Donde muchos profesionales optan por consolidar lo construido, Lorena Betancor decidió abrir una nueva etapa. Tras más de dos décadas dedicadas a la investigación, la docencia y la formación de científicos, asumió el desafío de convertirse en emprendedora. En la actualidad, dirige Promethenz, una empresa biotecnológica creada entre Uruguay y España que desarrolla nanoterapias para el tratamiento del cáncer.
Nacida y residente en Montevideo, es licenciada en Bioquímica por la Universidad de la República y doctora por la Universidad Autónoma de Madrid. Su carrera la ha llevado a especializarse en biocatálisis, nanotecnología aplicada a la biomedicina y procesos biotecnológicos sostenibles. Realizó estancias posdoctorales en el Instituto de Tecnología de Georgia, en Estados Unidos, y en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido. También fue investigadora del instituto Ramón y Cajal en España. Actualmente está al frente de la Cátedra de Biotecnología de la Universidad ORT, es directora de Investigación del Centro Biotecnológico de Investigación e Innovación (CBI+I), investigadora de grado 5 de PEDECIBA, investigadora de nivel III de ANII y editora de varias publicaciones científicas internacionales.
En 2024 se le otorgó el Reconocimiento a la Ciencia y la Salud de Uruguay por sus investigaciones orientadas al tratamiento del cáncer de páncreas. El premio destacó el potencial de una tecnología desarrollada junto a equipos de España para atacar selectivamente células tumorales y abrir nuevas posibilidades terapéuticas. En mayo pasado su nombre volvió a ocupar titulares al ser elegida para participar en Desafía Ciencia UK, un programa internacional que conecta proyectos científicos de alto potencial con uno de los ecosistemas de innovación más dinámicos del mundo. Para ella, el reconocimiento no es un punto de llegada, sino parte de un recorrido que comenzó mucho antes, cuando era una niña curiosa que disfrutaba de la escuela y pasaba horas imaginando posibilidades. “De aquella niña conservo sobre todo la curiosidad y una vida interior muy activa. Siempre tuve mucha imaginación y la costumbre de construir cosas en mi cabeza, de hacerme preguntas”.
Esa misma curiosidad la llevó al camino que ha recorrido hasta hoy. Uno de los movimientos más importantes ocurrió cuando fundó Promethenz junto a los investigadores españoles Valeria Grazú y Jesús Martínez de la Fuente, con quienes llevaba casi una década colaborando. La empresa surgió como una spin-off de la Universidad ORT Uruguay y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España. “Siempre me atrajo la idea de que el conocimiento pudiera transformarse en algo útil para las personas. La investigación básica es fundamental, pero también me entusiasma cuando una idea logra salir del laboratorio y generar un impacto real”.
Promethenz trabaja actualmente en el desarrollo de tratamientos personalizados para el cáncer de páncreas, una de las enfermedades oncológicas más agresivas. Su propuesta busca aumentar la eficacia terapéutica y reducir los efectos secundarios mediante el uso de nanotecnología aplicada a la medicina. El proyecto se encuentra en fase preclínica y acaba de abrir su primera ronda de inversión internacional.
“Lo que más valoro del camino recorrido son las personas con las que tuve la oportunidad de trabajar y construir proyectos. He tenido la suerte de desarrollar mi carrera en instituciones que me dieron oportunidades de crecer y de mantener vínculos que han trascendido los años. En ese recorrido encontré personas con las que sigo colaborando hasta hoy. Por ejemplo, mi socia Valeria Grazú fue compañera de facultad en Uruguay y luego compartimos el doctorado en España. Más adelante cada una desarrolló su propia carrera científica, seguimos colaborando y hoy compartimos además un proyecto empresarial. Agradezco poder seguir trabajando y aprendiendo de amigos y colegas. Si miro hacia atrás, creo que lo que más satisfacción me da es haber podido combinar distintas facetas: la docencia, la investigación, el trabajo con empresas y ahora también el emprendimiento, sin dejar de aprender ni de disfrutar el proceso”.
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