Eduardo "Lalo" fernandez
La selección comenzó el segundo tiempo de un partido que apunta hacia Alemania 2006. La lógica más pura estaba diciendo que era mucho más racional que el técnico fuese a Europa que traer a 31 jugadores para que aquí, en casa, pudiese ponerlos al tanto sobre los principios en los que cimentará su futura labor. Imposible pensar que se tuviera la mínima privacidad y por ende la tranquilidad necesaria para comenzar un trabajo sin el tiempo adecuado y cambiar en orden muchos de los aspectos futbolísticos o extrafutbolísticos que adornaron el anterior ciclo. Incluso la FIFA recomendó que no se perturbara más de la cuenta los campeonatos europeos, por lo que el principio del trabajo está adecuado a la realidad de un fútbol con "bases extraterritoriales". Falta saber qué pasará en el futuro y si entre otras cosas el técnico domina el tablero moviendo las piezas no sólo dentro de la cancha sino también afuera. En una de sus conferencias de prensa dijo tener cinco principios irrenunciables, innegociables y a los cuales se deberán ceñir los jugadores. Como ordenamiento jerárquico tal posición es indiscutible, ya que es bueno que aquellos que se deben a quien los elige no pretendan imponer sus actos por encima de la autoridad del técnico, sin que por ello haya que confundir autoridad con autoritarismo. Hay muchas maneras de ganarse el reconocimiento de los dirigidos y la aceptación de la autoridad del "mister". Seguramente dentro de esos cinco principios "no negociables" existirá el que asegure una convivencia normal dentro del plantel no permitiendo enojos por situaciones banales o por celos inconcebibles en deportistas maduros y "con nivel de selección", como ha manifestado el técnico deben ser sus elegidos. No bien comenzada esta nueva época ya aparecen los dimes y diretes sobre por qué no fue Recoba a España. Ya se deja entrever que tal ausencia obedeció a la presencia de Montero con quien parece no haría muy buenas migas. Pues señor el técnico es quien deberá abordar el tema y de ser cierto ponerle punto final. No parece creíble que dos de los jugadores de mayor destaque en el equipo estén distanciados a extremos irreconciliables. Si algo hubo pues que quede en el archivo y de ahora en adelante la convivencia deberá ser acorde con una selección que quiere llegar al mundial. Si alguno no aceptara las reglas de juego impuestas por el técnico pues que haga sus maletas y vuelva a casa, llámese como se llame porque, como bien dijo Fosatti, el último salvador en el fútbol uruguayo fue un brasileño a quien así se le llamaba y que jugó de zaguero en Peñarol. En un equipo todos deben sudar a la par y ser uno para todos y todos para uno. Que por una buena vez la selección uruguaya sea un grupo unido, férreo, respetuoso y sin declaraciones ni actitudes de divos. Ya lo dijo Martín Fierro, que los hermanos sean unidos, esa es la ley primera, porque si entre ellos se pelean los devoran los de afuera...