lamento de las Tres Gargantas

| Para el gobierno chino la obra es una maravilla, para sus críticos una catástrofe. Más de un millón de personas perderán sus hogares bajo el agua.

JOSE REINOSO, EL PAIS DE MADRID

CUANDO HE VISTO la represa, me he acordado del poema del presidente Mao: `De entre las gargantas surgirá un lago de aguas tranquilas`. Los chinos son un gran pueblo. Me siento orgulloso. No somos menos que los extranjeros". Zhou Yaming, de 52 años, de la provincia de Sichuan, no puede contener su admiración ante el paisaje de agua y hormigón: una muralla de cerca de 200 metros de alto y 2,3 kilómetros de largo, que corta en dos el Changjiang (Yangtsé en chino), el río más largo de China y el tercero del mundo.

La represa de las Tres Gargantas -el mayor complejo hidroeléctrico del planeta-, situada entre las provincias de Hubei y Chongqing, cubrió una etapa clave con la conclusión de su estructura de hormigón, diez meses antes de lo previsto. Los trabajos comenzaron hace 13 años y culminarán en 2009.

Para entonces, el agua alcanzará una cota máxima de 175 metros; sus 32 turbinas de 700 megavatios estarán en funcionamiento, y el complejo podrá proteger a millones de personas contra las inundaciones que regularmente castigan la cuenca del Changjiang.

Pero también para entonces, una docena de ciudades y miles de pueblos habrán sido engullidos por las aguas, que inundarán una superficie de 632 kilómetros cuadrados (100 kilómetros cuadrados más que todo el departamento de Montevideo). La inundación obligará a desplazar a 1,13 millones de personas, según las cifras oficiales (alrededor de dos millones, según los críticos del proyecto). Además, el frágil ecosistema de la zona será modificado para siempre, y desaparecerá para nunca volver uno de los paisajes más extraordinarios del país y más de un millar de sitios históricos de una de las cunas de la civilización china.

Unas 1.500 grandes fábricas ya han tenido que mudarse y 16 yacimientos arqueológicos de gran valor quedarán bajo las aguas.

Desde el parque creado junto a la represa, cuyo acceso cuesta 188 yuanes (580 pesos), la vista es espectacular. Los desagües proyectan un enorme chorro de agua y crean un mar de olas blancas. Los turistas se fotografían con el farallón de hormigón de fondo, en cuya mitad sur todavía continúan trabajando las grúas. En la mitad norte, ya operan 14 turbinas.

La presa se hunde en el cauce del río, transformado en un lago oscuro. Un barco se acerca a las esclusas de cinco niveles que permiten a los buques hasta de 10.000 toneladas salvar la barrera en tres o cuatro horas. Hay obreros que descargan camiones, que vadean el desnivel por carretera. Las autoridades han prohibido que utilicen las esclusas por miedo a que los vehículos transporten productos que puedan explotar.

"Es imponente. Siento un gran orgullo", dijo Peng Tao, un joven de 25 años. Orgullo. Lo mismo que siente el gobierno, que asegura que el proyecto reducirá la frecuencia de las inundaciones de una cada diez años a una cada 100; será una importante fuente de energía eléctrica; mejorará la navegación y activará la economía de la región. "La represa de las Tres Gargantas es una prueba excelente de lo que los chinos pueden lograr", afirmó Cao Guangjing, subdirector de la empresa responsable del proyecto, tras el vertido de la última carga de cemento.

Para los detractores, la realidad es muy distinta. "Las consecuencias medioambientales serán muy graves", sostuvo Chen Guojie, investigador del Instituto de Medio Ambiente y Riesgos de Montaña de Chengdu (capital de Sichuan) y experto en la obra. "Los principales problemas son el desplazamiento de la gente, que, aunque hayan recibido casas, se han quedado sin medio de vida; la acumulación de sedimentos en el cauce; la contaminación; el efecto sobre el ecosistema, y la profunda modificación del paisaje. Además, se producirán cambios del clima, ya que habrá más nieblas, y será un desastre desde el punto de vista geológico, por los aludes y corrimientos de tierras. Durante mucho tiempo, habrá problemas ocultos".

Según Cao, el subdirector de la empresa fabricante de la presa, los efectos sobre el medio ambiente "están bajo control". El gobierno ha destinado 40.000 millones de yuanes (125.000 millones de pesos) a plantas de tratamiento de aguas y basura. "Las ventajas superan con mucho los inconvenientes", afirmó.

Cao asegura que el costo del proyecto -que no ha sido financiado por el Banco Mundial por las presiones ecologistas- ascenderá a 23.000 millones de dólares, frente a los 26.000 millones presupuestados. Expertos occidentales consideran que será el doble.

Fase final

Cerca de la gran muralla de cemento, los barracones abandonados recuerdan que la obra ha entrado en la fase final. Alrededor de 8.000 obreros trabajan en el complejo, frente a 30.000 de los momentos de máxima actividad. Un cartel reza: "Larga vida al Partido Comunista Chino".

Una decena de kilómetros aguas arriba se encuentra el municipio de Maoping, de donde salen los barcos que remontan el Changjiang. El San Xia Guanguang V hace sonar la sirena y se separa suavemente del muelle. Es un barco de fondo plano, estructura oxidada y tres cubiertas de pequeños camarotes, que vivió tiempos mejores. A bordo viaja tan sólo una veintena de personas. La mayoría de la gente utiliza los barcos rápidos, que navegan a 60 kilómetros por hora, una velocidad que triplica la del viejo buque.

Al rato, el barco se interna en el primero de los tres cañones, Xiling, que junto con Wu y Qutang, forman uno de los referentes paisajísticos más populares de China: las Tres Gargantas. Durante siglos han sido fuente de inspiración de pintores y poetas, como Li Bai (701-762), quien escribió muchos de sus versos mientras descendía sus aguas turbulentas. El paisaje, que ya cambió en forma radical cuando el embalse comenzó a ser llenado hace tres años, sufrirá otra amputación cuando a partir de setiembre vuelva a subir el nivel.

El San Xia Guanguang V navega entre paredes de roca de cientos de metros de altura, salpicadas de vegetación. Se cruza con barcazas de mercancías y con barquitos de madera y bambú. Remonta un río domesticado, en el que flotan grandes manchas de basura.

Los activistas ambientales afirman que el Changjiang (que significa "río largo") se convertirá en una gigantesca alcantarilla tras haber perdido el efecto de limpieza causado por la corriente. De momento, sólo es tratado el 20% de los vertidos que van al embalse, y sus habitantes se quejan de que el agua está más sucia y hay menos peces.

El barco deja atrás pueblos y ciudades: aglomeraciones de paralelepípedos blancos edificados en las faldas de las montañas en los últimos años.

También desfilan carreteras, puentes recién construidos, y enormes superficies de hormigón, utilizadas para evitar los aludes de tierra. Siete horas -o 120 kilómetros- más tarde, el barco atraca en la nueva Wushan, una ciudad que ha sido levantada ladera arriba para sustituir a la sumergida.

El embalse de las Tres Gargantas es criticada por muchos aspectos. Pero los mayores problemas han venido por el realojo de los habitantes de las zonas inundadas. Hasta ahora han sido desplazados más de un millón, en un éxodo que está lejos de haber acabado. Miles de personas viven aún bajo las marcas de 175 metros que jalonan el río advirtiendo hasta dónde subirá el agua.

El proceso de adjudicación de viviendas y de indemnizaciones está plagado de escándalos de corrupción por parte de los funcionarios locales, muchos de los cuales se han enriquecido con la lluvia de millones enviados por Pekín. Al menos dos funcionarios han sido condenados a muerte por malversación y soborno.

Muchas familias se quejan de que no han recibido las compensaciones debidas, y de que han sido engañadas. Y muchos de quienes optaron por emigrar a otras provincias para recibir mayores asignaciones han regresado. Como Tan Shumei, una mujer de 50 años, que cuando llegó a su nueva casa en la provincia de Hubei, se encontró con que el pueblo donde tenía que vivir no era el que le habían hecho creer, y que la propiedad de las tierras que le habían dado era sólo por 30 años. "Volvimos a Chongqing y amenazamos con una demanda. La compensación pasó de 6.000 yuanes por persona (19.000 pesos) a casi el triple", relató. "Como en Hubei no había trabajo, alquilamos la tierra, que era muy mala, y regresamos cerca de nuestro pueblo", dijo esta mujer, que ahora trabaja de limpiadora en uno de los barcos de pasajeros que recorre el río.

Quienes lideraron las protestas contra los desalojos terminaron en la cárcel. He Kechang, un capitán de barco retirado, fue encarcelado tres años luego de haber ido a Pekín con pruebas de la corrupción en el proceso de indemnizaciones.

"Primero me acusaron de entregar secretos de Estado a un periodista extranjero, pero, tras estudiar los documentos sobre el escándalo, abandonaron este argumento y me encerraron tres años por desorden público en un centro de reeducación por el trabajo", contó.

La cita con He, de 66 años, tuvo lugar en un bar discreto, en un pueblo que no es el suyo, ya que está vigilado. "Cuando salí, me preguntaron dónde iba, y les dije que a ver a mi hermana", afirmó mientras miraba de reojo por la ventana. Algunos periodistas han sido detenidos en la zona, cuando entrevistaban a los líderes de las protestas.

"Construir la represa es bueno, pero el problema es que los funcionarios locales se han quedado con dinero que era de la gente, y el gobierno central no viene a ver lo que ocurre en realidad. En mi pueblo, Gaoyang, hay un millar de personas viviendo en carpas en las colinas porque no han recibido lo que consideran que les corresponde". He cojea ligeramente. Mientras estuvo preso se cayó y se rompió una pierna. "Precisaba una operación, pero la policía de Yunyang dijo: `No lo curen. Si se pone bien, volverá a Pekín`".

La idea de domar las aguas del Changjiang mediante una represa fue del líder revolucionario Sun Yatsen, en 1918; más tarde la hizo suya Mao Tsé Tung, que acabó abandonándola, y, por fin, fue llevada a cabo por Deng Xiaoping, bajo el impulso del primer ministro Li Peng, quien, en 1992, logró, tras una intensa campaña de propaganda y haber silenciado todo debate, que la Asamblea Popular Nacional la aprobara.

A pesar de ello, un tercio de los diputados se opuso o abstuvo, una situación sin precedentes en la historia de la República Popular. Había nacido el proyecto del embalse de las Tres Gargantas, símbolo de la modernización de China.

Y el Changjiang había sido sacrificado.

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