Cuatro años atrás, Pamela Ferreira y Carlos Patrón se embarcaron en la hazaña de crear un restaurante único en Montevideo. “A los dos nos gusta mucho comer, y siempre quisimos dedicarnos a esto. Fue por eso que nació Pomelo, de la idea de imaginar ese lugar al que nos gustaría ir, y que sentíamos que faltaba en Montevideo. Un espacio donde comer muy bien, sin mucha formalidad, al que poder ir y compartir un par de platos con un vino”, cuentan sus fundadores.
Enclavado en pleno barrio de Punta Carretas, sobre Miñones 461, apenas si lo delata un gran ventanal que conecta la calle con el restaurante. Pamela cuenta como fueron los comienzos: “cuando entramos por primera vez al local, estaba todo prácticamente destruido. Antes era un local mecánico que se incendió. Lo tuvimos que armar desde cero, y eso hizo que todo hoy sea muy nuestro”.
La cocina está a la vista, y eso no obedece solo a una moda actual, sino a que querían que el proceso de cocinar ocurriera como parte del salón. Queríamos que los clientes pudieran ver desde la mesa, cómo elaboramos cada preparación en el momento”, resume Carlos, y agrega: “la carta es breve a propósito. Preferimos ofrecer pocos platos bien hechos, que muchos y no poder brindar la experiencia que queremos”. Si bien el menú respira simpleza, los procesos, los tiempos y los ingredientes detrás de cada preparación hacen una gran diferencia.
La mayoría de las propuestas tienen influencia mediterránea, con énfasis en Italia. “Pomelo ofrece un producto basado en la elaboración propia; formulamos y hacemos nuestros helados, las pastas se hacen en el día, y todos los ingredientes son frescos”, asegura Pamela. La carta de vinos sigue la misma regla, es acotada, con etiquetas locales, argentinas y francesas, seleccionadas para maridar con la cocina. “También ofrecemos tragos con y sin alcohol, y ahí la propuesta es un poco más moderna”, suma Carlos.
En Pomelo todo es distinto, las reservas por ejemplo tienen una hora específica, la decoración es muy nórdica e industrial, y la vajilla está cuidadosamente elegida. Sostener la consistencia día tras día es uno de los desafíos más difíciles en cualquier emprendimiento gastronómico, pero Pamela y Carlos lo logran gracias a un equipo estable que les permite obtener buenos resultados a largo plazo.