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Arroz, valijas sospechosas y un viaje de Sendic que fracasó: la historia del vínculo entre Uruguay e Irán

Diplomáticos que sintieron el rigor y la violencia del régimen islamista, empresarios que trajeron millones de dólares y un equilibrio delicado entre intereses comerciales y políticos con Israel siempre presente.

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Embajada de Irán en Montevideo
Embajada de Irán en Montevideo
Leonardo Mainé

Es viernes de mañana y el mundo está en vilo. Se dice que Israel atacó a Irán. Que finalmente respondió a la andanada de misiles persas que pocos días atrás habían cruzado Medio Oriente en represalia por un ataque israelí. Pero nadie confirma nada. Los dos países enemigos se mantienen en silencio. Y en la calma de la calle Miraflores, en el corazón de Carrasco, tampoco parece haber ningún indicio de que se avecine una escalada, mucho menos la tan mentada tercera guerra mundial. ¿Habrá sido, de todos modos, una fecha inoportuna para fijar una cita en la embajada de Irán?

El saludo efusivo de Arash Adiban —el tercer secretario de la misión diplomática iraní, quien marca el camino por el pasillo de la lujosa residencia, en cuyo final se observan dos gigantografías con réplicas de cartas que los presidentes José Batlle y Ordoñez y Claudio Williman enviaron en la primera década del siglo XX a los monarcas de Persia, y que los iraníes comparten usualmente como muestra de una relación más que centenaria— nos confirma que no.

Porque en definitiva, estamos allí para hablar de algo más que el último episodio de tensión del siempre tensionado Medio Oriente. Queremos ahondar —les insistimos— en el pasado y el presente del vínculo entre Irán y Uruguay: una historia que incluye a diplomáticos que sintieron el rigor y la violencia del régimen islamista, empresarios que trajeron al país millones de dólares en ventas del producto estrella para los iraníes, y un equilibrio delicado entre intereses comerciales y políticos, bajo la atenta mirada de Israel.

El comienzo

Luis Sica Bergara es uno de los pocos uruguayos, si no el único, que le dio la mano al Ayatola Jomeini, líder de la revolución islámica que tomó el poder en 1979.

Era el año 1985, la revolución seguía alterando el mapa del Medio Oriente, y aquí a orillas del Río de la Plata la asunción del gobierno liderado por el colorado Julio María Sanguinetti ponía fin a doce años de período dictatorial. Con Enrique Iglesias como canciller, Sanguinetti tuvo una definición clara: abrir todas las puertas que fueran posibles y poner a Uruguay en el mundo.

Bajo la misma premisa —no exenta de polémica— que llevó a Uruguay a cortar relaciones con Taiwan y establecer un vínculo formal con la China comunista, esa administración procuró prestarle atención a destinos “exóticos” que podían ser promisorios a futuro.

En el caso de Irán, el primer impulso había venido de algunos empresarios privados, como las familias Otegui y Ferrés, que unos años antes se habían hecho camino en el mercado iraní, pero faltaba el respaldo institucional. Sica Bergara, un diplomático que había estado en Roma, fue enviado a Teherán.

Las cosas no eran nada fáciles. El día que se mudaron a la embajada, aún en obras y sin las insignias oficiales, su esposa Rita Echeverría sufrió una breve pero incómoda persecución de la Guardia Armada. “Todavía no había personal trabajando, estábamos los dos solos. Yo salí hasta la esquina cubierta con un hábito negro que me llegaba hasta la rodilla, un jean y un pañuelo en la cabeza. Iba a la panadería de la esquina y cruzó el ejército revolucionario en un jeep, con mujeres que eran de la guardia revolucionaria”, cuenta Echeverría a El País.

“Empecé a apurar el paso porque si te llevaban podía pasar un día o dos para que alguien reclamara. Corrí y ellos atrás mío incluso intentaron entrar con las armas a la residencia. Cuando salió el trabajador iraní que en esos momentos nos estaba haciendo las reparaciones, les explicó que era una embajada y que éramos diplomáticos. Mientras le pedían a Luis nuestras credenciales, yo pude entrar y llamé a Relaciones Exteriores y expliqué lo que estaba pasando. Se llevaron al chico que trabajaba en la residencia. Nosotros quedamos en la casa y por suerte la Cancillería respondió correctamente al pedido. Al rato volvieron el chico, más los guardias islámicos, más un representante del Ministerio de Relaciones Exteriores Iraní a pedir disculpas por la situación ocurrida”, dice casi cuarenta años después.

Desde la residencia, cercana a la cárcel en la que mataban a los opositores al régimen, veían pasar camionetas de las que “caía sangre”, y también escuchaban los fusilamientos en la madrugada.

Esos primeros años, también con la guerra entre Irán e Irak —liderado por Sadam Hussein y respaldado por Estados Unidos— obligaron a hacer “malabares”, rememora el expresidente Sanguinetti en diálogo con El País.

Por un lado, Uruguay pretendía no solo mantener, sino profundizar, el vínculo comercial. Al mismo tiempo, los equilibrios políticos exigían cierto “cuidado” para mantener todo lo que fuera posible la independencia en torno al conflicto.

Expresidente Julio Maria Sanguinetti
Expresidente Julio Maria Sanguinetti.
Juan Manuel Ramos/Archivo El Pais

Hasta el día de hoy, los iraníes le reconocen a Uruguay el haber mantenido las relaciones y presencia en Teherán durante esos años, colaborando con la exportación de productos clave como el arroz.

“Ellos apreciaron mucho que Uruguay estuviera presente porque cuando empezó eso, medio mundo levantó vuelo, se borró a la gran siete", dice Sica.

Sanguinetti, por su parte, remarca que “eso fue una definición pensada”.

Pero mantener ese equilibrio se volvería bastante más incómodo unos años después.

Ya bajo el gobierno blanco liderado por Luis Lacalle Herrera, la relación con Irán adquirió otro espesor a raíz de dos atentados en Argentina: el de 1992 a la embajada de Israel en ese país, y particularmente el de 1994 a la sede de la AMIA, por el cual se responsabilizó directamente al gobierno iraní.

Foto: Archivo El País.
Atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires, Argentina, el 18 de julio de 1994.
DIEGO LEVY - BLOOMBERG NEWS/BLOOMBERG NEWS

Si bien el alcance de la participación de Irán es incluso hasta el día de hoy motivo de debate, los indicios que se iban acumulando de vínculos del régimen con la planificación y ejecución del ataque terrorista pusieron en una situación incómoda a las autoridades uruguayas. Y más cuando, con el paso del tiempo, se sumaron sospechas de que Montevideo había sido sede de reuniones en las que se planificaron los atentados.

La decisión, otra vez, fue mantener el vínculo comercial, e intentar que ello no implicara insinuar cierta connivencia con las acciones del gobierno iraní.

Ese equilibrio, cuentan distintos diplomáticos uruguayos que cumplieron funciones en Teherán, era especialmente complejo de mantener, ya que las autoridades de Irán dejaban claro —a quien quisiera entenderlo— que procuraban que el intercambio económico permeara en algunos posicionamientos de Uruguay en el plano internacional.

Años más tarde, uno de esos funcionarios fue abordado por un integrante del gobierno iraní, quien lo interrogó por el contenido de sus informes a Montevideo. “Todo el tiempo insistían: Irán le compra arroz a Uruguay porque es un país amigo. Eso implicaba que si el día de mañana no demostrábamos ser un país amigo, bueno…”, narra el diplomático.

Un ejemplo de esas tensiones se dio durante el segundo gobierno de Sanguinetti. Las organizaciones judías pedían a las autoridades que se expresaran oficialmente en contra de la persecución que Irán estaba llevando adelante contra un grupo de ciudadanos judíos en ese país. Desde Cancillería, recuerdan hoy integrantes de esa administración, se planteó no hacer ningún pronunciamiento para no afectar el intercambio comercial. La respuesta del presidente, según varios testigos de aquellas discusiones, fue contundente y Uruguay manifestó su condena explícita.

Al Frente

Las cosas no fueron demasiado distintas en los primeros años de la era frenteamplista. En 2006, bajo la primera administración de Tabaré Vázquez, el Parlamento aprobó un memorándum para un mayor intercambio comercial con Irán que había sido firmado por el anterior presidente, el colorado Jorge Batlle. Y algunas de las principales figuras del gobierno dejaron claro desde un principio que no tenían interés en mostrar acercamiento alguno con Teherán.

Pero algo cambió en el segundo gobierno de izquierda, con José Mujica en el sillón presidencial y, especialmente, con Luis Almagro en la Cancillería.

Irán no le era ajeno a Almagro. Había sido su primer destino como funcionario de Cancillería en la década de 1990, con Barón Dupetit como embajador. En esos años, un enfrentamiento entre ambos derivó en denuncias cruzadas que trajeron dolores de cabeza al gobierno uruguayo, y a las autoridades iraníes. Almagro, por ejemplo, fue acusado de haber traído de forma irregular a Uruguay alfombras persas —denuncia que él niega y por la cual no se lo encontró responsable—, mientras que el embajador fue procesado por la Justicia uruguaya tras contraer matrimonio estando casado.

Pero además el mandato de Mujica coincidió con un mayor énfasis de Irán en la región, bajo la conducción de Mahmud Ahmadineyad.

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El entonces presidente José Mujica y su canciller Luis Almagro
El País

Fueron años de visitas mutuas, de declaraciones de funcionarios iraníes en Uruguay —incluyendo al embajador Hojjatollah Soltani— negando o relativizando el holocausto, de votaciones en la ONU que generaron cuestionamientos de los partidos tradicionales y de una creciente preocupación en la colectividad judía local y el gobierno de Israel.

El embajador israelí de ese entonces, Dori Goren, no ocultó su malestar en una comparecencia ante el Parlamento en agosto de 2011. “Lo voy a decir con mucho cuidado y espero no meter la pata. El amigo del enemigo no es nuestro enemigo. Uruguay tiene todo el derecho de mantener relaciones diplomáticas y todas las que quiera con Irán. Pero pongo de manifiesto que no estamos muy felices con el acercamiento”, afirmó.

inversión

Un proyecto que generó alertas y naufragó

Durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez, se avanzó en un proyecto para concretar una inversión con capitales iraníes y uruguayos para el desarrollo de la cría del esturión en India Muerta.

Empresarios del sector arrocero viajaron a Irán para explorar esa posibilidad, que contaba con el respaldo del equipo diplomático en Teherán.

Según supo El País, el proyecto generó algunas alarmas en la colectividad judía y mereció cierta atención de la embajada de Israel, ya que de concretarse suponía tener presencia permanente de un contingente de técnicos iraníes en territorio uruguayo.

Con el paso del tiempo, la idea quedó por el camino.

El auge de las relaciones con Irán fue tan rápido como repentino su declive, cuyas señales comenzaron a verse antes de que terminara el gobierno de Mujica.

Un primer indicio se vio en los posicionamientos de Almagro, que para ese entonces procuraba llegar a secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y empezó a mostrar mayor distancia con Irán.

El funcionario iraní Ahmad Sanad Gol, traductor entre los presidentes Chávez y Ahmadineyad.
El funcionario iraní Ahmad Sanad Gol, traductor entre los presidentes Chávez y Ahmadineyad.

Ejemplo de ello fue la polémica de las “maletas sospechosas”. A fines de noviembre de 2014, una maleta abandonada en las inmediaciones de la embajada de Israel en Bulevar Artigas disparó las alertas de sus servicios de seguridad, quienes identificaron a Ahmed Sabatgold, un funcionario de la embajada iraní, pasando por la zona el día del incidente.

Según relata el libro Luis Almagro no pide perdón, de los periodistas Gonzalo Ferreira y Martín Natalevich, los representantes israelíes entregaron a las autoridades uruguayas los videos en los que Sabatgold pasaba con un auto de chapa diplomática, y el 10 de diciembre Almagro advirtió al entonces embajador iraní en Montevideo que el suceso era inadmisible. Los iraníes señalaron que se trataba de una casualidad y que Sabatgold —que tenía en su haber declaraciones antisemitas y había llegado a ser enlace entre Hugo Chavez y Ahjmanideyad— pasó por allí para una visita médica.

Para cuando la cancillería uruguaya tenía decidido expulsar al funcionario, Sabatgold ya no se encontraba en el país. Solo un mes después, una maleta abandonada en las inmediaciones en el World Trade Center, a donde se había mudado la embajada de Israel, disparó nuevamente las alertas en Montevideo.

Pero como todo con Irán, para observar el enfriamiento de las relaciones había que mirar hacia el arroz.

Exportaciones

Las empresas que más le han podido vender a Irán

En los últimos 15 años la principal empresa exportadora a Irán fue Molinos Arroceros Nacionales Saman, seguida de la farmacéutica Iclos, la arrocera Casarone, Coopar (también especializada en arroz) y Conaprole. En el listado de las 10 empresas que más han vendido también aparecen firmas dedicadas a la lana. Las importaciones han sido muy inferiores a las exportaciones y entre los principales productos está la urea, polietileno, pasas de uva y alfombras.

El arroz uruguayo tiene fama en Irán. Un uruguayo que estuvo de paso por allí cuenta que una vez le preguntaron de donde era y la respuesta le impactó: “¿Uruguay? Nos encanta su arroz”. Es visto como un arroz de calidad que en su momento consumían las familias más adineradas. Da la casualidad además que Saman es un nombre de varón en iraní.

Arroz

En abril de 2016 el vicepresidente Raúl Sendic visitó el país con una amplia delegación. Fue, quizás, el viaje más importante de un funcionario uruguayo a Irán. Anunció que se triplicarían las ventas de arroz y que se exportarían más de 90.000 toneladas. Ese año las cifras de exportaciones llegaron a unos 22 millones de dólares.

Pero lo de Sendic no se cumplió y las cifras bajaron en forma drástica año a año, tanto que en 2023 no se registran ventas.

Raúl Sendic visitó Irán en 2016 y se reunió con el presidente y autoridades. Foto: Embajada de Irán
Raúl Sendic visitó Irán en 2016 y se reunió con el presidente y autoridades.
Foto: Embajada de Irán

Si miramos los datos oficiales de las exportaciones, 2005 había sido el año con ventas más altas de este siglo con unos 80 millones de dólares. En 2011 se exportaron más de 56 millones; en 2013, 55 millones.

Y siempre con el arroz a la cabeza.

¿Por qué se desplomaron las ventas a Irán? Está lo que se dice y lo que no se dice pero queda bastante claro tras consultar a diplomáticos y empresarios.

Volvemos a 2016, tras el viaje de Sendic. En diciembre llegó a Irán un primer embarque de 30.000 toneladas de las 90.000 anunciadas pero los técnicos iraníes alertaron una alta presencia de arsénico y mandaron parar todo. Esa fue la última venta a ese país.

El arroz siempre tiene arsénico y se toma como el máximo tolerable un miligramo por kilo según el Codex Alimentarius, un código internacional de referencia; pero los iraníes le pidieron a Uruguay no más de 0,20 miligramos por kilo.

Según relató en el Parlamento el exembajador Carlos Sgarbi, además el primer embarque enviado “no llevaba el tipo de arroz pedido por Irán y tenía larvas”, tal como consta en la versión taquigráfica. Varias fuentes diplomáticas dicen que el problema sanitario del arroz es apenas “una excusa” y que lo que pesaba en el fondo era el poco acceso genuino a dólares debido a las fuertes sanciones impuestas por la comunidad internacional. Entonces Irán eligió comprar a socios en la región.

Las fuentes también indican que los precios influyen: fletar un barco desde Uruguay sale mucho más caro que comprarle a un país cercano.

Vínculo con el gobierno

En Uruguay residen unos 50 iraníes pero no viven casi uruguayos en Irán. Hoy solo son tres: el embajador, el cónsul (ambos con esposas extranjeras) y la hija de un exfuncionario. Por eso es una embajada “política”, que busca mantener un equilibrio en la región.

Hasta hace no mucho era una de las cuatro embajadas en Medio Oriente, junto a India, Israel y Arabia Saudita. En las últimas dos décadas se abrieron cuatro sedes más en la zona. Fuentes diplomáticas le asignan una importancia estratégica e histórica a esta embajada. Además, el régimen actual en algún momento —“cinco, 10 o 15 años”— puede caer, especula un diplomático. “Y es el país más cercano a occidente de la zona; el iraní no es árabe, es persa, una civilización que tiene 3.000 años”, dice un uruguayo que vivió allí.

Según supo El País, cuando lo convocaron al actual embajador Beraldo Nicola, le plantearon como objetivo mejorar el “pésimo” intercambio comercial.

El 7 de febrero de 2023 Nicola presentó sus cartas credenciales en Teherán y fue recibido por el presidente Seyed Ebrahim Raisi, quien declaró que “la voluntad es ampliar la cooperación con los países latinoamericanos, incluido Uruguay”.

Nicola dedicó el último año a intentar mejorar la relación comercial y, según supo El País, en las reuniones con jerarcas iraníes le transmitieron que quieren diversificar acceso a proveedores y que les interesa comprar a Uruguay por ser un potencial socio confiable.

Pero Nicola no tuvo suerte. En parte, según explican actores del sector, incide que las empresas que exportan ya tienen colocada su producción y no quieren complicarse la vida en venderle a un país al que no saben si podrán cobrarle fácil.

El embajador tampoco ha tenido eco en el gobierno. Nicola envió una declaración de interés comercial de parte de Irán, que no tuvo respuesta. Desde Irán le preguntaron por posibles funcionarios uruguayos que pudieran ir de visita pero tampoco hubo interés. “El nuestro es un gobierno pro israelí y eso incide”, dice una fuente de Cancillería.

Quedaron lejos las épocas de los viajes de Sendic y Almagro. La relación es cordial pero “no de amistad”, dicen en Cancillería.

Cuando Nicola visitó el Parlamento uruguayo el 16 de noviembre de 2022, para que le otorgaran la venia, dijo que para 2023 estaba comprometida “la presencia del director ejecutivo de Uruguay XXI en Teherán para trabajar en la realización de actividades de promoción comercial”. Pero esta visita no está prevista hoy.

En la agenda del embajador y de Irán está la convocatoria a una comisión mixta con presencia de jerarcas de los dos países pero no hay novedades del gobierno uruguayo. “Y es año electoral, quedará para 2025”, explica una fuente diplomática.

A pesar de todo esto (y de que tampoco pueden prometer volver a comprar arroz), en Irán no pierden las esperanzas de que haya señales del lado uruguayo. El embajador Javad Heidari hizo el año pasado una ronda de reuniones con intendentes —desde Canelones a Rocha—, también estuvo en Cancillería y en el Parlamento.

El 11 de febrero es el día nacional e Irán realiza en su embajada en Carrasco una tradicional fiesta por el aniversario del triunfo de la Revolución de 1979. Hay alguien que nunca falta: el senador cabildante Guido Manini Ríos. Y suele ser la única presencia oficialista.

Javad Heidari

Una charla en la embajada, en el corazón de Carrasco

Javad Heidari, embajador de Irán
Javad Heidari, embajador de Irán en Uruguay
Leonardo Mainé

En una pared del living de la majestuosa residencia carrasquense resalta un cuadro con retratos del ayatolá Ruhollah Jomeiní, líder de la Revolución islámica de 1979, y Ali Jamenei, actual líder supremo. Arriba de la estufa, una pequeña foto recuerda al general Qasem Soleimani, el comandante iraní asesinado por Estados Unidos a inicios de 2020. Café, té, platitos con pistacho iraní con azafrán y turrones acompañan una charla con el embajador Javad Heidari, en la que evita hablar de los ataques de Israel en la madrugada del viernes. Lo traduce un iraní que habla perfecto español y vive acá hace 20 años. Escucha atentamente el secretario Arash Adiban.

—¿Qué lugar ocupa Uruguay en la política exterior de Irán?

—Las relaciones con Uruguay son importantes para la República Islámica de Irán debido a la larga historia y las posiciones equilibradas y multilaterales de Uruguay en las últimas cuatro décadas. Lo consideramos un amigo de nuestros días difíciles durante la guerra de Irak contra Irán, de 1980 a 1988, por su ayuda en el suministro de algunos bienes básicos. En la década de 1980 el volumen del comercio entre los dos países alcanzó casi 200 millones de dólares.

—Hace poco fueron al Parlamento a expresar la voluntad de estrechar lazos con Uruguay.

—Sí, recuerdo que la primera visita de la delegación parlamentaria uruguaya a Irán estuvo encabezada por Gustavo Penadés, entonces presidente de la Cámara de Representantes en el año 2000. Luego hubo muchas visitas, como la del vicepresidente Raúl Sendic.

—En el Parlamento mencionó la influencia de visiones negativas respecto a Irán, que fomentan una suerte de “iranofobia”. ¿A qué se refiere?

—Algunos círculos están tratando de dañar las relaciones de Irán con los países latinoamericanos mediante información falsa y distorsionada. Esto indica la implementación del proyecto político de iranofobia por parte de los enemigos de Irán y especialmente del régimen sionista. Buscan encubrir los crímenes generalizados de Israel, como en Gaza y Palestina, y el ataque a la embajada de Irán en Damasco (Siria) el 1º de abril de 2024.

Heidari tiene impresas fotos de la embajada destrozada y las mostrará varias veces en la entrevista. Allí murieron 13 personas.

—Pero hay sucesos recientes, como el ataque de Irán a Israel.

—Algunos países y los medios de comunicación occidentales publican sus narrativas y presentan a Irán como la causa de la tensión en la región. La reciente acción de la República Islámica en respuesta militar al régimen israelí se realizó a la conformidad con el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.

—Aquí en Uruguay, un funcionario iraní se fue del país en 2015 tras la sospecha de haber estado involucrado en al menos una amenaza de bomba a la embajada de Israel. ¿Qué dice?

—Eso es un juego político, como lo de la AMIA en Argentina. Quieren dar una imagen negativa de Irán. Hay terceros países que tienen interés en afectar las relaciones entre Uruguay e Irán.

—¿Terceros países? ¿A cuáles se refiere en concreto?

—Lo dejamos a su criterio.

—¿Podemos hablar de dos terceros países? (Por Israel y Estados Unidos)

Se ríen.

—Estados Unidos cree que Sudamérica es de su propiedad y puede hacer lo que quiere.

—¿Cómo es su relación con el gobierno de Luis Lacalle Pou?

—El señor Sarmadi, primer embajador en Uruguay, presentó sus cartas credenciales al padre del actual presidente de Uruguay hace treinta años. Y ahora lo hice yo con el hijo, el excelentísimo doctor Lacalle Pou. Por supuesto, debido al cambio de gobierno, el coronavirus y las sanciones ilegales impuestas por Estados Unidos el proceso de desarrollo de las relaciones bilaterales se vio afectado.

—El intercambio comercial bajó.

—Hay que buscar soluciones.

—¿Por qué Uruguay no pudo vender más arroz a Irán?

—Eso está relacionado con el hecho de que los empresarios de los dos países no conocen muy bien las capacidades económicas de uno a otro. En Irán Uruguay es muy conocido por su arroz, el fútbol, el señor Mujica y Luis Suárez.

—¿Consideran que este gobierno uruguayo es proisraelí?

—Respetamos la política exterior del gobierno uruguayo y sus relaciones con otros países.

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