Roma fue la primera ciudad de Italia a la que llegó Pablo Atchugarry, con apenas 23 años. Era 1977 y el uruguayo estaba en los albores de su carrera. Hoy, casi medio siglo después de aquel viaje, vuelve victorioso a la Ciudad Eterna, nada menos que a instalarse en la prestigiosa Galleria Nazionale d'Arte Moderna e Contemporanea, donde acaba de inaugurar Sculpire la luce, considerada la muestra retrospectiva más importante de su obra hasta el momento.
La puesta en escena recorre las tres últimas décadas del viaje emprendido por Atchugarry en el arte, un derrotero caracterizado por la exploración de materiales que considera fascinantes, y que abarcan desde el mármol estatuario -aquel famoso de Carrara preferido por Miguel Ángel, Bernini y Canova, según detalló el propio escultor durante la apertura de la muestra- a la madera de olivo, el alabastro, el acero y el bronce.
Este hito en la carrera del maestro sucede una década después de su última exhibición romana. En aquel entonces Ciudad eterna, eterni marmi, desarrollada en el Museo dei Fori Imperiali- Mercati di Traiano, cautivó al público y a la crítica con 40 esculturas, principalmente en mármol blanco de Carrara, que ofrecían una suerte de conversación con la arquitectura clásica de la ciudad, y honraban así su rica tradición escultórica.
Más que tradición clásica
Curada por el historiador y crítico de arte Gabriele Simongini, la nueva retrospectiva recibe al visitante sobre la escalinata del museo con tres obras monumentales: Search of the Future (2018); Viaje hacia los sueños (2024), y Albero della vita (2024), mientras que cuatro obras son insertas excepcionalmente en la colección permanente para dialogar con piezas de Alberto Burri, Jean Arp, Lucio Fontana, Alberto Giacometti y Henry Moore.
La preparación de esta apuesta llevó alrededor de un año de trabajo, e integra obras realizadas en Uruguay, otras que han sido expuestas anteriormente, y algunas piezas pertenecientes a colecciones privadas que fueron cedidas en préstamo. Vale destacar que Atchugarry donó a la Galleria la obra Splendore (2026), una pieza de gran tamaño en mármol blanco concebida especialmente para formar parte de la colección permanente del museo.
En el catálogo de la exhibición, la Galleria inscribe la práctica de Atchugarry en la tradición plástica occidental de origen clásico. Sin embargo, destaca que el artista logra abrir su trabajo a una visión profundamente espiritual de la forma. Para ilustrar el punto, agrega que para el maestro, la escultura es, de hecho, "un cuestionamiento interior, una plegaria, una invocación, una búsqueda del infinito".
A su vez, la directora del GNAMC, Renata Cristina Mazzantini, considera que en las piezas del uruguayo, la dureza del mármol se suaviza y "una densa sucesión de grietas disciplinadas penetra profundamente en los volúmenes, erosionando su solidez granítica. Al crear ritmo y movimiento mediante la alternancia de luz y sombra, el artista dota a sus esculturas de rigor y ligereza. Una especie de ligereza ordenada, que recuerda a los pliegues, y es símbolo de una elegancia sofisticada".
Hasta el 21 de junio hay oportunidad de visitar la exposición, y de paso maravillarse con las obras de la Galleria Nazionale d'Arte Moderna e Contemporanea. Cabe recordar que alberga la colección más completa de obras de arte italianas y extranjeras del período comprendido entre los siglos XIX y XXI. El acervo de pinturas, dibujos, esculturas e instalaciones, se compone de alrededor de veinte mil obras que representan los principales movimientos artísticos de los últimos dos siglos. Eso abarca desde el Neoclasicismo hasta el Impresionismo, desde el Divisionismo hasta la Vanguardia, desde el Futurismo y el Surrealismo hasta el importante grupo de obras italianas realizadas entre las décadas de 1920 y 1940, y desde el movimiento del Novecento hasta la Escuela Romana.