Hay algo muy provocador en escuchar a un médico decir que luego de la alimentación, el ejercicio, el sueño, y todos los avances de la ciencia, la frontera final del bienestar está en la filosofía de vida. No se encuentra en un nuevo medicamento, ni en un estudio de última generación, o en una tecnología sofisticada; está en nuestra forma de relacionarnos con la realidad. López Rosetti (Buenos Aires, 1957) lleva más de cuatro décadas observando cómo las emociones impactan sobre el organismo. Cardiólogo, especialista en clínica médica y referente en medicina del estrés, dirige desde hace años el Servicio de Medicina del Estrés del Hospital Central Municipal de San Isidro, dedicado específicamente a estudiar ese territorio en el que lo psicológico deja de ser abstracto y se vuelve físico. Además es profesor adjunto y director de la Maestría en Psico-neuro-inmuno-endocrinología de la Universidad Favaloro; coordinador de la cátedra libre Estrés y Salud de la Facultad de Medicina de la UBA y director del Curso Universitario de Medicina del Estrés. También presidió la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés y es fellow del American Institute of Stress de Nueva York, a lo que se suma también una extensa trayectoria como divulgador en la prensa.
Después de tantos años de medicina, investigación y consultorio, su mirada parece haber recorrido el camino inverso al que uno imaginaría: cuanto más sofisticado se vuelve el conocimiento sobre el cuerpo humano, más importancia le concede a algunas preguntas existenciales y primitivas: ¿quién soy?, ¿qué está bajo mi control?, ¿cómo interpreto lo que me sucede?, ¿qué hago con el tiempo que tengo?
López Rosetti estuvo en Montevideo el pasado 20 de agosto, invitado a participar en el ciclo Voces que Inspiran, organizado por Cacique Group, en el Teatro Movie. Bajo el título Recetas para vivir mejor y gestionar el estrés, enfrentó a una sala colmada de público interesado en su puesta, que insólitamente comenzó con una advertencia: “tengo una mala noticia: no voy a decir nada nuevo”. No era falsa modestia. Su tesis es que justamente, en materia de bienestar, muchas veces el problema ya no es cuánto sabemos, sino cuánto de eso que sabemos somos capaces de aplicar a nuestra propia vida.
De paso por Montevideo, se hizo un tiempo para conversar con PAULA sobre medicina, estoicismo, inteligencia artificial y una pregunta tan antigua como vigente: ¿qué significa, tener una buena vida?
El concepto del estrés se volvió tan cotidiano que parece servir para describir casi cualquier estado: cansancio, exceso de tareas, preocupación, incertidumbre o vínculos tóxicos, entre otros. El doctor lo define todo en un terreno más preciso: “cuando el estrés se sostiene en el tiempo y se vuelve crónico, se transforma en sufrimiento. Y esto tiene claramente un costo emocional muy grande, porque no vivimos bien en el mientras tanto”, explica. El problema no termina allí. “Ese sufrimiento mantenido tiene también manifestaciones físicas, y puede alterar distintas funciones del organismo. Primero el sueño se trastorna, eso cambia la respuesta inmunitaria, aparecen procesos inflamatorios, se modifica la frecuencia cardíaca, se altera la digestión y aparece el dolor. El cuerpo no está separado de aquello que pensamos o sentimos. Esa idea, que permaneció en las márgenes de la medicina tradicional durante mucho tiempo, hoy atraviesa cada vez más especialidades”, asegura. El término que utiliza para explicarlo es psico-neuro-inmuno-endocrinología. Se refiere a que el cerebro, las emociones, el sistema nervioso, las hormonas y la inmunidad se encuentran estrechamente interconectados. “Una preocupación puede acelerar el corazón. El miedo puede modificar la respiración. Una mala noche altera el estado de ánimo y el estado de ánimo condiciona el sueño. Una situación de sufrimiento prolongado puede generar procesos inflamatorios, afectar la microbiota intestinal, y modificar algunos niveles hormonales. Por lo que mente y cuerpo son una verdadera unidad”.
Daniel López Rosetti se recibió de médico en 1981. Y cuando recuerda aquella medicina, parece describir otro mundo. “No había tomografía computada como herramienta cotidiana, y la exploración física ocupaba otro lugar. Te hacían palpar el pulso de un paciente y con eso podías dar un diagnóstico. Hoy, la medicina dispone de tecnologías con una capacidad de observación del organismo que entonces hubiera resultado inimaginable. Pero cuanto más se avanza, más evidente es la necesidad de comprender al paciente como una totalidad. Ya no alcanza con mirar un órgano aislado del resto del cuerpo, ni un cuerpo separado de la historia de la persona que lo habita”. Rosetti
Ese cambio se percibe incluso dentro de las propias especialidades. Menciona el crecimiento de áreas como la cardiometabología, donde se vincula salud cardiovascular con metabolismo; o la psico-oncología, que explícitamente incorpora la dimensión psicológica al acompañamiento de las enfermedades neoclásicas malignas.
En su libro Recetas para vivir mejor y más tiempo, él organiza el bienestar alrededor de cuatro grandes pilares: la alimentación, la actividad física, la calidad del sueño y la filosofía de vida. Sin embargo, cuenta que cuando estaba terminando de escribir el libro, descubrió algo que lo sorprendió incluso a él. “Había concebido la filosofía como una cuarta parte de aquella estructura. Al observar los capítulos impresos sobre la mesa, decidí que debía cambiar el orden. La filosofía debía ir primero. Como médico lo digo con evidencia científica, la manera en cómo te tomas las cosas puede cambiar absolutamente todo”.
El viejo arte de gobernarse
López Rosetti vuelve una y otra vez a personajes como Séneca, Epicteto y Marco Aurelio y al Estoicismo como una escuela filosófica que hoy vive una inesperada vigencia. A la vez, advierte sobre un malentendido frecuente: “ser estoico no significa soportarlo todo sin quejarse. No se trata de aguantar. Se trata de aprender a distinguir. La idea central es la llamada dicotomía del control. Que tiene que ver con reconocer aquello que depende de nosotros, y aquello que no. No podemos controlar el paso del tiempo, ni el clima, ni gran parte de las decisiones de los demás. Ni siquiera, muchas de las circunstancias externas que pueden modificar nuestra vida de un día para otro. Lo que sí podemos trabajar es nuestra respuesta. Entre la acción y la reacción hay un tiempo. Y ese pequeño intervalo puede ser decisivo, ya que en lugar de reaccionar automáticamente, existe la posibilidad de detenerse, reflexionar y elegir de qué manera responder. No significa negar la realidad ni minimizar sus dificultades. Y tampoco resignarse”, resume.
Para el especialista hay una diferencia esencial entre resignación y aceptación. “La primera implica sentirse vencido por lo que ocurrió. La segunda, en cambio, formula otra pregunta: ¿qué hago yo con esto que me tocó? Esa pregunta modifica el lugar desde el cual enfrentamos un problema. No cambia necesariamente las cartas. Cambia la manera de jugarlas”.
López Rosetti insiste en una herramienta que parece elemental: conocerse a uno mismo. “¿Cuántos llegan a la vida adulta y ni siquiera se conocen?”, cuestiona. No plantea el autoconocimento como una búsqueda abstracta sino como una práctica concreta.
Dr. Daniel López Rosetti, en el Teatro Movie de Montevideo, 2026.
Durante su exposición en La Muy Fiel, propuso un ejercicio tomado de la tradición estoica. El mismo debe realizarse durante siete días, y consiste en responder por escrito tres preguntas, antes de dormir: ¿qué hice mal hoy?, ¿qué hice bien?, ¿qué podría haber hecho diferente? El objetivo no es juzgarse, sino observar patrones. “Lo que hacemos repetidamente y nos hace mal, puede pensarse como algo tóxico que conviene disminuir. Por el contrario, aquello que nos hace bien resulta vitamínico, y por eso habría que aumentarlo”, recomienda.
Esto que parece tan simple en la teoría, resulta muy difícil ponerlo en práctica. Y la explicación radica en un problema muy contemporáneo que el doctor resume así: “ya todos sabemos que deberíamos dormir bien, movernos con frecuencia, alimentarnos mejor, cuidar nuestros vínculos y encontrar momentos de descanso. Y aun así, muchas veces vivimos exactamente en la dirección contraria. Casi todos nosotros somos mejores administrando nuestro trabajo, que nuestras propias vidas”, observa.
Su reciente libro: Una buena vida (Editorial Planeta), vuelve sobre una misma obsesión: aprender a gestionar nuestros distintos mundos, que son: el físico, el emocional, el vincular y el existencial; y debemos dirigirlos con la misma atención con la que manejamos nuestras obligaciones.
Momento mori
Hay otra idea estoica presente en su discurso y que parece incompatible cuando hablamos de bienestar: recordar que vamos a morir, o que somos mortales. “La muerte no viene para oscurecer el día; viene para iluminarlo. El tiempo tiene una particularidad que lo diferencia de casi todo aquello que administramos: nunca sabemos cuánto queda. La vida, podría entonces entenderse como la administración del saldo”. El doctor, propone utilizar la consciencia de nuestra finitud para modificar la relación que tenemos con el presente. “Desde esa perspectiva, vivir bien deja de ser una recompensa futura. No ocurre cuando finalmente terminamos de trabajar, conseguimos determinada estabilidad, resolvemos todos nuestros problemas o alcanzamos determinada edad. Hay que medirlo antes. Al terminar cada jornada”.
Actualmente, la medicina atraviesa una de las transformaciones tecnológicas más profundas de su historia. La inteligencia artificial ya está presente a la hora de analizar un diagnóstico e interpretar estudios, y López Rosetti no minimiza su capacidad. “La inteligencia artificial ya es mucho más inteligente que yo. Y justamente ahí es donde encuentro el límite. Una máquina puede identificar patrones, comparar estudios y cruzar datos que serían imposibles para una persona. Incluso puede aprender a producir respuestas que parecen empáticas. Pero no puede sufrir. No tiene cuerpo. No tiene corazón que se acelere frente al miedo. No conoce la pérdida, la angustia ni la incertidumbre desde la experiencia. Y el paciente, no es únicamente un conjunto de datos clínicos. Es alguien que está atravesando algo. Por eso imagino que cuanto más tecnológica sea la medicina, más importante será preservar aquello que las máquinas no pueden brindar. En el futuro la medicina va a ser más empática, con más humanismo. Si una inteligencia artificial puede conocer cada vez más sobre una enfermedad, el desafío del médico será seguir conociendo cada vez más a la persona que la padece”, afirma.
De ahí que el Doctor Daniel López Rosetti hable menos de enfermedad y más de existencia. “El autoconocimiento, la aceptación de los vínculos y el paso del tiempo, el aprender a frustrarse y a reconocer los límites, resulta vital, porque lo más importante es discernir y no entregar nuestra energía a aquello que escapa de nuestro control. Hay que evitar convertir cada dolor en un sufrimiento crónico, puesto que en la manera en que cada persona interpreta lo que le sucede, radica la clave para vivir bien".