En el campo, alejado del ruido y de la luz excesiva, Fernando Gómez levanta la vista y descubre algo que en la ciudad —en casi cualquier rincón habitado— ya casi no existe: un cielo profundo y estrellado. En medio de un silencio luminoso que parece suspendido en el tiempo, puso en funcionamiento un observatorio astronómico amateur, donde su amor por la inmensidad del universo encontró su sitio.
Ingeniero electrónico de profesión y astrónomo por afición, Fernando forma parte de una comunidad guiada por la curiosidad de conocer el cosmos. Durante años, ese impulso quedó en pausa, absorbido por la vida laboral y las responsabilidades familiares. Sin embargo, con el tiempo, el sueño de tener un observatorio propio volvió a aparecer. Empezó en el fondo de su casa de Montevideo con equipos modestos que encendía solo en las noches libres y despejadas de nubes. Después se trasladó a Villa Serrana, donde permaneció con el observatorio hasta que la contaminación lumínica hizo mella y el cielo estrellado desapareció.
No pasó demasiado tiempo hasta que decidió buscar otro sitio donde instalar sus instrumentos de observación estelar. La exigencia principal era dar con lugares más oscuros que los que había frecuentado hasta entonces. Así llegó a un terreno en las afueras de Migues, casi limítrofe con el departamento de Lavalleja, donde decidió construir una casa de campo y su propio observatorio. Un proyecto que fue creciendo de a poco.
Hoy en día, su observatorio tiene la particularidad de que puede operar de manera remota. Desde la apertura del techo hasta el movimiento del telescopio, todo está diseñado para funcionar a distancia desde Montevideo. “La astronomía me ha gustado ya de joven. Por suerte, en Uruguay se estudia en cuarto de liceo. Eso es una puerta de entrada a la curiosidad por esta ciencia”, cuenta Fernando, miembro de la Asociación de Aficionados a la Astronomía que funciona en el Planetario de Montevideo.
Dentro de lo que es su hobby se dedica a la astrofotografía, una de las ramas más estéticas de la astronomía amateur. En pocas palabras, consiste en tomar imágenes que buscan más la belleza que el dato científico. Los resultados de su trabajo no tienen nada que envidiar a las fotografías tomadas para la NASA u otras agencias espaciales.
Las astrofotografías de Fernando forman parte de redes locales e internacionales en las que se comparten conocimientos, imágenes y descubrimientos. Esta red colaborativa atraviesa fronteras y se nutre de las aportaciones de sus integrantes de distintas regiones. Este es el caso de Pablo Piriz, fotógrafo profesional de Rosario (Colonia), que se convirtió en astrofotógrafo sin pretenderlo. “Yo no lo conocía personalmente y un día publicó una foto de una escuela rural de noche. Vi el cielo que había detrás y lo empecé a buscar. Es una deformación profesional. En lugar de ver el paisaje, miro las constelaciones”.
Fernando es creador de comunidades. Desde los encuentros en Villa Serrana hasta los vínculos con otros aficionados. “Siempre he sido muy curioso. De niño en mi casa había una enciclopedia con mapas y en la última página tenía una carta estelar con las constelaciones de los Hemisferios Norte y Sur. Esa última hoja siempre me llamó la atención. Además, hay que decirlo, soy de la generación de los Apollo kids. Eso nos marcó. Cuando nos preguntaban qué queríamos ser de mayores, nosotros contestábamos: astronautas. Sabíamos absolutamente todo sobre el espacio y teníamos juegos de mesa sobre el tema... En fin, ahora que lo pienso, todo eso puede haber sido algo que me haya marcado fuertemente”.
Hoy, más allá del sueño personal cumplido, Fernando forma parte de un grupo de activistas para que ciudadanos y gobernantes cuiden el cielo. “La luz artificial no solo borra las estrellas, también altera los ecosistemas, afecta a los animales y cambia nuestra relación con la noche. Muchas veces iluminamos más de lo necesario”.
Actualmente, existe un grupo de trabajo del que forma parte y que está negociando la necesidad de ajustar la normativa lumínica para proteger los cielos, algo que también se está llevando a cabo a nivel internacional. “Entre todos estamos trabajando para tomar consciencia y regular, al menos, algunos aspectos”. En Instagram se entiende mejor por qué esto es tan necesario. La belleza de sus fotos es la mejor explicación. Instagram | @astrofotos_fg