Cinco años más sabios

| ¿Qué lecciones sacaron los uruguayos en este último lustro?

 portada que pasa 20050604 200x224

Famosos, ciudadanos admirados y otros no tanto, y gente común de la calle responden a la pregunta especial de este número aniversario: ¿qué cinco cosas aprendió en los últimos cinco años?

Fiorella Buzeta, joven baleada por un compañero en el liceo en 2004, 13 años.

1) Aprendí lo que es el sufrimiento, la injusticia y el dolor de lo perdido.

2) Conocí la indiferencia y la insensibilidad de algunas personas, pero de eso también aprendí.

3) Aprendí lo que es el amor, el apoyo y la unión de la familia, padres, hermanos, tíos y gente en general.

4) Aprendí a valorar a la gente solidaria y generosa.

5) Aprendí a escuchar, pensar y sacar fuerzas de donde no las hay. Hoy miro la vida desde otra óptica y desde aquí digo que nada puede más que nosotros mismos, que el poder está adentro nuestro. Jamás me daré por vencida.

Luis Romero, ex integrante del Secretariado del PIT-CNT y presidente del sindicato de Funsa, hoy asesor de la nueva Funsa, 66 años.

1) Entender el poder que tienen los trabajadores cuando actúan con inteligencia y están convencidos de lo que quieren.

2) Tener capacidad de diálogo. Algo que no es nuevo para mí como sindicalista, pero ahora sé que no es bueno el "todo o nada" en la negociación.

3) No todos los buenos están de un lado y los malos de otro. Hay gente muy interesante entre los empresarios e industriales y entre los empleados, y también hay gente que obstruye los caminos de ambos lados. Ahora sé también que muchas cosas que antes pensaba que eran problemas de los patrones y el gobierno, son problemas nuestros también: calidad, mercado, región, son problemas de todos.

4) Uno debe dar todo lo que puede y sabe para que un país funcione y no esperar que los demás nos ayuden. Primero hay que procesar, construir: esa es la forma en que el gobierno o los empresarios se vean en el compromiso de ayudar a los trabajadores.

5) No se necesitan ni iluminados ni imprescindibles. Sí gente muy capaz con muchos valores. Veo muchos iluminados diciendo verdades absolutas, y en este país aprendí que ya no tienen razón de ser.

Alicia Barbani, escribana, 50 años.

1) Cuando los derechos de las personas se ven pisoteados por una cúpula de intereses imbricados y sectarios, el ciudadano tiene el deber de defenderse ejerciendo su legítima libre expresión.

2) Para lograr los objetivos se requiere una gran cuota de determinación y perseverancia. Y la pena se debe transformar en aceptación de la realidad, tarea que no es fácil, pero que manifiesta la grandeza del ser humano.

3) No tenerle miedo a los adversarios, no ser víctima sumisa ante los que tienen el poder. La supervivencia depende de no permitir que los acontecimientos que nos tocan vivir nos destruyan.

4) La falta de solidaridad, de respeto, la mentira y el doble discurso de los que nos gobernaron han ido destruyendo los valores y los principios de nuestra gente. Se ha hecho uso y abuso de la nobleza e hidalguía de nuestros compatriotas.

5) La mejor herencia que me dejó mi padre fue la honestidad, el coraje y la convicción de desechar de mi mente el concepto de derrota. Jamás se debe perder la fe y, como en las películas, al final siempre deben ganar los buenos.

Juan Jesús Sosa, músico ambulante, 40 años.

1) Si no peleás, no comés.

2) La gente es muy solidaria.

3) A sobrevivir.

4) A tener paciencia.

5) A no tener miedo a quedarme sin trabajo. Me acostumbré.

Fabián Estoyanoff, futbolista, 22 años.

1) Aprendí a ser un profesional y defender mi equipo con más responsabilidad.

2) Supe qué se siente al vestir la camiseta de la selección. Te lo podés imaginar, pero hasta que no estás adentro de una cancha con ella puesta, no lo sabés.

3) En el fútbol no hay que subestimar nunca a ningún equipo.

4) El fútbol es un espectáculo donde el jugador es el protagonista y es su responsabilidad cumplir con la gente. Por eso me gusta tirar caños, hacer gambetas y que la gente se divierta.

5) Para lograr grandes cosas lo principal es la unión y la solidaridad con los compañeros.

Luis Alberto Lacalle, ex presidente, 63 años.

1) Muchos compatriotas creen que el nuestro es un país rico, que existe una importante cantidad de riqueza y que sólo hace falta repartirla. La realidad, por el contrario, nos enseña que Uruguay es un país potencialmente rico y que se puede hacer efectivo ese potencial sólo a través de inversiones en capital humano —enseñanza—, inversiones en dinero, vengan de donde vengan, estabilidad institucional, certeza legal y trabajo.

2) En los períodos electorales lamentablemente no se discuten temas concretos, sólo se contrata propaganda y se siguen las encuestas. Luego vienen las sorpresas y las desilusiones con los gobiernos y los gobernantes. Será necesario legislar estableciendo la obligatoriedad de los candidatos a presidente e intendente de presentar por escrito sus planes y establecer que la información acerca de esas propuestas sea lo único que se pueda publicitar. Como en Gran Bretaña.

3) El Mercosur, desde que quedó plenamente vigente en 1995, no encaró aquello para lo que fue acordado, es decir liberar de trabas y obstáculos el comercio entre los cuatro países miembros. Por ello cada día vemos que los países "chicanean" y violan el espíritu y la letra de los tratados y resoluciones. Se ha desilusionado a los respectivos pueblos porque el sistema no ha generado mayor actividad económica y empleo, fin para el cual fue creado.

4) No tenemos la conciencia de que el gasto y la inversión del Estado se financian con el dinero que se nos cobra en tributos. Es una creencia generalizada que los gobiernos no "dan" más porque no quieren.

5) El sistema de enseñanza pública, por su decadencia, se ha convertido en el más grande factor de desigualdad de nuestra sociedad. Solamente haciéndolo más exigente, estableciendo calificaciones periódicas y enseñando tanto valores como destrezas apropiadas para el mundo real, se logrará revertir esa tendencia.

El Cuarteto de Nos, grupo musical, 21 años.

1) En tiempos de crisis la cultura paga. Increíblemente, con el país devastado, con el estado de ánimo de la gente por el piso, fueron de los años que más shows tuvimos y con más repercusión de público.

2) No somos latinos. En la gira que hicimos en 2004 por Estados Unidos, y sobre todo en nuestro stop en Miami, confirmamos el nombre y el contenido de esta querida canción nuestra, y aprendimos que nos quedamos cortos de ácido. Sobre todo cuando algún verdadero latino nos decía "yo trabajo deliverando grocerías" (reparto vegetales) o "acabo de vacunar la carpeta" (aspirar la alfombra).

3) Las generaciones pasan, las canciones quedan, y los bancos no. A veces nos resulta extraño que las nuevas generaciones se enganchen con nuestras canciones: es un público con la misma edad que teníamos nosotros cuando empezamos a tocar. Pero si este hecho lo asociamos a que en 2002 teníamos más o menos la misma edad que nuestros padres cuando quebró la tablita y de nuestros abuelos cuando se fundió el Banco Mercantil, la ecuación cierra y el gusano se come la cola.

4) No tenemos nada mejor que hacer. Aprendimos la respuesta perfecta a la pregunta que tantas veces nos han hecho en entrevistas: "¿y ustedes por qué hacen ese tipo de canciones?", y efectivamente en estos 21 años los cuatro juntos no hemos encontrado todavía nada mejor que hacer. Tanto nos gustó la frase, que hice una canción para el próximo CD con este título.

5) Nostradamus era un chanta.

Ángel María Luna, periodista, 66 años.

1) Aprendí que mi vida no es la vida, sino apenas una minúscula excursión por una pequeñísima zona de la historia.

2) Aprendí a sentir orgullo, felicidad y admiración por Juan Pablo (mi hijo), como persona y como académico. Y logré transmitírselo con alegría y gratitud.

3) Aprendí a prescindir del halago, las adulonerías y las críticas por mi actividad pública y a retomar, sin angustias, un trabajo menos visible, detrás de cámaras, que me está devolviendo la privacidad. (Aunque muchos todavía me reconocen y a veces me dicen "lo vemos todos los días").

4) Aprendí que es posible dejarle "el lugar a los más jóvenes", sin abrir la boca.

5) Comprobé, porque varios se encargaron de hacérmelo ver, que la combinación de poder y soberbia es la mejor fórmula para un "cóctel lítico" de efecto fulminante.

Juan Pablo Rebella, director de cine (25 Watts, Whisky), 30 años.

1) El efectismo, el pintoresquismo fácil y la obviedad de lo políticamente correcto suelen ser la clave del éxito masivo para los productos culturales y periodísticos en Uruguay. Casi cualquier emprendimiento que desafíe estos valores está condenado a ser catalogado de elitista o de "estar de vivo".

2) La mala leche, el resentimiento y el conservadurismo disfrazados de inteligencia y cordura son los peores enemigos del talento, la originalidad y la innovación. Mucho peores que la falta de recursos. En Uruguay es casi imposible ser gato y no tener una quinta pata.

3) Ni siquiera la peor crisis de la historia nos sirvió a los uruguayos para asumir que de europeos lo único que tenemos son antepasados. Somos una sociedad tan clasista como caprichosamente orgullosa.

4) Montevideo es una ciudad mucho más linda e interesante que lo que los montevideanos pensamos y mucho menos mágica de lo que los bonaerenses creen.

5) Lo único que detiene la caída del cabello es el piso.

Rosario Juárez, cardióloga, 50 años.

1) Que los años nos hacen más sabios, pero no más felices.

2) Que estar al día implica correr siempre el ómnibus de la vida sin poderlo alcanzar.

3) Que la vida es corta y hay que vivirla lo mejor posible, si nos dejan.

4) Que por más que pensemos y hagamos lo que creemos mejor para todos, nunca es suficiente para medir las consecuencias.

5) Que si volviera a ser joven volvería a cometer los mismos errores.

Milton Wynants, ciclista, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 y de oro (dos) en los Panamericanos 2003, 33 años.

1) Maduré con el nacimiento de mi hija Luciana, en 2002. Ella me enseñó a ver la vida de otra manera.

2) Aprendí a valorar el reconocimiento de la gente. En cada ciudad que estuve, sentí el apoyo por lo que conquisté en Sydney y Santo Domingo.

3) Aprendí de muchos errores cometidos en los Juegos Olímpicos de Atenas, en 2004. La preparación no fue la adecuada: después la analicé y vi sus errores. Me quedó la espina, porque me di cuenta que se puede estar más arriba. Se puede.

4) Después del accidente de tránsito en 2002, aprendí a valorar la vida. Volví a nacer.

5) Aprendí que cuando uno logra algo, muchos quieren "subirse al carro". Hay gente que es sincera y valora muchísimo lo que lograste. Pero otros se acercan para usarte. Me duele que se haya logrado la primer medalla olímpica para América del Sur en ciclismo y el ciclismo uruguayo, en vez de ir para adelante, va para atrás.

Danilo Almeida, dueño del bar Girasoles, 42 años.

1) Los cambios en serio, sólo pueden ser a largo plazo.

2) El mito de que al uruguayo no le gusta trabajar es cierto.

3) La sociedad uruguaya se desvinculó: hay que recuperar los afectos, la solidaridad, los valores.

4) Hay que apostar a los jóvenes.

5) De la crisis se sale.

Pablo Mieres, sociólogo, ex diputado del Partido Independiente, 45 años.

1) Constaté lo duro que es asumir una conducta en política que no se aparte de lo que uno cree; a su vez confirmé que tal postura resulta imprescindible y que uno se siente muy bien habiendo resistido las tentaciones de los "atajos del poder". También aprendí lo gratificante que es el reconocimiento público frente a esta actitud.

2) Recorrí como nunca antes el interior, visitando todos los departamentos, lo que me resultó enormemente provechoso para conocer mucho más la geografía y la idiosincrasia de nuestro pueblo.

3) Sufrí los costos y dificultades de llevar adelante una investigación sobre situaciones irregulares ocurridas en nuestro país, y sentí los obstáculos que existen para lograr que haya, desde el orden establecido, una actitud dispuesta a actuar con la celeridad y firmeza necesarias.

4) Me enfrenté a los límites de lo que uno puede hacer desde el Parlamento, pero también descubrí la gratificación de resolver situaciones colectivas, más y menos importantes.

5) Aprendí a ser padre de hijos adolescentes, una tarea tremendamente positiva y enriquecedora que me enfrenta todos los días a nuevos desafíos, preguntas, novedades y cuestionamientos. Me resulta fascinante.

Debo además reconocer que he encontrado en este suplemento, durante estos mismos cinco años, un referente siempre exigente, cuestionador e indómito, y una verdadera muestra de un periodismo independiente y valiente que semana a semana me aporta ideas, valores y conceptos valiosos para el análisis de la realidad.

Cristina Leal, estudiante de psicología, 38 años.

1) Que el asistencialismo no sirve. Hay que apostar a que la gente pueda redescubrir sus capacidades y salir de esa dependencia y demanda eterna.

2) Que las familias han depositado la educación y la formación de sus hijos en otras instituciones. Pero los lazos familiares, bien o mal, son los que te sostienen.

3) Los uruguayos hemos perdido solidaridad en pos de la eficacia. Nos hace olvidar que tenemos gente al lado.

4) Que los vínculos se han transformado. Pasás tantas horas en internet que hasta te olvidás del que tenés al lado: tu hijo, tu hermano, tu pareja. ¿Quién es ese otro de internet?

5) Que el fácil acceso a tanta información genera desinformación.

Enrique Rubio, senador de la Vertiente Artiguista, 62 años.

1) La construcción programática con vistas a gobernar es extremadamente desafiante y difícil al mismo tiempo.

2) Descubrí con mayor profundidad que la renovación tecnológica es la clave del desarrollo, en especial para un país pobre. La cuestión de la inteligencia, su aplicación y la economía de la inteligencia, son decisivas para Uruguay.

3) Descubrí que la pobreza había calado en un nivel de profundidad que hería la sensibilidad más elemental, y significaba una afrenta ética.

4) Un ciclo electoral de la extensión actual es extenuante y debe ser modificado, porque coloca durante un año y medio a Uruguay en un eje que no es el más productivo.

5) La gestión estatal puede cometer errores tales que signifiquen desastres para el colectivo. Esto lo aprendí más que nada a través de la investigación sobre los negocios de Ancap en Argentina. Y también aprendí, a través de encuentros con diversos actores políticos, académicos y sociales del Mercosur, que tenemos problemas muy similares y podríamos salir de la insularidad del Uruguay para salir del atraso.

Deyvi Cardozo, madre de Maykol, de 15 años, que murió por la bacteria resistente y la deficiente atención pública, 33 años.

1) Hace cinco años era muy feliz junto a mi hijo, quien también me enseñó muchas cosas. Hoy a un año y medio de su fallecimiento me doy cuenta de que también se aprende del dolor y se puede evitar el dolor de muchos.

2) Aprendí a vivir la vida intensamente con las personas que uno ama, decirles cada día lo importante que son, lo bello que es compartir la vida con ellos, sin importar lo que digan los demás.

3) La vida no es lo que uno espera, planifica y sueña. A veces Dios tiene un propósito para cada uno. El tiempo de Maykol fue muy corto para lo que yo deseaba, pero tal vez lo necesario para el propósito que Dios tenía para ambos. Es lo que creo hoy. Al principio odié a Dios con todas mis fuerzas, pero aprendí a perdonarlo, porque de alguna manera él me mostró a través de mi hijo que tenía que luchar por muchas cosas injustas que están sucediendo.

4) Aprendí que lo que para mí era muy pequeño como una piedrita podría de alguna manera terminar con lo que le estaba haciendo tanto daño a los más débiles.

5) Aprendí que la verdad y la justicia están por encima de la mentira, y si uno lucha con todas sus fuerzas por lo que cree justo, siempre la verdad estará por encima de todo, por grandes que nos parezcan aquellos con títulos académicos, lujosos trajes y palabras sofisticadas, sentados en sillones que para ellos son tronos. Es sólo lo que nos quieren hacer creer. En realidad, "lo esencial es invisible a los ojos", y no debemos dejarnos subestimar por pequeños que nos creamos. Es Dios quien nos hace grandes, no el hombre.

Carlos Zeballos, vendedor de celulares, 57 años.

1) Con las Torres Gemelas aprendí a ver la destrucción masiva. Fue un aprendizaje brutal.

2) Aprendí a cuidar a mis hijos de la pasta base, porque lo veo todos los días en la calle, a los muchachos tirados, drogados.

3) A votar a otro partido.

4) A ver a los homosexuales besándose en la calle.

5) A tratar de hablar con los jóvenes para que aflojen con el vino.

Abel Duarte, periodista radial, 47 años.

1) Uruguay cayó en una de sus peores crisis económicas y sociales. Yo también fui víctima del sistema y aprendí a ser precavido en los negocios. Aposté y perdí, pero gané lucidez.

2) Musicalísimo salvó vidas. Desde la radio cumplimos una función social, yendo a visitar a quienes la están pasando muy mal. Cuando se mira la pobreza tan de cerca, uno aprende. Aprendí el valor de la fe, de la vida y de la solidaridad.

3) El programa cambió de horario y llegó a gente de entre 30 y 80 años, con quienes debí adaptarme a dialogar.

4) Me movilizó profundamente la obra realizada con el oftalmólogo Juan Antonio Echagüe, dándole la posibilidad de recuperar la visión a más de 60 pacientes con enfermedades severas, en forma totalmente gratuita.

5) Se acrecentó mi fe hacia el padre Pío, a quien acudí en momentos difíciles. Aprendí a adaptarme a los cambios, a ser solidario y cauto.

Fernando Cabrera, músico, 48 años.

1) Que el aprendizaje nunca está cerrado.

2) Que todavía dispongo de energía e ideas.

3) Que la abulia y el abandono también existen.

4) Que lo individual y lo colectivo no siempre van de la mano.

5) A comprender y aceptar lo que no comparto sin abrir juicio.

Guillermo Stirling, ex ministro del Interior y candidato presidencial del Partido Colorado, 68 años.

1) La importancia de la acción de un ministro del Interior. Pude conocer más profundamente otra faceta de la sociedad, la del delito y la angustia que provoca en los ciudadanos. Y el formidable rol de la Policía.

2) La importancia de las acciones políticas llevadas con pragmatismo, sentido común y sensibilidad, procurando mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, deteriorada muchas veces por la acción delictiva.

3) Aprendí a valorar mucho más el contacto con la gente, el saber escucharla, procurando una comunicación directa y sincera, que le hiciera sentir que el Estado, en los momentos difíciles, estaba a su lado.

4) Viví una de las experiencias más removedoras que pueda tener un ciudadano cuando fui distinguido por mi Partido Colorado para representarlo como candidato a la Presidencia. Recorrer varias veces el país y conocerlo se convirtió en una vivencia tan atrapante como enriquecedora. Terminé esta etapa con la convicción de haber actuado con dignidad personal y política. Las circunstancias que rodearon mi candidatura no me permitieron generar una mejor respuesta.

5) Aprendí a revalorar en todos estos años a mi familia y a mis amigos, encontré en ellos refugio lleno de afectos, lealtades, buenos consejos y mejores críticas.

Ricardo Gabito Acevedo, periodista, 46 años.

1) Viví en carne propia la insanía de tres locos que pretendieron silenciar mi voz, por el sólo hecho de no tolerar mis críticas a sus actividades apartadas de la ética. Esta fue la gran enseñanza que me dejó este lustro. El Uruguay del siglo XXI tiene asignaturas pendientes, entre ellas practicar la tolerancia, aceptar al que piensa diferente.

2) Aprendí que el poder se considera fuera del sistema y, por lo tanto, puede hacer lo que quiera, ignorando la estructura del Estado, sus instituciones, que en definitiva son las que deberían ponernos a todos los uruguayos en igualdad de condiciones.

3) Aprendí que a los poderosos se les teme. Que es más fácil perseguir, someter al control a los débiles, que controlar a los que tienen dinero y se ríen de todos. Esto lo aprendí con la denuncia que presenté ante la Dirección General Impositiva, contra Francisco Casal y su grupo económico.

4) Aprendí —porque lo sufrí en carne propia— que la corrupción está instalada en el Estado, a todo nivel. Inclusive en los jerárquicos. Es una pandemia.

5) Existe connivencia de algunos gobernantes, que deberían defender nuestros derechos, pero en realidad responden a intereses mafiosos. Por eso, los comunicadores debemos asumir un rol protagónico en defensa de todos los valores que la sociedad está perdiendo y tenemos que encabezar el ejército para librar esta batalla que, para el Uruguay, es de vida o muerte.

Oscar Peri Valdés, ex fiscal de Corte, 50 años.

1) Hoy nada pueda opacar la felicidad de recibir un abrazo de Paulina, diciéndome "te quiero mucho papá"; leerle un cuento antes de dormirse; oirla cantar Chiquillada; llevarla de paseo a un parque y reírnos mucho; verla ayudar en las tareas de la casa.

Además he aprendido la importancia de:

2) Emplear gestos y palabras de afecto y alegría; atender y escuchar más al otro.

3) Entregarme libremente al juego y despejarme.

4) Disfrutar despreocupadamente de una caminata al aire libre.

5) Ser más solidario y agradecido.

Alexandra Pose, actriz, 32 años.

1) Que los campeonatos de Danubio son como la justicia: tardan pero llegan.

2) Que el sexo tántrico no es una teoría.

3) Que es muy bueno ser mujer, pero a veces extraño ser una niña.

4) Que los placeres son platos calientes. Si se dejan enfriar, no tienen el mismo sabor.

5) Que es bueno arriesgarse ya que tenés el 50% de posibilidades de reírte de un papelón.

Mario Areán, ex secretario privado del ex intendente Mariano Arana, 49 años.

1) Aprendí a conocer la relatividad del tiempo: cómo indefectiblemente el tiempo siempre confirma o desmiente aquellas cosas que uno supone.

2) Entendí el valor real que tienen los medios de comunicación: lo que está en los medios —sea lo que sea— pasa a ser cierto, y si no está en los medios, no existe para la sociedad uruguaya.

3) Noté lo que nos cuesta a los uruguayos desandar un camino o corregir determinado rumbo. A propósito de mi alejamiento como secretario privado de Mariano Arana, aprendí que después de la cobertura de los medios, las explicaciones que dé mis amigos no las necesitan, y mis enemigos no las creen.

4) Confirmé el valor de la amistad y solidaridad escondidas. Tenemos grabado como un clisé que los amigos en la vida van a ser pocos, y después resulta que ante situaciones límite, son muchos más de los que uno pensaba. También son muchos más los enemigos.

5) También aprendí a notar el valor de los uruguayos y la diferencia con nuestros vecinos de la región, en todo: en la política, en los medios, en los sindicatos, en el sector militar.

Víctor Lissidini, ex director de Aduanas, dirigente del Partido Intransigente, 49 años.

1) Aprendí a no confiar en determinados políticos, del gobierno anterior más precisamente. Cuando uno asume el cargo de director de Aduanas necesita cierto respaldo, y yo no lo tuve. La mediocridad de algunos funcionarios y la hipocresía de otros han determinado que no se hagan las cosas que hay que hacer.

2) Aprendí a seguir confiando en valores y principios que he tenido toda la vida: la honestidad, la coherencia y la transparencia. La actividad política y la pública deben ser absolutamente transparentes. Y los políticos están obligados —porque el sueldo se los paga la ciudadanía— a decir qué están haciendo y cómo lo están haciendo.

3) Aprendí a nunca depender de los demás para hacer cosas que uno debe hacer personalmente, tenga el costo que tenga. Reivindico el no delegar funciones, cuando uno es el que tiene que hacerse cargo.

4) Aprendí a revalorizar la familia, a que no hay que dejarla atrás por la función pública. El costo que ha pagado mi familia por mi pasaje por la Aduana fue demasiado alto, costo que sigo pagando y seguiré por muchísimos años más.

5) Aprendí a volver a confiar en gente de la cual dudé, pero me demostraron que habían sido leales. El tiempo me enseñó que habían sido incorruptibles. Prefiero no decir a quiénes me estoy refiriendo.

Nilda Rodríguez, jubilada de Antel, 63 años.

1) Aprendí a salvar mi vida porque dejé de fumar después de un problema cardiovascular.

2) Aprendí que el sacrificio no es vano cuando se trata de darle oportunidad a los hijos para estudiar.

3) A valorar a mi hija que salvó un examen internacional que le abre otras posibilidades.

4) A superar que mi hija se vaya a España.

5) Que debo ayudar a mi esposo a dejar de fumar.

Diego Bermúdez, gerente comercial de Exprinter Turismo, 33 años.

1) Que todo lo que está bien en tu vida puede cambiar y desarmarse en poco tiempo: porque devaluaron el dólar, te echan del trabajo o se te muere un amigo.

2) Este país, a pesar de estar mal, siempre te da una oportunidad.

3) Siempre hablamos a favor del cambio, pero no nos incluimos en él. Los problemas están siempre en los demás, los otros son los que tienen que cambiar.

4) Los hijos son una buena forma de ver cómo cambia el mundo. Antes éramos más inocentes. El mundo se ha vuelto más cruel y ellos son producto del mundo en el que viven.

5) Cada vez es más difícil guiar a los hijos, son más independientes y desafiantes.

Matías Recoba, liceal y empleado de una rotisería, 19 años.

1) A crecer. Cuando tenía 14 años vivía con mi familia en una pensión. Éramos cinco en una pieza y no había plata para comer. Con unos amigos íbamos a los semáforos de la Rambla y hacíamos malabares. Para mí, era un juego: no me daba cuenta que gracias a eso comía. Hoy valoro lo que tengo y lo que tuve.

2) La vida no es un cuento de hadas. Existe un mundo de drogas y delincuencia, que no está tan lejos de vos; que se necesita una buena educación y voluntad para enfrentarlo.

3) A no confiar en toda la gente, no siempre quieren lo mejor para vos.

4) En Palermo, donde vivo, de chiquito te inculcan el candombe y la cumbia. Fui explorando hasta llegar al rock, que al escucharlo te da una sensación que no se puede describir.

5) Que nunca voy a entender a la especie femenina. A medida que tengo más experiencia, las comprendo más, pero nunca por completo: no las conforma nada, no podés verlas muy seguido, porque se aburren y que hay que tener un manual. Pero sin ellas no podemos vivir.

Patricia Damiani, empresaria, 48 años.

1) Aprendí que, sin llegar a ser una eterna desconfiada, hay que estar siempre "atenta". Es una actitud que no me cansa, sino que me entrena. Eso sí, cuando duermo, duermo.

2) No conviene vivir sólo en función de los hijos. En los últimos cinco años pasé a ser madre de tres adultos y quedó cierto espacio vacío. Eso sí, sigo convencida que ser madre, es lo máximo.

3) Aprendí, después de haber sido una competitiva jugadora de tenis, que el tiempo libre también lo puedo ocupar en algo distinto. Por ejemplo: disfrutar de una buena película o de un viaje corto.

4) Aprendí a desenvolverme en actividades que son preferentemente reservadas para los hombres: el agro y el fútbol. En ambos terrenos, estoy muy satisfecha.

5) Aprendí que tengo que seguir el ritmo a los avances tecnológicos. Si no lo hiciera, no sacaría fotos, no escucharía música, no estaría ilimitadamente comunicada, trabajaría solo en horario bancario, tendría toneladas de biblioratos y papeles amarillos archivados, no sabría cuántas calorías gasté trotando.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar