En las últimas semanas, Pablo Ramírez visitó varias ciudades del Río de la Plata para presentar Archivo Ramírez, la publicación de Fundación Medifé Edita que muestra el lado B de una trayectoria consolidada, “el revés de lo visible, aquello que no suele compartirse”, un libro que revela el universo íntimo y profesional del diseñador argentino.
Todo surgió como parte de una exhaustiva investigación coordinada por la socióloga Daniela Lucena, con Sebastián Rodríguez como responsable del archivo de imágenes, y Agustina Fernández en la gestión patrimonial. El resultado, la publicación de un archivo con más de 700 imágenes inéditas con el proceso creativo, cuadernos personales, fichas técnicas, memorias de viajes, álbumes familiares, correspondencia, registro de desfiles y fashion films, material de su paso por la industria, colaboraciones estéticas y recortes de prensa que evidencian el desarrollo de su exitosa carrera como diseñador.
No es casual que el lanzamiento de la publicación fuese en Montevideo. El vínculo de Pablo Ramírez con Uruguay es estrecho y en los últimos meses se reforzó por su participación como diseñador del vestuario de la ópera Fidelio, dirigida por Nicolás Boni en el Teatro Solís. En entrevista con PAULA desde Mar del Plata, el creador argentino compartió cómo vive este gran momento.
–¿Cuándo tomó conciencia de que su archivo podía contar una historia?
–La verdad no fue algo que se me haya ocurrido a mí. Todo partió de la investigación que propuso Daniela Lucena y de la Fundación Medifé Edita. Ella se acercó para entrevistarme para otro libro y le mostré el material que tenía. Cuando Daniela vio las carpetas donde tenía los bocetos, todo el proceso de trabajo, las fotos, el concepto; cuando vio todo mi archivo, me dijo: 'es increíble, se podría hacer algo con todo eso'. Siempre tuve una especie de compulsión por conservar todo. No sé con qué fin. A ella lo primero que se le ocurrió fue trabajar conmigo en ordenar el archivo.
–¿Cómo se dio ese proceso?
–Primero consiguió el apoyo de la Fundación Medifé. La directora del sello editorial de la fundación vio el material y decidió apoyar la publicación del libro. Medifé es una empresa de medicina prepaga que trabaja sobre el cuidado de las personas, y también consideran que el cuidado del patrimonio y de la memoria es fundamental. Ellos tuvieron la iniciativa y cuando me lo propusieron, me pareció un regalo. Por eso insisto en que este no es un libro que yo planeé, fue una propuesta que me llegó, a la cual accedí. Para mí significó un ejercicio de confianza, de entrega y de apertura. Sentí que todas eran personas respetuosas y cuidadosas, que podía confiar y a las que decidí abrirme para mostrar este material.
–¿Al revisar el archivo encontró recuerdos que habían quedado en el olvido?
–Sí. En realidad, hay una parte que me sorprendió y tiene que ver con la coherencia. Fue como ver a ese niño, o esa parte mía que mantiene su esencia. Algo así como decirme 'mirá, en aquel momento ya pensaba esto”, o ver cómo ya a los 11 años, dibujé una pasarela, hice la planta con las medidas, la altura, el ancho, pensando en el desfile de mis sueños. Mi primer desfile. Eso me impacta mucho porque pienso, si yo hoy quisiera realizarlo, funciona perfectamente. Y como eso, un montón de cosas más.
–Además de la documentación laboral, ¿tenía un diario personal?
–Lo que me sorprende es eso; de alguna manera en el presente no puedo separar mi vida íntima de la profesional porque soy el mismo, todo convive. Siendo niño sucedía lo mismo, y en ese momento no era vida laboral. En aquel entonces tenía que ver con mi fantasía, con el juego. O sea, yo a los once años dibujaba una pasarela y estaba jugando. Imaginate que no tenía ninguna idea, ni recursos ni posibilidades de pensar en hacer un desfile. Yo no andaba por la vida diciendo 'voy a hacer esto, voy a hacer aquello'. Ese dibujo está al lado de otras cosas personales. Así que me encuentro con muchos temas vinculados que todavía tengo que explorar: cosas como sentirme solo o no encontrar un lugar en el mundo… Había algo en ese niño que vivía en un pueblo sin tener un escenario o un horizonte en donde pudiera proyectarse. Hay algo de eso que vuelve, que por suerte ya no está más, porque pude, a través de mis sueños y de mis fantasías, construir ese horizonte que parecía tan imposible y lejano.
–En un mundo tan convulsionado, hallar un espacio para mostrar la vulnerabilidad del proceso creativo y de su propia vida es importante, sobre todo porque es un referente para los más jóvenes. ¿Lo pensó en algún momento?
–La verdad es que no. No me identifico como ejemplo a seguir. Lo que sí pienso es que, si uno sigue su pasión, si uno trabaja por ello, siento que es posible lograrlo. Cuando tengo la posibilidad, me gusta compartirlo para inspirar de alguna manera. Estoy de vuelta dando clases en la Universidad Nacional de Rosario, en el último año de la carrera de Diseño de Indumentaria. Allí imparto un seminario enfocado en diseño de autor en la moda y lo que le digo a los alumnos es que yo no me considero un ejemplo a seguir ni un modelo. No tengo una fórmula del estilo 'esto es lo que hay que hacer'. Puedo compartir mi experiencia, cuáles fueron y cuál es mi proceso, cómo resuelvo, cómo manejo, cómo disfruto de lo que tengo. Es lo único que puedo compartir, la pasión, la chispa, la vocación, el amor por mi trabajo pese a todas las dificultades.
–El pasado 25 de mayo, durante la presentación de Archivo Ramírez, en Montevideo, conversó con la comunicadora uruguaya Cata Ferrand de estos y otros aspectos, ¿hubo algo que le resonara luego del encuentro?
–Cata me pareció un amor y todas las personas que estaban ahí. Fue una presentación íntima y cariñosa donde me sentí cómodo. Esa fue la primera presentación porque el libro había tenido una especie de pre-presentación para prensa en Casa Medifé, cuando el todavía no estaba a la venta. Por eso siento que la de Montevideo fue la primera presentación oficial. De allí me fui a Rosario, en Argentina, donde inauguré la exposición La elegancia de la línea, en el ECU-Espacio Cultural Universitario, con dibujos, figurines y bocetos originales, y de paso hablé del libro. Ahora estoy en mi tercera presentación en la ciudad de Mar del Plata.
–Es una gira de autor en toda regla...
–Sí, aunque no fue algo planeado, se dio de una manera orgánica. Lo de Rosario estaba previsto porque allí doy clases. Después de Montevideo llegó la invitación a Mar del Plata y el 13 de junio la presentación oficial, venta y firma de ejemplares abierta al público en Buenos Aires. Toda esta actividad es particular para mí porque no soy el autor del libro. Yo siento que no es mi libro, es un libro sobre mí, sobre mi archivo, sobre mi vida, sobre mi trabajo. Yo solo cedí mi archivo y formé parte de la conversación, tuve entrevistas con los autores. Hay un capítulo que sí escribí y también colaboré con las diseñadoras gráficas e hice la ilustración para la tapa. Por eso, en las presentaciones comparto mi experiencia de vida que está plasmada en el libro.
–Su firma está asociada al color negro, al destaque de la silueta, a la elegancia, ¿en Archivo Ramírez se conoce un poco más acerca de la construcción de este lenguaje propio?
–Sí. Daniela Lucena armó un núcleo temático a raíz del archivo y el libro ofrece diferentes miradas. Todos los autores reafirman y confirman los conceptos, los motivos y las razones de mi diseño.
–En una mirada retrospectiva, ¿cómo observa esa decisión de no sucumbir a los vaivenes de las tendencias, de la economía, de la política?
–Uno de los capítulos del libro se titula Resistencia y para mí hay algo de eso que es clave. Tiene que ver con mi vida y con la construcción de mi estilo, con estar siempre muy enfocado y resistir a la situación política, económica, a los cambios sociales. He mantenido muy firme mi punto de vista, sé cuál es mi mirada, lo que me gusta, cómo pienso, en lo que creo. Entonces, siento hoy que se me hace un poco más fácil decir, 'no estaba equivocado, era por este lado'.
–La moda que trasciende tendencias, ¿será la moda del futuro?
–Para mí lo más importante es formar parte de una sociedad y ser uno como pueblo, como humanidad, y mantener nuestras singularidades. Se trata de poder compartir, convivir y aprender con el otro y, a la vez, preservar nuestras particularidades. En nuestro caso, como diseñadores, tiene que ver con pensar qué es lo que tenemos para aportar. Los diseñadores son creadores de fantasía, de sueño, de ilusión. La ropa en sí, es ropa, nosotros estamos para generar el deseo y la fantasía. Pensar como diseñadores en qué historia tenemos para contar.
–El libro va en esa misma línea, es un objeto de colección que cuenta una historia.
–Para mí es un regalo. Estoy muy contento porque siento que es singular, que tiene algo extraordinario. Sobre todo, eso de que fue concebido por investigadores como un ensayo teórico. A la vez, cuando lo fueron haciendo, se dieron cuenta de que era inevitable que tenía que incluir imágenes, entonces se armó esta mezcla entre ensayos sobre el núcleo de mi archivo y más de 700 imágenes inéditas. Poder hilar entre la imagen y el texto, es maravilloso.