Este viaje comienza en la provincia de Burgos, en la comunidad autónoma de Castilla y León, España, una de las provincias más extensas y diversas de España. Su capital alberga una de las grandes catedrales góticas de Europa, pero basta con alejarse unos kilómetros para descubrir las huellas de la rica historia de esta región. Durante la Edad Media, fue una de las ciudades más importantes del Reino de Castilla, un territorio clave en la configuración de la España actual. Por aquí pasaron comerciantes, peregrinos, nobles y ejércitos, y también circularon ideas, lenguas y formas de entender el mundo.
Con el apoyo de la entidad pública, Burgos, Destino y Origen, y de la Oficina de Turismo de la provincia, proponemos recorrerla en moto. Los apasionados de sentir el viento en la cara, disfrutan por añadidura tanto del trayecto como del destino. Seguro no se arrepentirán, quienes no lo hayan probado aún, pues tienen aquí una buena excusa para atreverse a salir a la carretera sobre dos ruedas.
Punto de partida
Antes de girar la llave y emprender la ruta, merece dedicar unas horas a la ciudad que da nombre a la provincia. Burgos, donde hoy viven unas 180 mil personas, fue durante siglos una de las capitales más influyentes del Reino de Castilla. Su símbolo indiscutible es la Catedral Basílica Metropolitana de Santa María, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984, una obra maestra del gótico cuyas agujas dominan el perfil urbano desde cualquier punto del centro histórico y más allá. Por ejemplo, desde la autopista AP que conecta la ciudad con Bilbao y Vitoria en el País Vasco.
El 20 de julio de 2021, la catedral burgalesa celebró el 800 aniversario de su construcción, iniciada en 1221 por el rey Fernando III y el obispo Mauricio. La celebración dejó al templo en todo su esplendor arquitectónico, gracias a profundas restauraciones. Pero la ciudad no solo vive del pasado. A orillas del río Arlanzón que la atraviesa, conviven edificios históricos con modernos espacios verdes que enriquecen el paisaje urbano. Para el viajero, Burgos ofrece además una ventaja práctica: es un punto de partida cómodo para organizar itinerarios diversos hacia las Merindades, la zona más verde y húmeda de la provincia, caracterizada por una transición entre la meseta y la cordillera Cantábrica; la Ribera del Duero, territorio amparado por esta Denominación de Origen (D.O.) que se extiende a lo largo de unos 115 kilómetros y abarca municipios de Burgos, Valladolid, Soria y Segovia; la Sierra de la Demanda, espacio natural y montañoso, frontera natural entre la comunidades de Castilla y León y La Rioja; o los cañones del Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón, por la carretera N-623 que los atraviesa.
Rumbo al norte
A unos cien kilómetros de la ciudad, la ruta llega a la comarca de Las Merindades. Allí se encuentra la BU-526, una carretera que cruza por algunos de los paisajes más atractivos. El tránsito disminuye, las curvas se vuelven frecuentes y los páramos castellanos dan paso a valles, bosques y formaciones rocosas que anuncian la proximidad de la Cordillera Cantábrica.
La BU-526 serpentea por Las Merindades entre pueblos de montaña y bosques del norte burgalés. Tras pasar por localidades como Espinosa de los Monteros y Quisicedo, la ruta se aproxima al desvío hacia Ojo Guareña, uno de los complejos kársticos más importantes de Europa. Bajo esas montañas se extiende una red de galerías excavadas por el agua durante cientos de miles de años.
La visita más conocida conduce a la Cueva y Ermita de San Bernabé, donde pinturas murales, pasadizos naturales y formaciones geológicas conviven en un mismo recorrido. Este templo, cuya construcción más reciente data de los siglos XVIII y XIX, destaca por estar incrustado y excavado en la roca viva de la montaña, sirviendo como la entrada principal al Monumento Natural de Ojo Guareña.
La totalidad del sitio alberga importantes vestigios arqueológicos, arte rupestre y evidencias de ocupación humana que permiten rastrear miles de años de presencia y actividad en estas montañas. Cabe mencionar que también en la provincia de Burgos se encuentra la Sierra de Atapuerca, uno de los yacimientos paleoantropológicos más importantes del mundo, donde se han hallado restos de algunas de las poblaciones humanas más antiguas de Europa, con una edad que supera el millón de años. Juntos, ambos enclaves ofrecen la posibilidad de comprender la evolución biológica, cultural y tecnológica de sus antepasados.
Arte medieval
La carretera abandona los bosques y desfiladeros del norte para dirigirse hacia los paisajes abiertos de la comarca de Arlanza. Allí se encuentra Santo Domingo de Silos, uno de los grandes hitos patrimoniales de la provincia. Su monasterio benedictino contiene uno de los claustros románicos más importantes de Europa, construido entre los siglos XI y XII. Capiteles esculpidos, galerías porticadas y patios silenciosos conforman un conjunto extraordinario de valor artístico. Más allá de su relevancia histórica, el lugar sigue siendo una comunidad monástica activa que conserva esa atmósfera especial que invita a detenerse allí por unas horas y escuchar sus historias.
Uno de esos relatos está relacionado con un éxito de ventas. En 1990, el proyecto musical Enigma publicó su primer álbum utilizando samples de cantos gregorianos del coro alemán Capella Antiqua München. En 1993, tras una demanda por derechos de autor, la discográfica EMI comercializó a nivel mundial el álbum Chant, un recopilatorio de grabaciones musicales que los monjes de Santo Domingo de Silos habían grabado originalmente entre 1972 y 1982. El disco con las voces de la abadía llegó a los primeros puestos de las listas mundiales.
La Petra española
La ruta continúa hacia el sur hasta adentrarse en la Ribera del Duero. En ese punto aparece Gumiel de Izán, una villa histórica conocida por la iglesia Santa María, construida entre finales del siglo XV y principios del XVI, sobre un templo anterior. En los últimos años, algunos proyectos de divulgación patrimonial la han descripto como la Petra española, una comparación inspirada en el impacto visual de la fachada de la iglesia cuya composición tardogótica y renacentista está decorada con esculturas, hornacinas (nichos o huecos en una pared), y motivos platerescos monumentales. De allí la asociación con la legendaria ciudad de Jordania, declarada en 1985, Patrimonio de la Humanidad por UNESCO, considerada uno de los grandes tesoros arqueológicos del mundo.
La escala de esta joya arquitectónica conservada en el corazón de España, es extraordinaria para una localidad que hoy apenas supera los 580 habitantes, y refleja la prosperidad que alcanzó en el pasado, gracias al comercio y a la actividad vitivinícola. De hecho, se conserva allí una extensa red de bodegas subterráneas excavadas durante siglos para elaborar y conservar vino. Estos túneles, galerías y antiguos lagares (recipientes de piedra o madera donde históricamente se pisaba y prensaba la uva) son testimonio de una tradición profundamente arraigada a la tierra que aún sigue definiendo el paisaje, la economía y la identidad cultural de la región.
Presente y futuro
La historia del vino en Burgos continúa. A pocos kilómetros de las antiguas galerías de Gumiel de Izán, la Ribera del Duero ostenta orgullosa otra faceta de su identidad: la de las bodegas contemporáneas que han reconvertido la experiencia del visitante.
La Ruta del Vino Ribera del Duero, que atraviesa cuatro provincias de las nueve de Castilla y León, reúne algunas de las propuestas de enoturismo más reconocidas en España. Aquí conviven proyectos de perfiles distintos, desde bodegas familiares como Nabal o la histórica cooperativa La Asunción de Nuestra Señora, nacida en 1963 por iniciativa de cientos de viticultores locales; con otras como Bodega Portia, la primera diseñada por el estudio Foster + Partners, que merece renglón aparte.
Inaugurada en 2010, su singular planta en forma de estrella organiza las distintas etapas de elaboración del vino y aprovecha la pendiente natural del terreno para que gran parte del proceso se realice por gravedad. El edificio que lleva la firma del arquitecto británico Norman Foster se encuentra en las afueras de Gumiel de Izán.
Llegados a este punto, qué mejor momento que este, para detener la marcha, buscar alojamiento y disfrutar de las bondades de la región frente a los viñedos, con la sensación de haber atravesado uno de los paisajes más diversos y atrapantes que la España profunda guarda y valen la pena explorar.
Eclipse total de sol
El 12 de agosto de 2026, Burgos se convertirá en uno de los principales destinos donde observar el tan anunciado eclipse total de sol. Según el Instituto Geográfico Nacional de España, la visualización del fenómeno comenzará allí a las 19:33 y alcanzará su punto máximo a las 20:29. La fase de totalidad durará apenas 104 segundos. La expectativa es enorme. En junio la Ruta del Vino Ribera del Duero informó que la mayoría de los alojamientos de la zona estaban casi completos, muchos de ellos con reservas realizadas hace más de un año desde distintas partes del mundo. El interés no es casual. Los organismos astronómicos destacan que será el primer eclipse total visible desde ciertos puntos de la península, desde 1912.
En el caso de Burgos, el antecedente directo se remonta al eclipse total de 1905, que también vivió la provincia. Entre los lugares privilegiados para hoy disfrutar la experiencia vale tener en cuenta al Parador de Lerma, antiguo Palacio Ducal del siglo XVII, ubicado en la Plaza Mayor del pueblo. Hoy hotel cuatro estrellas, organiza una cena de gala ambientada en 1905 para conmemorar el anterior eclipse solar. La propuesta incluye un menú con productos locales como la famosa morcilla de Burgos, y vinos con D.O. (Denominación de Origen) de la región. Aparte, se oferce una red de alojamientos motorfriendly, con parkings seguros para un descanso entre curvas, inmejorable.
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