La democracia no sirve si la gente no puede cubrir sus necesidades”.
“Lo único que se interpone entre mis vacaciones y yo son ustedes”, bromea Zohran Kwame Mamdani al recibirnos. Está a punto de tomarse una semana libre, su primer descanso desde que llegó a la Alcaldía de Nueva York a principios de año. Será una pausa necesaria no solo porque desde enero ha llevado un ritmo frenético, con una agenda pública abarrotada y cronometrada hasta el último segundo, sino porque la vida de este millennial de 34 años, se vio completamente transformada en muy poco tiempo. Hace un año vivía junto a hoy su esposa, en el apartamento con una habitación de renta regulada, situado en el condado de Queens, el cual alquilaba desde 2018. Ahora reside en Gracie Mansion una importante residencia construida en 1799 en el Upper East Side de Manhattan, reservada para quienes como él ocupan el cargo. Convertido en uno de los políticos más influyentes de su país, para los conservadores no deja de hacer ruido el contraste del candidato socialista viviendo en las comodidades de la casona, cuando uno de los temas de campaña había sido la justicia en asuntos de vivienda.
Mamdani mantiene un aura familiar a pesar de gobernar una ciudad de 8,5 millones de personas. Hablar con él tras poco más de medio año en el cargo, es muy parecido a hacerlo con el desconocido que inició su campaña en 2024. Es carismático y sonríe siempre, algo que le ha granjeado críticas por considerar que su gesto es forzado. Él responde que su optimismo es algo que le inculcaron sus padres. En la Sala del Gobernador del Ayuntamiento, rodeado de retratos del siglo XVIII y XIX, y con el escritorio del presidente George Washington de fondo, responde a las preguntas de corrido. En su primera entrevista extensa en español, el alcalde evita entrar en los charcos que no quiere pisar, devolviendo respuestas bien construidas pero sin salirse del entorno en el que más cómodo se siente: la necesidad de hablar a la clase trabajadora de Nueva York.
Solo cuando se le pregunta por un asunto personal parece dudar unos segundos, y entrar en un terreno más vulnerable. Desde su llegada al poder, los medios han hablado sin cesar de su esposa, la artista e ilustradora Rama Duwaji, de 27 años, nacida en Damasco, Siria.
Según el diario Clarín de Argentina, fue en una entrevista que le hiciera la comediante Kaneez Surka, a Mamdani, que él contó que se conocieron a través de Hinge, la aplicación de citas, y que a lo largo de la campaña evitó involucrarla en actos públicos. Es que entre los opositores comenzaron a comentar las posturas políticas de su pareja, y su arte vinculado al movimiento pro Palestina-.
Zorhan reconoce que lo que peor lleva de su nueva vida, son los mensajes de odio que reciben él y su entorno más cercano. “Ella es más importante para mí que cualquier otra cosa. Cuando trabajas en política, cuestiones que antes te parecían clichés adquieren un significado muy real. Finalmente se casaron. Según Clarín, lo anunció en Instagram, compartió fotos en blanco y negro, y escribió que se había casado con Rama, el amor de su vida, en la oficina del secretario municipal.
“Cuando eres joven -dice- escuchas a los políticos decir que sus familias no pidieron este tipo de vida, y no terminas de entenderlo. Pero cuando lo vives en primera persona, te das cuenta de que tú elegiste hacer este trabajo. Ellos no. Lo único que eligieron fue quererte. Y eso no significa que sus vidas deban transformarse por tu decisión”.
Al preguntarle si eso le lleva a plantearse la política como una ocupación temporal, para retirarse sin mucha demora a una vida más privada, es cuando se hace un largo silencio. “No lo había pensado de esa manera”, admite. Tras la pausa, añade: “Me siento increíblemente afortunado de que ella forme parte de mi vida. Y seguiré haciendo todo lo posible para que pueda vivir la suya de la manera más sencilla posible”.
Su ascenso ha sido meteórico: pasó de ser miembro de la Asamblea del Estado de Nueva York, con un apoyo mínimo en su carrera por la Alcaldía, a sorprender al país al convertirse en el primer gobernador socialista del epicentro capitalista del planeta. En el entorno de Donald Trump, aquellos comicios del pasado noviembre se vieron como un referéndum contra la elección del republicano, un año antes. Y la victoria de este inmigrante musulmán, nacido en Uganda, que prometía ser la peor pesadilla del presidente, devolvió un poco de luz a los progresistas en un país que enfrentaba un segundo mandato de Trump.
Pese a todo, él prefiere no definirse a sí mismo como anti-Trump. “Dejaré que sean otros los que me etiqueten; ¡etiquetas no me faltan!”, señala, consciente de que el propio presidente ha llegado a llamarlo “lunático comunista”. Tampoco se le ve deseoso de compartir esa etiqueta con el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, que en asuntos como el gasto en defensa o el apoyo a Palestina lidera la oposición europea.
“Es la misma pregunta que planteaba el rapero Tupac: ¿por qué siempre parece haber dinero para la guerra, pero no para los pobres? Y en lo que respecta a Palestina, no debería existir una excepción al hablar de derechos humanos universales. Así que, en esos dos temas, me alinearía con Sánchez”.
—¿No se siente cómodo con la etiqueta de anti-Trump?
—He sido muy claro en que he tenido una amplia gama de desacuerdos con el presidente. Sobre inmigración, por ejemplo. Le he dicho directamente que el ICE es una agencia que opera con crueldad e inhumanidad. Debería ser abolida. Se ha hablado mucho de lo joven que soy, pero soy más viejo que el ICE, y aun así seguimos viendo a personas incapaces de imaginar un futuro sin esa agencia.
Habida cuenta de su propia biografía, no es de extrañar que le afecten especialmente, las redadas migratorias de la Administración republicana y el desatado Servicio de Inmigración de Estados Unidos, cuyas siglas —ICE— ya son internacionalmente reconocidas, y sus temidos agentes —hombres encapuchados que persiguen y matan a seres humanos, algunos de ellos ciudadanos estadounidenses.
Nacido en Kampala, capital de Uganda, en 1991, la historia de la familia de Zohran es común a la de varias generaciones de emigrantes. Su padre, el académico Mahmood Mamdani, nació en Bombay, y procede de una estirpe de musulmanes indios que emigraron a África a finales del siglo XIX. Su madre, la conocida cineasta Mira Nair, también es india. “Soy un neoyorquino indio-ugandés. Es el sueño de la inmigración mestiza”, dijo el alcalde hace tiempo. Durante la dictadura de Idi Amin en Uganda en los años 70’, Mahmood y su familia se vieron forzados a exiliarse en centros de refugiados de Londres.
El pequeño Zohran se mudó a Estados Unidos en 1999, luego de que su padre obtuviera una plaza como profesor en la Universidad de Columbia. El hoy alcalde de Nueva York logró la nacionalidad estadounidense a los 26 años, tras graduarse en sus estudios universitarios. El haber nacido en el extranjero le impide aspirar a ser presidente o vicepresidente, pero no a sentirse profundamente norteamericano, y reivindicar su ideología como parte importante de la historia de este país.
El primer alcalde musulmán de Nueva York es también, el que acaba de participar en el 25º Aniversario de los atentados terroristas del 11-S a las Torres Gemelas, ataque que sufrió la ciudad en 2001. Una campaña lanzada por algunos familiares de las víctimas, la cual alcanzó unas cien mil firmas, le había solicitado que no asistiera, recriminándole una “retórica hostil” hacia los valores compartidos en la conmemoración.
La política migratoria de Trump obró como una parte significativa de su campaña. En los últimos meses de la carrera por la Alcaldía, el presidente amenazó con desplegar tropas de la Guardia Nacional en la ciudad, como ya había hecho en otras urbes, también gobernadas por demócratas, para reforzar su ofensiva anti-migratoria. Mamdani rechazó esa amenaza, y todas las demás lanzadas por la Casa Blanca contra las comunidades de inmigrantes de Nueva York, que representan el 38 por ciento de la población de la ciudad.
La noche de su victoria, el alcalde electo se dirigió directamente al presidente: “Donald Trump, sé que estás viendo esto, tengo tres palabras para ti: sube el volumen”, y le recordó: “Nueva York seguirá siendo una ciudad de inmigrantes: construida por inmigrantes, e impulsada por inmigrantes, y a partir de esta noche, dirigida por un inmigrante”.
“Demasiado de este horror se ha incorporado a la vida cotidiana”, dice ahora Mamdani sobre la campaña de deportaciones masivas de Trump. “Las imágenes de las ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por el ICE han pasado a ser vistas como parte de lo que hace esa agencia. Y francamente, eso refleja que no se trata de una anomalía en su funcionamiento, sino de una característica de su existencia. En Nueva York, esto no afecta solo a individuos o a sus familias, sino a barrios enteros. Hay vecindarios en los que se ve menos gente en la calle porque tienen miedo a salir de sus casas. Y ese terror no afecta únicamente a las personas que no tienen papeles en regla, sino que se extiende a personas en cualquier situación migratoria, porque saben que esa fuerza a menudo elige a las personas, basándose en la raza”.
El alcalde no menciona a Trump por su nombre a lo largo de la entrevista de 40 minutos. El político combativo que fue durante su campaña, dio paso a uno más pragmático. Una de las primeras cosas que hizo tras ser elegido, fue visitar al republicano en la Casa Blanca.
“Soy el alcalde de Nueva York. Eso significa que tengo la responsabilidad de colaborar con cualquier persona que tenga el poder de mejorar la vida de quienes consideran a esta ciudad, su hogar, y eso incluye al presidente. Por eso, cada vez que me he reunido o he hablado con él, la conversación siempre termina volviendo a la ciudad”, aclara. Aquella primera reunión que tuvo lugar antes de que Mamdani asumiera el cargo, fue seguida por una surrealista rueda de prensa, en la que una periodista le preguntó si seguía considerando a Trump un fascista, tal y como lo había calificado anteriormente. Antes de que pudiera formular una respuesta, el presidente respondió por él: ‘puedes decir que sí sin más. No me importa’, dijo, y le dio una palmadita en el brazo.
—Usted no ha sido el único en llamar al presidente fascista. Los politólogos no se ponen de acuerdo en cómo catalogar su ideología. Pero, al margen de las denominaciones, ¿cree que supone una amenaza para la democracia de Estados Unidos?
—Cuando pienso en las amenazas a la democracia, vuelvo a las palabras del alcalde Fiorello La Guardia y del presidente Franklin Delano Roosevelt sobre su desaparición en varias ciudades de Europa. Para ellos no desapareció porque la gente se cansara de ella como ideal, sino porque estaba agotada de no poder alimentar a sus familias. Con frecuencia hablamos de la democracia como un valor. ¿Pero de qué sirve ese valor si las personas no pueden cubrir sus necesidades básicas? Mucha gente trabaja en Nueva York, pero no puede permitirse vivir aquí. Para mí, eso representa una amenaza para la democracia, tan grande como cualquier otra, porque la democracia debe tener un significado real para la gente trabajadora.
A los trabajadores se referirá el alcalde una y otra vez durante la entrevista. Los define como aquellos que se esfuerzan por una vida digna, y no la consiguen. Ese mensaje fue la piedra angular de su campaña, y seguirá siéndolo ahora que está en el Ayuntamiento.
Pese a algunos tropiezos, Mamdani logró encaminar varias promesas centradas en el costo de vida, en NY, una de las metrópolis más caras del mundo. Su principal victoria fue congelar la renta de casi un millón de viviendas con alquiler regulado, en las que viven más de dos millones de personas.
Su trayectoria ha inspirado a otros candidatos a presentarse en las elecciones legislativas del próximo tres de noviembre en el resto del país, cuando está en juego el control del Congreso. Varios de ellos salieron de la propia formación de Mamdani, los Socialistas Democráticos de Estados Unidos; y como él, triunfaron en las primarias del Partido Demócrata, impulsados por votantes jóvenes que demostraron que el temor de sus padres y abuelos a palabras como socialismo, no pertenece a su generación. Muchos de ellos citan a Bernie Sanders como ejemplo. El senador de origen neoyorquino se postuló en 2016 para enfrentar a Trump en las primeras elecciones que llevaron al magnate al poder, pero perdió ante Hillary Clinton. Esa batalla dejó una herida que todavía duele en el Partido Demócrata, entre los progres y el establishment. Fue ese un momento fundamental para Mamdani. Con solo 24 años, se dio cuenta de que él también pertenecía a la política estadounidense. “Sanders me mostró que mi visión política tenía un lugar en la ciudad que considero mi hogar. Que no tenía que renunciar a ninguna parte de mí mismo para participar en la política. En 2016 creí en la promesa de que el futuro podía ser diferente. Lo maravilloso de este tipo de campañas es que sientan las bases para que muchas más personas crean que también pueden participar. Aquella candidatura cambió mi vida. Espero que el trabajo que hacemos hoy desde el Ayuntamiento pueda tener un impacto similar en otros”, dice.
Claire Valdez conoció al ahora alcalde en 2023, cuando se planteaba postularse para la Asamblea de Nueva York. Entonces, Mamdani formaba parte del Parlamento estatal y los dos se movían en los mismos círculos de activismo. “Hablamos mucho sobre la posibilidad de usar nuestros cargos para movilizarnos fuera de la Asamblea. No se trata solo de aprobar leyes, sino de utilizar estos espacios para organizar a la clase trabajadora. Y eso fue para mí, una fuente de inspiración”, recuerda . Dos años después, en 2025, Valdez llegó a Albany, sede del poder del Estado de Nueva York. Allí, por segunda vez, Mamdani la inspiró a dar otro paso en la política, esta vez a la Cámara de Representantes en Washington. Impulsada por lo que su compañero y amigo había logrado, con la misma visión e interés por el socialismo, Valdez decidió presentarse a las primarias demócratas de su distrito, y ganó, como también lo hicieron los otros dos candidatos al Congreso respaldados por Mamdani. Y en las próximas elecciones de noviembre, se presentarán ante sus rivales republicanos. Esos triunfos fueron consolidando lo que llaman el efecto Mamdani, y por eso es que le dicen kingmaker, (hacedor de reyes).
—Kingmaker; ¡otra etiqueta! ¿Usted qué opina?... Trump se llama a sí mismo rey.
—Solo hay un rey en Nueva York, y ese es Jalen Brunson, capitán de los Knicks, (risas).
La mirada, sin embargo, va mucho más allá de las elecciones de noviembre. Todos los caminos conducen a 2028, momento en que de acuerdo a la Constitución, Trump no podría seguir otro mandato en la Casa Blanca. La pregunta más importante que los demócratas aún deben responder es quién se enfrentará al Partido Republicano. Y esa respuesta debe aclararse cuanto antes. El problema es que deben superar antes, una batalla ideológica que lleva gestándose desde hace una década.
Si la victoria de Mamdani y sus candidatos cercanos en lugares como Colorado, Minnesota o Míchigan sirven de indicio, parecería que los progresistas están ganando terreno. Para el alcalde, eso debería influir en la elección de un candidato izquierdista en las próximas presidenciales. “2028 debería reflejar dónde estamos hoy”, afirma. Al preguntarle si eso supone un respaldo a Alexandria Ocasio-Cortez para que presente su candidatura a la presidencia, se limita a responder: “la congresista Ocasio-Cortez sería buena en cualquier cargo para el que se presente. Estaré entusiasmado de ver cualquier decisión que pueda tomar”. Sí concreta el mensaje que cree que los votantes demócratas están enviando: “tienen hambre de una política diferente, una política que ponga a los trabajadores en el centro. En 2028 tendremos que responder una pregunta: ¿hacia dónde irá el partido después de este gobierno?”.
—¿Y cuál es la respuesta a esa pregunta?
—Debemos no solo oponernos a esta administración, sino también defender algo. Y ese algo es la clase trabajadora. Lo que debe definir al partido son las formas claras de mejorar materialmente su vida. Eso era el Partido Demócrata en tiempos de Franklin Delano Roosevelt, con ideas como las cuatro libertades: libertad frente a la necesidad; frente al miedo; frente a la elección de culto y de expresión. Algunos dirían que son ideales poco realistas, pero fueron la columna vertebral de un partido que movilizó a todo el país en un momento de enorme desigualdad, muy parecido al actual. Hablo como alcalde de la ciudad más rica del país más rico de la historia, donde una de cada cuatro personas vive en la pobreza.
—A menudo cita el legado de Roosevelt. Medidas que usted defiende, como la sanidad universal, ¿plantean un Estados Unidos más europeo, parecido al modelo socialdemócrata que triunfó en Europa tras la II Guerra Mundial?
—En realidad, sería un Estados Unidos muy estadounidense. Invito a la gente a mirar nuestra propia historia. Programas públicos como la Seguridad Social fueron acusados en su momento de intentar sovietizar la economía. Muchas de las cosas que hoy consideramos normales fueron demonizadas cuando se propusieron por primera vez, algo muy parecido a lo que vemos hoy. Me niego a aceptar la idea de que este tipo de políticas haría que nuestro país dejara de ser lo que es.
—Pero volviendo a las elecciones de 2028, ¿cómo espera convencer a un país que votó dos veces a Trump, a que apoye a los demócratas, una formación con posiciones distintas y hasta contradictorias, como la que usted representa frente al establishment del partido?
—Cumpliendo con nuestras promesas. En Nueva York llevamos ocho meses demostrando cómo es la política que pone a los trabajadores en el centro. Esto significa guarderías públicas, autobuses más rápidos, crear una red que permita distribuir alimentos más baratos. Durante demasiado tiempo la política ha parecido un pasatiempo que solo algunos pueden permitirse, cuando en realidad debería ser una herramienta para ayudar a quienes luchan en este país a tener una vida mejor.
—¿No teme que palabras como socialismo o comunismo alejen a parte del electorado? Los republicanos ya las están usando para argumentar que ustedes son el mayor peligro del país.
—Los republicanos han llamado socialistas y comunistas a los demócratas desde mucho antes de que yo pueda recordar. Soy honesto: sí, soy socialista. Y lo que he descubierto es que la mayoría de los neoyorquinos no me preguntan cómo defino mi política, sino si hay espacio para ellos dentro de ella. Siempre se ha debatido qué aspecto tendría el socialismo. Nosotros hemos mostrado en estos meses cómo es: se parece a una ciudad que funciona para quienes la construyen día a día.
En Nueva York se respira la sensación de que se vive un momento de alegría colectiva. El disfrute parece haber vuelto a la ciudad, profundamente marcada por la pandemia, y la crisis de la vivienda. Vale destacar que este verano fue eufórico: los Knicks ganaron su primer campeonato de la NBA en 53 años, y lo celebraron con un desfile histórico al que asistieron más de dos millones de personas. Además, se disputaron ocho partidos del Mundial de Fútbol en la ciudad, incluida la final entre España y Argentina.
Las encuestas no se cansan de mostrar que la popularidad del alcalde está al alza. En agosto, un 69 por ciento de los neoyorquinos aprobaba su gestión, 20 puntos más que a principios de año. Pareciera que en estos ocho meses el alcalde está viviendo una especie de luna de miel prolongada, que en cualquier momento podría terminar. Aunque él prefiere no entrar en ese debate: “dejaré que sean los neoyorquinos quienes juzguen cómo lo estamos haciendo. Esto no es un ejercicio de autocomplacencia; tiene que ser un esfuerzo por mejorar la vida de los trabajadores”.
Mamdani tiene muchos apoyos; pero también muchos detractores. Desde la derecha critican que medidas como el impuesto a las mansiones de los ricos o los supermercados públicos con precios accesibles, terminarán por empobrecer a la ciudad. También cuestionan que en su defensa del pueblo palestino, haya pedido la detención del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, al que llamó criminal de guerra y arquitecto de un horrible genocidio en Gaza. Hay sonadas voces que le reprochan alimentar el antisemitismo, poniendo en peligro la convivencia en la ciudad con la mayor población judía del mundo, fuera de Israel. Por su parte se defiende: “mi responsabilidad es mantener seguros a los neoyorquinos judíos y asegurar que el objetivo no sea únicamente su seguridad, sino también celebrar y valorar la vida judía”. Pero mantiene su postura: “es perfectamente posible eso, al mismo tiempo que se formulen críticas honestas sobre la conducta de Netanyahu, dejando claro que la responsabilidad de sus acciones recae únicamente en él, y no en los judíos neoyorquinos que aquí viven”. Y agrega que “el rechazo a las acciones del primer ministro se extiende entre muchos tipos distintos de neoyorquinos, incluidos numerosos judíos”.
Por otra parte, ciertos sectores de la izquierda le echan en cara mantener intactos organismos como la militarizada policía de Nueva York. Una de las críticas que le hace el periodista Theodore Hamm, autor de la biografía Meet Mayor Mamdani, es que tras sumarse a los que pedían rebajar la financiación a la policía, una vez en el poder, mantuviera a Jessica Tisch, responsable en la Administración anterior.
Al pedirle un rasgo que defina a Mamdani; Hamm, quien lo siguió durante toda la campaña, recuerda una escena que vio en esos meses, cuando en un acto se le acercó un hombre a gritarle antisemita, y otros insultos. “Me impresionó que en medio de ese caos, Mamdani se sentara con calma mientras sonreía hablando con los voluntarios”, recuerda. Y comentó que se sorprendió ante esa imperturbabilidad del entonces aspirante a alcalde, en medio de la tensión. Para Hamm, fue una muestra de que el joven ya estaba listo para la batalla, y de cómo afrontaría las crisis a partir de entonces: “resistiendo a los ataques, manteniendo la compostura y el buen ánimo, y ciñéndose a su mensaje”.
Interactuar con sus votantes es quizá el ámbito en el que parece sentirse más cómodo y relajado. Mientras que frente a la prensa parece tímido e incluso reservado, en las calles de la ciudad es donde parece más vivo. Ya sea en los desfiles de las comunidades puertorriqueñas y dominicanas a los que asistió este verano, o simplemente mientras vuelve a casa en bicicleta. Hasta hace poco lo hacía sin casco; pero ante las críticas por la falta de seguridad, grabó un video en redes sociales en el que anunciaba que atendía a los mensajes: “tienen razón. Tengo que hacerlo mejor”, decía con el Stayin’ Alive de los Bee Gees de fondo, mientras sacaba un casco de una caja de cartón con un cartel que decía: Para el alcalde.
Sus redes sociales continúan siendo su principal forma de interactuar con sus votantes de la ciudad, y también con gente de cualquier parte de Estados Unidos o del extranjero. Suma más de 30 millones de seguidores y comparte videos con un lenguaje moderno y muy trabajado, en los que un día puede hablar mandarín y otros grabarse en el portal del ático de 238 millones de dólares del empresario Ken Griffin, para anunciar un impuesto inmobiliario a los superricos.
Una tendencia reciente refleja el dominio de su equipo de redes sociales. Hace unas semanas, los neoyorquinos comenzaron a publicar videos sobre problemas cotidianos, etiquetando al alcalde y pidiéndole ayuda: desde calles deterioradas hasta fuentes de agua potable que faltaban. Algunas de estas quejas comenzaron a recibir atención y a ser atendidas por el Ayuntamiento. En un video que se volvió viral, un joven le pidió a Mamdani que se ocupara de dos baches que había en su camino, y al regreso del trabajo ya estaban reparados.
Mamdani también dispone de un canal de WhatsApp para conectar con los neoyorquinos hispanohablantes, lanzado este verano con el nombre El chisme oficial de NYC. Allí en vía todo tipo de información para que la comunidad latina esté al tanto de lo que sucede en su administración. Todo en español. Incluso manda mensajes suyos hablados en castellano. Aunque durante esta entrevista no se atrevió. Pidió disculpas y reconoció en inglés: “aún me queda camino para lograr fluidez”.
(Derechos exclusivos, El País de Madrid).