Antes de adentrarse en la conversación, Alfredo Etchegaray hace una precisión. "Hay que mejorar, y para hacerlo tenemos que tener la mente abierta. Ahí está la evolución inteligente, la que se basa en la información proveniente de nueva información, como hace la naturaleza, que a lo largo de millones de años evoluciona para adaptarse a nuevos escenarios. Y a pesar de los cataclismos, la vida perdura, porque se adapta. Pero si continuamos haciendo lo mismo, obtenemos más de lo mismo".
Hecha la salvedad, el multifacético uruguayo señala que hoy en día el país es considerado un refugio muy atractivo para el resto del mundo debido a los problemas de violencia, religión, y clima, que afectan al mundo. "Sin embargo, Uruguay evoluciona lento. A lo largo de su historia hubo hitos que lograron cambios: uno de los mayores, en mi opinión, fue la reforma vareliana de 1876, que cumple ahora 150 años, y que fue revolucionario porque logró la educación gratuita, laica y obligatoria. Esas ideas fueron en su momento muy polémicas, pero toda innovación genera controversia, especialmente para un pueblo pequeño y conservador. A veces, eso nos protege de tomar decisiones apresuradas, pero nos enlentece a la hora de ser creativos y emprendedores. El problema de Uruguay es que tiene muchos administrando y pocos produciendo, agrandando la torta. Hay demasiados mantenidos para los que cocinan y producen, para los que crían y ordeñan vacas. Es un problema estructural que se viene acentuando y requiere un cambio cultural. La base está en la educación, que tiene que ser bilingüe, con un alto contenido de ciencia y tecnología, así como de educación financiera y emocional, y tiene que vincularse con las demandas del mercado laboral actual y proyectado hacia el futuro".
Siempre pragmático en sus apreciaciones, su visión de la temporada que concluye es positiva, pero señala que este nuevo Punta del Este que está naciendo gracias a su posicionamiento en el mundo requiere políticas de Estado y cambios que profesionalicen al sector.
–¿Cómo vio la temporada en el Este?
–Antes de cada temporada se genera mucha expectativa, y a veces la realidad no acompaña. Sé de personas en José Ignacio, por ejemplo, -este es un caso real-, que a pesar del éxito que tuvo el balneario, no quedaron satisfechas porque no alquilaron su casa; pidieron más de lo que realmente valía y por más que estuvieran en un lugar súper de moda, el mercado manda y se comporta de forma racional. Básicamente, la decisión es racional, y en este caso se basó en la diferencia de cambio. Punta del Este es exitoso cuando no le resulta caro al mercado más grande que tiene, que es el argentino. Nos ayudó mucho el presidente Milei, y no haber subsidiado la economía de Argentina hizo que el país esté bastante parecido a nosotros en los costos. Está apenas un poco más barato que Uruguay en términos generales. Los argentinos quieren a Punta del Este, pero deciden racionalmente. El porcentaje de turismo de altísimo poder adquisitivo es de alrededor de cinco mil a diez mil personas, pero Punta del Este se llena con 500 mil turistas. Además, ese 1 por ciento de los muy acomodados no frecuenta los comercios de la península porque no les gusta ni salir en los diarios ni el enjambre del tránsito. En términos generales, la temporada fue levemente inferior. Hay que ver las cifras globales y las estadísticas; yo doy mi opinión en función de encuestas y de conversaciones con comerciantes. No se trata solo de cuánta gente vino sino de cuánto fue el consumo. Por ejemplo, Ricardo Barbé, director de Open Park, que realiza grandes fiestas en una carpa en El Placer, me comentó que del 29 de diciembre al 5 de enero, la temporada fue similar a la anterior. Antes y después, fue algo inferior, pero no en un grado significativo. Esto hay que mirarlo en el contexto de un período más largo. Punta del Este va a seguir creciendo porque se transformó en un refugio universal para el mundo. En cinco o seis de las instituciones educativas más importantes de aquí, hay estudiantes provenientes de 20 a 30 países. La afluencia de gente no es producto de las acciones de políticas de Estado. Los problemas en el mundo producen emigración que generan empujes en la economía y el turismo del país. Tenemos coincidencias culturales con Europa, que es el perfil de público que necesitaríamos, y los jóvenes arrastran a los mayores. Los propios turistas residentes atraen a otros. Están llegando muchas personas retiradas, y componen un público tranquilo, amable, y por eso el menú de Punta del Este debe incluir a todas las generaciones; tiene que ser caro y barato; tiene que ser una ciudad divertida. Según las estadísticas, la afluencia de norteamericanos se duplicó de 300 a 600.
–¿Estamos avanzando en la desestacionalización del turismo?
–No se han implementado las acciones básicas demostradas en otros mercados para conseguir tal fin. Esto se debe simplemente a que los pobres ministros, que tienen la buena voluntad de llevar a cabo lo que sus informes y asesores indican –esto es la necesidad de conectividad a bajo costo en baja temporada–, no pueden llevarlo a la práctica porque deben destinar el 90 por ciento de su presupuesto a costos administrativos. Solo queda un pequeñísimo rubro para invertir en el objetivo para el cual fueron creados. El ministerio ideal tiene un ministro activo, idóneo y creativo, que se maneja con tres asistentes, pero en la realidad, un ministro tiene, de repente, 400 empleados. Reitero, no tiene que ver con izquierdas y derechas, sino con la falta de políticas de Estado pragmáticas. Este es el problema del aparato estatal, que administra tiempos y dineros ajenos. Todos sustentan sus campañas prometiendo cargos, y no colocan de goleador a un Luis Suárez, sino al amigo que lo acompañó en la campaña. Es duro, pero es real.
–Habló sobre la tendencia de extranjeros que se radican en el país…
–En realidad no se mantiene; crece y lo va a seguir haciendo. El público de gente mayor, jubilada, es amable, se queja de pocas cosas: la circulación de los vehículos en el mes de enero, el parking… La planificación estatal es tres veces más lenta que la privada. El volumen de metros cuadrados que se está construyendo no va acompañado por un estudio de la circulación de tránsito. Se están estudiando soluciones, pero son lentas. El Estado a uno le pide cosas en 24 horas, pero puede tardar años en ofrecer soluciones. De lo que más se quejan, en realidad, es del altísimo costo del país. Elementos vitales como el agua sale hasta 400 por ciento más que en España. Allí, en un supermercado como Mercadona, los bidones de ocho litros de agua valen 40 pesos; aquí los de seis litros cuestan 120. Desde el aeropuerto de Punta del Este me dicen que el turismo de negocios, es decir de congresos y convenciones, mueve mucho la baja temporada. Sin embargo, muchos de estos eventos no se hacen porque las tarifas del centro de convenciones no son competitivas. Es carísimo, y sin embargo, lo financiamos todos porque este lugar iba a oficiar de motor del balneario. Por ejemplo, a la gente del Congreso de Longevidad, que iba a tener un día de duración, le cotizaron 50 mil dólares solo por el alquiler del espacio. Los proveedores -puedo dar teléfonos-, tienen que pagar una suerte de peaje de hasta el 40 por ciento de sus facturaciones para poder trabajar, por lo que los servicios que ofrecen son caros y malos. Este incremento en la llegada de estadounidenses y de paraguayos es la misma tendencia que existía y se autoalimenta por la satisfacción de estos turistas y nuevos residentes. Por eso es tan importante la satisfacción. A pesar de que hay muchas cosas a corregir, un cliente contento es la mejor manera de crecer; es el más sólido. El cliente busca experiencias emocionales; no va a un restaurante solo a comer. Busca una experiencia emocional que incluye la velocidad, la simpatía, la vista, el sonido y obviamente, el paladar también. Por eso es que balcones con flores son atractivos en algunas ciudades del mundo.
“Es en las mentes de sus gentes, en su creatividad, sus proyectos y su capacitación, donde germina el crecimiento de una nación. Es obligación de sus líderes ser un estímulo y no un obstáculo”.
–¿El crecimiento se da a nuestro pesar?
–Se está produciendo por la cantidad de gente que se viene a vivir, a pesar de la conectividad tan cara. En invierno las tarifas deberían reducirse a la mitad de lo que están ahora, obviamente tendrían que ser subvencionadas.
–¿Cómo incidieron los incentivos fiscales en la atracción de turistas?
–Al turismo no residente siempre le sirve, eso está fuera de discusión, pero tendría que afinar el dato en cuánto a los números. La rebaja o exoneración del IVA en hotelería y gastronomía, en alquiler de autos y servicios, siempre sirve porque acá ir a los supermercados es como ir a las joyerías (se ríe). Somos carísimos. Además, está el caso de las multas, con el ejemplo más notorio del señor que tuvo que entregar el auto porque el valor de la multa era mayor que el de su auto. Es un señor mayor, que ahora anda en bicicleta; ahí lo ayudaron en mantener su salud (se ríe). Otro reclamo de los extranjeros es que se mejoren las zonas de circulación peatonal, en especial, las cercanas a la península que a veces están invadidas por comercios o estacionamientos. Es un público que tiene el hábito de salir a caminar, y aquí hay zonas que no tienen iluminación ni veredas. En esas zonas se pueden colocar pequeñas luces solares, que tienen un costo muy bajo. Al por mayor valen veinte dólares, no tienen consumo de electricidad y se soluciona que la gente vea por dónde camina. Otra cosa, en las zonas alejadas de Punta del Este que se habla de millones en costos de saneamiento cuando en el mundo eso es prehistórico. Lo que se hace es colocar pequeñas plantas individuales que no se vuelque agua sucia al mar, y que cada uno la procese, y se utilice, por ejemplo, para regar el propio terreno.
–Además de los mencionados, ¿en qué habría que profundizar esfuerzos del Ministerio de Turismo y la Intendencia?
–Comunicación, fundamentalmente. La comunicación online segmentada por nichos de lo que busca cada turista. Uno de los que yo trabajaría en profundidad es la longevidad. El mundo tiene muchos jóvenes mayores de 70 con buena posición económica. Tenemos que promover a Punta del Este como zona azul, para lo cual todos los servicios de salud deben incorporar planes de ahorro en salud, incluso el Estado, con programas de vida saludable, que promuevan buenos hábitos de alimentación y ejercicio. Yo tengo 70 y hago deporte siete días a la semana; hago mucho tenis, y si voy a una sala de espera, me pongo a hacer lagartijas, no me importa que me miren todos los que están sentados. Cambia la salud, la mente, la percepción de la felicidad. Digo trabajar la longevidad en Punta del Este porque es más limpio y ordenado; en eso es N° 1. En cambio, voy a Montevideo y me deprime ver las plazas dejadas, el mal olor, la mugre, los graffiti; me causa muy mala impresión. Yo nací en un Montevideo mucho más respetuoso. Esto que vemos ahora no es libertad, es justamente una violación de las libertades de quienes tienen el derecho a tener una ciudad digna. Todo esto es enemigo de la industria del turismo.
–¿Hay enfoques políticos diferentes respecto a estos dos destinos? Montevideo solía ser la ciudad turística por excelencia del Uruguay.
–Claro. Toda la Ciudad Vieja debería tener un plan de reciclaje. Tal vez no se pueda arreglar lo que está detrás de los edificios, pero por lo menos las fachadas, para que pasear por la zona sea como un viajar en el tiempo. Que se promueva que circulen autos de colección en la Ciudad Vieja; restablecer algún tranvía… La gente por el mundo busca experiencias sensoriales que los emocionen. Necesitamos crear productos completos. No puede haber gente durmiendo en la calle. Hay cosas aisladas muy buenas, pero no hay un plan. ¿Por qué? Porque de todo lo que recauda la Intendencia de Montevideo, no sé si son 600 millones de dólares, ¿qué porcentaje se destina a acciones directas, más allá de sueldos y costos operativos? Tenemos un aparato estatal que debe cambiar su rumbo. Si no sabemos a qué puerto nos dirigimos, no hay viento que nos venga bien. El problema son las decisiones políticas, que son malas tanto de izquierdas como de derechas. Tenemos políticos light. No considero que sea un tema de color político, porque aunque tengas al mejor intendente posible del planeta, si le enchufás 12 mil funcionarios cuando podría operar con mil, no hay manera. Montevideo hoy resulta hostil e inevitablemente influye en el estado de ánimo de la gente. No está preparada para el turismo, necesita mejorar. Hay esfuerzos magníficos de emprendedores privados, pero no alcanza. Montevideo necesita un cambio, pero no creo que lo vaya a tener porque el votante está poco capacitado.
–¿Considera que tenemos un buen mix de destinos turísticos a nivel país?
–Hay una buena propuesta con diversos destinos para distintos segmentos. Están, y están creándose nuevos, gracias a la diversidad cultural que nos está enriqueciendo. Esta enorme cantidad de extranjeros crea, cada uno en lo suyo, sea una cafetería con pastelería rusa o ucraniana. En Uruguay hoy se viene a meditar o a disfrutar de una fiesta electrónica; podés estar en el silencio de una chacra en pleno mes de enero; podés juntarte con intelectuales, jugar al bridge y hacer cualquier tipo de deporte. Sí, cada vez hay un mejor mix, pero insisto, no es gracias a una política de Estado. Lógicamente, al inversor lo desestimula que trámites que en algún otro país se resuelven en el día, aquí tardan meses o años.
–¿Qué destaca de esta temporada?
–Nobleza obliga, y aclaro que no tengo vinculación comercial con Cipriani, a todos aquellos que decían que no iba a suceder, la reconstrucción del San Rafael está ahí, y está pronta. Fui a comer a Locanda (ubicado en el complejo del ex Mantra) y el entrenamiento del personal es superlativo; no hay comparación con el de las escuelas de gastronomía de aquí, y lo digo habiendo sido director del ITHU. Es superior, hay otro standard de servicio. Inevitablemente, la empresa va a hacer marketing internacional porque no hay mercado en el Río de la Plata para este tipo de inversiones, ni para las unidades que pretenden vender. Un europeo acaba de comprar un penthouse en 17 millones de dólares; esto es un nuevo mercado, un nuevo Punta del Este. Es otro nivel, pero el derrame va a beneficiar a todos porque de ese público alguien va querer visitar las grutas de amatistas de Artigas, conocer Colonia y los pueblos hippie chic de Rocha, y alguien va a ir a meditar a Minas.
–¿Eso explica la mayor afluencia de aviones privados en el aeropuerto?
–Están llegando a Punta del Este diez mil vuelos privados. Están viniendo personas que pagan entre 100 mil y 150 mil dólares por un vuelo para una familia. Esos son los vuelos que se incrementaron, no los comerciales porque las tarifas son excesivas. Y eso se debe a que un enorme porcentaje de los recursos del Estado se vuelca a mantener burocracia y excesos. Uruguay no estaba en el menú del mundo, pero ahora los problemas globales hacen que nos miren; no tenemos que adormecernos y prepararnos. En la educación está todo el potencial de crecimiento económico y emocional.